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Hasta cierto punto resulta curioso que, tras tantos años de recorrer Europa, todavía estuviese pendiente pasar unas vacaciones en la patria de los relojes y el gruyère, pero como nunca es tarde si la dicha es buena, el verano 2005 zanjó la cuestión.

 

Suiza es espectacular y sólo por eso vale la pena el viaje y si además pensamos que literalmente nos pasamos buena parte del viaje “huyendo” de las inundaciones que asolaron más de media Suiza en aquel agosto, lo cierto es que la fortuna se alió con nosotros para no “aguarnos” la fiesta, más de lo estrictamente necesario, claro, porque llover, llovió lo suyo.

  

RUMBO A CARCASSONNE PARA IR ABRIENDO BOCA...

 

El viaje discurrió entre la tarde del viernes 12 y el martes 30 de agosto de 2005. Con nuestra caravana “Rapido Club 39 T” de techo abatible, salimos de Valladolid con idea de pernoctar en el área de autopista “de los Pirineos”, en la A-64 francesa. En esta ocasión nos acompañaban nuestros amigos Manolo y Pilar, acompañados de sus hijos Goizalde y Jose Manuel, con su flamante caravana Bürstner TK 490.

 

Para saber más de la mejor ruta para llegar a Suiza (ruta noreste) desde la frontera de Irún, pinchad en el enlace anterior. Y si queréis ahorrar unos euros en los repostajes franceses, haced lo mismo en este otro. No obstante, al incluir en el plan de viaje a Carcassonne y Hauterives, modificamos el itinerario propuesto en “las mejores rutas”, pues de esa manera dimos un rodeo importante respecto a la ruta más directa y económica.

 

Pero como nos gusta hacer visitas en ruta siempre que podemos, el sábado, muy temprano, iniciamos ruta para cubrir los 200 kms. que faltaban hasta la hermosa Carcassonne, espectacular ciudadela medieval de cuento de hadas. Aparcamos en el parking para caravanas y autocaravanas. Cuesta 10 € para todo el día, precio único. Es grande, pero resulta recomendable llegar lo antes posible para pillar hueco, especialmente si vamos con caravana. A las 9,30 de la mañana los espacios libres ya escaseaban, claro que, por si acaso, en Carcassonne hay también un buen camping donde intentar dejar la caravana por unas horas. 

El parking de caravanas de Carcassonne

 

Carcassonne es una maravilla. Puede que más por sus murallas y torreones perfectamente conservados que por sus callejuelas, un poco sosas quizás. Vamos, que gusta más por fuera que por dentro. 

 

En las murallas de Carcassonne

 

Aunque la falta de tiempo nos obligó a una “estancia-express” de sólo dos horas, porque nuestra intención era visitar, de camino a la frontera suiza, el “Palais Idéal du Facteur Cheval”, aún a 400 kms. de distancia, aprovechamos bien el tiempo. Ese fue el motivo de elegir la ruta de Carcassonne y Valence, aún a costa del mayor coste del viaje por los elevados peajes y la mayor longitud. ¡Claro que si hubiésemos sabido lo que nos esperaba en forma de monumentales atascos quizás la elección hubiese sido otra!.

 

Desde la frontera de Irún, la ruta más corta a Ginebra, bastante buena y muy barata, es la que pasa por Burdeos, Angoulême, Montluçon y Mâcon, como ya habremos visto y que fue la que utilizamos a la vuelta.

 

Un par de horas son suficientes para una “visita panorámica” a Carcassonne, aunque eso nos privará, entre otras muchas cosas, de degustar el fantástico “Cassoulet” -la estrella gastronómica del lugar- o visitar los diversos museos que aparecen prácticamente detrás de cada esquina...

 

El “Cassoulet” es un guiso de alubia blanca y pato – la versión modesta se conforma con salchichas de cerdo- servido en cazuela de barro y horneado, lo que forma una suculenta y dorada costra. No faltan restaurantes donde degustarlo por todo el recinto amurallado, pero en particular recomendamos “La Table Ronde” y sus ricos y razonables menús; preferiblemente sentados en una mesa del patio-jardín.

  

Y NOS QUEDAMOS ATASCADOS...

 

Si hasta entonces la autopista había sido digna de tal nombre, no podemos decir lo mismo al retomarla para llegar a Hauterives a tiempo de visitar el “Palais Idéal du Facteur Cheval”.

 

Un sábado de agosto, que coincidía con el cambio de quincena para más inri y en zona costera era casi una garantía de estragos irreparables en la fluidez del tráfico, pero ni lo pensamos en ningún momento. Y por eso nos metimos en la boca del lobo. Para colmo, gracias a la radio de la autopista estábamos informados que desde París a Perpignan el atasco era descomunal, lo que no era precisamente estimulante.

 

Paramos a comer en Béziers y hartos de estar parados, allí optamos por emplear una ruta alternativa que nos alejase de aquel atasco interminable, aún a costa de meternos en las estribaciones del Macizo Central. La ruta era una mezcla de autopista y carretera de montaña y lógicamente bastante más larga en tiempo y kilómetros para poder llegar a Valence y allí retomar la autopista hasta Hauterives, pero con tal de abandonar el atasco bajo una calorina de impresión todo nos parecía bueno. Aunque eso fue también de aúpa, porque “salimos de Herodes y caímos en Pilatos”...

 

Menos mal que llevábamos el fantástico mapa de Francia a escala 1:200.000, porque en aquellas épocas huérfanas de GPS, el mapa detallado era la única ayuda posible para trazar rutas alternativas sobre la marcha. De todas maneras, incluso ahora con el GPS de marras a bordo, el mapa sigue siendo un amigo impagable.

 

 

EL MACIZO CENTRAL COMO “VÍA DE ESCAPE”... Y LA SORPRESA DEL VIADUCTO DE MILLAU, EL MÁS ALTO DEL MUNDO.

 

Hasta las proximidades de Mende, circulamos muy bien por la nueva A-75, autopista afortunadamente gratuita que va de Montpellier a Clermont-Ferrand. La sorpresa agradable del día fue tropezarnos con el ya famoso viaducto de Millau, el más alto del mundo con sus 300 metros de caída. Cuesta 6 € de peaje. Se ha habilitado junto al viaducto un “área-mirador”, con un enorme parking, para contemplar tan impresionante obra de ingeniería. Hay también varias carpas con exposiciones sobre la construcción del viaducto y los recusos turísticos de la zona, con especial hincapié en el queso roquefort que se produce muy cerca de allí. 

 

El viaducto de Millau

 

En suma, un rato de relax y de estirar las piernas antes de abordar los 280 km. de tortuosa carretera montañosa que aún nos esperaban hasta poder salir a nuevo a la A-7. A esas horas de la tarde era evidente que los planes de visitar el palacio del cartero se habían ido al garete. Y así, tras seis horas de interminables curvas y rampas por las carreteras de media montaña del Macizo Central, por fin, a las 23,40 h. de la noche llegábamos al área de “Portes de Valence”, en la autopista A-7, donde nos regalamos un necesario y reparador sueño.

 

Y VISITAMOS EL “PALAIS IDÉAL DU FACTEUR CHEVAL”.

 

Bastante más descansados, a las 9 h. llegamos a Hauterives, diminuto pueblo que esconde un espectacular monumento al esfuerzo, tesón y, porque no, a la extravagancia del ser humano.

 

Un cartero del pueblo, Ferdinand Cheval, durante 33 años -desde 1879 a 1912- edificó piedra a piedra y a base de esfuerzo y tesón, la filigrana con pinta de palacio oriental que ahora podemos visitar, alucinando a cada paso. Cuando lo acabó, aún le quedaban ganas de seguir dando el callo y en ocho años más se construyó asimismo su propio panteón, que también puede visitarse en el cementerio del pueblo. 

 

Una obra impresionante...

 

 

En julio y agosto, el horario es de 9,30 a 12,30 y de 13,30 a 19,00 h; La entrada de adulto cuesta 5,10 €. www.facteurcheval.com. La visita es libre y en poco más de una hora se ve muy bien. Al lado hay una gran explanada que sirve de parking, apta para caravanas, aunque imaginamos también que en las horas centrales del día puede ser complicado encontrar espacio libre suficiente entre los coches, pues no hay espacios reservados para vehículos grandes.

 

Lógicamente el retraso acumulado por culpa del atasco del día anterior alteró el plan de ruta previsto para ese día y la visita a la ciudad suiza de Sion, quedó para mejor ocasión, que rima y todo. No obstante antes de llegar al país del secreto bancario todavía sufrimos algún que otro atasco, afortunadamente, de poca monta.

 

 

Y PISAMOS SUELO SUIZO...

 

A las 15,30 h. bajo un considerable aguacero, entramos en Suiza por Ginebra. Admito que cruzamos la frontera no sin cierta preocupación. En teoría solamente pueden introducirse en el país provisiones para un día de viaje y nosotros decidimos jugárnosla llevando la caravana a tope de comida. Hubo suerte y no nos revisaron, como tampoco lo hicieron las otras dos veces que “re-entramos” en Suiza a lo largo del viaje.

 

Lo que sí es importante señalar es que nos parece más seguro pasar por puestos fronterizos “grandes” que por los secundarios, donde se corre más riesgo de que el guardia, en un arranque de celo y aburrimiento, decida revisarnos el vehículo. No sería extraño, pues amigos nuestros lo han padecido en sus carnes.

 

Huelga decir también que todos los ocupantes han de llevar el DNI o el pasaporte, pues a menudo lo piden. Al entrar por primera vez en el país, es necesario comprar la viñeta de peaje para utilizar la red de autopistas suizas, señalizadas en verde. Una para el coche y otra para la caravana. Costaba, en 2005, 40 francos suizos por viñeta. Y no recomendamos que nadie se pase de listo en ese aspecto porque se arriesga a una y buena si le pillan...

 

Se paga en efectivo al aduanero, en moneda suiza o en euros, pero que sepáis que es más ventajoso pagar en su moneda, ya que el coste en euros, al cambio, era bastante más alto. Prevedlo a la hora de pedir la moneda. La viñeta es válida hasta final de enero del año siguiente.

 

A las siete de la tarde llegamos a Raron, en el cantón del Valais, acampando en el “Campingplatz Simplonblick”, a pie de la carretera de Brig. El dueño, muy simpático para la tónica general del país, es un enamorado de España y habla algo de castellano. El camping es antiguo, pero está bien.

 

Ojo, los enchufes suizos son especiales, de forma hexagonal y con tres bornes. En recepción alquilan adaptadores, y menos mal porque el asunto nos pilló a contrapelo porque no teníamos ni idea de ello, pero en cuanto pudimos nos compramos uno al nada módico precio de 6,90 francos suizos, ya que no existe garantía de que en todos los camping los alquilen y no abundan los que disponen de enchufes europeos.  

 

El adaptador suizo

 

Una curiosidad suiza: dependiendo de los municipios, te “obligan” a comprar bolsas de basura especiales… a precios suizos, por supuesto. Y en muchos camping también. Una española que vive allí nos explicó la razón, el pago de la bolsa es el impuesto de recogida de residuos, ya que así sólo paga el que ensucia. Y nos dijo también que en Friburgo, por ejemplo, hay vigilantes especializados en controlar que se respete la norma y que no se usen otras bolsas bajo riesgo de multa. Todo muy suizo, todo muy ordenadito y cuadriculado, que es lo que les priva.

  

Y POR FIN ... ¡IBA A VER EL “MONTE CERVINO”!

 

El día siguiente era lunes, 15 de agosto, día de la Virgen y en Zermatt celebraban una romería con trajes típicos, etc. Como el cantón del Valais es de mayoría católica, por eso ese día era festivo. No ocurre igual en otros cantones del país, de culto protestante, lo que es un detalle a tener en cuenta.

 

Mi ilusión en Zermatt era contemplar la silueta piramidal de la montaña más famosa de Suiza, el Cervino o Matterhorn. Lo cierto es que el día empezó cubierto a tope, pero afortunadamente a media mañana fue despejando y aunque con nubes en su cara este, se pudo ver la montaña, así que finalmente me fui de Zermatt más contento que unas castañuelas. Por eso y por muchas cosas más, claro.  

Todos frente al Cervino o lo que se veía

 El pueblo es una monada y salvando el hecho de que medio mundo haya tenido la misma idea que tú, mola cantidad. Decididos a disfrutar la “Suiza más típica”, nos regalamos una suculenta fondue de queso para comer y también probamos el “rösti”, sempiterno plato, único o como acompañamiento, a base de patatas paja fritas y aplastadas, con o sin queso. 

 

Ambiente suizo en Zermatt

 

 La romería “tradicional” fue una pasada. Empezó a las 14 h. y durante más de una hora desfilaron las representaciones de los pueblos de la zona, engalanadas con sus trajes típicos. Tampoco faltaron las bandas de música. Un regalo inesperado fue escuchar las enormes trompas suizas que precisan pulmones a toda prueba para hacerlas sonar. Todo muy “swiss typical”. Vamos, que si tenéis ocasión de visitar Zermatt el día de la Virgen de Agosto, no dejéis de hacerlo. 

 

Romería en Zermatt

 

 CLARO QUE LLEGAR A ZERMATT NO ES PRECISAMENTE SENCILLO...

 

Llegar al pueblo tiene su aquel. Con el fin de preservar el medio ambiente, los vehículos no eléctricos están prohibidos, algo bastante habitual en Suiza. Así pues, para visitar Zermatt hay que subir en coche o en tren hasta Täsch, localidad a cinco km. de Zermatt.

 

El tren es muy caro, salvo que dispongáis de alguno de los muchos pases de ferrocarril que abaratan mucho los costes. En Täsch la calle del pueblo está abarrotada de ofertas de “parking + taxi”. El aparcamiento del coche para todo el día costó 5 CHF y otro tanto por persona para el servicio de furgoneta-taxi hasta Zermatt. Para regresar es necesario llamar por teléfono al taxista para que suba a recogernos. No suele haber problemas de idioma, suben rápido y nos cobrarán otros 5 CHF por pasajero por el regreso. 

 

El "taxi" a Zermatt

 

 Se puede también volver en tren o bajar andando, pero eso ya queda a gusto del consumidor. Terminamos el día paseando por la ya desierta ciudad de Brig, cuyo monumento más interesante es el Stockalperschloss, un imponente castillo de torres cuadradas y cúpulas de bulbo. El patio del castillo se visita libremente.

 

 

“EL PALACIO DE HIELO” DE SAAS-FEE, EN EL CORAZÓN DE LOS ALPES.

 

El martes continuamos con el periplo alpino subiendo a 3.500 m. de altitud para visitar el “Palacio de Hielo” de Saas Fee, el valle gemelo de Zermatt. ¡Que para algo estábamos en los Alpes!. Si el lunes el tiempo había sido caprichoso, el martes nos regaló un día de postal. ¡Ni una nube en el horizonte!. Vamos, perfecto para gozar las cumbres alpinas. 

 

El Saastal, el valle de Saas. Suiza en estado puro.

 

Por cierto, para asegurar el tiro, llamamos a una amiga en España para que nos consultase las previsiones de tiempo en internet, pues por la tarde teníamos previsto subir al río de hielo del glaciar de Aletsch y había que decidir, en función del tiempo, qué ver primero. Dado que en Zermatt, Eggishorn o Saas Fee hay instaladas web-cams con imágenes en tiempo real, es perfectamente posible “saber” a priori como hace por las respectivas alturas y así poder decidir si ir o no. No olvidemos que los teleféricos no son baratos y que la tecnología está para echarnos un cable evitando de esa manera un desplazamiento caro y frustrante.

 

Así pues, una simple llamadita a España nos permitió dejar la visita al río de hielo por la tarde, ya que a primera hora de la mañana la niebla campaba allí a sus anchas. En esas web, además de las cámaras, también encontraremos los horarios y tarifas de los teleféricos (69 CHF/adulto en Saas-Fee). Admiten tarjetas de crédito, al igual que en Eggishorn. www.saas-fee.ch y www.eggishorn.ch .

 

Saas-fee es un pueblo parecido a Zermatt, aunque menos turístico, o sea, sin tanta tienda de recuerdos. Sin embargo el entorno es mucho más espectacular, rodeado por un circo de altas montañas nevadas. Está también libre de coches, pero esta vez basta con aparcar en el parking público de la entrada del pueblo.

 

Subir hasta el “palacio de hielo,” excavado en pleno glaciar, supone tomar dos teleféricos y, por último, el único “metro alpino”que existe en el mundo, el “Alpin-Express, que asciende por el interior de la montaña en un trayecto de cuatro minutos de duración. La entrada al palacio de hielo es gratuita, incluida en el billete de funicular. 

 

El metro alpino

 

Andar por el interior de un gigantesco cubito de hielo tiene su gracia (evidentemente es recomendable llevar ropa de abrigo), pero como todas las comparaciones son odiosas, el recuerdo de la “cueva de hielo” de Dachstein, en Austria, nos aguó un poco la fiesta, porque las galerías y figuras excavadas en el hielo difícilmente pueden competir con una gruta de estalagmitas heladas. 

 

En la cueva de hielo

 

Cabría preguntarse si, puestos a alcanzar los 3.500 m. de altitud, es mejor elegir el Jungfraujoch (desde Interlaken) o Saas-Fee. Es posible que el ascenso hasta el pabellón “Top of Europe”, donde también hay un palacio de hielo, sea mucho más espectacular que Saas-Fee, pero los más de 125 €, sí de euros, que le cuesta la excursión a cada pasajero puede inclinar decisivamente la balanza hacia Saas Fee, que como habéis visto, mola y mola mucho. 

 

Ambiente alpino...

 

En fin, como experiencia estuvo bien y en un día radiante como aquel, contemplar las cumbres alpinas fue un auténtico regalo. Aunque obviamente es posible pasar el día “entero” en la cumbre, se ha de prever que el último “Alpin-Express” baja a las 16,30 h. (hasta la primera quincena de agosto) por lo que tampoco es plan de quedarnos arriba a pernoctar, vamos, digo yo.

  

EL “RÍO DE HIELO” DEL GLACIAR DE ALETSCH.

 

Así que después de la inevitable batalla de bolas de nieve, bajamos a comer en Saas-Fee y así llegar lo antes posible a Fiesch, para tomar otros dos teleféricos, uno hasta Fiescheralp y otro hasta Eggishorn, desde donde se contempla el mayor río helado de los Alpes, en el glaciar de Aletsch, con las cumbres de los “tres magníficos”: Jungfrau, Eiger y Mönch enfrente.

 

De verdad, no os perdáis la vista del río de hielo. Tiene 23 km. de largo, aunque lógicamente desde Eggishorn sólo se ve un pequeño tramo, aunque muy espectacular. Allí arriba no hay mucho que hacer, así que tenedlo en cuenta, además de gastarse un pellizco de vista disfrutando de la “autopista helada”. Eso sí, hay una cafetería donde reponer fuerzas si es necesario. 

 

El río de hielo desde Eggishorn

 

Los dos teleféricos costaron 42,80 CHF/adulto. No obstante, gracias a la tarjeta de descuento para los teleféricos de la zona que nos dieron en el camping, nos ahorramos un 20% en la tarifa, lo que estuvo genial, (Saas Fee no está incluido).

 

A mitad de subida está Fiescheralp, estación alpina con restaurantes y hoteles. Los teleféricos salen cada 30 minutos. Digamos en honor de nuestra amiga Pilar, que sufre de vértigo, que se portó como una jabata y superando sus reticencias se subió en los cuatro teleféricos que, muy a su pesar, le tocó coger. Olé por Pili.

 

Y de esta manera dimos por finalizada “la fase montañera” del viaje, encantados con el buen tiempo que nos había permitido disfrutar a tope de los increíbles paisajes alpinos, especialmente porque las previsiones de mal tiempo que manejábamos desde casa no se cumplieron.

  

CRUZANDO LA MONTAÑA EN TREN PARA LLEGAR A LAS TIERRAS DE GUILLERMO TELL...

 

El miércoles nos trasladamos a Altdorf, el pueblo de Guillermo Tell, pero para “pasar al otro lado” de las montañas, primero tenemos que cruzar dos imponentes puertos de montaña, el “Nufenenpass” y el “Furkapass”. 

 

En el tren del Furkapass

 

El “Furkapass”.es mejor para ir “hacia el norte” del país y el “Nufenenpass” para visitar El Tesino, el cantón italiano de Suiza. El problema para cruzarlos son sus rampas de hasta el 14% de pendiente, lo que los hace desaconsejables para la mayoría de caravanas, aunque parece que el Nufenen puede pasarse sin demasiadas dificultades, aunque el Furkapass parece más problemático, salvo que se circule en un 4x4.

 

En todo caso, la opción más fácil para salvar el escollo es utilizar “el tren-lanzadera”, entre Oberwald y Realp, que pasa a los vehículos, por el túnel ferroviario del Furka, al otro lado, (www.mgbahn.ch) En verano el convoy sale cada 30’. El trayecto dura 17’ y los pasajeros viajamos montados en nuestro propio coche.

 

En 2005 las tarifas eran de 25 CHF por el coche y otro tanto por la caravana. En suma, un sistema cómodo, fácil y con un puntito de “aventura”. Camino de Altdorf, en el cantón de Uri, pasamos por Andermatt, pueblo sin ningún interés a no ser porque muy cerca de allí está la fuente principal del Rin, a la que sólo se llega andando. Leer más sobre el nacimiento del Rin en el Viaje del Rin – 2002.

 

Acampamos en el camping “Moosbad” de Altdorf. Ojo con los horarios, pues en Suiza, como en Alemania y Austria, tienen la costumbre de “cerrar” los camping de 13 a 15 h. por descanso, el Mittagruhe, y consecuentemente, no podréis entrar o salir durante ese tiempo. 

 

El camping Moosbad, en Altdorf

 

Altdorf apenas tiene interés turístico, con excepción del monumento a Guillermo Tell y su hijo, junto a una torre decorada con escenas del famoso flechazo a la manzana. 

 

Estatua de Guillermo Tell

 

A las tres, después de comer, nos dirigimos a Zug, al otro lado del famoso “Lago del Bosque los Cuatro Cantones”, una zona muy turística del país. Zug dispone de un interesante casco histórico, con su torre del reloj, su inevitable fuente renacentista y sus fachadas pintadas, que alcanzan su mejor expresión en Luzern, ciudad que visitamos después. La fachada del ayuntamiento es realmente espectacular. En Zug nos aprovisionamos con el adaptador de enchufe suizo. Un poco tarde ya, a las seis y media, llegábamos a Lucerna (Luzern).

 

Gracias a que es una de las ciudades suizas más visitadas siempre hay bullicio, pues está de turistas hasta los topes, claro que a esa hora el comercio ya estaba cerrado -a las seis suele echar el cerrojo- a excepción de las tiendas de souvenirs.

 

El símbolo de la ciudad es el medieval y fotogénico “Puente de la Capilla”, afortunadamente restaurado después del incendio de 1993. Construido en madera, todavía están reconstruyendo en facsímil las pinturas policromadas que adornan toda su longitud. La ciudad tiene otro puente de similares características, menos conocido, pero intacto, unos cientos de metros río arriba. Allí las pinturas son auténticas y desde allí divisaréis algunos lienzos de muralla en plena colina. 

 

Luzern, junto al Puente de la Capilla

 

El casco antiguo es muy interesante, con espectaculares fachadas decoradas. Otro punto de interés, un poco alejado del centro, pero muy visitado, es el “Löwendenkmal”, un enorme león moribundo, esculpido en plena pared rocosa. Está en un parque –aparcar es muy complicado- y su contemplación impresiona, pero rezuma tristeza y dolor. Se esculpió en el siglo XIX en honor de los soldados suizos que acudieron en ayuda del rey Luis XVI durante la Revolución Francesa.

  

Y NOS FUIMOS A LA SUIZA ITALIANA, AL CANTON DEL TICINO.

 

Al día siguiente cruzamos el túnel de San Gotardo, el segundo más largo de mundo con sus 18 km. de longitud, para llegar al Ticino, el cantón italiano. El primero, de 25 km, está en los fiordos noruegos, en Laerdal. Desde luego adaptarse al cambio de cantón exige un considerable cambio de chip. Más que nada porque “sabemos que seguimos en Suiza”, pero aquello rezuma Italia por todos los lados.

 

El calor también nos recordó que estábamos en el rincón más cálido de la Confederación. La falta de tiempo nos impidió hacer una escapada a Milán, a sólo 120 km. de distancia, aunque estuvimos francamente tentados por la posibilidad.. Huelga decir que un día sólo permite “sobrevolar” la zona, pero eso es más que nada, así que acampamos en Bellinzona, ciudad con varios castillos y numerosos vestigios medievales, dispuestos a aprovechar bien el día. 

 

Bellinzona

 

El jueves era día de mercado en Locarno (de 9 a 17 h. en la Piazza Grande). Un mercadillo de cachivaches, muy animado, con puestos de comida y donde encontré un LP al que hacía mucho tiempo que le iba detrás. Creo que fue el mejor recuerdo de la ciudad, pues la verdad es que nos pareció bastante cutre. 

 

Mercadillo en Locarno

 

Ascona, a la orilla del Lago Maggiore, tiene mucho más encanto. Y como estábamos “en Italia” aprovechamos para disfrutar de su cocina. El risotto estaba de miedo. Por la tarde visitamos Gandria, pueblecito de pescadores muy típico, encaramado a la falda de la montaña y por ello con escaleras a tutiplén. En una hora está más que visto, aunque realmente la vista espectacular (y de postal) se obtiene desde el agua, pero su proximidad a Lugano hace su visita muy recomendable. Los aparcamientos no abundan, así que tenedlo en cuenta.

 

Llegamos a Lugano, la capital del cantón, todavía con el comercio abierto, pero por poco tiempo ya. En Suiza, como en gran parte de centroeuropa, como en Holanda, tienen costumbre los jueves (en algunas localidades, los viernes) de cerrar el comercio más tarde, entre 20 y 21 h. lo que permite cierto margen de visita antes de que las ciudades queden desiertas.

 

 

Salamis en Lugano

 

Sin embargo, en el Ticino no se sigue esa práctica y a las 18-18,30 h. las tiendas bajaron la persiana. Lugano es una ciudad señorial, italiana por los cuatro costados, pero con la sempiterna pulcritud suiza. En suma, una “curiosidad” latina en un mundo germánico. El apodo de “Río de Janeiro suizo” nos parece un poco excesivo, aunque creo que se debe a la montaña que hay junto al lago se parece al “Pan de Azúcar”.

  

Y RETORNAMOS AL MUNDO GERMÁNICO, AL LAGO CONSTANZA, PREVIO PASO POR “EL PUEBLO DE HEIDI”.

 

El viernes volvimos a “Germania”, trasladándonos al norte del país, a St.Margrethen, en el lago Constanza. Cruzamos los Grisones a través del Passo di San Bernardino, perfectamente practicable para caravanas. Así pudimos seguir la carretera que bordea el Hinterrhein o Rin Posterior, uno de los dos brazos que forman el “nacimiento” del Rin, el gran río de la Europa Occidental.

 

El otro brazo, el Vorderrhein o Rin Anterior, es el que nace en Andermatt. Ambos ramales confluyen en Reichenau. Me confieso un enamorado del Rin y me hacía mucha ilusión contemplar la “y griega” donde realmente “nace” el río, pues desde ese punto pasa a llamarse Rin o Rhein, en alemán. Si queréis ver el lugar exacto, hay que dejar el vehículo en el parking de la estación de tren de Reichenau, fuera de la localidad, y andar unos doscientos de metros hasta el puente sobre la carretera. Desde allí veréis “el nacimiento del Rin”. No os perdáis el relato del Viaje del Rin desde su nacimiento hasta su desembocadura.

 

Reichenau: la unión del Rin Anterior y Posterior

 

Y es que ese viernes fue “el día de las ilusiones”, pues si con el Rin me tocó hacer realidad mi deseo, unos kilómetros más adelante iba a ser el turno de Pilar. Admiradora confesa de Heidi, se moría de ganas de darse un garbeo por “el pueblo de Heidi”, cerca de Maienfeld.

 

“Heididorf”, el pueblo de Heidi, está unos kilómetros más arriba, en la falda de la montaña. Allí encontraréis “su casa”, ambientada en el siglo XIX y con los personajes de la novela: el Abuelo, Pedro, etc. aunque no con el aspecto de la famosa serie japonesa. Claro que eso no preocupa a las hordas de japoneses que abarrotan el lugar. La entrada cuesta 5 CHF. Hay un aparcamiento para autocares y coches en el restaurante próximo a la casa, por lo que pudimos aparcar las caravanas. 

 

Exterior de la "Casa de Heidi" - Maienfeld

 

Claro que llegar al lugar no es nada sencillo. Hay una ruta para coches y otra para autocares que es tremebunda. Hay tramos donde sólo cabe un coche. Afortunadamente no tuvimos “encuentros” indeseados y pudimos entrar y salir de “Heididorf” sin mayores apuros. Antes, Pilar se había dado el gustazo de tirarse por la ladera dando volteretas al más puro “estilo Heidi”, mientras los demás nos partíamos de risa con la ocurrencia. En fin, un día inolvidable por muchas y buenas razones.

 

Acampamos en el “Campingplatz Bruggerhorn”, en Sankt Margrethen, lugar estratégico para visitar los tres países “del triángulo del Bodensee”, más conocido como Lago Constanza: Suiza, Alemania y Austria. El camping está muy bien, muy verde y muy tranquilo.

 

 

SANKT GALLEN Y LA FANTÁSTICA APPENZELL.

 

Pasamos la tarde en Sankt Gallen, ciudad suiza famosa por su catedral, su biblioteca barroca y por los característicos balcones con tallas de madera que hay por todo el casco viejo. Ese viernes estaban en fiestas y había un ambiente increíble, con actuaciones callejeras y chiringuitos de comida por todo el centro de la ciudad. Lo que también fue una agradabilísima sorpresa. Visitamos la impresionante catedral barroca y al terminar nos escapamos a Appenzell, localidad situada a 20 km. de distancia y una de las más bonitas que hemos visto en Suiza. 

 

Lluvia en Sankt Gallen

 

Además de por su queso de fuerte sabor, Appenzell es famosa por sus originales y coloridas fachadas. No os engañéis, Appenzell no tiene parangón en todo el país. No hay otro pueblo igual. Una auténtica pasada y si os lo perdéis sería una pena. Lástima que el comercio ya estuviese cerrado a esas horas de la tarde, gajes del oficio en un país que cierra tan pronto, pero aún así tiene escaparates muy, muy bonitos. 

 

Fachadas pintorescas en Appenzell

 

Nos llamó especialmente la atención un montón de “enanitos” colocados en plena vía pública –sin que nadie los tocase, claro- y una fuente con una gran esfera de mármol que giraba sobre el chorro de agua. Acabamos la jornada cenando en los chiringuitos de comida de St.Gallen, bajo un fuerte aguacero. La lluvia había llegado.

 

 

EXCURSIÓN A AUSTRIA Y A ALEMANIA, POR LAS ORILLAS DEL BODENSEE.

 

El sábado, bajo un cielo plomizo, pisamos suelo austríaco. St.Margrethen, está casi en la frontera austríaca, junto a Bregenz, la capital de la provincia austríaca de Voralberg. 

 

Más lluvia en Bregenz

 

Allí aprovechamos para repostar la Mercedes Vito de Manolo a precios inferiores que en Suiza y hacer una visita al hipermercado Spar, con mejores precios también que en los supermercados suizos, en los que la cesta de la compra está por las nubes. Por cierto, un dato a tener muy en cuenta, en los supermercados suizos, “Coop”, “Spar”, etc. no aceptan tarjetas de crédito lo que es un fastidio importante, ya que obliga a “tirar” de efectivo. Solamente en los de la cadena “Migros” aceptan Visa, pero volvamos a Bregenz.

 

El sábado era día de mercado, aunque la ciudad, en sí misma, no vale gran cosa. De todas maneras la corta estancia en el país me sirvió para completar mi colección de euros austríacos, lo que estuvo muy bien.

 

El “plato fuerte” del día era la visita a la ciudad medieval de Lindau, en Alemania, a sólo unos pocos kilómetros de Bregenz. Lindau, la joya del Bodensee, está edificada en una isla y unida a tierra firme por un puente. Como atracción turística que es, hay numerosos aparcamientos a las afueras y está siempre a tope de gente.

 

Al haberse librado de las guerras, conserva intacta su fisonomía medieval, y aunque las sempiternas tiendas de souvenirs deslucen un poco el panorama, también le dan vidilla. Vamos, otro lugar que no hay que perderse. La fachada del ayuntamiento renacentista es realmente espectacular. 

 

Lindau: Ayuntamiento

 

Terminamos el día dando una vuelta por suelo alemán. Ravensburg, ciudad amurallada medieval, nos sirvió de paso hacia Weingarten, donde se encuentra la iglesia barroca más grande de Alemania. En confianza, si la visita a Lindau es imperdonable, estas últimas ciudades, en cambio, son perfectamente prescindibles.

 

 

LAS CASCADAS DEL RIN Y LA ESPECTACULAR SUIZA MEDIEVAL.

 

El domingo estaba reservado a recorrer el margen norteño de Suiza, siguiendo la ruta del Rin: Schaffhausen y las cascadas del Rin, Stein am Rhein y Konstanz. Si el sábado había llovido poco, el domingo fue peor. Nos detuvimos de nuevo en St.Gallen para visitar la preciosa “Stiftbibliothek”, la fantástica biblioteca de la abadía. Es mucho más pequeña de lo que se pueda pensar, pero la decoración barroca y las tallas de madera son una pasada. Visita muy recomendable, en la que incluso podremos ver un sarcófago egipcio. Para no dañar el suelo de madera, se entra con unas zapatillas que te pones en la entrada. 

 

La pintoresca Schaffhausen

 

La siguiente parada, siempre bajo una fina lluvia, fueron las espectaculares cascadas del Rin, en las proximidades de Schaffhausen. Hay grandes aparcamientos alrededor, aunque siempre muy llenos. Se paga un franco suizo para entrar en el recinto, a través del Castillo de Laufen, y el camino, plagado de escaleras y miradores, desciende hasta prácticamente a pie de cascada. “Im-prezionante”, en dos palabras. El estruendo del agua es tremendo. Desde luego es muy bonita y espectacular, mucho más de lo que yo imaginaba, lo que siempre es de agradecer. 

 

Las famosas cataratas del Rin - Schaffhausen

 

Comimos en Schaffhausen, sentados en un banco a orillas del Rin, aprovechando un parón de la lluvia. El casco antiguo medieval y renacentista está muy bien conservado, con muchas fuentes policromadas –la del Moro es muy famosa- y con las fachadas totalmente decoradas con pinturas, en un estilo muy diferente –que alcanza su máxima expresión en Stein am Rhein- al de Lucerna o a los de Alemania o Austria, por ejemplo.

 

Lástima de la lluvia que lo desluce todo, porque la ciudad es preciosa, claro que Stein am Rhein le gana claramente la partida. Mucho más pequeña, con más encanto, “más sabor” y a orillas del mismo Rin, como indica su nombre. Visita imprescindible de todo punto. Un perfecto y maravilloso pueblo medieval.

 

 

La aún más pintoresca Stein am Rhein

 

Terminamos el día, sin lluvia, en la ciudad suizo-alemana de Konstanz. “La parte suiza” se denomina Kreuzlingen y los pasos fronterizos están por toda la ciudad. No obstante el interés turístico está en Konstanz, ciudad que, por su proximidad a la neutral Helvecia, se libró de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, por lo que su patrimonio arquitectónico está intacto. 

 

Konstanz: monumento al embudo

 

A orillas del lago, sus calles y callejuelas esconden cantidad de preciosas fachadas. Hay muchos lugares de interés y con el bullicio del comercio la visita forzosamente ha de ser excitante. Especialmente chocante fue la “fuente del embudo”, una original fuente-monumento dedicada a tan particular artilugio, que por tener hasta tiene “ley” y todo. Situada a orillas del lago, en el muelle hay una curiosa estátua.

  

Y NOS ACERCAMOS A LOS ALPES BÁVAROS.

 

El lunes iba a ser, para mi, un día especial. ¡Por fin visitaría los pueblos alpinos de Oberammergau y Mittenwald, en Baviera!. Esos pueblos se nos habían quedado en el tintero en el viaje que hicimos a Baviera durante las navidades de 2004, las anteriores, y me apetecía mucho conocerlos. Y lo mismo me ocurría con la Wieskirche, iglesia barroca Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

 

Ese día haríamos una ruta circular de 400 km. con “entrada” por Alemania y “salida” por el Tirol austríaco, para que así nuestros amigos conociesen Innsbruck y un poco del Tirol. Empezó a llover por la mañana y durante casi 30 h. no paró de hacerlo con intensidad. Se avecinaban las inundaciones...

 

 La primera parada del día fue la Wieskirche, iglesia situada en mitad de un prado y cuyo anodino exterior no deja entrever el festival barroco llevado hasta sus últimas consecuencias que encontraréis en cuanto crucéis la puerta. El aparcamiento es apto para caravanas. 

 

La suntuosidad barroca de la Wieskirche

 

Y si ganas tenía de ver la Wieskirche, más aún me apetecía pasear por Oberammergau. ¡Qué virguería de pueblo!. Casi todas las casas tienen los frontales pintados con escenas pintorescas y con las ventanas llenas de flores, aunque muy diferentes a las de Schaffhausen y Stein am Rhein, como ya hemos comentado. Un regalo para la vista. 

 

Fachadas decoradas en Oberammergau. ¡Fantásticas!

 

¡Menos mal que con las cámaras digitales ya no hay miedo a disparar mil veces y todas las que hagan falta porque no os faltarán ocasiones de gastar la tarjeta de memoria!. El pueblo está especializado en la talla de madera. Las tiendas de souvenirs y regalos abundan, pero en cualquier caso seguro que la visita no os defrauda. Lástima del aguacero que deslució la visita más de lo deseado, pero bueno, el que no se conforma es porque no quiere.

 

Una pena, porque estando en puertas del Tirol, las nubes casi se podían tocar y las vistas del paisaje brillaban por su ausencia. ¡En Innsbruck las nubes llegaban, sin exagerar lo más mínimo, a ras de edificios! Nunca habíamos visto nada igual. Lo sentimos mucho por nuestros amigos, ya que estar en el Tirol y tener “el cielo” como sombrero fue un auténtico fastidio.

 

Camino a Innsbruck, paramos un rato en el estadio olímpico de Garmisch-Partenkirchen, famoso por los tradicionales saltos de esquí de cada Año Nuevo. A pesar de la lluvia y de la ausencia de nieve, los chavales seguían entrenando los saltos gracias a unas planchas deslizantes a lo largo de toda la rampa. Así pudimos, inesperadamente, disfrutar de las habilidades de unos cuantos saltadores. ¡Y qué habilidad!

 

Antes de entrar en Austria, todavía nos faltaba dar un paseo por Mittenwald. Hay quien afirma que se trata del pueblo más bonito de los Alpes bávaros, pero yo me quedo con Oberammergau. Desde luego es precioso también, aunque no sé si porque el día no acompañaba me pareció más de lo mismo, pero en una sola calle. En cualquier caso, recomiendamos totalmente su visita. 

 

Paraguas en Mittenwald

 

 FIN DE JORNADA EN INNSBRUCK, LA CAPITAL DEL TIROL.

 

El final de la jornada se reservaba a Innsbruck, la capital del Tirol. El casco antiguo es muy cuco y tiene como hitos el “tejadillo de oro” -que mandó construir el emperador Maximiliano I, consuegro de los Reyes Católicos- su palacio y su mausoleo, rodeado de estatuas de la realeza a tamaño “real”, entre las que se encuentra su nuera Juana la Loca, aunque él está realmente enterrado en las proximidades de Viena. 

 

Nubes a ras del tejadillo de oro

Innsbruck

 

Muy interesantes son los característicos soportales llenos de tiendas y también muy útiles en caso de lluvia para pasear sin sobresaltos, pero aquel momento no nos hizo falta porque, por fin, nos había dado una tregua.

 

Espectacular es la tienda de Swarovski, que puede visitarse libremente y que parece casi, casi una especie de “parque de atracciones” con efectos de luz y cosas por el estilo. Por cierto, muy cerca de allí, en el pueblo de Wattens, se encuentra la fábrica, que incluye, esta vez sí, el “mundo de cristal Swarovski”, un auténtico montaje pensado para impactar al visitante. http://kristallwelten.swarovski.com/Content.Node/homepage.php

  

. Tampoco faltarán ocasiones en Innsbruck para compraros los omnipresentes bombones de “Mozart”. No daréis un paso sin tropezaros con alguna tienda o chiringuito que los venda. Son bolas de chocolate con corazón de mazapán.

 

En suma, una ciudad que merece una visita más a fondo de la que nosotros hicimos esta vez, pero como ya era la segunda...

 

Durante el viaje de vuelta al camping siguió lloviendo y lloviendo y así continuó toda la noche. Aunque en aquel momento lo ignorábamos, las inundaciones en gran parte del país habían empezado ya.

 

 

RUMBO A ZÜRICH, VÍA PRINCIPADO DE LIECHTENSTEIN.

 

A la mañana siguiente pusimos rumbo a Zürich, la capital financiera suiza. De paso y con las caravanas, hicimos “una visita panorámica” por Vaduz, la capital del diminuto Principado de Liechtenstein, para que nuestros amigos al menos pudieran decir “que habían estado” allí. No tiene nada turísticamente interesante, salvo algún que otro castillo, pero siempre tiene su aquél darse una vuelta por un país de opereta con una de las rentas per cápita más altas del mundo. www.liechtenstein.li/en

 

Gracias a la radio italiana supimos que Lucerna y Berna estaban anegadas; que en la zona de Interlaken la cosa estaba muy mal –era uno de nuestros futuros destinos- y que el túnel de San Gotardo estaba cerrado “sine die”, por culpa de las lluvias que llevaban cayendo sin parar durante casi dos días. claro que viendo al Rin al borde del desbordamiento y los lagos en similar situación, casi ni nos hubiese hecho falta la radio...

 

A partir de ese momento y por la prensa, procuramos mantenernos informados y al día de la situación y de los estragos causados, más cuando Berna e Interlaken aún estaban pendientes de visita. De esa manera nos enteramos que, afortunadamente, el frente avanzaba en dirección contraria a la nuestra y así supimos también que, un día después de nuestra visita, ¡el agua alcanzó un metro de altura en Innsbruck y que el camping de St. Margrethen se había inundado también!. A eso se llama suerte...

  

EL POCO RECOMENDABLE CAMPING DE ZÜRICH...

 

Camino de Zürich el tiempo mejoró hasta el punto de entrar en la ciudad con sol, un detalle que agradecimos enormemente. Acampamos en el “Campingplatz Zürich-Seebucht” en la localidad de Wollishofen, a orillas del lago.

 

Si hubiese sido por ganas, me hubiese ido inmediatamente de ese camping, pero a las 11,30 h. y por una sola noche, pensé que iba a poder resistirlo. Y esa impresión la compartíamos todos. Carísimo, malo, con recepcionista antipático y, para colmo, con la obligación de dejar el coche en el parking. Y son inflexibles en esas cosas, vamos, muy suizo todo. 

 

"Estabulados" en el camping de Zurich-Seebucht

 

Es el típico camping de gran ciudad, donde amontonan caravanas y autocaravanas sin piedad, en un suelo de cemento y a precio zuriqués, o sea, precio suizo al cuadrado. El “Mittagruhe” dura de 12 a 15 h. así que olvidaros de entrar, salir, registraros y… ducharos enel camping. Sí, tampoco os podéis duchar a esas horas. A partir de las 22 h. el camping también se cierra. La recepción abre de 8 a 12 y de 15 a 21 h.; La única ventaja es que está a tres km. de Zürich y tiene autobús en la puerta. Aunque visto lo visto y por poco que podáis, buscaros otro camping más agradable.

 

A tres km. en Kirchberg, en dirección sur y a pie de carretera, tenéis la fábrica “original” de chocolates y bombones “Lindt”. La fábrica no se visita, pero tiene una enorme tienda donde podréis satisfacer los instintos más bajos en materia de chocolate. ¡Y a precios bastante razonables!.

 

Al ser seis “viajeros”, pasamos del bus para ir a la ciudad, porque en la Vito de Manolo cabíamos de maravilla, pero después de pagar casi 24 € por una tarde de parking, casi es para pensárselo dos veces. No esperaba gran cosa de Zürich, la verdad, pero me gustó más de lo que esperaba. ¡Seguro que el sol también ayudó!.

 

Ciudad señorial, tiene un casco antiguo agradable. Allí encontraréis la torre de la St.Peters kirche, con la esfera de reloj más grande de Europa. Si subís a Lindenhof, una tranquila plaza en lo alto de la colina, tendréis una preciosa vista de Zürich atravesado por el río Limmat. 

 

Vistas de Zurich...

 

El ayuntamiento del s. XVII, junto a las casas gremiales, se encuentra a orillas del río. Interesante es también la Bahnhofstrasse, la principal arteria de la ciudad, repleta de árboles, bancos (con sus famosas cajas fuertes subterráneas) y tranvías. Si St.Gallen estaba llena de figuras de osos pintados de colores, en Zürich eran ratones decorados de mil maneras. Un concurso entre comerciantes que da mucha vistosidad a las calles. Un día es tiempo más que suficiente para patear los puntos de interés.

 

 

Y DESPUÉS DE ZÜRICH... RUMBO A BERNA, LA CAPITAL SUIZA.

 

La situación central de Berna la convierte en la base ideal para recorrer una amplia zona del país sin tener que cambiar de camping. El miércoles nos trasladamos al camping “Freizeitzentrum”, en Thörishaus, a 13 km. de la capital. El acceso más cómodo es por la salida de “Flamatt”, en la autopista A12 Berna-Lausanne.

 

Este camping estaba mucho mejor que el anterior, la verdad. No tiene barrera de entrada, por lo que no tendréis problemas para entrar o salir, aunque no nos libramos de discutir con la dueña por culpa de las bolsas de basura, pues se empeñó en darnos una por cada día de estancia. A pesar de que hablo algo de alemán, la buena mujer era tan cuadriculada como podía esperarse de una suiza de pura cepa, pero también bastante cerrada de mollera, porque no había manera de hacerle entender que con una bolsa teníamos de sobra –recordad que se paga el impuesto de basuras con el precio de cada bolsa- para toda la estancia, dado el bajísimo volumen de desperdicios que generamos. Después de un buen tira y afloja, hasta que no apareció una amiga suya que hablaba francés no hubo manera de que entendiese lo que queríamos decirle. En fin, “escenas suizas”.

 

 

FRIBURGO, LA NESTLÉ, GRUYÈRES Y EL “COL DU GRAND SAINT BERNARD”...

 

. Después de acampar y con un soleado día, nos dirigimos hacia Friburgo, la única ciudad bilingüe del país. En Suiza, en cuanto sales de los cantones franceses, reina el alemán en exclusiva y lo mismo ocurre en el Ticino con el italiano. Así pues, Friburgo puede considerarse una rareza urbano-lingüística, al estar los rótulos en francés y alemán.

 

Es una ciudad con interesantes edificios medievales e históricos, construida en dos partes, la Basse-Ville medieval, a orillas del río Sarine y la Neuve-Ville, en lo alto de la colina. Ambas zonas están comunicadas por carretera y por un funicular. Desde la autopista se llega a la ciudad nueva, donde abundan las cuestas. 

 

Fribourg. La haute y la basse ville

 

El entorno es muy bonito y hemos de recordar que nos encontramos en la cuna de la “fondue” de queso. Nos apetecía tomar una “raclette” para comer, pero sorprendentemente y para mi fastidio, no encontramos ningún restaurante, en la zona que estábamos, que sirviesen ese plato. Así que hubo que conformarse con una “fondue”, para mortificación de Pilar, quien se encuentra muy lejos de estimar el penetrante olor a queso que por allí es tan habitual. Colocándonos cada uno en un extremo de la mesa conseguimos superar “el problema”. 

 

¡Viva la "Fondue"!

 

Tras la comida salimos pitando hacia la pequeña localidad de Broc, próxima a Gruyères, sede de la fábrica de chocolates Cailler-Nestlé, ya que ésta cierra a las 16,00 h. Por 4 CHF/adulto os proyectarán una película, veréis la fábrica en visita guiada y, por último, podréis poneros morados a chocolatinas. Eso sí, por tiempo limitado, porque las bandejas aparecen y desaparecen con suma rapidez. A la salida, pasaréis por la inevitable tienda pensada para vaciar la cartera a la par que aumentar los michelines del feliz comprador. En total, la visita duró una hora y media. Más información en www.cailler.ch 

 

La degustación de bombones...

 

A la salida nos dividimos. La familia Ibáñez se fue a Gruyères, pueblo medieval amurallado, cuna del queso del mismo nombre y muy, muy pintoresco; mientras que Rosa y a mi nos dio el punto de meternos, a las cinco de la tarde, un bonito “paseo” de 175 kms. hasta el Col du Grand St.Bernard, con su monasterio, famoso por ser la cuna de la raza de los “San Bernardo”, cuya imagen del gran perro con el barrilito de coñac al cuello ya es tan familiar. Y es que si uno no hace locuras por puro capricho, la vida es muy aburrida.

 

A las ocho menos veinte de la tarde, con atasco en la autopista incluido, estábamos en la Hospedería que oficiaba de antigua frontera con Italia. Durante siglos ese fue el único paso alpino entre el norte y el sur. Paso fronterizo que ha adquirido recientemente gran fama gracias a la película “El nombre de la Rosa”.

 

Actualmente para llegar a Italia hay un túnel-frontera, de peaje, que evita tener que subir el puerto a cambio de perderse las espectaculares vistas. Siendo como es la cuna del perro de San Bernardo, aún existe un pequeño museo-criadero de esos “diminutos” canes. Aunque a esa hora estaba lógicamente cerrado, desde lo alto de un montículo se ven las perreras. Pocos animales había. Varios adultos y tres o cuatro cachorros bastante creciditos. Como al menos las tiendas de souvenirs estaban abiertas, el cielo estaba despejado y pudimos ver a los perritos, aunque llegamos a las 00,20 h. al camping, disfrutamos mucho con la excursión.

 

Las poco románticas perreras de San Bernardo

 

 

UN DÍA DE “QUESOS”...

 

A la mañana siguiente, temprano, Rosa y yo nos acercamos a Gruyères, a rendirle la visita que no hicimos la tarde anterior, pues a nosotros “nos faltaba ese cromo”. Quedamos con Manolo y Cía. a media mañana para salir hacia el valle de Emmental y Basilea, de esa manera los chicos pudieron desquitarse un poco de los “madrugones” a los que les teníamos sometidos desde prácticamente el inicio de las vacaciones. Gajes de visitar un país donde a las doce de la mañana cierran los comercios para irse a comer...

 

 

Gruyères

 

Así pues, “a quien madruga, Dios le ayuda” y aplicado a Gruyères, ese refrán es un acierto total. A las nueve de la mañana -a esa hora ya han abierto las tiendas- todavía logramos aparcar con comodidad, pero en poco rato aquello se puso hasta las orejas. Tened en cuenta que el pueblo está en lo alto de una colina y que los escasos aparcamientos de arriba se llenan rápido. Si están llenos, ¡a subir a patita!. Para llegar, además, es necesario cruzar la ciudad de Bulle, donde se forman unos atascos formidables. Mejor ir temprano, desde luego.

 

El pueblo, amurallado, con una sola calle y el castillo al fondo, es muy pintoresco. Tiene varios museos, alguno muy curioso, y a quien interese mucho el mundo del mundialmente famoso queso, en Moléson puede visitarse la “fromagerie d’alpage”. No la visitamos por falta de tiempo, pero me fui de Gruyères más contento que un niño con zapatos nuevos.

 

Como es de esperar en un sitio tan turístico, hay tiendas de souvenirs – la bandera suiza es la “marca” por excelencia- y restaurantes por todas partes. Y todos anunciaban… la “raclette”. Eran aún las 10 de la mañana, pero una idea empezó a rondarme -¿Y si me tomaba una raclette, aunque fuese a horas tan intempestivas?, total un capricho es un capricho, ¿no?, me dije.

 Así que, después de un par de intentos de resistencia, a la tercera fue a la vencida y bajo la incrédula mirada de Rosa, entramos en el restaurante “El Chalet”, que es una monada de local, dispuesto a meterme una raclette entre pecho y espalda.

 

Claro que no menos perpleja se quedó la camarera cuando le pregunté muy serio si sería posible tomarnos una raclette en aquel mismo momento, que eran las diez pasadas. “Un poco pronto, ¿no?”, preguntó extrañada, seguramente pensando en su fuero interno que estaba ante un par de chalados, pero no pasó nada y me dieron el gusto.¡Y qué gusto!.

 

 Digamos para conocimiento general que “La Raclette” consiste en fundir paulatinamente un pedazo de queso “raclette” sobre un “fundidor” individual previsto al efecto. El queso fundido se acompaña de rebanadas de pan, patatas cocidas con piel, pepinillos, cebolletas en vinagre y, opcionalmente, con cecina y la “historia” va de fabricarse unos “canapés gigantes” con todos los ingredientes, a los que se les unta el queso fundido por encima. Una delicia. Y después de tan “ligero” desayuno, pensé que hacía falta un broche de oro al improvisado desayuno y me dije que no me iría de allí sin probar la espesísima nata del lugar acompañada de un cuenco de frambuesas. ¿No estamos acaso en la casa de “la vaca de Milka”?. Rosa, que no tenía el estómago en su mejor momento, también se apuntó al festín, aunque bastante tímidamente. ¡Qué gozada, disfruté como nunca!.Después de un buen paseo por el pueblo para “bajar calorías” y hacer acopio de unas cuantas variedades de gruyère, regresamos al camping al encuentro de nuestros amigos. 

 

       

Fundiendo el queso

 

La "Raclette"

 

Las frambuesas con nata

 

A las 12, 15 h. salimos rumbo al valle de Emmen o Emmental, famoso también por su queso de agujeros. ¡Era el día del queso, estaba visto! El valle está al lado mismo de Berna y su mayor atractivo son las espectaculares granjas de madera, con techo a dos aguas que casi toca el suelo y las fachadas llenas de flores. Praderas verdes, suavemente onduladas, llenas de vaquitas. Suiza en estado puro, vamos. Más que los pueblos, es la zona la que resulta interesante. 

 

Granja típica del Valle de Emmental

 

Tras la “visita panorámica” del Emmental por carreteras secundarias, salimos nuevamente a la autopista A1 con intención de pasar la tarde en Basel/Basilea. Lamentablemente la lluvia volvió a aparecer y eso deslució bastante la visita, pero creo que si vais escasos de tiempo, no sufráis si decidís no ir. 

 

   

Basel. El Ayuntamiento

 

Basel. "Tranvía-Cerdo"

 

La opinión del grupo fue que la ciudad no vale gran cosa. Quizás el rojo ayuntamiento, de estilo neogótico, sea de lo poco curioso. No es que la ciudad sea fea, es que es bastante anodina, aunque para gustos se han hecho los colores. Hay alternativas mejores. Si disponéis de una mañana libre por la zona y os gustan los coches, una posibilidad es ver el “Museo Nacional del Automóvil Francés”, en la francesa ciudad de Mulhouse, a pocos km. de Basilea. Eso sí que es una maravilla digna de quitarse el sombrero y lo que haga falta. Y si disponéis de un par de días libres, teniendo a Alsacia a un tiro de piedra, no os perdáis Colmar, Riquewihr o Estrasburgo. Os encantarán.

 

Como fue imposible encontrar hueco en los escasos parking públicos del centro de la ciudad, al final acabamos aparcando en el quinto pino y en un parking de la cadena de supermercados “Migros”. Craso error, aunque involuntario. Atención si os sentís tentados a dejar el coche en un parking de supermercado. Como cierran a las seis, a partir de esa hora no resulta posible sacar el coche y, si la providencia no lo remedia, las consecuencias pueden ser terribles. Menos mal que, además de una zona reservada al supermercado, el aparcamiento era privado y tuvimos la fortuna de que entraron unas vecinas a por el coche, gracias a las cuales pudimos sacar el nuestro... ¡uf, por los pelos!.

 

 

EL MUSEO DE AUTÓMATAS Y BERNA, “LA PORTICADA”.

 

El viernes por la mañana, Rosa y yo volvimos a ir por libre, en otra excursión de 100 km. Los chicos prefirieron dormir a pierna suelta, dispuestos “a recuperar el tiempo perdido” a marchas forzadas.

 

Salimos por la mañana rumbo a la localidad de Ste.Croix, sede del CIMA, el excepcional Museo de Autómatas y Cajas de Música. Es una pasada y a poco que esas cosas os atraigan, os aseguramos que fliparéis. Qué maravillas tienen expuestas. La visita guiada, en francés, dura 75 minutos. Estuvimos solos, así que dispusimos de “guía personal”. Creo que se puede reservar en la visita en español, pero como además tienen horarios muy raros, lo mejor es consultar la web www.musees.ch

 

Volvimos al camping a comer y después nos fuimos todos, en amor y compañía, a Berna. Afortunadamente los inundados barrios bajos estaban ya casi despejados. De todas maneras el casco histórico queda en lo alto de la colina y lógicamente se libró del desbordamiento del río. Menos mal que, por azares del destino, pudimos ir “esquivando” las zonas de inundación que asolaron el país aquel verano de 2005.

 

 

Inundaciones en Berna

 

Berna es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, con sus casi seis km. de calles con soportales repletos de comercios. ¡Es la ciudad ideal para visitar con lluvia!. La pena fue que la mitad de la calle principal estaba en obras y por eso ni estaban muchas de las fuentes policromadas que la jalonan ni tampoco las coloridas banderas que le dan ese aire tan vistoso y que aparecen en las postales. 

 

Los soportales berneses y el Zeitglockenturm

 

A las horas en punto, en la famosa torre del reloj de la ciudad, la Zeitglockenturm, y como buenos “guiris” vimos moverse las figuritas que tanta expectación despiertan. Otra atracción muy divertida es el foso de los osos, animal-símbolo de Berna, que hay en pleno centro urbano. La gente se arremolina alrededor del foso, mientras los descarados osos pardos “se esfuerzan” en pedir los trozos de fruta que se compran allí mismo a los visitantes y que es la única comida autorizada que se les puede dar. Es muy, muy divertido. 

Berna - El foso de los osos

 

El casco antiguo de Berna es relativamente pequeño y fácil de andar. Allí veréis el Parlamento de la Confederación Helvética y a buen seguro que también os encantará el policromado pórtico de la catedral gótica. Si no os entretenéis en exceso, una mañana puede ser suficiente para ver los puntos principales de la ciudad.

 

 

POR LOS ALREDEDORES DE INTERLAKEN.

 

La estancia en Suiza iba tocando a su fin. El sábado lo pasamos en la zona de Interlaken, que aún estaba recuperándose de los estragos de las inundaciones, pues allí el desastre había golpeado muy seriamente. La peor parte se la llevó Brienz, pueblecito que teníamos previsto visitar y que, lamentablemente no pudo ser. Famoso por sus tallas de madera, un corrimiento de tierras prácticamente lo engulló por completo. Daba pavor ver en la prensa las fotos de las casas destrozadas, aunque lo peor de todo, sin duda, fueron las vidas humanas perdidas en la tragedia.

 

La primera parada del día la hicimos en Thun, ciudad con un castillo y un interesante casco medieval a sus pies. El sábado era día de mercado. A pesar de que las aguas ya habían vuelto a su cauce, en las calles todavía trabajaban las bombas extractoras y los sacos terreros aún se veían por todas partes. Thun presume de tener una peculiar calle Mayor. Su rareza es tener los comercios debajo del nivel de las aceras. Con una acusada pendiente, para acceder a ellos hay que ir bajando escaleras. En fin, otra curiosidad más que es lo que hace los viajes interesantes. 

 

Thun y sus pintorescas calles

 

Interlaken es una ciudad-balneario, lo que significa que carece de vestigios históricos de interés, claro que el paisaje, con el glaciar enfrente, conforma un espectacular “escenario de fondo”. Como localidad turística, tiene mucha animación en sus comercios y cafeterías, pero la verdad es que yo esperaba más de su fama.

 

Y si hasta entonces las inundaciones no nos habían afectado, el gran fastidio del día vino de la imposibilidad de poder acceder al jardín alpino de Schynigge Platte, al estar la carretera que une Interlaken con la estación de tren que asciende al jardín alpino, cortada por las riadas.

 

Por segunda vez, nos quedamos con las ganas de ver un jardín alpino. La anterior fue diez años atrás, en el Tirol austríaco, en Kitzbühel. Entonces fue a causa de una ola de frío que cubrió toda la zona de nieve en pleno agosto, así que esperamos que a la tercera vaya la vencida.

 

Con la perspectiva que dan los años, ahora podemos afirmar sin temor a equivocarnos que, en contra de lo que podía esperarse, “a la tercera tampoco fue la vencida”. En 2006, de camino hacia Hungría, hicimos una nueva intentona en el jardín alpino de Kitzbühel (Ver Viaje a Chequia y Hungría), pero tampoco se nos logró por culpa de la niebla y la lluvia. Hubo que esperar a 2007, cuando rumbo a Berlín, “a la cuarta”, por fin, pudimos darnos un paseo por un jardín alpino.

 

En suma, entre lo uno y lo otro, el día se quedó un pelín descafeinado y a las cinco de la tarde, los Ibáñez prefirieron regresar al camping – ya habíamos acordado previamente viajar en dos coches- y nosotros optamos por darnos una vuelta por la barroca ciudad de Solothurn.  

 

Solothurn

 

El sábado por la tarde el comercio cierra, lo que auguraba una ciudad “desierta”, pero por suerte estaban en fiestas y había mucha animación en las calles. Rodeado por una muralla, la verdad es que el casco antiguo barroco de Solothurn tiene mucho encanto. Cenamos una enorme salchicha y volvimos al camping.

  

VOSOTROS A ANDORRA Y NOSOTROS A LAUSANA Y GINEBRA.

 

Y con el domingo llegaron las despedidas. Nuestros amigos decidieron adelantar el regreso y acercarse a Andorra antes de volver a casa. Por nuestra parte cumplimos el itinerario previsto, ya que aún nos quedaban en el tintero Lausana y Ginebra.

 

Ciertamente el domingo no es el mejor día para visitar esas dos grandes ciudades, pero su situación geográfica, justo en la “entrada/salida” del país, nos obligó a dejarlas para el fin del viaje y coincidió con el final de semana. Mala suerte. Así pues, mientras nuestros compañeros de fatigas continuaban camino hacia las cumbres andorranas, nosotros acampamos en Morges, localidad cercana a Lausana y Ginebra y a orillas del Lago Leman.

 

En Ouchy, la zona selecta y residencial de Lausanne y sede del Museo Olímpico, el domingo ponen un pequeño mercadillo. Así que bajo un espectacular cielo azul, color que casi habíamos olvidado en los últimos días, y después de ver, por fuera, la sede del COI, nos dimos una vuelta por el mercadillo gastronómico, junto al lago. 

 

El Museo Olímpico

 

Visitamos, por supuesto, el Museo Olímpico, que nos gustó bastante, y comimos en Lausana, ciudad que por cierto podéis ahorraros perfectamente. Quizás la catedral valga algo la pena, pero el centro de la ciudad es inhóspito, feo y bastante cutre, al menos en la zona de la place de la Riponne. La verdad es que el final del viaje estaba resultando bastante decepcionante. Entre el flash del día anterior y el poco atractivo de Lausana, decidimos acercarnos a Montreux, también a orillas del Leman, a ver si la cosa mejoraba.

 

 Es una ciudad-balneario también, con grandes y lujosos edificios, entre los que destaca el del Casino. La gente pasea por su “paseo marítimo”, muy animado, con actuaciones en vivo y en directo. Muy cerca se encuentra el castillo de Chillon, uno de los más visitados de Suiza.

 

A media tarde nos fuimos a Ginebra y acabamos el día aún más chafados. En Ginebra pillamos unos atascos fenomenales y acceder al casco antiguo en coche fue una odisea por las obras. Cuando por fin lo logramos, allí no había un alma, estaba realmente desierta. Y para colmo, tampoco funcionaba ese día el “jet d’eau”, el famoso chorro de agua que sale del lago y que es una de las imágenes típicas de la ciudad. Imaginamos que por culpa del fuerte viento existente. Resumiendo, Ginebra no nos gustó nada de nada. Quizás en otras circunstancias y en un día laborable la impresión hubiese sido mejor, pero fue lo que fue y tampoco hay que esperar demasiado, aunque supongo que habrá opiniones para todos los gustos. 

 

Ginebra

 

Francamente, con la de cosas bonitas que llevábamos vistas, no esperábamos un final de viaje tan soso y anodino. Volver a casa “en tales condiciones” no nos seducía lo más mínimo. El viaje no podía terminar de esa guisa, así que decidimos ponerle remedio. De todas maneras lo que está claro es que, puestos a incluir Lausana y Ginebra en el plan de viaje, es mucho mejor hacerlo... ¡al principio del viaje!.

 

 

CHAMONIX, EL MONTBLANC Y EL REGRESO A CASA.

 

Así pues decidimos que, en vez de regresar directos a casa, lo haríamos pasando antes por la bella Chamonix, bajo el mítico Montblanc y a sólo 150 km. de distancia de Morges. ¡Y de esa manera pusimos un digno colofón al viaje de verano porque Chamonix nos encantó!. 

 

Chamonix y el Montblanc

 

Sus calles, sus casas de madera, el espectacular e impresionante entorno alpino, gracias a las “agujas” y, sobre todo, al majestuoso Montblanc, que brillaba bajo el sol. En las afueras del pueblo, en la Escuela de Ski, hay un aparcamiento gratuito y apto para autocares y caravanas. Allí la dejamos unas horas. La zona es maravillosa y merece dedicarle varios días, pero dadas las circunstancias nos conformamos con darle una vuelta. ¡Ya volveremos en otra ocasión con más tiempo!.

 

El regreso transcurrió sin problemas, vía Mâcon, e hicimos noche en el área de autopista de Bordeaux-Cestas, pasado Burdeos.

  

UNA “DE MONOS” PARA BAJAR EL TELÓN DEL VIAJE...

 

Para el martes, 30 de agosto, último día de viaje, todavía nos quedaba el último “cartucho” turístico que quemar antes de llegar a casa. En Labenne, localidad próxima a Bayonne, y por lo tanto muy cercana a la frontera de Irún, visitamos “La Pinède des Singes”, un pinar en el que viven en libertad una importante colonia de monos. 

 

La Pinède des Singes

 

El parque abre de 10 a 12 y de 14 a 18 h. y la entrada cuesta 6,5 €/adultos. A pesar de que habían informado por teléfono que el parking era apto para caravanas, la verdad es que, viéndolo “in situ”, no tuvimos por menos que concluir que tal afirmación era bastante temeraria... Gracias a que en ese momento había muy pocos visitantes, pudimos aparcar el coche y la caravana, pero no sin dificultad... ¡zigzagueando entre pinos!. Si pensáis acudir con la caravana y en temporada alta, yo me lo pensaría dos veces, la verdad. www.pinede-des-singes.com

 

En 45 minutos el parque estuvo visto y hay que decir que los monitos son bastante huidizos, cuando no antipáticos. Aún así, puede ser curioso, pero si podéis, es mejor idea visitar “La Vallée des Singes”, en Romagne, cerca de Poitiers. Allí hay monos de todas las especies y es una gozada de parque. www.la-vallee-des-singes.fr

 

Y finalmente, 500 km. después, llegmos a casa sin contratiempos. ¡Hasta el siguiente viaje!.

 

Rutómetro:

 

FECHA

ETAPA

KMS.

Viernes, 12 agosto 2005

Valladolid-Área de Pyrinées, A-64 (Francia)

613

Sábado, 13 agosto

Área de Pyrinées – Carcassonne – Mende – Area Portes de Valence A7 (Ruta alternativa por atasco en autopista)

676

Domingo, 14 agosto

Area Autopista – Hauterives (F) – Ginebra (CH)– Raron

453

Lunes, 15 agosto

Zermatt - Brig

96

Martes, 16 agosto

Saas Fee - Fiesch

120

Miércoles, 17 agosto

Traslado a Altdorf – Zug - Luzern

99+147

Jueves, 18 agosto

Traslado a Bellinzona – IL TICINO

95+150

Viernes, 19 agosto

Traslado a St.Margrethen – Maienfeld / St.Gallen - Appenzell

200+94

Sábado, 20 agosto

Bregenz (A) – Lindau (D) - Weingarten

140

Domingo, 21 agosto

St. Gallen (CH) – Schaffhausen – Stein am Rhein – Konstanz (D)

213

Lunes, 22 agosto

Wieskirche (D) – Oberammergau – Mittenwald – Innsbruck (A)

420

Martes, 23 agosto

Traslado a Zürich (Vía Vaduz (Liechtenstein))

147+18

Miércoles, 24 agosto

Traslado a Berna (Thörishaus – Flamatt) / Friburgo – Broc / Excursión al Col du St.Bernard

136+64+286

Jueves, 25 agosto

Camping – Gruyères – Camp. / Valle del Emmental y Basilea

103+328

Viernes, 26 agosto

Camping – Ste.Croix – Camp. / Berna

172+32

Sábado, 27 agosto

Thun – Interlaken – Emmental y Solothurn

259

Domingo, 28 agosto

Traslado a Morges

105

 

Lausanne – Montreux - Genève

312

Lunes, 29 agosto

Traslado a Chamonix (Francia) / Chamonix – Mâcon – Montluçon – Area Cestas Burdeos

147+824

Martes, 30 agosto

Area Cestas – Labenne / Labenne - Valladolid

159+432

 

Total Kms.

7.040

 

Precios Gasóleo (Agosto 2005)

 

País

Horquilla de precios

Precios en euros

España

0,934 – 0,965 €

 

Francia

1,12 – 1,17 €

 

Suiza

167 - 176,5 CHF

1,102 – 1,165 €

Austria

1,044 €

 

Alemania

1,070 €

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Campings visitados:

 

 

LOCALIDAD

 

CAMPING

PRECIO/Noche

2 adultos, coche+caravana

y electricidad

Tjta.

Crédito

Califi-

cación

 

OBSERVACIONES

Raron (Suiza)

Simplonblick

17,80 €

(26,90 CHF)

SI

6,5

Gasolinera en la puerta. Sin barrera. A pie de carretera. Pase descuento en teleféricos zona. Algo antiguo. Bolsa basura de pago.

Altdorf

Schwimmbad Mülheye

19,53 €

(29,63 CHF)

NO

6,5

Con barrera. (se levanta a mano) 1er. camping desde salida autopista hacia pueblo. Es mejor de lo que parece.

Bellinzona

Bosco di Molinazzo

23,75 €

 (36 CHF)

SI

6

Sin sombra. 1er. camping desde salida autopista hacia pueblo.

St.Margrethen

Campingplatz Bruggerhorn

20,70 €

NO

7

Buenas parcelas. Barrera. Cierra mediodía y 22 h. - 1er. camping desde salida 86 autopista

Berna / Flamatt

Thörishaus Freizeitzentrum

17,50 €

SI

7

Sin barrera. Coche en parking. Bolsa basura de pago. Si estáis más de una noche, vigilad que no os cobren una bolsa por día aunque no la uséis.

Morges

Le Petit Bois

24 €

SI

7,5

Grandes Parcelas. Borde Lago. Barrera

Visitad la página web www.eurocampings.net/es/ de la Guía ACSI. Además de una amplia información de 8.000 camping europeos, por ejemplo si aceptan tarjetas de crédito, incluye un localizador geográfico muy útil para encontrar el camping.

 

 

 

 

 

 

 

 

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