
apitán Trueno
Desde niño El Capitán Trueno y sus inseparables amigos Goliat y Crispín -como Astérix o Tintín- a través de sus aventuras han sido para mí una fuente inagotable de referencias viajeras y culturales.

Tan inagotables como adorables, pues hoy en día sigo leyéndolas con el mismo entusiasmo que la primera vez.
Gracias a Sigrid de Thule conocí un poco mejor a los vikingos y las ignotas Groenlandia e Islandia. Y gracias al Capitán Trueno y sus andanzas medievales descubrí también a Ricardo “Corazón de León”.

Seguramente por eso años después quise visitar su tumba en la abadía francesa de Fontevraud o el castillo de Dürnstein -junto al Danubio- donde estuviera preso en Austria regresando de las Cruzadas o el de Chalus -cerca de Limoges- en cuya defensa resultara mortalmente herido por una flecha.
Y gracias también al Capitán Trueno aprendí que existían los Caballeros Teutones. Hoy en día, cuando recorremos Europa ya no me sorprende encontrar referencias a todos ellos.
Mil gracias, Sres. Víctor Mora y Ambrós, por habernos legado un personaje tan fascinante y regalado tantas horas de entretenimiento