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La meteorología, ese factor X.


  • ¿A qué a ninguno nos gusta pensar que durante nuestro magnífico viaje, tan concienzudamente preparado, puedan llovernos chuzos de punta o que no vayamos a ver el sol ni en pintura?.

  • Pues seguro que no, pero lo cierto es que las condiciones meteorológicas afectan, y mucho, tanto al planteamiento como al desarrollo de nuestro fantástico viaje. Y a nosotros, dentro de un orden, nos tocará bregar con ellas lo mejor posible. Es tarea nuestra “prevenir” sus jugarretas y mucho es lo que podemos hacer para mitigar los efectos adversos del tiempo si éstos traspasan el límite de lo razonable…

 

  • Y si la cosa pinta bastos, seguramente en nuestro fuero interno estaremos pidiendo a quien corresponda que el tiempo sea clemente con nosotros y nos permita disfrutar del periplo, a ser posible sin mojarnos demasiado. ¡A fin de cuentas, para cuatro días que tenemos de vacaciones!. Lástima que los caprichosos “angelitos” a veces no siempre se muestren tan condescendientes con nuestras súplicas y nos “agüen la fiesta” en sentido figurado y también literal…

 

  • Las previsiones meteorológicas en la preparación del viaje: Prever la posibilidad de tener que afrontar varios días de climatología muy chunga antes de salir de casa nos ayudará a tomar mejores decisiones a la hora de plantear las etapas si al final la cosa se pone realmente fea.

 

  • Ahí van algunas ideas:

 

  • Buscar información meteorológica en Internet antes de salir. En cualquier web de pronósticos meteorológicos: www.wunderground.com o http://weather.yahoo.com, o  en la Agencia Española de Meteorología, www.aemet.es nos darán el pronóstico para 5 días de los lugares por los que pensemos pasar durante los primeros días de nuestro viaje. Si la necesidad de buen tiempo es clave para nuestros propósitos, conocer el pronóstico del tiempo puede ayudarnos a pensar en otras alternativas si, una vez allí, los peores temores se confirman. Y aún sin ser clave, siempre viene bien tener una idea de lo que podemos encontrarnos. Así si la cosa mejora, nos alegraremos más.

 

  • Teniendo un plan B en la cartera. ¿Qué hacemos ante el riesgo de pasar una semana o más bajo un aguacero de mil demonios?. ¿Quedarnos donde estamos, jugando al parchís, o pensar en algo más provechoso?. Pues siendo campistas, con la libertad de movimiento que tenemos y ante una situación así, lo más sensato sería “emigrar” a lugares menos inclementes. Y para hacerlo con garantías, nos conviene siempre llevar con nosotros guías de viaje y de camping, junto a un buen surtido de mapas, ante la eventualidad de tener que cambiar de aires inesperadamente. Y tampoco estaría nada mal tener incluso pensado adonde ir, siempre y cuando el tiempo lo permitiese, claro.

 

  • Durante el viaje. Una vez metidos en la “vorágine” viajera, si el tiempo se nos tuerce deberemos buscarnos la vida a base de imaginación y un poco de previsión:

 

  • Llevar juegos y entretenimientos. Si viajamos con niños el asunto de la climatología se convierte en algo vital –niños revoltosos encerrados en una caravana son una auténtica prueba de fuego para nuestros nervios- pero a los adultos, ante una tarde de diluvio, también nos vendrá bien tener “ases en la manga”. Las cartas, los juegos de mesa, un pequeño DVD, el ordenador portátil, la playstation, etc.; todas esas cosas nos echarán una mano cuando haga falta… ¡siempre que primero las hayamos “echado” a la caravana, faltaría más!

 

  • Variando el plan de viaje: Los días de mal tiempo son buenos para  visitar museos o lugares bajo techo. También para ver ciudades si “el plan A” era pasar un día de excursión al aire libre. Berna, la capital suiza, es ideal para esos días tristones y lluviosos. ¡Tiene varios kilómetros de calles porticadas llenas de tiendas!. En otros casos la  solución puede ser bastante simple: bastará con hacer el martes lo previsto para el miércoles, (si el tiempo nos echa un cable, claro).

 

  • Buscando información meteorológica en Internet, en viaje: Internet sigue jugando su papel aún estando fuera de casa. Y no sólo me refiero a si disponemos del último berrido en móviles 3G o a algún sistema que permita conectar nuestro portátil o PDA a Internet allende nuestras fronteras, que eso ya sería la monda. Como todavía no somos tan modernos, en su defecto tenemos dos opciones a mano a las que recurrir si queremos saber qué tiempo va a hacer en un futuro inmediato. Una, en plan “self-service” es recurrir a los locutorios y ciber-cafés del lugar para conectarnos a Internet el tiempo necesario para salir de dudas. La otra, requiere recurrir a un amigo o familiar “para que nos haga de detective” desde casa.

 

  • Ambas opciones las hemos usado con éxito varias veces. Estando en Suiza pudimos saber, antes de salir del camping, si el Cervino era visible desde Zermatt o si el circo glaciar de Saas-Fee estaba despejado y permitía la visita gracias a que una amiga se conectó a las web-cam instaladas en ambos lugares y nos lo “chivó” por teléfono. De esa manera supimos que, para el día previsto, Saas-Fee estaba cubierto cual puré de guisantes y decidimos no ir. Sin embargo al día siguiente el cielo azul resplandecía. Gracias a ese truco hicimos la excursión sin temor a fallar y sin tirar el dinero, pues en ambos casos hay que gastarse unos buenos cuartos para llegar al lugar. Ver Viaje a Suiza 2005.

 

  • Más ejemplos. En 2006, al final de nuestra estancia en la República Checa y ante un brusco empeoramiento del tiempo en buena parte de centro-europa, gracias a la información meteorológica recibida desde España, pudimos decidir qué hacer con fundamento y a donde ir. Durante ese viaje utilizamos varias veces el recurso internetero. 

 

  • Ya hemos visto que recurrir “a nuestro contacto” en España es una idea muy práctica, pero para hacerlo bien del todo hemos de ocuparnos primero de haberle facilitado las direcciones exactas de internet para que pueda conectarse rápidamente y sin fallos a las web-cam que nos interesen o dónde nos interese. Incluso no estará de más hacer unas “prácticas” en nuestra compañía. Si a alguien eso le parece ya de nota, que piense por un momento si es mejor estarse mucho tiempo al teléfono –a tarifa de roaming- explicándole “al buen samaritano” cómo tiene que hacerlo...

 

 

  • La climatología en lo personal. Aparte de haber previsto lo mejor posible “la jugada” en cuanto a climatología adversa, lo que está claro es que siempre hemos de llevar con nosotros un adecuado equipo “anti-lluvia” o “anti-frío” compuesto de:

 

  • Paraguas. Preferiblemente plegable para llevarlo siempre en la mochila en caso de lluvia imprevista y uno grande, con cordón para llevarlo cómodamente colgado al hombro en los días lluviosos.

 

  • Chubasquero o anorak impermeable. El chubasquero si es ligero, puede sustituir al paraguas plegable y es estupendo para llevarlo cuando el tiempo es caluroso, pero inestable, bien dobladito en la mochila. Mientras tanto al anorak lo dejaremos en la caravana por si el frío aprieta…

 

  • Pantalones ligeros impermeables. Ideales si la lluvia es intensa y hemos de pasar horas a la intemperie.

 

  • Botas o zapatos impermeables. Las katiuskas resultan muy apañadas para la chiquillería, pero para los adultos no estará de más un calzado anti-lluvia tipo “Gore-tex”, ligero, o bota de montaña si la temperatura o la intensidad de la lluvia aprietan.

 

  • Equipo para el frío. No debemos engañarnos, incluso en verano bajan las temperaturas insospechadamente. Es evidente que si viajamos en épocas frías ya llevaremos ropa de abrigo sin que nos lo tengan que recordar, pero si lo hacemos en verano a países con “fama” de fríos o lluviosos, (Escandinavia, Gran Bretaña, Irlanda, Suiza, Austria…) deberíamos.

 

  • En Austria, en agosto de 1995, nos cayó una auténtica ola de frío que nos tuvo a 9º C de media durante buena parte del viaje. Afortunadamente una visita prevista a la cueva de hielo de Dachstein –visita totalmente recomendable- nos salvó de tener que comprar casi el ajuar, pues gracias a la cueva llevábamos ropa adecuada para tanto frío, que si no. Aún así nos vimos obligados a comprarle botas al chiquillo… ;

 

  • Claro que a la inversa el razonamiento sigue siendo válido. No sería la primera vez que, viajando en una época fría o a un país con fama de helador, a la hora de verdad nos hemos topado con un “veranillo de san martín” y con un montón de jerseys de lana en el armario y pocas o ninguna camiseta de algodón…

 

  • Para el vehículo. El coche o la autocaravana también precisan de nuestros cuidados llevando con nosotros algunos artilugios “anti-frío” como:

 

  • Plástico grande y resistente para proteger el parabrisas de las heladas nocturnas.
  • Spray anti-hielo y rascador de plástico.
  • Cadenas metálicas o de tela. Cuando la época del año lo aconseje, claro.
  • Placas de plástico anti-barro. Ideales para sacar el coche de situaciones apuradas. Debajo de la moqueta del maletero no abultan nada.

 

  • En suma, que informarnos bien del clima del lugar al que vayamos y de los pronósticos meteorológicos, sólo puede que sernos de utilidad. Y llevar ropa para cualquier eventualidad también nos hará la vida más fácil…; a fin de cuentas el tiempo siempre es ¡el factor X de todo viaje!

 

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