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La Provenza

y la Costa Azul

 
¡Navidades al sol!

  

Los viajes navideños en diciembre, durante el puente de la Constitución, ya son todo un clásico en nuestro grupo caravanista desde aquel primer viaje a Alsacia en el año 2000. Desde entonces hemos vuelto numerosas veces al “corazón de la navidad” que es Alsacia y recorrido buena parte de Europa buscando nuevas formas de celebrar una época del año tan bonita.

 

A lo largo de este tiempo hemos tenido ocasión de conocer a fondo la celebración del adviento en muchos países europeos: Francia y Alsacia en particular; gran parte de Alemania; Holanda, Bélgica, Austria, Suiza, Gran Bretaña (Londres) y algunas ciudades italianas. Muchos de estos viajes los tenéis a vuestra disposición en esta misma web. Pinchad en las fotos y os sumergiréis en la navidad centroeuropea, un mundo mágico de olores y colores... 

 

       

Austria en navidad

 

Alsacia en navidad

 

Alemania en navidad

 

Cuando ya pensábamos que encontrar nuevos destinos navideños iba a ser misión imposible, de forma inesperada descubrimos que, en Francia, todavía hay una región que celebra la navidad “bien a lo grande”: La Provenza.

 

La Provenza de toda la vida forma parte de la región de Provenza-Alpes-Costa Azul (Allí la llaman “PACA” y no es broma) e incluye a los departamentos de Alpes de Alta Provenza, Bocas del Ródano, Var y parte de Vaucluse, Alpes Marítimos y Drôme. Es decir, la PACA incluye gran parte de la famosa “Costa Azul”. Su capital administrativa es Aix en Provence, pero la ciudad más grande es Marsella, la tercera en tamaño de todo el país.

 

Nuestro viaje incluyó también una escapada a Niza y al Principado de Mónaco, uno de los países más pequeños y pintorescos de Europa.

 

Por supuesto la Provenza no termina en nuestro viaje. En absoluto. Ciudades, parajes naturales y demás atracciones interesantes abundan por toda la región y es literalmente imposible poder verlas todas de una sentada. Ciudades como Nîmes, Arles o Avignon en la Provenza o Cannes, Menton y Antibes en la Costa Azul merecen una visita sin duda. Y mil pueblecitos más como Èze, Villefranche sur mer o Saint Paul de Vance harán las delicias del más pintado. O el carnaval de Niza o la Fête du Citron de Menton cada febrero son eventos que atraen a muchos visitantes. En fin, la lista sería interminable. Solamente insistir en que las posibilidades que se nos ofrecen dan para unos cuantos viajes. Es decir, tocará elegir qué hacer y ver. Y no será fácil.

 

El cambio más radical de pasar las navidades en la Provenza, en comparación con Alsacia o Alemania, es que el clima es otra cosa. Sol, mar, temperaturas suaves y un ambiente meridional bien diferente. Y además sin renunciar al ambiente navideño. Por supuesto no es lo mismo que podemos encontrar en el centro de Europa, pero sin duda ha estado muy bien y ha sido una sorpresa más que agradable. ¡Y paseando con el anorak abierto! 

 

FECHA

ETAPA

KMS.

Viernes, 4 dic. 2015

Valladolid - Área de Comminges (A 64)

603

Sábado, 5 diciembre

Área de Comminges – Toulouse

Toulouse - Cité de l’Espace

109+43

Domingo, 6 diciembre

Toulouse - Carcassonne

Carcassonne

Regreso a Carcassonne, tras la avería

107+ 90

Lunes, 7 diciembre

Parking P2 - Taller - Parking P2

Carcassonne - Aix en Provence

Aix en Provence

26 + 302 + 9

Martes, 8 diciembre

Aix - Saint Tropez - Port Grimaud - St. Raphaël

278

Miércoles, 9 diciembre

Aix - Principado de Mónaco - Niza

207+27+175

Jueves, 10 diciembre

Aix - Caverne Pont d’Arc - Gorges de l’Ardèche - Avignon

374

Viernes, 11 diciembre

Aix en Provence - Carcassonne - Área de Lacq Audéjos (A 64)

313 + 314

Sábado, 12 diciembre

Área de Lacq Audéjos (A 64) - Urrugne - St. Jean de Luz - Bayonne

108+54

Domingo, 13 diciembre

Urrugne - Valladolid

370

 

Total Kms.

3.509

 

  

 

Cómo llegar a la Provenza por carretera

 

A diferencia de la ruta que nos llevará a Alsacia y Alemania, llegar a la Provenza desde Ia frontera de Irún supone transitar por la más cara de todas las que cruzan Francia, pues todo el trayecto transcurre por autopistas de peaje, salvo unos cortísimos tramos de autovía gratuita. Esta situación de coste elevado se ve todavía agravada por el recargo que se aplica a los vehículos con altura superior a dos metros -un 50% aproximadamente- lo que afecta a casi todas las caravanas y autocaravanas, por lo que toca asumir el sobrecoste. 

 

 

No obstante no todo es tan tremendo, más que nada porque existe una alternativa más barata a tener en cuenta: salir por La Jonquera gerundense. Dependiendo de dónde salgamos, esa será seguramente la mejor solución.

 

Desde Valladolid la elección de una u otra es algo que hay que considerar con detenimiento. Sin duda la ruta Valladolid - Burgo de Osma - Ariza - Zaragoza - Fraga - Lleida - Manresa - Girona - La Jonquera resulta bastante más barata que la opción francesa cuando se viaja con una caravana convencional o una autocaravana. A cambio tenemos que apechugar con algo más de 250 km de carretera convencional, pero también buenos tramos de autovía gratuita entre Ariza y Zaragoza y entre Fraga y Girona.

 

En Zaragoza, Fraga y Campmany (muy cerca de La Jonquera) hay camping abiertos todo el año para pernoctar durante el camino si lo consideramos oportuno.

 

En este viaje fuimos y regresamos por Francia, porque incluimos a Toulouse y Carcassonne en nuestro plan de visitas. En Toulouse hay un enorme y fantástico mercadillo navideño y la medieval “Cité de Carcassonne” es una auténtica pasada, como tendremos tiempo de comprobar. 

 

La ruta sureste, a la Costa Azul e Italia

 

 

Cómo llegar a la Provenza en avión

 

Afortunadamente para quienes no dispongan de un vehículo de acampada o, simplemente, les dé pereza moverlo en esas fechas, se puede disfrutar también de la Provenza en navidad sin hacer tantos kilómetros, siempre y cuando Barajas o El Prat no pillen demasiado lejos de casa. 

 

  

Dos son los aeropuertos de destino en la zona: Marsella al oeste y Niza al este. Ryanair vuela, al menos en 2015-2016, de Madrid a Marsella. Iberia vuela a Niza desde Madrid y Easyjet lo hace desde Barcelona. Iberia vuela también de Madrid a Niza y Vueling lo hace desde Barcelona. En fin, lo único que conviene dejar claro es que existen otras posibilidades de dejarse caer por allí más allá del campismo, aunque sea recurriendo al avión, al hotel y al imprescindible coche de alquiler.

 

 

 

El alojamiento

 

A nadie se le escapará que en esas fechas navideñas -los mercadillos funcionan durante todo el Adviento, eso es desde finales de noviembre hasta Nochebuena- la demanda es muy alta, tanto si nos alojamos en camping como si lo hacemos en un hotel o apartamento. Si viajamos en caravana o autocaravana será también conveniente reservar con antelación los camping, especialmente si vamos a llegar a destino en fin de semana.

 

 

   

 

 

 

 Y encontrarlos abiertos en esas fechas no siempre es fácil. Por suerte, en la misma Toulouse tenemos el “Camping de la Rupé” y en Aix en Provence, el “Chantecler”. Nos alojamos en ambos. En la zona de Aix/Marsella también hay algunos camping abiertos a orilla del mar, pero elegimos el “Chantecler” por su situación central, ideal para visitar los lugares previstos. Por eso y porque también está junto a la salida de la autopista A-8, lo que facilita enormemente los movimientos. Dispone de bungalows y muy cerquita hay un hotel con buenos precios, el “Arc” que puede reservarse en www.booking.com. Es una excelente opción si viajáis en coche o con amigos que no se alojen en el camping.

 

  

Planificando el viaje

 

Una buena planificación es la mejor garantía para que el viaje soñado sea todo un éxito. Como tenemos una cierta experiencia en esas lides, pinchando en la siguiente foto encontrarás todo lo que será bueno tener en cuenta a la hora de la preparación de un viaje “a tu aire”. 


 

De todas maneras como el “leit-motiv” de todo viaje en esas fechas de diciembre es visitar principalmente los mercadillos navideños, será fundamental tener en cuenta sus fechas y horarios de celebración a la hora de decidir el itinerario a seguir.

 

 

Mercadillos navideños en Provenza

 

Hasta llegar a la Provenza no hay porqué renunciar al ambiente navideño si vamos por la ruta francesa. A la ida es perfectamente posible “ir abriendo boca” si nos ocupamos de hacer etapa en alguna de las ciudades del recorrido que también tengan mercado de navidad. No abundan demasiado, pero tanto en Bayonne, como en Toulouse podremos disfrutar de ellos.

 

Una vez en destino nos sorprenderá su alto número: Aix en Provence, Marseille, Avignon, Niza, Mónaco y bastantes más nos acercarán el ambiente navideño. En la web www.marches-noel.org encontraremos mucha y buena información sobre ellos.

 

Ciertamente los mercadillos provenzales ponen mucho más énfasis en los puestos de artesanía y regalos que en los gastronómicos. Algo nada desdeñable si la idea es comer o cenar en ellos. Además es fundamental no perder de vista que, en general, los horarios de cierre son tempraneros para nuestras costumbres: las siete o las ocho de la tarde. 

 

 

 

   

   

 

Toulouse

 

Niza

 

Bayonne

  

 Curiosamente dos de los mejores en ese sentido no son estrictamente de la zona provenzal. Uno es el de Toulouse, con una oferta variadísima y otro el de Montecarlo, en Mónaco. En ambos la oferta gastronómica sí es potente y variada. Y sus horarios en fin de semana se alargan.

 

 

Nuestro viaje a la Provenza y la Costa Azul

 

El viaje de las navidades 2015 a la Provenza y la Costa Azul supuso otra importante diferencia respecto a otros, especialmente a los de Alsacia.

 

En Alsacia la mayoría de los puntos de interés se encuentran situados a pocos kilómetros entre sí, por tanto el tiempo empleado en desplazamientos es corto y concede un cierto margen para evitar grandes madrugones. La guinda del pastel la ponen las autopistas y autovías, porque tanto en Alsacia como en la Selva Negra son gratuitas. Algo que se agradece sobremanera.

 

No es que la Provenza o la Costa Azul carezcan de atractivos. O que estén alejados unos de otros. Para nada. Hay mucho y bueno que ver y disfrutar. Simplemente los destinos elegidos por nosotros, sí lo estaban. En dos ocasiones elegimos trasladamos a más de 160 kilómetros de Aix, para visitar Mónaco y Niza y también las famosas “Gorges de l’Ardeche” y la Cueva de Pont d’Arc. Por si eso no fuera suficiente, otro día nos fuimos a más de 130 km, a la zona de Saint Tropez. Ciertamente “la posición central” del camping “Chantecler”, en Aix en Provence, nos facilitó muchísimo la vida a la hora de desplazarnos, aunque por  circunstancias que más adelante contaremos el itinerario previsto se viera alterado más de la cuenta. Pero vayamos ya a la crónica del viaje…

 

En 2015 el “cuerpo expedicionario” estaba compuesto por tres caravanas y nueve personas y dos perros. Salimos de Valladolid un viernes 4 de diciembre de 2015, por la tarde y pernoctamos en el área de “Comminges”, en la autopista A-64, a 600 km de la ciudad del Pisuerga. 

 

 

A la mañana siguiente cubrimos los 109 km que nos separaban del camping “de la Rupé”, situado en los alrededores de Toulouse. El camping abre, en diciembre, de 9 a 12,30 h y de 16 a 19 h.

 

Es conveniente llegar durante las horas de recepción porque está cerrado con una barrera y no hay zona para aparcar en la puerta. Para entrar y salir, la barrera funciona por código. Los servicios están en buenas condiciones y las parcelas son grandes. Hay también bungalows. En los alrededores no faltan restaurantes y supermercados. Se encuentra cerca de las autopistas de acceso a la ciudad. 

 

   

En "La Rupé"

 

Los aseos del camping de Toulouse

 

 

Toulouse: La “Cité de l’Espace” y un espectacular mercadillo navideño

 

El cohete espacial europeo "Ariane". La Cité de l'Espace (Toulouse)

  

Toulouse, la capital de la región de Midi-Pyrinées, es una gran ciudad industrial, aunque no carezca de atractivos que justifican sobradamente su visita.

 

Uno de sus principales puntos de interés es la “Cité de l’Espace”, parque temático dedicado -como bien dice su nombre- a la exploración espacial. En él podremos descubrir la nave “Soyuz” o recorrer el interior de la estación espacial “Mir”. Tampoco falta un planetario, un cine IMAX, simuladores, atracciones infantiles, etc. Se encuentra en la autopista de circunvalación. Más info en www.cite-espace.com 

 

Los aficionados a los ingenios voladores están de enhorabuena porque si con el descubrimiento del universo no les basta, es bueno que sepan que Toulouse es la capital francesa de la aeronáutica. Allí se construye el Airbus A380 y desde primeros de 2015 cuenta con un museo dedicado a la aviación, “Aeroscopia”. Más info en www.musee-aeroscopia.fr

 

Por nuestra parte nos conformamos con la visita a la Cité de l’Espace, que no es poca cosa ni mucho menos. Particularmente me hacía mucha ilusión visitar la “Mir” y no me decepcionó para nada. La visita puede durar lo que cada uno quiera porque recorrer el parque y ver todas las proyecciones ya lleva lo suyo, pero puestos a dar orientaciones, 3-4 horas serían lo mínimo para verlo en condiciones. Abre, en diciembre, de 10 a 17 h. El aparcamiento es gratuito. 

 

   

La Cité de l'Espace (Toulouse)

 

La nave soviética "Soyuz"

  

   

La estación espacial soviética "Mir"

 

 

  

   

La vida en la "Mir" era casi, casi como estar en una caravana

 

 

  

       

La Mir con sus antenas

 

El "Ariane"

 

No faltan los vehículos espaciales

 

 

 

Llegar al centro de la ciudad un sábado por la tarde es complicado por los atascos. Al salir de la “Cité de l’Espace” dejamos el coche en uno de los parking que bordean el centro histórico -lo que ahorra un rato de atasco- pero viene bien saber que el aparcamiento subterráneo de la plaza Capitole sigue abierto a pesar del mercadillo navideño. De haberlo sabido lo hubiéramos utilizado. Más que nada porque el trayecto a pie desde el mercadillo navideño al parking, de unos 10-15 minutos, discurre por algunas calles que no invitan demasiado a la tranquilidad cuando cae la noche.

 

 

En estas calles del centro no hay problema. En otras no tan céntricas, ya no tanto...

 

Lo mejor de ese paseo fue pasar junto a la basílica de Saint-Sernin, inscrita en el patrimonio mundial por la UNESCO por ser uno de los grandes hitos del Camino de Santiago. Es una de las iglesias románicas más grandes de Europa. Más info en www.basilique-saint-sernin.fr 

 

   

Basílica de Saint Sernin

 

 

 

El mercadillo navideño de Toulouse impresiona por su tamaño y por su iluminación. También impresionaba y no precisamente para bien por estar abarrotado hasta la bandera. Inconvenientes de visitarlo un sábado a media tarde. Costaba mucho andar por los estrechos pasillos, la verdad, y en esas condiciones no se disfruta de la misma manera que cuando se puede pasear tranquilamente y pararse donde apetezca, sin agobios. Si podéis visitarlo en otro momento menos bullicioso mejor que mejor. Eso sí, que sea una vez haya oscurecido porque su iluminación es espectacular.

  

   

El Capitolio, junto al mercado navideño

 

La iluminación, impresionante. El gentío, también

  

       

Los típicos "Santones"

 

Precioso mercadillo

 

Y preciosas paradas...

 

 

Vistosísimas frutas de mazapán

 

Los puestos de artesanía y regalos son también muy bonitos y su oferta gastronómica es amplia y variada, con especialidades corsas, alpinas, vascas, bretonas…  Y por supuesto no falta el "Vin Chaud", el vinito caliente que siempre reconforta, aunque el frío no apretaba excesivamente.

 

Abre durante todo el Adviento y los viernes y sábados se alarga el cierre hasta las 22 horas. 

 

   

Especialidades de Córcega: Figatelli y más

 

Y especialidades saboyanas y alpinas...

 

 

Domingo en Carcassonne,

con sorpresa incluida

 

 

  

Frente a la Cité de Carcassonne

  

Salimos de Toulouse a las 9 de la mañana y, tras un trayecto sin historia, a las diez y cuarto -con parada incluida- llegamos al aparcamiento “P2 - Delestage” (En el Chemin de Montlégun, habilitado para autocares, autocaravanas y caravanas, a unos 600 metros de la entrada a las murallas de La Cité.)

 

 

La línea azul marca el recorrido a pie desde el P2 a la entrada al recinto amurallado

  

       

En el parking P2

 

Las tarifas y horarios

 

Vista del P2 y del otro adyacente

 

De la medieval “Cité de Carcassonne” poco puede decirse que no se haya dicho ya. Forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y, hoy por hoy, es uno de los mejores ejemplos de ciudadela medieval fortificada, si bien su aspecto actual no coincide demasiado con el que seguramente tuvo en sus mejores tiempos. Parece que la reconstrucción llevada a cabo por el arquitecto Viollet Le Duc a mediados del siglo XIX no resultó todo lo afortunada que pudiera haber sido. No obstante y dado el nivel de deterioro al que llegó la construcción no podemos por menos que celebrar el esfuerzo de recuperación realizado. 

 

Paseando por la Edad Media...

 

¡Y de qué manera! Quizás las torretas de pizarra que coronan algunas torres no sean como las originales, pero no cabe duda que le confieren un aspecto de “castillo de cuento de hadas” que no deja indiferente a nadie. En suma, el conjunto es muy, muy bonito y por eso es uno de los monumentos más visitados de Francia. 

 

   

Las cúpulas "de la discordia", pero quedan muy aparentes...

 

La Basílica de Saint Nazaire

 

Nuestra visita coincidió con la fiesta de San Nicolás, el 6 de diciembre, que además cayó en domingo. En Francia, San Nicolás emula a nuestros Reyes Magos un mes antes y también se celebran cabalgatas y San Nicolás reparte juguetes a los niños.

 

Y fue una suerte, porque había mucha “animación medieval”: gente vestida a la usanza: caballeros, “ verdugos torturadores” y maestros armeros que daban al lugar un aire especial y festivo . Y, por supuesto también mucha, mucha gente. 

 

   

La Porte Narbonnaise: ambiente medieval en vena

 

 

  

   

 

 

 

 

   

 

 

 

Si además hubiera mercadillo navideño, ya sería el no va más, pero en Carcassonne el mercado navideño no se encuentra en la Cité, sino en la zona urbana nueva que queda bastante alejada de la zona medieval. Precisamente por ello no pudimos visitarlo.

 

La vista de la murallas, de las torres y del foso es realmente impresionante y en esas fechas nos recibieron con adornos navideños y un árbol de navidad. Lástima que la buena impresión que causa la muralla exterior no se vea correspondida con las casas y calles del interior. Es verdad que hay mucho ambiente y, sobre todo en la calle de la entrada, los comercios le dan mucha vida, pero una vez traspasado ese primer punto, el aspecto general de las casas resulta más anodino de lo esperado, con poco que ver con la idea tradicional de “casita de cuento”. Es una impresión muy personal, pero en las tres veces que hemos visitado La Cité, la sensación ha sido la misma, los edificios resultan poco “medievales”. En cualquier caso el ambiente callejero es agradable -salvo en las horas punta- y pasear la ciudad es siempre una experiencia interesante, amenizada en nuestro caso con el paso de “patrullas de caballeros”, si bien el ambiente y la decoración navideña tampoco es nada del otro mundo.   

 

Las murallas

 

   

La Rue Cros Mayrevieille,

 

la calle más animada de Carcassonne

  

La place Marcou, uno de los rincones más bonitos de Carcassonne

 

Recorriendo las callejuelas, descubrimos que ese día la entrada al “Museo de la Escuela” era gratuito, y aprovechamos la ocasión para sumergirnos, entre pupitres de madera y plumillas, en el mundo de la escuela de antaño. 

 

   

"L'école française d'antan"...

 

 

 

También es posible visitar el castillo, que se encuentra dentro del recinto y es de pago, y no menos recomendable es dar la vuelta por el camino que rodea la muralla, que es gratis. Una bonita manera de sentirnos en plena época de caballeros y juglares. Afortunadamente el sol y el cielo azul nos hicieron la visita mucho más agradable a pesar de que hacía bastante fresquito. 

 

   

 

 

 

 Y si queremos rematar la jugada, nada mejor que regalarnos un buen “Cassoulet” para saciar el apetito. El “Cassoulet” es un guiso típico de la zona, originario de la cercana localidad de Castelnaudary. Alubias blancas y “canard” (pato) son sus ingredientes principales. Se suele servir en cazuela de barro y se caracteriza por hornear la parte superior del guiso, que queda bien tostada y le aporta el toque especial.

 

No faltan restaurantes en la Cité para poder degustar el “Cassoulet”, la mayoría lo ofrece, pero en días de mucho público es prácticamente imprescindible reservar mesa con antelación. Nosotros lo hicimos nada más llegar y ya nos dieron mesa para las dos y media (hora tardía para ellos) y aún así tocó esperar otra media hora antes de sentarnos en la mesa. Resumiendo, reservad mesa lo antes posible si no queréis quedaros con las ganas. 

 

   

"Le Cassoulet", el plato más típico de la zona...

 

Y esta fue una de las fuentes que nos comimos...

 

 

El hombre propone y Dios dispone…

 

Bien satisfechos con el “Cassoulet” y tras un último paseo, a las cinco de la tarde arrancamos rumbo a Aix en Provence, nuestra “base de operaciones” en la Provenza. Sin embargo las cosas no siempre salen como a uno le gustaría.

 

No llevábamos ni cinco kilómetros de autopista cuando recibimos por el walkie-talkie la llamada de emergencia de nuestro amigo Gonzalo, que circulaba detrás nuestro. Un golpe seco y el motor empezó a echar humo. La “fiesta” estaba servida y el viaje se complicaba  muy seriamente. La “sombra de los mil y un contratiempos” que sufrimos dos años antes, durante el viaje a la Saboya, nos sobrevolaba de nuevo…

 

Estar conectados por walkie-talkies es toda una bendición cuando ocurren esas cosas. Manolo se detuvo junto a Gonzalo en el arcén para echar una mano, pero nosotros estábamos bastante lejos para parar y continuamos hasta la primera área de descanso a la espera de noticias. Evidentemente la primera consecuencia del desaguisado era que no llegaríamos a Aix en Provence esa tarde y que, por lo menos, el plan previsto para el lunes tampoco iba a poder ser. Eso si la cosa no se ponía todavía más fea, que era lo más probable.

 

Unos minutos más tarde llegaron las primeras noticias gracias a los teléfonos móviles. Y no eran alentadoras, pero también menos graves de lo que nos temíamos. Un primer diagnóstico visual indicó que la correa del ventilador se había partido. 

 

Cosas como esas nadie las quiere, pero cuando pasan, estando en grupo los males son menos males. O lo parecen. Así que inmediatamente todos nos pusimos en “modo emergencia” porque había que tomar decisiones inmediatas respecto a qué hacer ante el problema que se nos acababa de plantear.

 

Por mi parte lo tuve claro desde el primer momento. Viajamos juntos para lo bueno y también para lo malo, por lo tanto saldríamos del atolladero entre todos. Por suerte los “damnificados” eran tres y precisamente tres eran las “plazas vacantes” disponibles en las otras dos caravanas “operativas”. Eso facilitaba mucho las cosas porque, a menos que en un arrebato de suerte el coche pudiera estar en orden de marcha al día siguiente, siempre nos quedaba el consuelo de “acogerlos piadosamente” en nuestro seno y proseguir viaje con las dos caravanas. Si fuera menester a la vuelta ya recogeríamos su coche y caravana. Claro que tampoco era cosa de adelantar acontecimientos…

 

Como Dios aprieta, pero no ahoga, la cercanía a Carcassonne y al aparcamiento del que proveníamos fueron dos regalos caídos del cielo. Significaba disponer de abundantes talleres mecánicos a mano y, lo más importante, un lugar donde poder pasar, al menos, la noche del domingo al lunes. Más que nada porque no hay ningún camping abierto en esas fechas alrededor de Carcassonne…

 

Tras contactar con la asistencia en carretera - es fundamental contar con un buen seguro tanto para el coche como para la caravana y hablar francés o inglés, también- la grúa les dejó a los tres, con la caravana en el aparcamiento P2, mientras se llevaba el coche a su taller, situado en un pueblecito a las afueras de Carcassonne. 

 

   

Cuidado, que en autopista de peaje hay que llamar

forzosamente a la grúa de la autopista

por los bornes de emergencia. Aquí sus tarifas...

 

Unos Walkie-Talkies son muy útiles viajando en grupo

  

Como por precaución habíamos reservado la estancia en el “Camping Chantecler”, les hicimos saber que, por lo menos, ya no íbamos a poder llegar según lo previsto.

 

Mientras tanto nosotros, una vez reunidos con Pili y Manolo, tuvimos que desplazarnos casi 30 km. hasta encontrar la primera salida de la autopista y dar media vuelta rumbo al aparcamiento donde nos esperaban nuestros dolientes amigos. El reencuentro hizo olvidar los nervios, la tensión y el desánimo. ¡Menudas risas nos echamos en la cena! 

 

El parking P2 de La Cité fue nuestro "ángel salvador"

 

El aparcamiento P2 era más un camping que otra cosa. Rodeados de varias decenas de autocaravanas y caravanas -la mayoría compatriotas- era casi como estar en casa.

 

 

Lunes de esperanza…

 

El plan original para aquel lunes -se suponía que habríamos llegado a Aix en Provence la tarde anterior- era visitar las “Calanques”, unas espectaculares rías muy cercanas a Marsella, además de la ciudad de Toulon y su mercadillo navideño. Desafortunadamente tuvieron que quedarse en el tintero por falta de tiempo, pero por suerte también logramos salvar los trastos y los puntos fuertes del viaje al menos no sufrieron la misma suerte. Es lo que pasa cuando las circunstancias adversas te obligan a improvisar sobre la marcha…

  

 

En cuanto abrieron el taller, allí estábamos. Una inspección más detallada permitió constatar que los daños eran mayores de lo esperado. La correa del ventilador, al romperse, había causado otros desperfectos que impedían arreglar la avería ese día. Ante la evidencia de que el coche tardaría en estar de nuevo en orden de marcha - lo que tampoco fue una sorpresa- acordamos con el taller que lo recogeríamos la tarde del viernes, ya que el sábado no abrían. Así ellos dispondrían de tiempo suficiente para la reparación y nosotros continuaríamos viaje con “huéspedes” inesperados. Por suerte -siempre hay que dar gracias por todo- el taller disponía de un amplio aparcamiento y pudimos dejar la caravana sin cargo alguno.

 

 

Finalmente la sangre no había llegado al río y así, a media mañana, todos juntos -aunque con un coche y una caravana menos- “reiniciábamos” viaje rumbo a Aix en Provence. A las cinco de la tarde, entrábamos en el camping.

 

El “Camping Chantecler” abre todo el año y está en una zona residencial a las afueras de Aix en Provence, muy cerca de la salida 31 de la autopista A8, lo que facilita sobremanera los desplazamientos. 

 

   

Las parcelas no eran un campo de fútbol, pero...

 

El bloque de aseos, en cambio, estaba muy bien

 

Los servicios están en buenas condiciones, con calefacción, aunque las parcelas no sean de lo mejor que hayamos visto. El terreno es accidentado y el tamaño de las parcelas no es muy grande, pero tratándose del único camping abierto en la zona y en muchos kilómetros a la redonda tampoco es cosa de ponerse muy fino. La verdad es que estuvimos bien que, al fin y al cabo, es de lo que se trata. Más info en www.campingchantecler.com

 

 

 

 Tras acampar, aprovechamos el resto de la tarde paseando por el centro de Aix en Provence. La visita a Aix estaba inicialmente prevista para el sábado por la mañana, pero ya hemos visto que el hombre propone y Dios dispone… 

 

   

La Cours Mirabeau

 

Place de la Mairie

 

Aparcamos en el enorme aparcamiento de la plaza de la “Rotonda”, junto al “Cours Mirabeau”, el gran bulevar arbolado de Aix, donde se ubica el mercado navideño de la ciudad.

 

El mercado navideño, con varias casetas de madera, se sitúa en uno de los lados del ancho bulevar. En el otro abundan los comercios y las terrazas de las cafeterías, porque no olvidemos que estamos en el “midi” francés y allí se lleva la vida al aire libre.

 

   

 

 

 

 Los árboles están adornados con luces y el aspecto es elegante y bonito. Lástima que cuando nosotros lo paseamos, cerca de la hora de cierre, ya había poca gente en la calle y el ambiente resultaba un tanto desangelado. Seguramente a horas más bulliciosas la sensación hubiera sido muy diferente.

 

La casi totalidad de las casetas del mercadillo navideño del Cours Mirabeau son de artesanía, regalos y productos gastronómicos, pero con pocos puestos para comer o tomarse un vino caliente. Por suerte había uno de especialidades alsacianas -pensándolo bien tiene guasa la cosa- donde pudimos reconfortarnos con un “vin chaud”. El “vin chaud” (o vino caliente) es vino, blanco o tinto, especiado con canela y anís estrellado y aderezado con naranja y limón, que se sirve muy caliente y que es excelente para reconfortar las noches más frías. Aunque la temperatura nocturna en Aix no era muy fría, 11 grados, se agradeció el calorcito del “vin chaud”. 

 

   

Una caseta alsaciana en Provenza

 

El "Nougat" de Montélimar, el turrón "à la française"

 

A las ocho de la tarde cerraba el mercadillo y ya no llegamos a los otros puestos de comida situados en la plaza de “La Rotonda”, así que saciamos el apetito en un puesto de pizzas que hay en la calle Fabriot, una bocacalle situada justo en el otro extremo del Cours Mirabeau. Las porciones de pizza son riquísimas y, sin duda, es un lugar totalmente recomendable para tomar un tentempié.

 

El casco antiguo de Aix en Provence, -capital administrativa de la región y “secular rival” de la gigantesca y vecina Marsella- es compacto, con rincones y calles pintorescas. Se respiraba un buen ambiente navideño y nos llamó la atención la cuidada decoración, tanto en comercios como en las calles. 

 

   

El ayuntamiento de Aix en Provence

 

Catedral de St.Sauveur

  

   

Los comercios celebraban "Noël" con ganas

 

Las "navettes" son los dulces más típicos de la región

 

 

La Costa Azul: la afamada Saint Tropez,

Port Grimaud -la Venecia provenzal-

y las luces de Saint Raphaël

 

Con el martes llegó “la normalidad” al viaje, tras los avatares vividos desde la tarde del domingo. Por tanto, recuperamos el plan de visitas previsto con una escapada a la afamada Côte d’Azur (La Costa Azul). Más en particular a la famosísima localidad costera de Saint Tropez, puesta de moda tanto por la mítica Brigitte Bardot, como por Louis de Funès y sus populares películas del “Gendarme de Saint Tropez”.

 

A fin de aprovechar al máximo las pocas horas de luz de los primeros días del mes de diciembre, alrededor de las cinco ya oscurece, tocó madrugar un poco más de lo deseado, ya que la distancia a St. Tropez no era corta. 120 kilómetros, con un tramo de carretera bien surtida de curvas entre el pueblo y la autopista de peaje. Por la zona prácticamente todas las vías rápidas son de pago. A las ocho y media de la mañana salíamos del camping. 

 

 

A 120 kilómetros de Aix, Saint Tropez es un antiguo pueblo pesquero reconvertido en lugar de culto por la “Jet set” francesa y europea. No hay más que darse una vuelta por el puerto deportivo para contemplar decenas de yates de esos que quitan el hipo. Y es también lugar de encuentro de multitud de artistas y pintores. 

 

   

El "Port Vieux" de St. Tropez

 

El "Senequier" es tan famoso como caro

  

 Y las banquetas no son precisamente cómodas, pero el local tiene fama y "glamour"

  

Con las "chalupas" de Saint Tropez...

 

En verano se pone hasta los topes, pero en diciembre la población disminuye considerablemente, aunque mantiene un buen ambiente. Carece de mercadillo navideño, pero los martes por la mañana, en la Place des Lices, se instala un interesante mercado semanal. Aparte de los tradicionales puestos de ropa y artículos varios, abundan los gastronómicos en los que degustar las especialidades locales. Durante la época veraniega su tamaño crece exponencialmente y el de sus visitantes también. Abre de 8 a 13 horas. 

 

   

"El marché" semanal de los martes

 

 

 

Por el “Vieux Saint Tropez”, las calles del antiguo pueblo pesquero todavía conservan el encanto de antaño y esconden rincones realmente bonitos. La parte nueva, la que da al puerto deportivo, tiene menos encanto, pero si queréis pasear entre las tiendas de las firmas de lujo más reputadas, allí tenéis la ocasión. 

 

   

El "Vieux St. Tropez"

 

El antiguo barrio de pescadores

 

   

 

 

 

Y cuando “el baño de lujo” empiece a ser excesivo, será el momento de pasarse por uno de los lugares más emblemáticos de St. Tropez: el edificio de la ficticia “Gendarmerie Nationale”. En él se rodaron las películas del histriónico gendarme, en los años sesenta. Se encuentra en la place Blanqui, esquina a la Traverse de la Gendarmerie. Estaba en obras porque en el verano de 2016 se inaugurará un museo dedicado a las andanzas del inefable Louis de Funès en su papel de salvaguarda del orden público y de las buenas costumbres. 

 

La famosa y entrañable "Gendarmerie Nationale" del gendarme de St.Tropez

 

   

 

 

 

Aunque no pudimos visitarlos por falta de tiempo, cerquita de St. Tropez, situados en la montaña que corona la península homónima, se encuentran dos pintorescos pueblecitos: Gassin y Ramatuelle, a los que, si el tiempo disponible lo permite, bien se les puede rendir visita.

 

Por nuestra parte preferimos dedicar las horas de luz que nos quedaban a vagar por uno de los lugares más curiosos y encantadores de toda la zona: el “pueblo lacustre” de Port Grimaud, a escasos kilómetros de Saint Tropez.

 

 

 

Port Grimaud es un conjunto arquitectural, creado en 1966 por el arquitecto francés François Spoerry, caracterizado por sus “calles” fluviales, al más puro estilo veneciano. Por eso mismo se lo conoce como la “Venecia provenzal”. Incluso el aspecto de sus casas recuerdan a la ciudad italiana. Desde 2002 el conjunto de Port Grimaud se encuentra inscrito en la lista del “Patrimonio del siglo XX” de la Unesco. 

 

Este plano os dará una idea de cómo es Port Grimaud

 

En realidad es una urbanización privada -aunque disponga de una zona de acceso público llena de restaurantes, cafeterías y comercios- que impacta por la belleza de alguno de sus rincones. Las casas tienen acceso tanto por tierra como por mar. El día acompañaba y con el cielo azul y el sol ya de poniente, el paseo resultó realmente delicioso. Seguramente en verano, cuando esté atestado de gente, no se disfrute igual. Se respiraba tranquilidad por todas partes, más que nada porque la mayoría de lugares de ocio estaban de reformas o cerrados. En cualquier caso es una visita muy recomendable si se quiere ver algo no muy habitual. A todos nos encantó. 

 

   

Una Venecia "a lo provenzal"

 

Los "barquitos" no estaban nada mal...

  

 

  

       

 

 

 

 

 

Hay un gran aparcamiento junto a la entrada principal. En temporada baja las barreras están levantadas y, por tanto, aparcar es gratis, pero en otras épocas más transitadas seguro que toca rascarse el bolsillo. 

 

 

 

Para finalizar la jornada nos acercamos a Saint Raphaël, pequeña ciudad situada a 40 kilómetros de St.Tropez, dirección Niza. La sinuosa carretera discurre por la costa y, al tener el sol de espalda, disfrutamos realmente de los paisajes y del mar con esa luz anaranjada del sol poniente. Cuando llegamos a destino la oscuridad empezaba a caer.

 

La razón de terminar el día en St.Raphaël no era otra que conocer su “Fête des Lumières” o “Fiesta de las luces”. Las fachadas de las casas y la catedral se iluminan con multitud de colores. La verdad es que las fotos que habíamos visto del evento hacían albergar unas expectativas que luego no se vieron del todo colmadas. Sí, había luces y lo que se veía era bonito, pero también había menos edificios iluminados de lo que se suponía. Tampoco había mercadillo navideño -lo que ya era sabido- así que simplemente dimos una vuelta por las calles más animadas, hicimos las fotos de rigor y finalmente regresamos al camping. 

 

       

 

 

 

 

 

 

   

La catedral de Notre Dame

 

El bulevar Félix Martin

 

 

 

       

 

 

 

 

 

Entonces y visto lo visto, ¿Vale la pena acercarse a verlo? Si nos pilla cerca, pues yo diría que sí, pero si se trata de hacer el desplazamiento a posta, mejor que busquemos otra cosa más atractiva en la que emplear el tiempo.

 

  

 

   

El Principado de Mónaco es el segundo estado más pequeño del mundo -sólo por detrás del Vaticano- situado a 25 km. de Niza y a poca distancia de la frontera franco-italiana. Es una ciudad-estado tan pequeña que su litoral es de sólo 4,4 km.

 

Sin embargo su fama es inversamente proporcional a su tamaño. Mónaco es mundialmente famoso por los avatares mundanos de la dinastía Grimaldi -también la más antigua de Europa, pues reina desde 1297- por su casino, por la riqueza de sus habitantes y por el Gran Premio de Fórmula 1 o el Rally de Montecarlo. 

 

   

El primer Grimaldi de la dinastía

 

Rainiero III, padre de Alberto II

 

Realmente es increíble comprobar como, en tan poco espacio, se pueden congregar tantos atractivos turísticos. Desde luego si la idea es “exprimir a fondo” todo lo que el Principado ofrece, es mejor que vayamos pensando en dedicarle un par de días.

 

El Principado monegasco está compuesto por cuatro grandes zonas urbanas: Mónaco, llamado también “Rocher du Vieux Monaco” (la parte antigua, donde se ubica el palacio de los Príncipes), Montecarlo, (la principal área residencial), La Condamine (el barrio comercial, situado entre Montecarlo y Mónaco) y Fontvieille, la parte más nueva asentada sobre terreno ganado al mar. 

 

Las Terrazas de Fontvieille

 

Esta era nuestra tercera visita a Mónaco, pero para los más jóvenes del grupo era la primera. Y la primera impresión que uno se lleva al llegar a esa especie de Manhattan mediterráneo es de puro agobio. Los accesos desde la autopista “son ratoneros” y los atascos están a la orden del día. El tráfico es denso y estresante, aunque se hace llevadero porque no todos los días uno se encuentra rodeado de Ferraris, Aston Martins, Porsches o Rolls Royce. Otra cosa que llama enseguida la atención es la cantidad de policías. La sensación es que hay casi un policía por coche…

 

Evidentemente aparcar en la calle es misión imposible, así que es preceptivo buscar un parking público. Por suerte no faltan y tampoco son excesivamente caros, con la peculiaridad de que en muchos la primera hora es gratuita, eso sí entre la hora en punto y la hora y cuarto, el precio sube a 2,20 €, así que cuidado con pasarse. Más info en www.monaco-parkings.mc/tariffs

 

Atención: En todo el principado está prohibida la circulación con cualquier tipo de remolque

-salvo autorización expresa y bajo escolta policial-

lo que excluye a toda caravana o carro-tienda. Más info en:

www.infotrafic.mc/site_V3/1_infotrafic/reglementation/guide_occup.pdf

 

Las autocaravanas tampoco lo tienen sencillo para aparcar. Aunque no eso no sea lo nuestro, he buscado información al respecto y parece que el único aparcamiento apto para ellas es el de “Écoles”, en la zona de Fontvieille.

 

Nuestra visita

 

El Principado de Mónaco queda a 200 km. de Aix en Provence y “la excursión” no es nada barata porque toca pagar religiosamente como en todas las autopistas de la zona. 42 euros en peajes costaba, en diciembre de 2015, hacer el viaje de ida y vuelta.

 

Evidentemente ese miércoles tampoco nos libramos del madrugón. Aún más que el día anterior, pues a las 7,20 horas estábamos ya en circulación. Dos horas y media después, parada incluida, llegábamos a la plaza del Casino, en pleno corazón de Montecarlo.

 

Nadie dice que viajar en grupo sea fácil. Hay gustos para todo, a veces nos fáciles de armonizar, y a todos hay que intentar contentar siempre que se pueda. Saber gestionarlo bien es fundamental. Si queréis saber más sobre cómo manejamos los viajes en grupo, pinchad aquí.  

 

El caso es que había mucho que ver y hacer en Mónaco y poco tiempo para ello, pues en la medida de lo posible queríamos pasar la tarde dando una “forzosamente breve” vuelta por Niza. Así que se imponía la organización.

 

Unos querían visitar el Casino, situado en Montecarlo. Otros, el fantástico museo oceanográfico, en el Rocher de Mónaco -es decir, en la otra punta- pero todos queríamos visitar el museo de automóviles del príncipe. Y para rematar la cuestión, estaban las dos perritas, aunque de ellas nos íbamos a ocupar Rosa y yo mientras el resto estuviera de visita.

 

Afortunadamente la veteranía es un grado y el conocimiento del terreno que teníamos gracias a nuestras anteriores visitas, nos permitieron organizar la visita para intentar dar gusto a todos. O casi…

 

El planteamiento de base fue tan sencillo como eficaz. Lo primero que hicimos nada más llegar es “dar una vuelta al circuito de F1”, un rito típico para todo buen aficionado al automovilismo que se deje caer por allí. Evidentemente hay que hacerlo en “procesión”, detrás de otros cien coches y a menos de 30 km/h. Hacerlo de esa manera -la única posible, salvo a horas intempestivas- no es que sea el no va más de la emoción, pero aún así mola mucho porque se pasaremos por los lugares míticos: la subida al Casino, la bajada de Mirabeau, la horquilla de Loews, el Portier, el Túnel, la curva de Tabac o la de la Rascasse entre otros. 

 

   

El circuito urbano de F1 de Mónaco

 

La horquilla de Loews, el Portier y el Túnel

 

Después de nuestro particular “Grand Prix”, dejamos al primer contingente en el parking junto al Casino de Montecarlo, pues el emblemático y lujoso establecimiento se puede visitar de 9 a 12 horas únicamente. La entrada cuesta 10 euros. Es habitual que frente al Casino nos encontremos con unos cuantos Rolls, Bentleys y demás “utilitarios”.  

 

   

El Casino de Montecarlo

 

 

 

Tras dejarlos, nos dirigimos a la Place d’Armes, pues enfrente se encuentra la rampa peatonal de acceso al Viejo Mónaco. Allí se apearon los que apostaron por el Oceanográfico. Acordamos que la “hora de reunión” sería a la una del mediodía, frente al palacio de los príncipes, en el Viejo Mónaco. 

 

   

En la Place d'Armes se instala el mercado

 

Montecarlo visto desde la rampa al Viejo Mónaco

 

A continuación regresamos de nuevo al aparcamiento del Casino para reencontrarnos con la gente una vez terminada la visita. Entre tanto, emplearíamos el tiempo de espera paseando por las tiendas de Mirabeau con las perritas. ¡Es lo que tiene viajar con bichos!

 

Pero no hizo falta. Cuando llegamos, allí estaban esperándonos. ¡Precisamente ese día las visitas no estaban permitidas a causa de un inoportuno congreso!, ¡Qué mala suerte!

 

Por lo visto Mónaco tiene la costumbre de celebrar la navidad invitando a un país cada año. En 2015 ese honor era de Rusia y, por lo tanto, la decoración navideña monegasca se llenó de “matrioskas” y torretas con forma de bulbo. El caso es que la plaza del Casino y los jardines estaban preciosos, con una decoración “invernal” que contrastaba tremendamente con ese sol y un vistoso cielo azul.  

 

Navidad rusa, bajo el sol, en la plaza del Casino de Montecarlo

  

   

 

 

 

Tomamos los coches de nuevo y, hala, nuevo cambio de ubicación. Hubo algún guardia que, casi, casi se nos hizo de la familia por las veces que nos vio pasar. Tras otra sesión de circulación a paso de tortuga, aparcamos en el parking de La Condamine, cerca del mercadillo navideño, ubicado al lado de la piscina, en el terreno que suelen ocupar los boxes de los equipos de F1. 

 

En La Condamine, la zona comercial

  

   

La Rue Grimaldi, la más comercial

 

La Condamine

 

Ese aparcamiento está bien situado para visitar la zona comercial de La Condamine o subir al Viejo Mónaco a pie (los coches no monegascos no están autorizados). Sin embargo es sumamente estrecho y las plazas muy, muy justitas. Y tremendamente agobiante.

 

Aunque no estuviera inicialmente previsto, la fallida visita al Casino nos permitió dar una vuelta por las calles comerciales de La Condamine. En la Place d’Armes se encuentra el mercado, abierto de 7 a 15 horas, domingos incluidos.

 

 

"Le Vieux Monaco"

 

“Le Rocher”, como bien indica su nombre, es el casco antiguo de Mónaco y se accede por la rampa que sale de la Place d'Armes. Arriba se encuentran el palacio, la catedral, el museo oceanográfico y las callejuelas de la ciudad antigua. Sólo puede accederse a pie como ya hemos comentado y también es necesario respetar algunas normas de “urbanidad” en el vestir, como nos recuerda la señal existente al principio de la rampa. 

 

   

Urbanidad ante todo...

 

Ascendiendo hacia el Palacio y el Mónaco antiguo

 

A la una, hora prevista, nos reunimos todos frente al palacio para dar una vuelta por el casco antiguo, pero antes nos hicimos la foto de rigor. Las callejuelas son muy pintorescas, repletas de restaurantes y tiendas, especialmente de “souvenirs”. 

 

Al completo, frente al Palacio de los Príncipes de Mónaco

  

La Guardia que no falte...

  

       


 

El Mónaco antiguo

 

 

 

La catedral de San Nicolás se puede visitar libremente y en ella podremos contemplar las tumbas de numerosos miembros de la familia Grimaldi. Evidentemente las de Rainiero y Gracia de Mónaco son las que más expectación e interés levantan. 

 

La Catedral de San Nicolás

 

   

La nave de la catedral

 

No faltaba el Belén

  

   

La tumba de Grace de Mónaco

 

Y la de Rainiero III

 

Un poco más allá de la catedral, como colgado en el acantilado, se encuentra el Museo Oceanográfico. Es uno de los más importantes y durante muchos años fue la base del mítico Jacques Cousteau. Su acuario es uno de los mejores y muestra una vasta colección de esqueletos marinos: ballenas, orcas, etc. 

 

El Museo Oceanográfico

  

   

¡Encontramos a Nemo!

 

Ballena al desnudo

 

Nosotros lo vimos en nuestra primera visita al Principado y a poco que guste la vida marina, su visita es más que recomendable. Junto a la entrada hay un batiscafo amarillo que recuerda muchísimo al “submarino amarillo” de Los Beatles… 

 

We are living in a yellow submarine...

 

 

La “Colección de Coches Antiguos

de S.A.S. el Príncipe de Mónaco”

 

 

La “Colección de Coches Antiguos de S.A.S. el Príncipe de Mónaco” es un “pequeño-gran” museo con más de 100 vehículos de todas las épocas, situado en la zona de los museos, en la zona de Fontvieille, al pie del acantilado, justo debajo del palacio, en la zona nueva. La entrada costaba 6,5 € en 2015. No es fácil localizarlo. Se accede, a pie, por los jardines de Rainiero III, en la Avenue de Fontvieille, a sólo 200 metros de la Place d’Armes. Allí se encuentran también el museo monegasco del timbre y la moneda o el zoo.

 

Muestra una amplísima colección que va desde carruajes, a coches oficiales, turismos de todas las épocas, gran turismos, vehículos de rally y del Dakar, motos y una decena de F1, amén de objetos, carteles del G.P. más famoso del mundo y muchas cosas más.

 

Desde luego su visita es obligada para todos los amantes del automovilismo y esconde auténticas sorpresas.

 

Pinchando en la foto del siguiente cuadro encontraréis el relato completo de la visita al museo, con todo lujo de detalles, el cual forma parte de “Mis museos del automóvil favoritos”, mi colección de reportajes sobre los principales museos del automóvil de Europa. 

 

 La “Colección de Coches Antiguos de S.A.S. el Príncipe de Mónaco”

 

 Para ir abriendo boca, aquí tenéis un avance de lo que podréis contemplar al visitar la colección de automóviles del Príncipe de Mónaco, antiguos y modernos, que de todo hay... 

 

   

El Renault F1 de 2008  de Alonso

 

Vista general del museo

 

   

Magnífica colección de Rolls-Royce

 

El Renault F1 de 1985 y el Ferrari de Mansell del '89

   

Y si queréis rematar el día "racing", será imprescindible acercarse al monumento al mítico Juan Manuel Fangio, pentacampeón mundial de F1. Lo encontraréis en la confluencia del Quai Albert I con la curva de La Rascasse, junto a su inseparable Mercedes W196 con el que ganara los campeonatos mundiales de F1 de 1954 y 1955 

 

Con Fangio y su Mercedes W196 de 1954-55

 

 

Y, por fin, llegamos al mercadillo

navideño de Montecarlo…

 

La navidad monegasca celebraba la navidad rusa

  

Tras salir del museo de automóviles se había hecho la hora de comer. ¡Y qué mejor lugar que el mercadillo navideño, situado en Montecarlo, para saciar el apetito! 

 

El mercadillo navideño monegasco, ubicado en la zona en la que se instalan los “boxes” durante el Gran Premio, estaba totalmente decorado “a la rusa”: las “matrioskas”, las bulbosas y coloridas iglesias al estilo de la de San Basilio de Moscú, los lobos o los trineos aportaban su granito de arena para recrear un ambiente propio para homenajear al país invitado en 2015. 

 

Rusia, país invitado en 2015

 
Con hileras de casetas de madera, bien decoradas, a cada lado ha sido, sin duda, el más atractivo de todo el viaje, con permiso del de Niza. A partir de las tres de la tarde se encendieron las iluminaciones y ganó muchísimos enteros. ¡Qué bonito! La oferta gastronómica era importante y variada y se agradeció, la verdad.

 

Las salchichas estaban muy ricas

  

   

Un mercadillo muy, muy bonito

 

Con luces estaba precioso

 

Lógicamente la seguridad era muy alta y había controles de acceso. Nada raro si tenemos en cuenta que no había pasado ni un mes desde los terribles atentados de París.

 

Resumiendo, nos encantó el mercadillo navideño de Montecarlo y vale realmente la pena acercarse al Principado durante el Adviento. Una curiosa mezcla de Navidad y tiempo primaveral… ¡Qué buena temperatura hizo!

 

 

Niza, la capital de la “Riviera francesa”

 

 

  

Niza es una ciudad con muchos atractivos. Clima suave, un casco antiguo con mucho sabor, ruinas romanas, un paseo marítimo mundialmente famoso: “La Promenade des Anglais” y un carnaval más famoso aún.

 

De no haber estado acampados a 170 km de distancia, sin duda le hubiéramos dedicado el tiempo que sus atractivos se merecen, es decir, prácticamente el día. Porque tanto Mónaco como Niza se merecen un día completo para pasearlas con tranquilidad y sosiego.

 

Ambiente navideño superlativo en la Place Masséna

  

Sin embargo la lejanía y el elevado coste del peaje no nos dejaron más opción que dar prioridad a Mónaco y dejar a Niza sólo una parte de la tarde. No obstante los planes no salieron exactamente como habíamos pensado. Salimos de Mónaco casi una hora más tarde de lo previsto y además tuvimos problemas de tráfico en la entrada de Niza.

 

Al final apenas si tuvimos veinte minutos de paseo por el casco antiguo antes de que, a las siete de la tarde, las calles se quedasen prácticamente desiertas. Una pena, porque ni de lejos es lo mismo.

 

   

Nice, la nuit

 

Tabernas típicas, muy del "Midi" francés

  

   

Y no faltaba el belén

 

El Vieux Nice, un poco desierto.

 

El mercadillo navideño, muy vistoso, se ubica en la Place Masséna y cierra a las ocho. Tuvimos el tiempo justo para poderlo ver las paradas con cierta tranquilidad, pero ya no quedó tiempo para tomar un tentempié en alguno de los pocos puestos de comida que había. Una auténtica lástima porque me apetecía haber vuelto a probar la famosa “Socca” de Niza, una torta caliente de pasta de garbanzo a la sartén.

 

El ambiente del mercadillo resultaba realmente sugerente y muy original, con su vistosa iluminación, nada frecuente en ese tipo de eventos. Por supuesto los controles policiales tampoco faltaban, detectores de metales incluidos.

 

   

Siempre acabas descubriendo algo original...

 

Espectacular ambiente navideño-festivo

  

   

 

 

 

 

Con todo, después de un día espectacular y bien aprovechado, al final nos quedó un regusto ligeramente amargo al no haber podido disfrutar más de Niza. En fin, otra vez será.

 

Si alguien se plantea acampar en las cercanías de Niza, ha de saber que no abundan los camping abiertos todo el año. Una de las opciones a tener en cuenta, y en el que ya hemos estado anteriormente un par de veces, es el “Camping de la Vieille Ferme”, en Villeneuve-Loubet plage. Más info http://www.vieilleferme.com

 

  

La caverna rupestre de Pont d’Arc

y las “Gorges de l’Ardèche”

 

Aquel jueves, 10 de diciembre, sería nuestro último día de estancia en la zona. El viernes había que iniciar el regreso a Carcassonne para recoger el coche. Y como remate de la jugada estaba previsa, una vez más, una “pequeña kilometrada” de 170 km más, pero la ocasión bien lo merecía porque la fantástica cueva rupestre de Pont d’Arc es, junto con las de Altamira y Lascaux, “lo más de lo más” en cuestión de pinturas prehistóricas.

 

Abandonaríamos temporalmente la Provenza para adentrarnos brevemente en el Departamento de l’Ardèche, en la región de Auvergne-Rhône-Alpes.

 

Dos eran los atractivos turísticos a satisfacer: la visita a la reproducción de la “Caverna de Pont d’Arc”, una maravilla de la arquitectura actual y una maravilla de las pinturas rupestres, de unos 30.000 años de antigüedad, lo que las convierte en las más antiguas del mundo y un recorrido por las sinuosas y espectaculares “Gorges de l’Ardèche”, uno de los parajes naturales franceses más renombrados.

 

   

La Caverna del Pont d'Arc

 

Les Gorges de l'Ardèche

  

Estaba claro que, estando cerca, hubiera sido una pena no haber aprovechado la ocasión para visitar tan afamados lugares.

 

Ambos parajes, muy cercanos entre sí, se encuentran relativamente próximos a la autopista A-7, entre Montélimar y Orange.

 
 

 

 

El estado francés ha invertido una auténtica millonada para ofrecernos una perfecta reproducción de las partes más espectaculares de la Caverna de Chauvet, la cual se encuentra cerrada al público, tanto para proteger unas pinturas rupestres, únicas en el mundo, como por su prácticamente imposible acceso público. Desde 2014 está considerada “patrimonio de la humanidad” por la UNESCO. 

 

La cueva original fue descubierta en diciembre de 1994 por tres espeleólogos franceses, encabezados por J.C. Chauvet, de quien se tomó el nombre, en la zona de las Gorges de l’Ardèche.
 

La belleza e importancia de las pinturas rupestres descubiertas no podían quedar ocultas al público y, por eso, el estado francés emprendió la construcción de un completo y moderno complejo museístico, cerca del pequeño pueblo de Vallon Pont d’Arc, que constituye la puerta de entrada norte a las gargantas del río Ardeche. 

 

Recientemente inaugurado, el museo de la Caverna de Pont d’Arc se compone de la perfecta reproducción de una parte de la cueva original, con sus pinturas rupestres -el efecto visual es apabullante y si no fuera porque “sabes” que es artificial, lograría realmente dar el pego- unido a una sala de proyecciones y un pequeño museo con figuras, a tamaño real, de los animales y personas que habitaron la zona 30.000 años antes. 

 

   

La auténtica cueva de Chauvet se localiza en el

acantilado de la izquierda, a media altura

 

Aquí se encuentra la "copia", pero por dentro

da totalmente el pego y te crees en una cueva real

 
Las visitas a “la caverna” son guiadas, pero tuvimos la suerte de encontrar una guía que hablaba bastante bien castellano y que se desvivió por hacernos la visita la mar de agradable. Si no hay tanta suerte, siempre nos quedarán las audio-guías para contarnos las vicisitudes de la visita. Más info en www.cavernedupontdarc.fr

 

A la hora de apertura estábamos allí para aprovechar al máximo el tiempo y las escasas horas de luz de diciembre, pues después había que recorrer “Les Gorges”.

 

   

La reproducción está logradísima

 

Y las pinturas son impresionantes

 

 

   

 

 

 

La visita fue larga y, en total, estuvimos cuatro horas, así que tenedlo en cuenta a la hora de programar vuestra visita. Y no penséis que nos entretuvimos. Menos de tres horas puede ser un tiempo difícil de bajar.

 

 

   

Un mamut en la expo que recrea la vida y la fauna

 

existente hace 30.000 años

  

   

 

 

 

 

 

Tras la visita a la caverna, comimos junto al famosísimo “Pont d’Arc”, un enorme arco de roca natural sobre el río Ardèche y que constituye el punto de partida de la sinuosa carretera D290, con 12 miradores a lo largo de sus 33 kilómetros de recorrido. Cerca del “puente”, hay un gran aparcamiento.

 

 

El "Pont d'Arc" cruzado por el río Ardèche

 

Si bien aquella tarde de diciembre apenas había gente y pudimos disfrutar de las espectaculares vistas sobre los meandros del río, no es lo habitual. Es una de los parajes naturales más visitados de toda Francia y, en verano, la zona está literalmente abarrotada. Digamos simplemente que hay más de siete camping...

 

Este “pequeño detalle” sobre el gentío tiene mucho que ver con la bondad de la visita. Para empezar el mejor sentido de la misma es de norte a sur, empezando el Vallon Pont d’Arc. La razón es muy simple: así todos los miradores nos quedarán a la derecha, algo vital a la hora de facilitar el aparcamiento. Pero no nos engañemos, aparcar en los exiguos aparcamientos de los miradores, en momentos de “abarrotamiento”, puede ser una auténtica misión imposible. Y no exageramos. Los espacios son bastante pequeños, con alguna excepción, e imagino que tiene que ser realmente frustrante querer parar y no poder. Sobre todo porque treinta y tantos kilómetros de curvas no son un plato de gusto y, salvo momentos puntuales, desde el coche apenas se aprecian los magníficos paisajes.

 

Ya puestos a ser “finos”, digamos que la mañana es mejor hora que la tarde. Así tendremos el sol de espaldas y las fotos quedarán preciosas. No como nos pasó a nosotros, que tuvimos que apechugar con un sol poniente, pero frontal, que nos fastidió las fotografías a conciencia. Ah, tampoco hay que olvidar que, en verano, las temperaturas por allí son de puro abanico.

 

 

   

Disponiéndonos a comer

 

¡Estuvimos en las Gorges de l'Ardèche!

 

   

El paisaje es impresionante

 

El Ardèche va dibujando meandros....

 

 

La “visita panorámica” a Avignon

 

 

Cuando llegamos al final de las “Gorges de l’Ardèche” era casi de noche, a eso de las seis menos cuarto de la tarde. La visita a la cueva duró más de lo previsto, lo que unido a los “sube y baja” en los miradores, nos hizo llegar a Avignon casi a las siete de la tarde, una hora ya muy tardía para los horarios franceses, pues es la hora habitual de cierre del comercio. La visita a Avignon fue algo que decidimos sobre la marcha y, consecuentemente, no teníamos nada preparado sobre ella. Y así nos fue después…

 

Aparcamos en la estación de tren y entonces, por imperiosas necesidades fáciles de comprender, empezó un peregrinaje tan increíble como surrealista: ¡Encontrar un WC público!

 

Estando en la estación de ferrocarril la cosa no hacía presagiar problema alguno, pero no contamos con ciertas y peculiares costumbres foráneas…

 

¿Es concebible que a las siete de la tarde se cierren a cal y canto los servicios de una estación de tren de una gran ciudad? Pues sí, lo es. Nos quedamos literalmente estupefactos, así que no quedó otra que sentarnos en la terraza de una cafetería. Al menos la temperatura acompañaba.

 

Verdaderamente la visita a Avignon no había empezado nada bien, además el mercadillo navideño estaba ya cerrado -cerraban a las 19 h.- y la ciudad empezaba a estar desértica y con un ambiente que no era el más acogedor del mundo, así que regresamos a los coches con la intención de aparcar lo más cerca posible del famoso palacio fortificado de los Papas de Avignon.

 

 

   

El palacio de los Papas

 

La muralla de Avignon, junto al Pont d'Avignon

 

De una anterior visita conocía, más o menos, la situación del palacio, pero de lo que no tenía ni idea era que las calles que lo rodeaban no tuvieran acceso al tráfico rodado. Entonces empezó otro calvario en forma de involuntaria “visita panorámica nocturna” por las estrechas calles aviñonenses. Claro que, como no hay mal que por bien no venga, nos tropezamos con el famosísimo y medieval “Pont d’Avignon” y nos ahorramos el trabajo de tener que localizarlo.

 

Para que a vosotros no os ocurra igual, la mejor solución es aparcar en la plazoleta de la Rue Ferruce. Si está llena, entonces no quedará otra que guardar el coche en el parking “Palais des Papes” que se encuentra allí mismo. E ir andando unos cientos de metros hasta el Palacio-fortaleza.

 

No obstante, si pensáis hacer una visita más detenida a la ciudad, otra opción es aparcar en uno de los dos parking que hay junto a la estación de tren e ir andando por la Rue de la République hasta llegar al casco antiguo. De no haber estado la ciudad “dormida”, es lo que hubiésemos hecho nosotros.

 

 

¡A por el coche a Carcassonne!

 

“El hombre propone y Dios, dispone”. No habíamos pedido una avería, pero nos la concedieron y tocaba regresar anticipadamente en busca del coche que nos esperaba en Carcassonne.

 

Y ya que andamos entre refranes sobre Dios, echaremos mano de uno más y diremos que “Dios aprieta, pero no ahoga”. Más que nada porque tampoco pudimos viajar tranquilos del todo. Aquella mañana de viernes el taller todavía estaba esperando una pieza. Y aunque nos dijeron que seguramente estaría listo a lo largo de la tarde, la perspectiva de tener que esperar al siguiente lunes para poderlo recoger si, al final, las cosas iban mal dadas, no ayudaba demasiado a la relajación. La moraleja del cuento es que, finalmente, “Dios decidió no ahogarnos” y, a media tarde, pudimos emprender de nuevo la ruta con los tres coches al completo.

 

"Salvados por la campana", pero conviene pensar

"Que bien está lo que bien acaba"...

 

Hicimos noche en el área de autopista de Lacq-Audejos, en la A-64, y sobre la marcha decidimos pasar el sábado en St. Jean de Luz y Bayonne, una de las pocas ciudades del sur de Francia con mercadillo navideño. Como habíamos estado otras veces, a pesar de la improvisación, al menos pisábamos “terreno seguro”. Como otras veces también, acampamos en Urrugne, en el camping “Larrouleta”.

 

 

En el camping de Urrugne

 

 

Saint Jean de Luz y Bayonne,

ambiente navideño meridional

 

 

  

Tras acampar, nos dispusimos a empezar la jornada de visitas. El sol brillaba e invitaba al paseo. Empezamos por St. Jean de Luz. Me encanta St. Jean. ¡Mira que habremos estado veces, pero es que no me canso de pasear sus bonitas calles! Lo cierto es que siempre tiene mucho ambiente y sus fachadas son realmente vistosas.

 

 

   

St. Jean de Luz. Place Louis XIV

 

La rue Gambetta, una de las más animadas

 

   

El jamón de Bayonne tiene mucha fama

 

En el puerto

 

De camino a Bayonne nos detuvimos en un supermercado a hacer las últimas compras del viaje. ¡Un viaje nunca está completo del todo si no se hacen los honores a los productos de los países que se visita!

 

 

 

La idea era matar el gusanillo en el mercado navideño, pero tocó echar mano de buenas dosis de templanza porque tuvimos que esperar más de lo que hubiéramos querido. Entre que la visita al súper se alargó algo más de lo esperado y que los atascos y las dificultades para aparcar en Bayonne no ayudaron lo más mínimo, más que comer lo que hicimos fue casi, casi, merendar.

 

 

   

 

 

 

El mercadillo navideño de Bayonne no es muy grande y se instala en la Place du Réduit, junto al río Nive, en pleno centro urbano. Las casetas son fundamentalmente de artículos de regalo, con poca oferta para comer. No obstante y aunque no había mucho donde elegir, al menos pudimos hacer lo que los franceses llaman un “casse-croûte”, o lo que es lo mismo, un tentempié.

 

 

   

 

 

 

Lo que no faltaba era gente. ¡Madre mía qué ambientazo había! Se notaba que era sábado, pero aquello estaba de bote en bote. El casco antiguo de Bayonne es bonito, con mucho ambiente y es agradable de pasear, especialmente sin tanto gentío.

 

 

   

La rue du Pont Neuf

 

La rue d'Espagne

 

   

La catedral de Sainte Marie

 

 

 

   

Las bombonerías abundan en Bayonne

 

 

 

Lo mejor de la tarde-noche, además de resultar un buen broche de oro al viaje, fue la suelta de farolillos voladores. Tuvo lugar un pequeño espectáculo de luz y sonido sobre el río y los farolillos iluminados formaban parte de la fiesta. Fue algo realmente bonito y que a todos nos dejó un magnífico sabor de boca.

 

 

   

Juegos de luz.y sonido en Bayonne

 

Y los farolillos voladores fueron un puntazo

 

Siendo la última noche del viaje, nosotros también tuvimos nuestra pequeña “fiesta privada” en el camping. Así, entre risas y buen ambiente, pusimos punto final a un viaje que, si bien se había torcido un poco, al final no fue para tanto y regresamos a casa bien contentos y satisfechos.

 

 

   

De vuelta a casa...

 

 

 

 

 

 

¡Feliz Navidad!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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