
ueso
La letra “Q”, un marrón más a la hora de encontrar palabrejas viajeras.
¡Y hay que echarle imaginación!
Así que imaginando, imaginando, me he topado con el queso.

En lo que a viajes se refiere, al queso le pasa un poco lo mismo que al jamón, que no parecen tener mucho que ver con ello.
Pero al igual que con el jamón, si rascamos un poco, enseguida veremos que la relación es más estrecha de lo sospechado.
El queso resulta “un motivador” de primer orden, como un suculento instigador que nos empuja a querer conocerlo (y degustarlo) más de cerca.
¿Quién no ha viajado (o deseado viajar) a Cabrales, a Castilla- la Mancha, a Roquefort, a Gruyères, a Emmental, a Cheddar, a Gouda?

La suiza Gruyères, cuna del queso del mismo nombre...
Vamos, que si de Madrid se va al cielo, con el queso se puede ir a todas partes. Y además bien contentos.
Y bien alimentados.