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El Principado de Mónaco es el segundo estado más pequeño del mundo -sólo por detrás del Vaticano- situado a 25 km. de Niza y a poca distancia de la frontera franco-italiana. Es una ciudad-estado tan pequeña que su litoral es de sólo 4,4 km.

 

Sin embargo su fama es inversamente proporcional a su tamaño. Mónaco es mundialmente famoso por los avatares mundanos de la dinastía Grimaldi -también la más antigua de Europa, pues reina desde 1297- por su casino, por la riqueza de sus habitantes y por el Gran Premio de Fórmula 1 o el Rally de Montecarlo. 

 

   

El primer Grimaldi de la dinastía

 

Rainiero III, padre de Alberto II

 

Realmente es increíble comprobar como, en tan poco espacio, se pueden congregar tantos atractivos turísticos. Desde luego si la idea es “exprimir a fondo” todo lo que el Principado ofrece, es mejor que vayamos pensando en dedicarle un par de días.

 

El Principado monegasco está compuesto por cuatro grandes zonas urbanas: Mónaco, llamado también “Rocher du Vieux Monaco” (la parte antigua, donde se ubica el palacio de los Príncipes), Montecarlo, (la principal área residencial), La Condamine (el barrio comercial, situado entre Montecarlo y Mónaco) y Fontvieille, la parte más nueva asentada sobre terreno ganado al mar. 

 

Las Terrazas de Fontvieille

 

Esta era nuestra tercera visita a Mónaco, pero para los más jóvenes del grupo era la primera. Y la primera impresión que uno se lleva al llegar a esa especie de Manhattan mediterráneo es de puro agobio. Los accesos desde la autopista “son ratoneros” y los atascos están a la orden del día. El tráfico es denso y estresante, aunque se hace llevadero porque no todos los días uno se encuentra rodeado de Ferraris, Aston Martins, Porsches o Rolls Royce. Otra cosa que llama enseguida la atención es la cantidad de policías. La sensación es que hay casi un policía por coche…

 

Evidentemente aparcar en la calle es misión imposible, así que es preceptivo buscar un parking público. Por suerte no faltan y tampoco son excesivamente caros, con la peculiaridad de que en muchos la primera hora es gratuita, eso sí entre la hora en punto y la hora y cuarto, el precio sube a 2,20 €, así que cuidado con pasarse. Más info en www.monaco-parkings.mc/tariffs

 

Atención: En todo el principado está prohibida la circulación con cualquier tipo de remolque

-salvo autorización expresa y bajo escolta policial-

lo que excluye a toda caravana o carro-tienda. Más info en:

www.infotrafic.mc/site_V3/1_infotrafic/reglementation/guide_occup.pdf

 

Las autocaravanas tampoco lo tienen sencillo para aparcar. Aunque no eso no sea lo nuestro, he buscado información al respecto y parece que el único aparcamiento apto para ellas es el de “Écoles”, en la zona de Fontvieille.

 

Nuestra visita

 

El Principado de Mónaco queda a 200 km. de Aix en Provence y “la excursión” no es nada barata porque toca pagar religiosamente como en todas las autopistas de la zona. 42 euros en peajes costaba, en diciembre de 2015, hacer el viaje de ida y vuelta.

 

Evidentemente ese miércoles tampoco nos libramos del madrugón. Aún más que el día anterior, pues a las 7,20 horas estábamos ya en circulación. Dos horas y media después, parada incluida, llegábamos a la plaza del Casino, en pleno corazón de Montecarlo.

 

Nadie dice que viajar en grupo sea fácil. Hay gustos para todo, a veces nos fáciles de armonizar, y a todos hay que intentar contentar siempre que se pueda. Saber gestionarlo bien es fundamental. Si queréis saber más sobre cómo manejamos los viajes en grupo, pinchad aquí.  

 

El caso es que había mucho que ver y hacer en Mónaco y poco tiempo para ello, pues en la medida de lo posible queríamos pasar la tarde dando una “forzosamente breve” vuelta por Niza. Así que se imponía la organización.

 

Unos querían visitar el Casino, situado en Montecarlo. Otros, el fantástico museo oceanográfico, en el Rocher de Mónaco -es decir, en la otra punta- pero todos queríamos visitar el museo de automóviles del príncipe. Y para rematar la cuestión, estaban las dos perritas, aunque de ellas nos íbamos a ocupar Rosa y yo mientras el resto estuviera de visita.

 

Afortunadamente la veteranía es un grado y el conocimiento del terreno que teníamos gracias a nuestras anteriores visitas, nos permitieron organizar la visita para intentar dar gusto a todos. O casi…

 

El planteamiento de base fue tan sencillo como eficaz. Lo primero que hicimos nada más llegar es “dar una vuelta al circuito de F1”, un rito típico para todo buen aficionado al automovilismo que se deje caer por allí. Evidentemente hay que hacerlo en “procesión”, detrás de otros cien coches y a menos de 30 km/h. Hacerlo de esa manera -la única posible, salvo a horas intempestivas- no es que sea el no va más de la emoción, pero aún así mola mucho porque se pasaremos por los lugares míticos: la subida al Casino, la bajada de Mirabeau, la horquilla de Loews, el Portier, el Túnel, la curva de Tabac o la de la Rascasse entre otros. 

 

   

El circuito urbano de F1 de Mónaco

 

La horquilla de Loews, el Portier y el Túnel

 

Después de nuestro particular “Grand Prix”, dejamos al primer contingente en el parking junto al Casino de Montecarlo, pues el emblemático y lujoso establecimiento se puede visitar de 9 a 12 horas únicamente. La entrada cuesta 10 euros. Es habitual que frente al Casino nos encontremos con unos cuantos Rolls, Bentleys y demás “utilitarios”.  

 

   

El Casino de Montecarlo

 

 

 

Tras dejarlos, nos dirigimos a la Place d’Armes, pues enfrente se encuentra la rampa peatonal de acceso al Viejo Mónaco. Allí se apearon los que apostaron por el Oceanográfico. Acordamos que la “hora de reunión” sería a la una del mediodía, frente al palacio de los príncipes, en el Viejo Mónaco. 

 

   

En la Place d'Armes se instala el mercado

 

Montecarlo visto desde la rampa al Viejo Mónaco

 

A continuación regresamos de nuevo al aparcamiento del Casino para reencontrarnos con la gente una vez terminada la visita. Entre tanto, emplearíamos el tiempo de espera paseando por las tiendas de Mirabeau con las perritas. ¡Es lo que tiene viajar con bichos!

 

Pero no hizo falta. Cuando llegamos, allí estaban esperándonos. ¡Precisamente ese día las visitas no estaban permitidas a causa de un inoportuno congreso!, ¡Qué mala suerte!

 

Por lo visto Mónaco tiene la costumbre de celebrar la navidad invitando a un país cada año. En 2015 ese honor era de Rusia y, por lo tanto, la decoración navideña monegasca se llenó de “matrioskas” y torretas con forma de bulbo. El caso es que la plaza del Casino y los jardines estaban preciosos, con una decoración “invernal” que contrastaba tremendamente con ese sol y un vistoso cielo azul.  

 

Navidad rusa, bajo el sol, en la plaza del Casino de Montecarlo

  

   

 

 

 

Tomamos los coches de nuevo y, hala, nuevo cambio de ubicación. Hubo algún guardia que, casi, casi se nos hizo de la familia por las veces que nos vio pasar. Tras otra sesión de circulación a paso de tortuga, aparcamos en el parking de La Condamine, cerca del mercadillo navideño, ubicado al lado de la piscina, en el terreno que suelen ocupar los boxes de los equipos de F1. 

 

En La Condamine, la zona comercial

  

   

La Rue Grimaldi, la más comercial

 

La Condamine

 

Ese aparcamiento está bien situado para visitar la zona comercial de La Condamine o subir al Viejo Mónaco a pie (los coches no monegascos no están autorizados). Sin embargo es sumamente estrecho y las plazas muy, muy justitas. Y tremendamente agobiante.

 

Aunque no estuviera inicialmente previsto, la fallida visita al Casino nos permitió dar una vuelta por las calles comerciales de La Condamine. En la Place d’Armes se encuentra el mercado, abierto de 7 a 15 horas, domingos incluidos. 

 

"Le Vieux Monaco"

 

“Le Rocher”, como bien indica su nombre, es el casco antiguo de Mónaco y se accede por la rampa que sale de la Place d'Armes. Arriba se encuentran el palacio, la catedral, el museo oceanográfico y las callejuelas de la ciudad antigua. Sólo puede accederse a pie como ya hemos comentado y también es necesario respetar algunas normas de “urbanidad” en el vestir, como nos recuerda la señal existente al principio de la rampa. 

 

   

Urbanidad ante todo...

 

Ascendiendo hacia el Palacio y el Mónaco antiguo

 

A la una, hora prevista, nos reunimos todos frente al palacio para dar una vuelta por el casco antiguo, pero antes nos hicimos la foto de rigor. Las callejuelas son muy pintorescas, repletas de restaurantes y tiendas, especialmente de “souvenirs”. 

 

Al completo, frente al Palacio de los Príncipes de Mónaco

  

La Guardia que no falte...

  

       


 

El Mónaco antiguo

 

 

 

La catedral de San Nicolás se puede visitar libremente y en ella podremos contemplar las tumbas de numerosos miembros de la familia Grimaldi. Evidentemente las de Rainiero y Gracia de Mónaco son las que más expectación e interés levantan. 

 

La Catedral de San Nicolás

 

   

La nave de la catedral

 

No faltaba el Belén

  

   

La tumba de Grace de Mónaco

 

Y la de Rainiero III

 

Un poco más allá de la catedral, como colgado en el acantilado, se encuentra el Museo Oceanográfico. Es uno de los más importantes y durante muchos años fue la base del mítico Jacques Cousteau. Su acuario es uno de los mejores y muestra una vasta colección de esqueletos marinos: ballenas, orcas, etc. 

 

El Museo Oceanográfico

  

   

¡Encontramos a Nemo!

 

Ballena al desnudo

 

Nosotros lo vimos en nuestra primera visita al Principado y a poco que guste la vida marina, su visita es más que recomendable. Junto a la entrada hay un batiscafo amarillo que recuerda muchísimo al “submarino amarillo” de Los Beatles… 

 

We are living in a yellow submarine...

 

 

La “Colección de Coches Antiguos

de S.A.S. el Príncipe de Mónaco”

 

 

La “Colección de Coches Antiguos de S.A.S. el Príncipe de Mónaco” es un “pequeño-gran” museo con más de 100 vehículos de todas las épocas, situado en la zona de los museos, en la zona de Fontvieille, al pie del acantilado, justo debajo del palacio, en la zona nueva. La entrada costaba 6,5 € en 2015. No es fácil localizarlo. Se accede, a pie, por los jardines de Rainiero III, en la Avenue de Fontvieille, a sólo 200 metros de la Place d’Armes. Allí se encuentran también el museo monegasco del timbre y la moneda o el zoo.

 

Muestra una amplísima colección que va desde carruajes, a coches oficiales, turismos de todas las épocas, gran turismos, vehículos de rally y del Dakar, motos y una decena de F1, amén de objetos, carteles del G.P. más famoso del mundo y muchas cosas más.

 

Desde luego su visita es obligada para todos los amantes del automovilismo y esconde auténticas sorpresas.

 

Pinchando en la foto del siguiente cuadro encontraréis el relato completo de la visita al museo, con todo lujo de detalles, el cual forma parte de “Mis museos del automóvil favoritos”, mi colección de reportajes sobre los principales museos del automóvil de Europa. 

 

 La “Colección de Coches Antiguos de S.A.S. el Príncipe de Mónaco”

 

 Para ir abriendo boca, aquí tenéis un avance de lo que podréis contemplar al visitar la colección de automóviles del Príncipe de Mónaco, antiguos y modernos, que de todo hay... 

 

   

El Renault F1 de 2008  de Alonso

 

Vista general del museo

 

   

Magnífica colección de Rolls-Royce

 

El Renault F1 de 1985 y el Ferrari de Mansell del '89

   

Y si queréis rematar el día "racing", será imprescindible acercarse al monumento al mítico Juan Manuel Fangio, pentacampeón mundial de F1. Lo encontraréis en la confluencia del Quai Albert I con la curva de La Rascasse, junto a su inseparable Mercedes W196 con el que ganara los campeonatos mundiales de F1 de 1954 y 1955 

 

Con Fangio y su Mercedes W196 de 1954-55

 

 

Y, por fin, llegamos al mercadillo

navideño de Montecarlo…

 

La navidad monegasca celebraba la navidad rusa

  

Tras salir del museo de automóviles se había hecho la hora de comer. ¡Y qué mejor lugar que el mercadillo navideño, situado en Montecarlo, para saciar el apetito! 

 

El mercadillo navideño monegasco, ubicado en la zona en la que se instalan los “boxes” durante el Gran Premio, estaba totalmente decorado “a la rusa”: las “matrioskas”, las bulbosas y coloridas iglesias al estilo de la de San Basilio de Moscú, los lobos o los trineos aportaban su granito de arena para recrear un ambiente propio para homenajear al país invitado en 2015. 

 

Rusia, país invitado en 2015

 
Con hileras de casetas de madera, bien decoradas, a cada lado ha sido, sin duda, el más atractivo de todo el viaje, con permiso del de Niza. A partir de las tres de la tarde se encendieron las iluminaciones y ganó muchísimos enteros. ¡Qué bonito! La oferta gastronómica era importante y variada y se agradeció, la verdad.

 

Las salchichas estaban muy ricas

  

   

Un mercadillo muy, muy bonito

 

Con luces estaba precioso

 

Lógicamente la seguridad era muy alta y había controles de acceso. Nada raro si tenemos en cuenta que no había pasado ni un mes desde los terribles atentados de París.

 

Resumiendo, nos encantó el mercadillo navideño de Montecarlo y vale realmente la pena acercarse al Principado durante el Adviento. Una curiosa mezcla de Navidad y tiempo primaveral… ¡Qué buena temperatura hizo!

 

Esta visita al Principado de Mónaco tuvo lugar en diciembre de 2015 y podréis acceder al relato completo del viaje a la Provenza, la Costa Azul y Mónaco en Navidad, pinchando en la foto del cuadro...

 

 

 

 

 

 

 

 

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