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Aquí empezó el mito...

 

 

 

 
Aquí empezó todo. Aquí vio la luz por primera vez el creador del mito. La puesta en marcha en 2012 del “Museo Enzo Ferrari” de Módena -en la antigua casa natal de “il Commendatore” y en la que se asentaba el taller mecánico de su padre, Alfredo- ha venido a ampliar las posibilidades de mostrar el amplísimo abanico de súper-coches de la marca y las obras de arte que son realmente sus motores, dejando el museo de Maranello más enfocado al mundo de la competición, aunque tampoco falten allí coches de ensueño.

 

Aunque Enzo Ferrari vendió la casa con sólo 20 años para financiar la compra del que sería su primer coche de carreras, el actual museo es obra de la “Fundación Casa Enzo Ferrari” compuesta por la Ferrari y distintas instituciones públicas de Módena con el fin de homenajear un hito esencial de la historia del automovilismo modenés y muestra algunas de las joyas sobre ruedas más relevantes de la historia de la marca del “Cavallino Rampante”.

 

   

Casa natal de Enzo Ferrari y taller de su padre, Alfredo

 

Vista aérea del Museo Enzo Ferrari - Módena

   

 

El museo se articula en dos grandes espacios. En el antiguo taller de Alfredo Ferrari, padre de Enzo, se muestran algunos de los coches de competición más relevantes, entre ellos el primer Ferrari campeón del mundo de Ascari, pero esencialmente expone un gran número de motores míticos de la marca, con especial atención a sus V12, santo y seña de la Ferrari. 

 

El Ferrari 500 F2, campeón con Ascari en 1952

 

Se complementa con la historia del “Cavallino Rampante” y la evolución de su diseño a lo largo de los años. Se recrea asimismo la oficina de “il Commendatore”, junto a algunos de sus objetos personales: gafas, pluma estilográfica, cartas, etc.

 

El otro edificio, de nueva construcción y obra del arquitecto Jan Kaplicky, nos recibe con un ejemplar del Alfa Romeo con el que Enzo Ferrari se inició como piloto de carreras. Un venerable De Dion-Bouton fue el primer coche de la familia Ferrari. De moderna arquitectura la fachada es toda de cristal y el techo, de color amarillo, reproduce la forma de un capó de competición con sus branquias de aireación. En él encontraremos la recepción, la tienda, la cafetería y la gran sala de exposición, que muestra una cuidada y muy bien presentada selección de algunos de los “súper-coches” de Ferrari de todas las épocas. 

 

   

Un Alfa Romeo como el de Enzo...

 

El De Dion-Bouton, primer coche de la familia Ferrari

  

La recepción y la tienda del museo

 

El museo se encuentra a las afueras de Módena y dispone de aparcamiento gratuito. También se ofrece un servicio de autocar que lo une al museo de Maranello.

 

El “Mef” (Museo Enzo Ferrari) abre todos los días del año, salvo el día de navidad y el de año nuevo. La entrada cuesta 15 euros y puede adquirirse un billete combinado con el otro museo por 26 € (2016).

 

Si viajamos con nuestra mascota y para que nos pueda esperar mientras lo visitamos, disponen de tres jaulas muy “racing” en la entrada de la antigua fábrica. En el museo de Maranello no hemos visto nada parecido. Aunque la iniciativa es positiva, nosotros que tenemos perro nos preguntamos si resulta muy seguro dejarlo allí, a la vista de todo el mundo. En fin, reparos aparte es interesante saber que podamos contar con algo así si lo consideramos oportuno. Más info en www.museomodena.ferrari.com 

 

Jaulas "Rosso Corsa" para nuestras mascotas

 

  

 

Al entrar en el que fuera taller familiar nos reciben varias maquetas de las diferentes fábricas Ferrari, bajo el lema “I motori hanno un’anima” (Los motores tienen alma).

  

   

La antigua factoría Ferrari

 

Motores "con alma"

 

Después encontramos un pequeño espacio dedicado a la historia del “Cavallino Rampante”. Si la visión de un escudo con un caballo negro, rampante, con fondo amarillo inmediatamente nos evoca el nombre de Ferrari, hemos de saber que la imagen del equino fue un obsequio de los padres de Francesco Baracca a Enzo Ferrari. Un mural nos muestra cronológicamente la evolución del logo de la marca. 

 

   

Francesco Baracca y su Cavallino Rampante

 

Evolución del escudo Ferrari

 

Baracca fue un as de la aviación italiana fallecido en combate durante la Gran Guerra. Su avión lucía en el costado un rampante caballo negro. Según cuenta el propio Enzo, años después de su muerte, los padres de Baracca le pidieron que sus coches lucieran también el símbolo del "cavallino" de su hijo porque ello “le traería suerte”.

 

Ferrari le añadió el fondo amarillo, que es el color de Módena. A pesar del “Amarillo Módena”, lo cierto es que para mí todo Ferrari que se precie ha de ser rojo. Simple asociación emocional. La razón es muy simple. Desde los primeros años de la competición automovilística y hasta la llegada de la publicidad en los años 70, los equipos corrían bajo el color asignado a su país y como salta a la vista, el color de Italia era el rojo, “il rosso corsa”. Así los triunfos y la fama terminaron por asociar indeleblemente el rojo con Ferrari, pero también a Alfa Romeo o Maserati, la otra marca modenesa.

 

Llegando a la gran sala, diáfana de lo que fue en su día el taller de Alfredo Ferrari, nos reciben tres preciosidades cargadas de historia:

 

El Ferrari 125 S de 1947, el primer coche fabricado por la marca Ferrari, una “barchetta” biplaza de la que solo se construyeron dos ejemplares. A su lado, el monoplaza 500 F2 de 1951 con el que el gran Ascari venciera los dos primeros campeonatos del mundo de Ferrari en F1, en 1952 y 1953. Tan bello como expuesto. Hacía falta verdadero valor para pilotar una “macchina” así “a pecho descubierto”.

 

El 500 F2 es uno de los coches más exitosos de la historia de la F1. Aunque las fuentes no terminan de coincidir, parece que la cifra más conservadora nos dice que venció 30 de las 33 carreras en las que participó. La más optimista habla de sólo una carrera sin vencer. En cualquier caso un récord no superado por nadie. 

 

   

El primer Ferrari: el 125 S de 1947

 

El primer campeón del mundo y el más laureado

  

   

Las "medidas de seguridad" apabullan...

 

La vista trasera es mucho más impactante

 

Enfrente, el 750 Monza de 1954, otra joya del diseño que disputó el campeonato mundial de marcas en la década de los 50. Su capó transparente deja ver su imponente motor. (ver la foto del encabezamiento) 

 

Vista trasera del 750 Monza. Diseño puro.

 

El resto de lo que fuera el taller familiar está fundamentalmente dedicada a mostrar motores tanto de competición como de los súper-coches de calle. Auténticas joyas de la ingeniería que demuestran que la técnica y la belleza cuando se juntan resultan irresistibles. La guinda al pastel lo pone ese toque rojo en las culatas y toberas de admisión tan ferrarista. Sin duda estos motores tienen alma, mucha alma. 

 

       

El F140 EB de 2010

 

El motor del "Testa Rossa", por sus culatas rojas

 

El del F430 de 2004

 

El viaje a través de los distintos motores Ferrari -para Enzo el motor era el corazón del coche- nos llevará primero por el mundo de los 4 cilindros, para recorrer después los V8, los míticos V12 y los Turbo, dejando para el final los motores de F1. 

 

   

 

 

 

Para “ilustrar” el tema disfrutaremos con la visión de tres ejemplares GT V8 y dos F1 -el primer Ferrari con chasis en Kevlar, el 156 de 1985, con el que Michele Alboreto venció dos carreras y alcanzó el subcampeonato mundial. 

 

   

El 156 de Michele Alboret

 

Impresionante vista trasera de los turbo años 80

 

Lástima que un desafortunado cambio de proveedor a mitad de temporada echara al traste la posibilidad de ver a un italiano, Alboreto, coronarse de nuevo campeón del mundo con Ferrari desde la ya muy lejana época de Ascari. Tras una primera mitad visitando asiduamente el podio, al final de temporada encadenó cuatro abandonos consecutivos que facilitaron el título al McLaren TAG Honda de Alain Prosa. Aún así Ferrari también se proclamó subcampeón mundial de marcas.

 

El otro F1 presente es el F60, de 2009, con el que Kimi Räikkönen venció el GP. de Bélgica, en aquella temporada en la que los Brawn de Button y Barrichello no dieron opciones al resto. 

 

   

El F60 de 2009

 

Vista de la sala

 

En el conjunto de los motores expuestos destacan, al menos para mi gusto, el primer turbo F1 de Ferrari, el del 126 CK de 1981, con Villeneuve y Pironi o el V12 Boxer con el que Lauda se impuso en 1975.

 

Otro motor que destaca por sus apabullantes resultados es el motor 053 del F2004, con el que Schumi y Barrichello se pasearon durante la temporada 2004, anotándose 15 victorias de las 18 posibles. 

 

   

   

El primer turbo F1 Ferrari

 

El boxer V12 campeón en el 75 y 77

 

Los motores F1 del 2000

 

Claro que si el motor de 2004 dio la de cal, la de arena se la acabó llevando el 056 de dos años después. Seguramente a los “tiffosi” italianos y ferraristas el motor de 2006 no les traerá buenos recuerdos. Una inoportuna rotura de este motor en el GP. de Japón -en la penúltima carrera cuando estaba empatado a puntos con Fernando Alonso- puso fin a una increíble racha de seis años consecutivos sin abandonar por causa del motor y dejó en bandeja el segundo título al asturiano. 

 

El motor F1 del año 2006

 

La exposición se termina con un exótico, exitoso y único ejemplar de hidroplano de carreras, el “Timossi-Ferrari Arno XI” de 1953, equipado con un V12 de 4.500 cc. Esta embarcación de competición batió el récord de velocidad ese mismo año, a la friolera de 241,708 km/h, en el lago de Iseo y con Froilán González al volante. Ascari y Villoresi presenciaron la proeza. 

 

   

El Timossi-Ferrari "Off shore"

 

 

  

   

 

 

 

 

 

 

 

La pequeña ala del edificio está dedicada a recrear la oficina del “Commendatore”, además de exponer objetos personales de Enzo y cartas con su firma, como la que dirigió a Tazio Nuvolari en 1953, su piloto preferido a tenor de sus propias palabras. 

 

   

 

Enzo Ferrari y sus documentos

 

Carta a Nuvolari (1953)

  

   

Veremos diversos objetos personales de Enzo...

 

 

  

 

 

Abandonamos el antiguo taller y el alma de los motores y nos trasladamos al nuevo edificio que nos recibe con su ondulada fachada de cristal. 

 

El nuevo edificio del Museo Enzo Ferrari

 

Tras cruzar la zona de recepción y servicios, penetraremos en la gran exposición que recrea “El mundo Ferrari”. Y la  enormidad del lugar nos dejará boquiabiertos. 

 

   

Todo un repaso al mundo de los Ferrari

 

Por supuesto encontraremos verdaderos mitos...

 

 La gran sala es espaciosa, diáfana y expone en dos niveles y de manera muy cuidada diferentes modelos de la marca a modo de homenaje a toda su historia, incluyendo también algunos modelos Maserati -uno de ellos, el azul, 4 es el "Sebring" de 1962, perteneció a Pavarotti que lo compró con las ganancias de sus primeros conciertos- el otro, el 300 S fue un duro competidor de Ferrari en la Mille Miglia y demás carreras de carretera.

 

No en vano ambas marcas son de Módena. La fábrica Maserati se encuentra, además, muy cerca del museo…

 

 

 

Esta parte del museo no parece seguir ninguna pauta preestablecida, encadenando uno tras otro algunos de los más míticos Ferrari: Los F40 y F50, el Enzo o el Testarrossa entre otros muchos. Simplemente hay que dejarse llevar mientras disfrutamos y admiramos tanta belleza sobre ruedas. 

 

   

Ferrari es una leyenda de Le Mans

 

Laferrari

 

 

       

 

 

 

 

 

De vez en cuando, como ya hemos comentado, nos sorprenderán con algún espectáculo audiovisual proyectado en sus muros. Coincidimos con el homenaje dedicado a otro ilustre modenés, el tenor Luciano Pavarotti y la experiencia fue realmente de las que ponen los pelos de punta. Oírle cantar, con una acústica impresionante, mientras se proyectaban las imágenes fue una pasada. 

 

       

 

 

Enzo y Luciano

 

 

 

La exposición incluye una pequeña sala de cine en la que, al menos ese día, proyectaban un documental sobre la biografía de Enzo Ferrari contada por su hijo Piero Lardi Ferrari, vicepresidente de la marca.

 

El museo se completa con un simulador, una tienda, una cafetería y un espacio-foto para que los muy aficionados puedan fotografiarse en el habitáculo de un F310, el primer F1 pilotado por Schumacher en 1996. La foto reproducirá un pit-stop, con todo el equipo de mecánicos alrededor. Por 25 € cualquier entusiasta se la podrá llevar a su casa y presumir de haber compartido equipo con Schumi… 

 

   

El simulador F1

 

Aquí no se ve el holograma, pero en la foto salen los mecánicos...

 

Si ya hemos gozado con el museo de Maranello, entonces nuestro viaje por el mundo Ferrari habrá tocado, ahora sí, a su fin. Si es al revés, nos consolará saber que aún nos queda mucho por descubrir del “sueño Ferrari”. 

 

 

Pincha en la foto para ir al

Museo Ferrari Maranello

 

 Realmente no importa el orden de visita. Estos dos museos nos permitirán, sin duda, disfrutar del automóvil en toda su extensión, de su belleza, de su técnica y del espíritu del “Rosso Corsa” a través de una de las marcas míticas de la historia, si no la que más. ¡Forza Ferrari!

 

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