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Conducir la caravana

es fácil

 

 

Mucho más de lo que imaginaste

 

 

 

 

 

 

  

 

  • “Conducir una caravana es fácil”. De verdad. Mucho más de lo que se piensa. Si alguien lee estas líneas y aún cree que llevar una caravana es “un deporte de riesgo”, le animo a seguir leyendo. 

 

 

  • Soy un caravanista converso, lo confieso Y es bien sabido "que no hay nada peor en este mundo que un buen converso"... Me encanta la caravana, qué le vamos a hacer. Es más… ¡Soy un ferviente partidario de la caravana!.

 

  • Pero no he sido siempre así. Antes, la mera idea de “circular arrastrando un caracol de esos” me resultaba inconcebible. Y no porque el campismo no me gustase, que no era eso, sino porque en aquellos tiempos, catorce años ya, la perspectiva de circular “a ritmo de caravana” no me seducía lo más mínimo.

 

  • Pero una vez con ella en casa todo cambió. Le debo a Rosa mi entusiasmo por el mundo de la caravana. Desde mis épocas de boy-scout y por tradición familiar, he estado vinculado al campismo. Nuestra afición viajera y campista continuó de la forma más habitual entre la juventud… ¡a base de canadiense, lumo-gas y saco de dormir!.

 

  • Fue a raíz de nuestro primer viaje a tierras holandesas –viaje totalmente pasado por agua y tras el cual Rosa me dejó muy claro que o nos comprábamos una caravana o el viajar se iba a acabar, cuando nos hicimos con nuestro querido “huevo”, la pequeña “Krause 2900”, de origen “Pluma”. Con ella empezó nuestra afición “caravanista”.

 

  • No obstante, dada mi reticencia al arrastre de la caravana, empezamos con una de pequeño tamaño, que se movía con gran facilidad. Y así fue como comprobé en primera persona que circular con un remolque detrás estaba al alcance de cualquiera. Siempre y cuando se respetasen unas normas básicas, claro. Y que tampoco pasaba nada por ir un poquito más despacio.

 

  • Manejar una caravana sólo requiere suavidad al volante, porque hacerse a las reacciones del remolque y a sus dimensiones es cosa de pocos kilómetros. Enseguida se le coge el tranquillo.

 

  • Además, de unos años a esta parte, tanto el diseño de las carrocerías como de los chasis de las caravanas modernas incluyen una serie de mejoras que proporcionan una estabilidad en ruta nunca vista, permitiendo circular con comodidad y seguridad.

 

  • Y por si eso fuera poco, con el estabilizador "de enganche o de bola" y con el novedoso estabilizador electrónico –que nosotros ya llevamos instalado desde hace un tiempo y que ya nos ha dado muestras de su perfecto funcionamiento al mantener la caravana en su sitio cuando nos vimos obligados a dar un volantazo al cruzarse un perro a alta velocidad en autopista- la seguridad en ruta está más que garantizada.

 

  • Ya he señalado que la suavidad en la conducción es la mejor amiga del caravanista. No obstante el mayor riesgo circulando con una caravana lo tendremos si ésta empieza a moverse de un lado a otro, fenómeno llamado “laceo”, a consecuencia de un volantazo brusco, un golpe de viento lateral, por bajar demasiado deprisa un puerto de montaña, etc.; En general hemos de tener presente que cuanta más velocidad llevemos, mayor es el riesgo de laceo.

 

  • En esos casos la reacción natural del conductor suele ser pisar el freno para intentar controlar el remolque, pero eso lo único que consigue es agravar aún más el movimiento de vaivén del remolque a causa de la inercia generada.

 

  • Así pues cuando percibamos que la caravana empieza a lacear, el remedio es simple y fácil… ¡acelerar, acelerar y acelerar!. La aceleración facilita que el coche tire de la caravana y la enderece. Una vez reducido el laceo, hay que frenar suavemente hasta recuperar el completo control del remolque. Y asunto resuelto.

 

  • Puede ocurrir que la capacidad de aceleración del coche, cuando ya se circula rápido con la caravana, no siempre esté disponible bajo nuestro pie derecho. De ahí la importancia de tener un vehículo lo suficientemente potente como para sacarnos de situaciones apuradas, junto a la conveniencia de ser prudentes y suaves al volante.

 

  • Claro que si llevamos montado el estabilizador electrónico y el de bola, será bastante improbable que el laceo se presente o, si lo hace, lo hará en unas proporciones tan pequeñas, que no planteará dificultad alguna en controlar la situación. Nosotros estamos encantados con él, en menos de seis meses ya nos ha sacado de dos apuros, el perro en la autopista y una placa de hielo en la carretera.

 

  • Afortunadamente estas situaciones son muy raras y no deben preocupar a nadie más allá de la lógica precaución que el manejo de todo vehículo impone. Sin embargo es necesario que sepamos a qué riesgos nos enfrentamos y cómo actuar llegado el caso.

 

  • Un truco muy sencillo para contrarrestar el “efecto de succión” que suele darse cuando nos adelanta a gran velocidad un vehículo de gran volumen –habitualmente autocares- es acelerar el coche en cuanto empecemos a sentir “la succión”. Es mano de santo.

 

  • Y si como hemos visto, circular con una caravana es muy sencillo, para facilitar también el manejo de la caravana en parado y evitarnos los clásicos “empujones”, hoy en día disponemos en el mercado de multitud de “movedores” eléctricos con mando a distancia, que son una auténtica gozada. Nuestros amigos llevan "el tradicional, de rodillos" y nosotros el novedoso "Campero Trolley", y van de maravilla. Un simple toque con el mando a distancia y ya puedes poner la caravana donde gustes.

 

  • Por supuesto que tampoco hemos de olvidar la importancia del “vehículo tractor”, tanto en confort de marcha, como en seguridad. Para arrastrar una caravana no hace falta un camión. Basta con que exista un buen equilibrio entre la potencia y peso del vehículo y el tamaño de la caravana.

 

  • Afortunadamente los actuales turismos turbodiesel son el complemento ideal para la caravana. Proporcionan suficiente potencia a bajas revoluciones para hacer de la conducción un placer y tienen la fuerza necesaria para llevar a cabo los adelantamientos con completa seguridad, a condición de no perder nunca de vista que somos “muy largos”. Y con un consumo de mechero.

 

  • Acabo de comentar que los turbodiesel son los vehículos idóneos para el remolcaje de una caravana. Entonces… ¿los coches de gasolina no lo son?. Pues bastante menos, desde luego. Los motivos son variados.

 

  • Hemos de tener en cuenta que la velocidad media de marcha estará, la mayoría de las veces, entre los 75 y 100 km/h. dependiendo de los límites de velocidad de cada país. A esa velocidad, un motor de gasolina de 1.600 c.c. –tan de moda actualmente- estará girando muy por debajo de su par máximo, lo que tiene dos consecuencias claras en la conducción: la sensación de “falta de fuerza” del motor, agravado por la resistencia al avance de la propia caravana, y la necesidad, por tanto, de recurrir a importantes reducciones de marcha cada vez que queramos acelerar el coche para adelantar. Y eso, en consumo, también tiene su precio.

 

  • Y lo decimos por experiencia porque cuando nos compramos la primera caravana, teníamos un Toledo GT 16 v. de 136 cv. de gasolina que no era una tortuga precisamente, pero que distaba muy mucho de ser el “remolcador ideal”. Por eso el siguiente coche fue un turbodiesel… ¡y menuda diferencia!.

 

  • ¿Y qué potencia tiene que tener el coche?. Buena y espinosa pregunta. Yo diría que la suficiente para subir holgadamente una empinada cuesta con la caravana y el coche cargado a tope. Y cumplir ese requisito nos lleva, al menos, a motores turbodiesel de 110 cv., para arrastrar con cierta comodidad caravanas de tamaño mediano, del tipo “430” como máximo.

 

  • Por encima de esa longitud, habría que ir pensando en motores de mayor potencia. Y ante la duda entre dos motorizaciones, lo más sensato es quedarse siempre con la versión más potente, pues como dice el chiste, más vale “que zozobre que no que “zofarte””.

 

  • Y, muy importante también, ¡no fiarse demasiado de los vendedores de coches si se nos ocurre pedirles consejo!. Para la mayoría el mundo del caravaning es un misterio y siempre tenderán a asegurarnos que su coche “irá sobradísimo” y que no tenemos de qué preocuparnos. Lástima que la realidad no les dé siempre la razón.

 

  • Internet, una vez más, nos ofrece guía, consuelo y orientación a la hora de buscar y comparar la capacidad de arrastre del vehículo que nos queramos comprar o ver qué dicen del que ya tenemos.

 

  • Gracias a los sabios consejos de Miguel García Puente, responsable del consultorio técnico de la revista “Autopista”, tuve conocimiento de una fantástica web inglesa - www.whattowcar.com - que calcula la capacidad de arrastre de cualquier vehículo a partir de los datos de la caravana (marca, dimensiones y peso), bastará con introducirlos en el calculador de la web y obtendremos un detallado informe de la capacidad de arrastre y del porcentaje máximo de pendiente que el vehículo será capaz de remontar. Es alucinante. La pega es que sólo viene en inglés, pero su utilidad es tanta – al menos ofrece valiosas pistas sobre las capacidades del vehículo tractor- que a buen seguro que el idioma no será un obstáculo para consultarla. Más que nada porque si no se controla el idioma de Shakespeare siempre se podrá recurrir a alguien que nos eche una mano con el inglés. Totalmente recomendable.

 

  • Y ante la compra de un coche para que arrastre la caravana, como dificílmente encontraremos un vehículo de prueba que lleve la bola, al menos podremos intentar probarlo en una cuesta lo más empinada posible y “probar” su respuesta a distintas velocidades y marchas, intentando “reproducir” en lo posible las condiciones de arrastre subiendo un puerto de montaña, por ejemplo.

 

  • Como punto final, quisiera insistir en que el peor enemigo para conducir una caravana es la brusquedad. El resto está chupado y cualquiera que se plantee la adquisición de una caravana que tenga muy claro, que respetando las observaciones que se han comentado, los miedos han de quedarse en casa porque el disfrute estará garantizado.

 

 

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