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La guinda del pastel:

La “maduración” del itinerario del viaje.

 

 

  • Y casi hemos llegado al final del proceso. Ya tenemos una idea bastante clara de dónde ir, con quién, cuándo, qué hacer y cómo, en qué campings acampar y, si hemos aplicado las sugerencias de esta web, tendremos en nuestras manos la flamante y reluciente hoja de itinerario”, con un primer esbozo de las etapas del periplo.

 

  • Perfecto. Ahí es donde teníamos que llegar, pero perder de vista que “la primera hoja de itinerario” casi nunca es “la buena”. Es muy raro que, a la primera, planteemos el viaje “tan bien” que no haya que hacer ningún retoque más adelante.

 

  • Y es que es muy raro “dar en el clavo” a las primeras de cambio, por la simple razón de que necesitamos ir aclarando las ideas a medida que vamos “conociendo” mejor las posibilidades que nos ofrece el destino elegido. Y por eso mismo nada mejor que ir escribiendo en papel las cosas que queramos ver y hacer. Es decir, necesitamos tener un primer “documento de trabajo”, la hoja de itinerario, sobre la que ir añadiendo o quitando cosas.

 

  • Evidentemente el factor tiempo es el gran determinante de la mayor o menor duración de la “maduración” del itinerario previsto. Si no hay apenas tiempo material para pulir el plan antes de la partida, entonces no quedará más remedio que intentar afinar lo mejor posible en el planteamiento de las etapas, sin agobiarnos en exceso, procurando reunir y procesar la mayor cantidad de información en el menor tiempo que nos sea posible.

 

  • Sin embargo esa no es, ni por asomo, la situación óptima. Lo ideal es poder disponer de tiempo suficiente para recabar información, estudiarla, hablarla con los demás “viajeros” si los hay y, una vez concretado el primer itinerario, ir puliéndolo poco a poco. Un ajuste aquí, un cambio allá, hasta que el resultado resulte plenamente satisfactorio para todos los implicados.

 

  • Este proceso puede durar varios días, varias semanas o varios meses. Cuanto más largo sea el viaje y a países más “desconocidos”, más tiempo requerirá la preparación. Dicho de otro modo, para ponernos “manos a la obra”, nos conviene “prever” los posibles viajes con toda la antelación que nos sea posible.

 

  • Como esto de los viajes es como una droga que se mete en vena, generalmente de después de cada viaje de verano o de navidad (puente de la Constitución) –dos de los hitos fundamentales de nuestro “calendario viajero”- tenemos la “buena costumbre” de empezar a pensar dónde ir al año siguiente. ¡Nunca faltan propuestas, por supuesto!. Y si pensamos viajar con más gente, cuanto antes nos pongamos “de acuerdo” en el destino, tanto mejor.

 

  • En diciembre 2008, a la vuelta de vivir la navidad londinense con la “Panda de Veteranos de Alsacia”, -en avión y hotel, que las caravanas se quedaron en casita esa vez - ya acordamos, ¡por unanimidad!, que en septiembre 2009 nos iríamos todos a la “Oktoberfest”, -la “Fiesta de la Cerveza” de Munich- y que en diciembre volveríamos, una vez más, a Alsacia, que nos encanta.

 

  • En enero de 2009, una vez acordada la duración del viaje (aunque luego cada cual tiene libertad para “estirar” o no el trayecto), ya disponíamos de la primera “hoja de itinerario”. Y como teníamos claras las fechas en que pensamos estar en Munich, -a pesar de lo prematuro del tema- eso nos permitió hacer algo tan importante como reservar dos billetes de avión para el evento, a buen precio, para dos personas que sólo podían acudir a la cita “volando”. Y el interés en pillarlos lo antes posible no era sólo por el precio, pues lo realmente importante era asegurar que tendrían pasaje.

 

  • Y si alguien piensa que exageramos con tanta “prisa”, queremos apuntar lo siguiente: a la “Fiesta de la cerveza” acuden unos 6.000.000 de visitantes en los quince días que dura, lo que significa que la demanda de alojamiento y transporte es altísima y, lógicamente, los muniqueses –que no son tontos- procuran “hacer su agosto en septiembre”. Dicho de otro modo, a medida que el tiempo transcurre los precios aumentan vertiginosamente.

 

  • Para muestra un botón. Antes de decidir pasar las vacaciones en la segunda quincena de septiembre (lo que ya es un poco tarde para nuestros gustos), exploramos la posibilidad de acudir a la cita con la cerveza volando y alojándonos en hotel. El avión, como hemos comentado, tenía buen precio, pero en enero... ¡ya resultaba complicado encontrar habitaciones en esas fechas por menos de 200 euros la noche en Munich y alrededores!. Valoramos la situación y decidimos que, puestos a gastar, era preferible pasar las vacaciones en Baviera y no sólo en la “Oktoberfest”...

 

  • Pues bien, ese es un ejemplo real de cómo pensar las cosas con tiempo ayuda a tomar buenas decisiones. Escribo estas líneas en junio 2009 y ya tenemos prácticamente “perfilado” el itinerario “definitivo”, eso sí, después de haberle dado bastantes vueltas y andar por la octava “hoja de itinerario”, pues hubo un par de cositas que costó lo suyo “encajar”... ¡pero eso también es madurar el viaje!.

 

  • Este método, como hemos visto, nos permite trabajar con mucho tiempo por delante, pues en cuanto podamos nos ponemos a esbozar un posible itinerario. Una vez lo tengamos, es cuestión de ir elaborándolo poco a poco, incluso dejándolo “reposar” durante meses, hasta que aparezca alguna nueva iniciativa que nos plantee una posible modificación o bien porque ya se acerca la fecha de la partida.

 

  • Y es que el proceso de “maduración” del plan de viaje es el equivalente al período de “crianza en barrica de roble” de todo buen tinto que se precie. Mejora con el tiempo. Así, al final, el resultado estará a la altura de las expectativas.

 

  • ¿Y cuándo es el momento de pasar a papel el desarrollo de las etapas y hacer el Libro de Bitácora”?. Pues la respuesta es bastante simple, ¡cuando ya tengamos claro el itinerario definitivo, no antes!.

 

  • Es buena idea que un mes o mes y medio antes de la marcha más o menos, nos dispongamos a “rematar” la faena. Ese será el momento de hacer el “Libro de Bitácora” o su sucedáneo. Mientras tanto no habrá estado de más haber seguido leyendo y buscando más y más información sobre nuestro destino de viaje. Así veremos si aparecen cosas interesantes que incorporar a nuestro viaje.

 

  • Evidentemente como le habremos dado muchas vueltas al asunto, lo que queda al final poco se parecerá a lo que primero planteamos, pero esa es, a fin de cuentas, la gracia de la cosa. El consuelo y la recompensa final es un plan de viaje muy a nuestro gusto y muy afinado. Nos encanta que nos digan... “¡Pero cuántas cosas habéis visto, parece imposible!”. Pero no, no lo es. Es muy posible si hacemos las cosas con tiempo y con método.

 

  • En suma, si contamos con tiempo suficiente para “madurar” el viaje, hacerlo es una excelente idea. Y si no podemos disponer de todo el tiempo que nos gustaría para preparar el viaje, tampoco pasa nada irremediable, porque lo esencial es que, aunque sea en el último momento, –costumbre altamente extendida en este nuestro solar patrio- al menos lo preparemos lo mejor que podamos. Y ahora, ¡a por el “Libro de Bitácora”.

 

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