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 Relato sin terminar de afinar.

En breve estará listo, con los enlaces operativos, además de las fotos.

Disculpad, entretanto, las molestias.

Estoy a vuestra disposición en...

contacto@francisco-colet-viajesycaravaning.com

 

 

El Rin.

Un gran río

en el corazón de Europa.

 

Un viaje intemporal desde los Alpes suizos al Mar del Norte.

 

 

 

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE

Año:

Este viaje, desde el nacimiento del Rin hasta su desembocadura en Rotterdam, es una “fantasía”, un compendio de “retales” de los distintos viajes que hemos ido haciendo a los países que el río atraviesa y que hemos querido “ensamblar” en uno solo.

Duración del viaje:

Un mes, aproximadamente, para poder saborear todo lo que ofrece su recorrido.

Kilometraje total:

El Rin mide unos 1.300 km. Sumando los viajes de ida y vuelta, el recorrido total podría rondar los 5.000 - 6.000 km.

Fragmento del relato completo, publicado en “El Camping y su Mundo”

(nº 243 - Enero 2010)

 

Nota: A pesar del tiempo transcurrido desde la realización del viaje, se ha actualizado toda la información susceptible de ser puesta al día, por lo que su contenido mantiene, en la medida de nuestras posibilidades, su plena vigencia.

 

              Hacemos también constar que la información práctica que se facilita en el relato se hace a título personal, con la intención de que pueda resultar lo más útil y ajustada posible. No obstante recomendamos que, en evitación de sorpresas y contratiempos, antes de emprender el viaje, confirméis los horarios, precios, y demás datos susceptibles de variación o modificación. ¡Y buen viaje!

 

 

 

EL RIN. “LA ARTERIA FLUVIAL” DE EUROPA OCCIDENTAL.

 

 

El Rin me ha fascinado desde niño. Creo que mi querencia por ese gran río empezó con la lectura de la toma del puente de Remagen, durante la II Guerra Mundial, en aquellas entrañables “Hazañas Bélicas” de la década de los 60. A lo largo de los años hemos visitado distintas partes de su recorrido hasta que, por fin, el verano pasado completamos “mi álbum de cromos del Rin” con la visita a la parte suiza.

 

Con sus 1.320 km. de longitud es la gran arteria fluvial de Europa Occidental, bañando con sus aguas seis países: Suiza, Liechtenstein, Austria, Alemania, Francia y Holanda. Su cauce atraviesa maravillosas ciudades y regiones que son y han sido cruciales en la historia y la cultura europea: los Alpes, el lago Constanza, Basilea, Alsacia y Estrasburgo; la Selva Negra, los castillos del Rin, Coblenza, Bonn, Colonia, Nimega, o Rotterdam están unidos por el fluir de sus aguas. Geografía, Historia y Cultura en mayúscula.

 

Sin ir más lejos, en sus orillas nació Beethoven, Gutemberg “reinventó” la imprenta en Mainz (Maguncia) y en Worms, Lutero se negó a retractarse de sus tesis; en su curso se levantaron grandes catedrales románicas y góticas; en Estrasburgo se encuentra el Parlamento Europeo y en Rotterdam, en su desembocadura, se levanta el Europoort, el mayor puerto marítimo del mundo.

 

Por todo ello proponemos un itinerario de 1.320 km. con el Rin como hilo conductor, refundiendo las experiencias vividas junto al río en un único, apasionante e imaginario viaje, que esperamos os anime a seguirlo desde su nacimiento en los Alpes suizos hasta su desembocadura en la plana Holanda. Dicho de otro modo, un maravilloso e inolvidable paseo por el corazón de Europa Occidental.

 

 

LOS PROLEGÓMENOS.

 

 

Un trayecto de más de 1.300 km. requiere mucho tiempo, más cuando se recorren zonas y ciudades tan sugerentes como las bañadas por el Rin. Lógicamente cada campista tiene su ritmo y sus intereses, pero en un mes de vacaciones sería perfectamente posible hacer la ruta completa con detenimiento.

 

A nadie se le debe escapar que transcurre por regiones que valen por sí mismas un viaje, Alsacia por ejemplo, pero como aquí lo que importa es el Rin, él será el protagonista al cual se supediten otras consideraciones.

 

Otra posibilidad es plantearse el trayecto en dos partes, así sería posible dedicar más tiempo a zonas que, de otro modo, deberían pasarse de refilón. En suma, que cada cual se organice en función de sus gustos.

 

Tratándose de una ruta, digamos “en línea recta”, en la cual siempre estaremos avanzando, resulta idónea para hacer en autocaravana. Sin embargo nada impide a los caravanistas hacerla también, salvo por la obligación de tener que regresar cada día al camping.

 

Y sabemos de qué hablamos porque nosotros viajamos con una caravana “Rápido Club 39T” de techo abatible. A lo largo del trayecto sugeriremos campings en los que hayamos pernoctado o, en su defecto, las zonas más apropiadas para establecer “el campamento base”.

 

En el planteamiento del itinerario, además de las jornadas siguiendo al Rin, deberemos tener en cuenta también los días necesarios para desplazarnos hasta el nacimiento y después regresar desde la desembocadura. Desde la frontera de Irún y La Jonquera, deberemos contar un par de días para ir y otros tantos para volver. Y eso de tirón.

 

Preparar con tiempo el viaje es siempre garantía de éxito, pues da tiempo a tener en cuenta los muchos y variados aspectos que harán de nuestro periplo una experiencia inolvidable. Si quieres saber más sobre cómo preparar a fondo un viaje por libre, pincha aquí.

 

Excepto en Suiza y en Liechtenstein, cuya moneda es el franco suizo, el resto del viaje transcurre por la zona euro. En lo que a peajes se refiere, solamente las autopistas francesas e italianas son de pago.

 

Para saber más de la mejor ruta para llegar a Suiza desde la frontera de Irún, pincha en este enlace. Y lo mismo, si quieres ahorrar unos euros en los repostajes franceses.

 

 

 

LA “VIÑETA DE AUTOPISTA” EN SUIZA Y AUSTRIA.

 

 

En Suiza será necesario comprar una viñeta para utilizar su red de autopistas, señalizadas en verde. Una para el coche y otra para la caravana. Costaba, en 2005, 40 francos suizos. Se paga en efectivo al aduanero, en francos suizos o en euros, pero sabed que es más ventajoso pagar en su moneda, ya que el cambio a euros es bastante más alto. La viñeta es válida hasta final de enero del año siguiente.

 

En Austria se puede comprar una viñeta semanal por 8 €, pero en este viaje no vamos a necesitar usar sus autopistas. Si quieres saber más sobre cómo funcionan los peajes de autopista en varios países europeos, pincha aquí.

 

El Rin nace en los Alpes suizos, en el cantón de Los Grisones. Para llegar a ese punto hay varias opciones: desde Irún, especialmente con caravana, la mejor ruta es vía Ginebra hasta llegar a Chur, donde estableceremos el campamento base.

 

Para los autocaravanistas esa es también la ruta más corta y barata. En cambio para aquellos que salgan por La Jonquera tienen más opciones.

 

La ruta más corta y más barata, por los peajes, también es la de Ginebra, pero la diferencia en km. con la ruta de la Costa Azul y Milán no es muy grande, por lo que es una alternativa a considerar, peajes aparte.

 

 

 

EL NACIMIENTO DEL RIN: 2 ó 3 DÍAS.

 

Estamos en el punto de partida: las fuentes del Rin. Por supuesto habiendo pasado por alto cualquier otro destino no relacionado con el Rin. El río es muy peculiar, tanto en su nacimiento como en su desembocadura.

 

Nace en varios sitios con distintos nombres y desemboca de la misma manera, de modo sólo es el “Rin” propiamente dicho desde Reichenau en Suiza a Emmerich, en Alemania. Más información sobre la zona en nuestro viaje a Suiza.

 

El Rin nace en el cantón alpino de Los Grisones (Graübunden, en alemán) y lo hace a partir de dos “brazos”, el Rin Anterior (Vorderrhein) y el Rin Posterior (Hinterrhein). Ambos se unen en Reichenau.

 

Por lo tanto, sus “fuentes” son varias, aunque la más famosa es la del lago de Toma (Tomasee), en Oberalppass, cerca de Andermatt, origen del Vorderrhein. El otro brazo surge en las cumbres próximas a Hinterrhein, pueblo del cual toma el nombre.

 

Los caravanistas pueden acampar en Chur, localidad bien situada para las visitas de los primeros días. Lógicamente “el trayecto” debería empezar con una excursión a las fuentes del Rin. Los más excursionistas pueden llegar a pie al Tomasee, a la mismísima fuente del río, señalada con una placa y rodeada de un paisaje agreste. Los demás deberán conformarse con recorrer en su vehículo los valles de ambos brazos.

 

La ruta a pie al Tomasee, según las oficina de turismo, lleva unas tres horas ida y vuelta, salvando un desnivel de 300 metros. El sendero sale de la cima del puerto de Oberalppass. La mañana se puede dedicar a la excursión y la tarde a recorrer el valle del Vorderrhein, aunque los pueblos no tengan demasiado interés.

 

Otro día se puede dedicar a Chur, una de las ciudades más antiguas de Suiza y a recorrer el valle del Rin Posterior, cuyo tramo más interesante es la llamada “Via Mala”, de origen romano, que parte de Thusis. Una estrecha garganta de 6 km. Cerca del inicio del desfiladero se deben descender 321 escalones, previo pago, para contemplar el río, la antigua calzada romana y las formaciones rocosas. No la conocemos personalmente, pues la falta de tiempo en nuestro viaje nos lo impidió.

 

Opcionalmente puede pasarse un tercer día en la zona, con varias alterativas: visitar el Heididorf, el pueblo de Heidi, en Maienfeld. Hay una casa ambientada con los personajes de la novela (no los de los dibujos japoneses) que recrea la vida montañesa en el siglo XIX. No faltan cabritas, un carro y la inevitable tienda de souvenirs. Salvo para los muy entusiastas, no es demasiado interesante. Más información sobre la visita al pueblo de Heidi en nuestro viaje a Suiza.

 

Otra opción, aunque no directamente relacionada con el Rin, es recorrer la Baja Engandina, zona alpina, solitaria y agreste, donde aún se habla el retorromanche, idioma arcaico de base latina, su paisaje seguro gustará a mucha gente. Davos, Scuol o St.Moritz son algunas de las localidades que encontraremos allí.

 

Otro de los puntos clave a visitar es la unión del Rin Anterior y Posterior, en Reichenau. Si queréis ver el lugar exacto de la unión, hay que dejar el vehículo en el parking de la estación de tren, a pie de carretera, y retroceder a pie unos doscientos de metros hasta el puente. Desde allí realmente estaréis contemplando “el nacimiento del Rin”, pues a partir de ese punto el río se convierte en uno.

 

 

 

LIECHTENSTEIN, AUSTRIA Y EL LAGO CONSTANZA: 4 ó 5 DÍAS.

 

 

Al tercer o cuarto día se impone cambio de camping. Os proponemos acampar en el “Campingplatz Bruggerhorn”, en Sankt Margrethen, lugar estratégico para visitar los tres países del “Triángulo del Bodensee”o Lago Constanza: Suiza, Alemania y Austria. Es un buen camping, muy bien situado y de fácil acceso desde la salida 86 de la autopista: No aceptan tarjetas de crédito. Es costumbre extendida en el ámbito germánico que los camping cierren de 12 a 14 ó 15 h para descansar. Tened en cuenta, pues, esa circunstancia.

 

Desde el Tomasee al Lago Constanza, que no es otra cosa que un enorme ensanchamiento del río, el Rin ya ha cubierto sus primeros 165 km de vida, dejando atrás las turbulentas aguas de sus inicios para tornarse más apacible a través de los amplios valles entre Suiza y Austria a quienes sirve de frontera. Esa “vocación fronteriza” acompañará al Rin durante buena parte de su recorrido.

 

Partiendo de la base de que conviene madrugar para aprovechar el tiempo, ese día podemos acercarnos al diminuto Principado de Liechtenstein, uno de los países más ricos del mundo, aunque no lo parezca. El resto del día lo pasaremos en Austria. Realmente Liechtenstein es Vaduz, su capital. El interés radica más en “poner un pie” en el Principado que en su atractivo turístico. Vaduz es prácticamente una calle sin grandes monumentos, en cuya mitad está el Palacio de los Príncipes. Hay algún que otro castillo en la montaña, pero lo cierto es que en un par de horas habremos cubierto sobradamente el expediente.

 

De Vaduz nos dirigiremos a la cercana Feldkirch, en Austria. No sé si sería porque fue la primera ciudad “germánica” que visitamos, pero nos pareció muy agradable. En cualquier caso nos permitirá “experimentar” Austria, que también tiene su aquel. Bludenz, ciudad medieval, es otro punto de interés.

 

El lago Constanza o Bodensee, de casi 80 km. de longitud, presume de ser la zona más cálida de Alemania. Baña tres países y en sus orillas abundan los lugares de interés turístico y cultural.

 

El segundo día en la zona lo dedicaremos básicamente a la parte alemana, en la cual destaca Lindau, la joya del lago. La diminuta ciudad medieval se asienta en una islita, unida a tierra firme por un puente. Como gran atracción turística que es, hay numerosos aparcamientos a las afueras y está siempre a tope de gente.

 

Al haberse librado de las guerras, conserva intacta su fisonomía medieval y aunque las sempiternas tiendas de souvenirs desluzcan un poco, también le dan vidilla. Vamos, que es un lugar que no hay que perderse. La fachada del ayuntamiento renacentista es realmente espectacular.

 

En la orilla norte hay otros pueblos interesantes: Wasserburg o Meersburg, la ciudad de los castillos. En Friedrichshafen vio la luz el Zeppelín y actualmente hay un museo dedicado al famoso dirigible.

 

Para llegar a Lindau pasaréis primero por Bregenz, en Austria. La ciudad no tiene mucho interés que digamos, pero…; la mayor ventaja de pisar suelo austríaco es repostar combustible a mejores precios que en Suiza o hacer la compra, pues en los supermercados suizos, aparte de caros, no suelen aceptar tarjetas de crédito, salvo en el “Migros”.

 

De todas maneras tened cuidado con los pasos fronterizos suizos, pues quizás os pongan pegas con la comida si os registran, aunque nosotros nunca hemos tenido problemas en ese sentido.

 

En los dos días que quedan en la zona os proponemos la ciudad de St.Gallen, el pintoresco pueblo de Appenzell – en la Suiza profunda – los maravillosos pueblos medievales de Stein am Rhein y Schaffhausen con las espectaculares cataratas del Rin. Más información de todas estas ciudades y lugares en nuestros viajes a Suiza, tanto en verano, como en navidad.

 

Por último nos quedará por recorrer la preciosa Constanza (Konstanz) y Mainau, la isla de las flores, como alternativa.

 

St.Gallen es una ciudad que sorprende. De estilo barroco, la catedral es espléndida e imponente, al igual que la impresionante y magnífica Biblioteca de la Abadía, situada detrás de la catedral, que atrae visitantes como moscas. Como curiosidad diremos que hay que calzarse unas zapatillas grises de fieltro para no dañar la madera del piso.

 

Otra característica del casco histórico, aparte de las fachadas de entramado, son los balcones con tallas de madera policromada. Si la visitáis el tercer fin de semana de agosto encontraréis un ambientazo tremendo al estar en fiestas. Una mañana o una tarde bastarán para verla a fondo.

 

A 20 km. de St.Gallen, entre verdes colinas hallaréis el pintoresco Appenzell, con sus casas de espectaculares y coloridas fachadas. Son únicas. Nunca hemos visto nada igual. Appenzell es un pueblo pequeño, famoso también por su conservadurismo político y por su fuerte queso. No os lo perdáis.

 

En la parte sur del lago Constanza se encuentra la ciudad suizo-alemana de Konstanz. “La parte suiza” se denomina Kreuzlingen y los pasos fronterizos están por toda la ciudad, no obstante el interés turístico está en Konstanz, ciudad que por su proximidad a la neutral Helvecia, se libró de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Gracias a ello su patrimonio arquitectónico está intacto.

 

A orillas del lago, las calles y callejuelas esconden abundantes y preciosas fachadas. Hay muchos lugares de interés y con el bullicio del comercio la visita forzosamente ha de ser excitante, pues nosotros la vimos un domingo con las tiendas cerradas. Especialmente chocante es la “fuente del embudo”, una original fuente-monumento dedicada a tan particular artilugio, que por tener hasta tiene “ley” y todo.

 

Muy cerca se encuentra Mainau, la isla de las flores, llamada así por su parque floral que rodea a un palacio barroco. No la conocemos por varios motivos: unos amigos nos la desaconsejaron por poco interesante y no había tampoco tiempo material para la visita.

 

El Rin recobra su nombre en cuanto sus aguas dejan de ser lago para tropezarse de inmediato con otra maravilla que tampoco os habréis de perder: Stein am Rhein, el perfecto pueblo medieval. Sus intrincadas callejuelas y muy especialmente sus fachadas decoradas y pintadas le aportan un aire fantástico.

 

Una maravilla que tiene continuidad en Schaffhausen, localidad de mayor tamaño. El casco antiguo medieval está muy bien conservado, con muchas fuentes policromadas –la del Moro es la más famosa- y abundancia de edificios con aguilones, ventanales con mirador y fachadas igualmente pintadas y decoradas.

 

Pero si algo distingue a Schaffhausen del resto, son las únicas cataratas que el Rin encuentra en su trayecto al mar. De 25 m. de caída y 150 m. de anchura forman un cuadro salvaje y espectacular. Situadas a las afueras de la ciudad, se accede a las cataratas por el Schloss Laufen y se paga un franco suizo para entrar en el recinto. El camino, plagado de escaleras y miradores, prácticamente desciende a pie de cascada. El estruendo del agua es tremendo. Desde luego son muy bonitas, mucho más de lo que imaginábamos, lo que siempre es de agradecer. Hay grandes aparcamientos, siempre abarrotados. Cuando el Rin cae por las cataratas acumula ya unos 290 km. “de vida” y ¡todavía nos quedan otros mil más!.

 

 

ALSACIA Y LA SELVA NEGRA: 5 DÍAS.

 

Después de tantos días, se impone un tercer cambio de camping para visitar las regiones de Alsacia en Francia y la Selva Negra en Alemania. Por supuesto ambas valen un viaje, pero como aquí se trata de seguir al Rin, nos centraremos en los puntos principales de interés próximos al río. Más información sobre Alsacia y la Selva Negra en nuestros muchos viajes a la zona, en navidad.

 

Alsacia es uno de nuestros destinos favoritos y aunque en verano las casas de entramado llenas de flores le dan mucho color, en Navidad es cuando alcanza la máxima expresión: espectaculares mercadillos navideños y adornos por doquier. Un sugerente aroma a canela y vino caliente empapa y caldea el ambiente.

 

Desde Schaffhausen hasta Estrasburgo, con su famosa curva, el Rin señala la frontera entre la Selva Negra alemana, la Alsacia francesa y el valle suizo de Basilea. El camping de Neuf Brisach, a orillas del río y con la medieval Breisach en el lado alemán, puede ser una opción desde donde recorrer la parte sur del tramo. Estuvimos en 2002 en ese camping ya que en diciembre era el único abierto en la zona. Está bien, pero fue bastante enervante su manía de cerrar el camping a cal y canto… ¡a las seis de la tarde!. Imaginamos que en verano llevarán otro rollo, que si no…; De todas maneras, en período estival no faltan camping por la zona, por lo que no tendréis problema alguno para encontrar uno que os guste. El de Colmar puede ser mejor alternativa. Se encuentra a las afueras de la ciudad, en Horbourg-Wihr. Para más información sobre nuestra estancia en ese camping, pincha aquí.

 

Camino a Neuf Brisach, a unos 260 km. de St.Margrethen por autopista, podemos detenernos unas horas en Laufenburg o Bad Säckingen, pueblos medievales interesantes, con puentes cubiertos de madera sobre el Rin. Para variar, el puente oficia de aduana, uniendo las orillas suiza y alemana. Una vez acampados, pasaremos al menos dos días en la Selva Negra, y dos en la Alta Alsacia y Basilea. Después nos acercaremos a Estrasburgo, cambiando de camping, para estar, al menos, un día por allí. Más información de esas localidades, pinchando aquí.

 

Primer día en la zona: después de acampar, podemos visitar Neuf Brisach, ciudadela fortificada construida por orden de Luis XIV para proteger la frontera. Lo más característico son sus calles en rejilla. Más bonita es Breisach, en la orilla alemana. De planta medieval, el casco antiguo es pintoresco. Más información de esas localidades, pinchando aquí.

 

De todas maneras, en lo que al Rin se refiere, lo más interesante de la zona son las esclusas de Vogelgrün, las cuales podréis ver funcionar. Son enormes e impresiona ver como las grandes gabarras salvan el desnivel del terreno. En el tramo alsaciano, los franceses construyeron multitud de embalses y un canal después de la Gran Guerra del 14 cuando recuperaron la región a los alemanes, por supuesto sin contar con ellos, algo que no les gustó lo más mínimo. Además ello afectó gravísimamente al ecosistema fluvial y con el desarrollo industrial del siglo XX el Rin se convirtió en la cloaca de Europa. El tremendo esfuerzo medioambiental de las últimas décadas ha logrado recuperar el río, conociéndose como “el milagro del Rin”.

 

Para terminar el día, Freiburg im Breisgau o Friburgo de Brisgovia, la capital de la Selva Negra, famosa por la aguja de su catedral gótica, puede ser una opción estupenda. No faltan calles pintorescas con canales. Preciosa es la Kaufhaus, la casa gremial de los comerciantes, de color rojo y con aguilones en las esquinas. Si vais en Navidad, para eso la semana de la Constitución es ideal, el mercadillo navideño os alucinará. Más información sobre nuestras visitas a Freiburg, pinchando aquí.

 

El segundo día, para variar del ambiente alemán, lo podemos pasar a caballo entre Suiza y Francia. Mulhouse, en suelo francés, tiene dos grandes atracciones: el Museo Nacional del Automóvil, maravilloso, y el Museo del Ferrocarril. Ambos son excepcionales, claro que eso se reserva a los más entusiastas. El de coches es una pasada. De lo mejor que hayamos visto. Es enorme, hasta el punto de tener un trenecito interior para ayudar a moverse. Calculad una mañana para la visita y la tarde si queréis ver también el de trenes. Para los que paséis de todo eso, digamos que Mulhouse no es demasiado interesante, salvo la decoración en trampantojo de su Ayuntamiento. Más información sobre nuestra visita a Mulhouse, pinchando aquí.

 

El otro “punto de interés” del día es Basilea o Basel, en Suiza. Estuvimos en la ciudad en el verano 2005 y la verdad es que nos decepcionó bastante. No es que sea fea, pero no tiene mucho gancho con excepción, al igual que Mulhouse, de su ayuntamiento, que sí que es espectacular. Esta vez es de estilo neogótico, con pinta de castillo y pintado totalmente de rojo. No obstante, ya que el Rin es nuestro “leit-motiv” digamos que a partir de Basilea se convierte en navegable, circunstancia que ya no abandonará hasta llegar al mar. Resumiendo, esta jornada puede ser muy interesante o muy anodina según lo que elijamos. El plan “C” consistiría en suprimirla lisa y llanamente, claro. Más información sobre nuestra visita a Basilea, en verano o en navidad, pinchando en el enlace correspondiente.

 

 

Tercer día en la zona: la Selva Negra, casi nada. De acuerdo, nos alejamos del río, pero ¿quién se atrevería a pasar del país del reloj de cuco teniéndolo tan a mano?. Su nombre proviene de los frondosos bosques de pinos y abetos. Triberg es el centro mundial del reloj de cuco. ¡Los hay por todas partes!. Incluso si queréis ver al más grande del mundo, acercaros a la pequeña Schonach, al lado de Triberg, y allí lo podréis visitar. De hecho es un pequeño chalet.

 

En Triberg también encontraréis la cascada más alta de Alemania, de fácil acceso, con senderos bien acondicionados. Más información sobre nuestra visita a Triberg, pinchando aquí.

 

 

En el valle de Gutach está el Museo al Aire Libre de la Selva Negra y es la zona más abundante de las famosas granjas de enormes tejados a dos aguas. La población de Schiltach tiene también un bonito casco histórico. En Furtwangen, camino a Gutach, podréis ver más de 4.000 relojes en el museo del pueblo.

 

 

Cuarto día: la Alta Alsacia. Ese día es uno de los “platos fuertes” del viaje. Colmar, Riquewihr, Kaysersberg y Eguisheim son joyas medievales, perlas auténticas.

 

Las cuatro localidades están muy juntas. Riquewihr, Kaysersberg y Eguisheim son pueblos pequeños, repletos de casas de entramado de madera con balcones llenos de flores y rincones encantadores a cada paso. Más información de esas localidades, pinchando aquí.

 

Colmar es una ciudad grande, pero su casco antiguo es excepcional y ha tenido la fortuna de librarse de la destrucción en las mil guerras que han asolado la zona. La Maison Pfister, la “Pequeña Venecia” con sus canales y sus fachadas de colores, sus iglesias, la casa de las cabezas, o el museo Bartholdi, casa natal del escultor de la Estatua de la Libertad neoyorquina no dejarán indiferente a nadie.

 

Además Colmar es la capital de los famosísimos vinos de Alsacia. El Sylvaner y el Riesling son las variedades más conocidas. Es muy posible que un solo día sea muy poca cosa en una zona tan sugerente, pero esa decisión os la dejamos a vosotros.

 

Antes de abandonar Alsacia, que aunque actualmente es francesa, ha sido germánica durante siglos, nos trasladaremos a la Baja Alsacia, a Obernai, a 60 km. de Neuf Brisach. El camping “Le Vallon du l’Ehn” a las afueras del pueblo es simplemente fantástico. Varias veces nos hemos alojado allí. Y es uno de los mejores que conocemos. Más información sobre nuestra visita al camping de Obernai, pinchando aquí.

 

Ese día, como casi todos los demás, nos conviene madrugar y una vez instalados daremos una vuelta por el centro de Obernai, muy bonito, aunque quizás después de lo visto en la jornada anterior nos impresione algo menos. Claro que nosotros lo conocemos con la espectacular decoración navideña y os aseguramos que es una pasada.

 

En cualquier caso el resto del día hay que pasarlo en la capital, Estrasburgo. Dicho esto tenemos dos opciones: o cambiar de camping como acabo de comentar o no hacerlo y desplazarnos a la ciudad desde Neuf Brisach, pero eso sumará casi 200 km. a nuestro viaje. En fin, que cada cual elija lo que mejor le convenga. Colmar tiene una posición central, pero ciertamente el mejor camping de la zona es el de Obernai. La decisión es vuestra.

 

Estrasburgo tiene un sistema de “parking-relais” (P+R) excepcional. El mejor que conocemos. Estos aparcamientos “disuasorios” están repartidos por la autopista de circunvalación. Se aparca todo el día por unos 2,70 € (2006) e incluye transporte público gratuito al centro (ida y vuelta) en los ultramodernos tranvías ¡para todos los ocupantes del vehículo!. Si no recuerdo mal, el horario límite para acogerse a él eran las 20 h. Es un sistema tan bueno que es una pena que no esté más extendido.

 

No faltan atracciones en Estrasburgo. Lo mejor para empezar la visita es aparcar en el P+R próximo a la zona del parlamento europeo, a las afueras de la ciudad. Seguid las indicaciones de “Wacken y Palais de l’Europe”. El Parlamento es de planta oval y muy espectacular. Se puede visitar el patio y haceros la foto en la estatua de la entrada.

 

Una vez hechos los cumplidos al europeísmo, nos trasladaremos en tranvía al centro. La catedral, de piedra rosada, es muy bonita. Dentro hay un reloj de esos de figuritas que se mueven. Hay que pagar entrada y hacer cola. Particularmente no os lo recomendamos. Los alrededores de la plaza de la catedral tienen mucho encanto, especialmente en diciembre insistimos, pues la ciudad presume de ser “la capital navideña de Europa” y os aseguramos que no exageran.

 

De todas maneras la zona más pintoresca de la ciudad es la “Petite France” con sus fachadas de entramado, los canales del río Ill y las torres medievales de “Les Ponts Couverts”. El nombre le viene de ser, en la Edad Media, la sede de los hospitales para sifilíticos, ya sabéis, “el mal francés”. Y eso era así porque entonces la ciudad era alemana, claro. Estrasburgo es también la capital de la cerveza alsaciana, con la Kronenbourg y la Fischer como marcas más famosas. Más información sobre nuestra visita a Estrasburgo, pinchando aquí.

 

Cruzando el Rin, entraremos en la ciudad alemana de Kehl, un suburbio industrial sin mayor interés si no fuera porque allí, a orilla del río, se encuentra la mayor factoría de “Bürstner”. La fábrica no se visita, pero es posible ver desde el camino que bordea el Rin las impresionantes explanadas repletas de caravanas y autocaravanas.

 

Por último, señalemos algunas alternativas que seguro interesarán a muchos, especialmente si se viaja con chiquillería. En Rust, en el lado alemán entre Estrasburgo y Friburgo, se encuentra el “Europa park”, un gran parque de atracciones. El nombre ya nos da una pista sobre su temática.

 

Por otra parte, los interesados en la Segunda Guerra Mundial, al norte de Alsacia, hallarán restos de las fortificaciones de la famosa y bastante inútil “Linea Maginot”, muchas de las cuales pueden visitarse. El “Fort de Schoenenbourg”, al norte de Haguenau, es el más importante. Más información en la web www.tourisme-alsace.com

 

Más información sobre nuestra visita al “Fort de Schoenenbourg”, a la vuelta del viaje a la Oktoberfest, pinchando aquí.

 

 

 

HEIDELBERG, EL VALLE DEL NECKAR Y LAS GRANDES CATEDRALES ROMÁNICAS DEL RIN: 2-3 DÍAS.

 

Dejamos Alsacia y entramos en Alemania, en el “länder” de Renania-Palatinado. El Rin abandona sus funciones fronterizas y adquiere, discurriendo entre viñedos y verdes colinas, su condición de gran río alemán.

 

El tramo hasta Mainz (Maguncia) tiene como principal característica albergar las tres catedrales románicas más grandes de Europa: Mainz, Wörms y Speyer. Enormes y muy diferentes al estilo románico al que estamos acostumbrados, tanto que ni nos lo parecerán.

 

En este tramo también podremos visitar la maravillosa ciudad barroca de Heidelberg, famosa por su universidad, y recorrer el precioso Valle del Neckar, uno de los grandes afluentes del Rin. Más información sobre nuestra visita a Heidelberg en navidad, pinchando aquí.

 

Unos 150 km. separan Obernai de Speyer, localidad idónea para ser nuestra base. Visitamos toda esta zona y la que falta hasta la desembocadura del río en el verano de 2002. Entonces acampamos en el camping Knaus de Bad Dürkheim, pero no lo recomendamos esta vez porque queda lejos de nuestro camino y lo que nos llevó allí -la tan publicitada “ruta del vino alemán”- al oeste del Rin, tampoco es muy interesante.

 

Es preferible buscar un camping por los alrededores de Speyer. De camino pasaremos por la ciudad de Karlsruhe, de estilo barroco y con un curioso trazado urbanístico en forma de abanico. No la conocemos personalmente. Como se encuentra lejos de los centros de interés, si vais en autocaravana podéis echarle un vistazo de paso y si vais con caravana, pues os tocará decidir si os merece la pena dedicarle tiempo a propósito. Aunque nos salgamos claramente “de nuestra ruta” habría que pensar en Stuttgart. Su principal interés es tecnológico: ser la sede de las fábricas Mercedes y Porsche. Ambas tienen dos museos maravillosos dedicados a sus “criaturas”. Ambos han sido recientemente renovados de manera francamente espectacular. El de Porsche es de 2008 y expone auténticas joyas, especialmente de competición. Mercedes, por su parte, ha estrenado en 2006 el nuevo edificio de su museo, muy vanguardista. Nosotros hemos visto, por dos veces los antiguo y eran un fantástico recorrido por la historia del automóvil. Las fotos que he visto dan fe que el nuevo museo supera con creces al anterior. Contad con un día completo para ver ambos museos y la ciudad. En navidad su mercadillo es de los más grandes de Alemania.

 

Las web de los museos son las siguientes: www.museum-mercedes-benz.com y

www.porsche.com/.../aboutporsche/porschemuseum/

 

Más información sobre nuestra visita a Karlsruhe y Baden Baden en navidad, pinchando aquí.

 

Más información sobre nuestra visita a Stuttgart en navidad y al nuevo Museo Mercedes, pinchando aquí.

 

El día de llegada lo podríamos dedicar a las catedrales. La de Speyer, colosal y de líneas rectilíneas, es la más imponente y, para nuestro gusto, la más bonita de las tres. La ciudad no tiene demasiado interés, excepto la calle mayor frente la catedral, con fachadas color pastel y torres con cúpula de bulbo.

 

La catedral de Wörms, ciudad histórica en la que el reformista Lutero se negó a retractarse públicamente de sus creencias frente al Emperador Carlos V, es de color rojizo y con trazos que ya anuncian el advenimiento del gótico. Por cierto, al tratarse de templos protestantes, los interiores suelen ser muy austeros.

 

La ciudad tampoco es de las más atractivas de Alemania, destacando el “monumental” monumento a Lutero. Si decimos que la gracia de ambas ciudades son sus catedrales no os engañaremos. Eso significa que podemos limitar la visita a ellas o por el contrario, si el “rollo catedral” no va mucho, pasar directamente del tema. Wörms celebra a finales de agosto y primeros de septiembre su carnaval particular. Lo que sí os podemos asegurar es que los fiestorros alemanes son de lo más animado.

 

Para terminar la jornada, se impone un garbeo por Mainz (Maguncia), a 95 km. de Speyer. La ciudad, devastada por los bombardeos, está totalmente reconstruida y sigue la tónica de las dos anteriores por su falta de gancho, aunque eso no quite para que tenga cosas interesantes. La catedral es la menos “románica” de las tres, por sus añadidos góticos y barrocos.

 

Maguncia es la ciudad natal del Johannes Gutenberg, el “inventor” de la imprenta en el siglo XV. Invento de origen chino, a Gutemberg le corresponde el honor de haber sabido diseñar un aparato que revolucionó la historia y cambió la vida de la Humanidad para siempre. Algo que sucedió en Estrasburgo, precisamente. Frente a la catedral se encuentra el “Gutenberg Museum”.

 

Al fin del día habremos cumplido una etapa más de nuestra ruta por el Rin. Por otra parte, los aficionados a la fórmula 1 tendrán la oportunidad de acercarse al circuito de Hockenheim, al lado de Speyer, si lo desean.

 

Seguramente el plan para el día siguiente resultará más estimulante: Heidelberg y el Valle del Neckar. Dejaremos Heidelberg, preciosa ciudad barroca, coronada por las ruinas de su castillo y famosa por su universidad, para el final.

 

Empezaremos el día en Bad Wimpfen, pequeña ciudad histórica situada en el otro extremo del valle. Una hora bastará para recorrer sus calles bordeadas de casas de entramado de madera. El Neckar, afluente de Rin, discurre entre colinas boscosas salpicadas de castillos en ruinas, en un paisaje espléndido.

 

Camino a Heidelberg nos detendremos en Mosbach. Las casas de entramado de madera, tan bonitas y tan características de Alemania, son la principal seña de identidad de la arquitectura. Y si bien a todos nos encantan al evocar los cuentos de hadas, advirtamos que, a base de verlas y verlas, llegan a cansar un poco. En Mosbach destaca la “Palmisches Haus” con sus tallas de madera policromada. No os perdáis la fuente-monumento de bronce dedicada a los trasegadores de vino, a un lado de la plaza.

 

Y finalmente llegaremos a la romántica Heidelberg, en la que Goethe o Mark Twain encontraron a su amor. Schumann, el compositor, estudió en su universidad. El origen del aspecto actual de Heidelberg es debida a la proverbial y famosa “mala leche” de Luis XIV de Francia, el Rey Sol. En el siglo XVII el rey casó con la hija del Príncipe Elector de Heidelberg. Como fuera que la muchacha no pudo darle descendencia, el rey intentó “devolverla” a su padre, quien no se avino al trato. Desairado, Luis XIV amenazó con arrasar la ciudad si la chica no volvía a su casa. Ante la nueva negativa del Príncipe, Luis no se anduvo con chiquitas y cumplió su promesa. ¡No dejó piedra sobre piedra!.

 

El castillo quedó en ruinas y la ciudad se tuvo que reconstruir en el estilo de moda de entonces, el barroco. Lo cierto es que Heidelberg es preciosa y el entorno muy romántico. Las dos veces que hemos estado, en verano y en navidad, hemos aparcado en el parking nº 12.

 

La visita al castillo es muy interesante, incluyendo el museo de la farmacia y su mayor atracción: el “Heidelberger Fass”, un gigantesco barril de 220.000 litros de capacidad. Según la leyenda, el enano Perkeo, su vigilante, era capaz de beber litros y litros de vino y parece que murió cuando tomó, por error, un vaso de agua. Una estatua lo recuerda frente al enorme barril. Subid al castillo en coche. Después buscad aparcamiento cubierto en el centro. Probad en el nº 12. Bajando del castillo os toparéis con él.

 

Heidelberg es básicamente su calle mayor, Hauptstrasse, bordeada por encantadoras plazas. Fijaos en la fachada renacentista del “Hotel zum Ritter”, frente a la iglesia. Tampoco debe faltar la consabida foto desde el puente sobre el Neckar, con las estatuas de los Príncipes Electores y, de fondo, las dos torres de la puerta de la ciudad y el castillo. Por supuesto, no os vayáis sin tomaros una cerveza o un suculento tentempié en las espectaculares y típicas tabernas de la ciudad.

 

Aunque nos alejemos un poco de “la zona de influencia del Rin”, la llamada “Ruta Romántica” no queda demasiado lejana y si apetece ver unos preciosos pueblos medievales en los que parece que el tiempo se ha detenido no deberíais dejar en el tintero a Dinkelsbühl y Nördlingen –ésta con una muralla perfectamente conservada- aunque el summum y la apoteósis llegará con la visita a Rothenburg ob der Tauber, que es la quintaesencia de lo que era una ciudad medieval perfectamente conservada (Ver el viaje Baviera en Navidad – 2004). Una pasada y una maravilla en toda la regla. Vale realmente el viaje.

 

 

LOS CASTILLOS DEL RIN, KOBLENZ Y EL VALLE DEL MOSELA: 4 - 5 DÍAS.

 

Y por fin llegamos a uno de los más afamados destinos turísticos de Alemania: los castillos del Rin y la Roca de Loreley. No quisiéramos parecer aguafiestas, pero la zona nos dejó un regusto a decepción, pero no adelantemos acontecimientos.

 

Koblenz, a orilla del Rin y a 165 km. de Speyer, es el punto ideal para recorrer todo el tramo. El camping de la ciudad suele estar muy lleno y el dueño es antipático, pero su situación, en un marco espectacular, es envidiable. www.camping-rhein-mosel.de 

 

Desde el camping, tendremos enfrente el monumental “Deutsches Eck” o “Rincón de Alemania”, con la estatua del Kaiser, espolón que señala la unión del Rin y su afluente Mosela y, en lo alto de la colina, la fortaleza Ehrenbreitstein.

 

En suma, una panorámica estupenda que perdona las limitaciones del camping. Otra ventaja es poder pasar a Koblenz en una barca-trasbordador desde el camping, lo que evita usar el coche. Informaros de los horarios, para no quedaros tirados a la vuelta. El embarcadero está junto al camping. De todas maneras la zona es rica en establecimientos, por lo que no tendremos problemas para alojarnos si optamos por otro camping.

 

En Koblenz, el Rin ya tiene casi 1.000 km. de vida y después de recibir las aguas del Mosela ya es, por derecho propio, “Der Vater Rhein” (El Padre Rin) de los alemanes, un anchísimo río surcado por grandes gabarras.

 

En ese tramo del río los puntos de interés son excepcionales: Los castillos del Rin entre Koblenz y Bingen. El valle del Mosela, más interesante si cabe que el anterior. El tramo hasta Bonn y Koblenz y el valle del Lahn. Por último, si hay tiempo y ganas, siguiendo el Mosela podremos acercarnos hasta la magnífica Trier y Luxemburgo.

 

Como el día de llegada a un camping siempre se queda algo corto de tiempo, entre el desplazamiento y “el emplazamiento”, lo podríamos dedicar al tramo del Rin que llega hasta Bonn.

 

El punto más atractivo de la ruta, exceptuando Bonn, es la pequeña ciudad de Linz, en la orilla oriental del río. Amurallada, es un festival de casas de entramado de madera, con mucho sabor.

 

Muy cerca de allí se encuentran las gigantescas “torres-pilastras” de lo que fue el estilizado Puente de Remagen; enclave vital para el final de la 2ª G.M y cuya historia puede resumirse brevemente: en marzo 1945, las tropas estadounidenses avanzan hacia Berlín, aunque primero deben cruzar el Rin, cosa complicada porque Hitler ya se ha encargado de volar los puentes. Por fortuna llegan a Remagen justo antes que los alemanes puedan volarlo y lo capturan. Eisenhower afirmó entonces: “este puente vale su peso en oro”. De esa manera las tropas aliadas pudieron continuar su avance, aunque diez días después, posiblemente por sobrecarga, el puente se hundió arrastrando a 28 marines. Hollywood hizo una película sobre el suceso: “El puente de Remagen”. Más información en www.bruecke-remagen.de.

 

El resto del día lo pasaremos en Bonn, ciudad que todavía no hemos tenido ocasión de conocer. Antigua capital de la República Federal de Alemania, Bonn es la ciudad natal de Beethoven, cuya estatua se levanta en la Münsterplatz y solo eso ya justifica la visita. Su casa-museo se encuentra en la calle Bonngasse. Si queda algo de tiempo, nos acercaremos a la Abadía de Maria Laach, joya de la arquitectura románica, similar a la catedral de Speyer.

 

 

El segundo día lo reservaremos al tramo entre Koblenz y Bingen, la famosa “Ruta de los castillos del Rin”. ¿Es tan fantástica y romántica como nos venden las agencias de viajes?. Pues para nosotros, no.

 

Seguramente varios factores explican la decepción: en primer lugar unas expectativas no satisfechas debido a que los pueblos de la ruta, excepto Rüdesheim y Bacharach, son bastante anodinos; además los castillos se ven muy pequeños desde la orilla del río; el paisaje de colina baja y viñedos del tramo no es muy espectacular, salvo en el tramo de la Roca de Loreley y, para colmo, pillamos un día muy gris, lo que imaginamos que tampoco ayudó a realzar el encanto del lugar.

 

En fin, esperamos que con todo lo dicho vosotros disfrutéis más la excursión que nosotros, porque objetivamente no faltan encantos para ello. En un día es posible ver la zona, pero si queréis visitar algún castillo o hacer un crucero por el río, necesitaréis un día más.

 

 Nuestros amigos y compañeros de viaje en aquel verano 2002, Pepe y Nany, habían hecho el crucero años antes y nos contaron que se habían aburrido soberanamente porque el trayecto se hace muy, muy largo. Tened en cuenta también que la carretera discurre, por ambas orillas, junto al río así que lo que se ve desde el coche es lo que se ve desde el barco.

 

Dicho eso, podemos empezar la ruta por la orilla oriental. El primer pueblo es Lahnstein, con una bonita iglesia con aguilones en la torre y un pozo medieval cubierto, aunque también de visita prescindible si queremos aprovechar mejor el tiempo en otros lugares.

 

Siguiendo la carretera en dirección sur, llegaremos a la Roca de Loreley, sirena que con sus cantos arrastraba a los marineros a una muerte segura y que el romántico Heinrich Heine inmortalizó en un poema. Ello se debe a que, en ese recodo del río, los rápidos y las corrientes hacen la navegación muy complicada. En lo alto de la Roca hay un mirador, un parking de pago y un edificio con recuerdos de la sirena.

 

Entre St.Goarhausen y la roca, sale un brazo de tierra que se adentra en el río y en cuyo final hay una estatua de Loreley. El sendero es pedregoso por lo que agradeceremos un calzado adecuado.

 

En lo alto de la colina, los castillos llamados Katz y Mause (Gato y Ratón) son un ejemplo de “las buenas relaciones” que mantuvieron ambos por hacerse con el control de los peajes del río.Más adelante, en Kaub, Hallaremos una de las imágenes más conocidas del Rin: el palacete-fortaleza Pfalz, enclavado en una islita en medio del río.

 

El final del tramo lo marca Rüdesheim, uno de los pueblos que valen el viaje por si mismos. Muy típico y cuco, con casas de entramado y todo eso, es un centro vinícola de primer orden (como toda la zona, por supuesto). Su callejuela más famosa es Drosselgasse (El callejón del tordo), estrecha, pintoresca, repleta de tabernas de vino y restaurantes y siempre abarrotada de turistas. Una de las visitas obligadas, vamos.

 

Desde Rüdesheim podemos acercarnos, en coche o en teleférico, a un altozano encima del pueblo para visitar el Niederwald-denkmal, gigantesca estatua de piedra dedicada a Germania, erigida por orden de Bismack y que conmemora la unificación del Imperio Alemán en 1871. Nosotros no la conocemos.

 

Finalizada la visita tomaremos el trasbordador a Bingen. A estas alturas de ruta posiblemente sea media tarde, pero no pasa nada porque la otra orilla no tiene tantos atractivos y el día no se quedará corto. Bacharach es el pueblo más bonito, con sus edificios medievales, su muralla y sus casas de entramado. Oberwesel tiene en su plaza mayor una gigantesca reproducción de la típica copa de vino de la zona.

 

Por supuesto que no deberíais marcharos sin hacer los honores a los afamados vinos del Rin, blancos y un poco ácidos, en una de las preciosas tabernas o “weinstuben”. Boppard es una ciudad señorial, que guarda los restos de un fuerte romano. Y de esa manera habremos llegado nuevamente a Coblenza.

 

Nos quedan dos rutas más antes de cambiar de camping: el valle del Mosela y el valle del Lahn. El orden de visita es indiferente y queda a gusto de cada cual. Si estamos un poco hartos de coche, podemos pasar la mañana en Koblenz, usando la barca.

 

Koblenz o Coblenza es bonita y con muchos puntos de interés. Si quisiérais comer en el camping, por ejemplo, os recomendamos que salgáis prontito por la mañana para que os dé tiempo a verla bien. El casco antiguo es muy pintoresco, con balconadas talladas, graciosas estatuas, imponentes iglesias como la de St.Kastor, el palacio de los príncipes y el “Deustches Eck”, al que vemos desde el camping. Al igual que el de Rüdesheim, es otro monumento dedicado a la unidad alemana. Su principal característica es la plataforma en forma de puntiagudo espolón: a la derecha el Rin, a la izquierda la desembocadura del Mosela.

 

Una de las principales atracciones turísticas de Koblenz es el “Weindorf” o “pueblo vinícola”. Un pintoresco conjunto de tabernas y restaurantes en casas de entramado edificado en 1925 con motivo de una exposición de vinos. De todas maneras tampoco esperéis gran cosa, eh. Por la tarde podemos visitar Limburg y Braunfels, en el Valle del Lahn, el otro afluente del Rin que converge en Coblenza.

 

Limburg es una pintoresca ciudad, con un centro histórico de casas de entramado –ya he comentado que puede llegar a cansar tanta uniformidad arquitectónica- y una curiosa catedral con fachada blanca y roja, con un logrado aspecto de “entramado de madera”. En pleno centro veremos una curiosa fachada repleta de “monstruitos”, figuras de madera tallada. Limburg nos gustó mucho.

 

Todo el valle, boscoso y revirado, esconde pueblos y aldeas encantadoras, pero quizás el paradigma de pueblo “de cuento de hadas” sea Braunfels, con el castillo de contraventanas pintadas en lo alto y el pueblo debajo.

 

El otro valle que nos queda, el del Mosela nos gustó mucho más que el del Rin, seguramente porque los pueblos son más bonitos. Saliendo de Koblenz por la B416, carretera que serpentea a orillas del Mosela, nos tropezaremos con Winningen. Es muy pintoresco por las hojas de vid que decoran sus calles y por sus fachadas pintadas con motivos vinícolas.

 

De camino a la imperial Cochem, en mitad del bosque se esconde una de las “joyas” de Alemania, el Burg Eltz. Castillo de cuento de hadas, repleto de puntiagudas torres y contraventanas de madera roja y blanca. Para llegar hay que desviarse del río y adentrarse en las colinas. Desde el parking al castillo hay un empinado y largo sendero. Se puede llegar andando o en una furgoneta-taxi. Por nuestra parte nos conformamos con descender unos cientos de metros hasta el mirador y hacernos allí la foto de rigor, con el castillo al fondo.

 

Al mediodía llegamos a Cochem, coronado por el imponente castillo imperial. El casco antiguo es muy bonito, con fachadas color pastel. Terminamos el día visitando Beilstein y Zell, con bonitas casas de tejado de pizarra y sede de las famosas bodegas “El Gato Negro” (Schwarze Katz), cuyos vinos del Mosela están considerados de los mejores de Alemania. Y ahora se impone el debate. ¿Qué valle es más bonito, el del Rin o el del Mosela?. La respuesta la dejamos en el aire. Recorredlos, disfrutadlos y después que cada cual elija.

 

Opcionalmente podemos pasar otro día en el tramo norte del valle del Mosela. Trier o Tréveris es preciosa. De estilo barroco, esconde también multitud de vestigios romanos, entre los cuales destacan las termas y la “Porta Nigra”, uno de los mayores edificios romanos del norte de Europa. Es la ciudad más antigua de Alemania y toda ella es un monumento. Las casas de la plaza mayor son una maravilla.

 

La Porta Nigra es impresionante y la catedral también. En fin, es mucho lo que hay que ver y vale la pena el desplazamiento. Si queremos ver a fondo la ciudad, visitando sus monumentos y museos, obviamente nos llevará el día. Si nos conformamos con “una visita panorámica”, entonces es posible que en medio día tengamos suficiente.

 

En ese caso nos podríamos acercar a Luxemburgo, por supuesto bajo los mismos planteamientos de “rapidez y celeridad”. La capital del Gran Ducado, en la falda de la montaña, arquitectónicamente es menos espectacular que Trier, pero se trata de un país diferente y eso siempre tiene su aquel. A fin de agilizar la visita y ahorrar caminatas, recomendamos tomar el trenecito turístico. Además de tener las explicaciones en castellano, nos paseará por las fortificaciones de la ciudad, alejadas del centro. La verdad es que el paseo nos encantó. En fin, una opción más de este espectacular viaje siguiendo el Rin. Más información sobre nuestra visita a Luxemburgo, pinchando aquí.

 

 

Aunque no acaban aquí las alternativas. Y la que viene podría ser inolvidable y muy emocionante para los amantes del automovilismo. A unos 70 km. de Koblenz nos espera el “Nordschleife”, el mítico circuito de Nürburgring, con casi 28 km. de longitud. En 2006, por 56 € podremos dar 4 vueltas al alucinante trazado, entre desniveles, árboles y curvas ciegas, en nuestro propio turismo. Más información en http://www.nuerburgring.de

 

 

 

COLONIA Y DÜSSELDORF: 1 Ó 2 DÍAS.

 

Advirtamos que a partir de ahora empieza, muy posiblemente, el tramo menos excitante de todo el Rin. Los autocaravanistas no tendrán problema, pero a los caravanistas les convendrá cambiar de camping, buscando uno en la zona entre Colonia y Dusseldorf.

 

Köln o Colonia es la ciudad más grande del Rin y la cuarta de Alemania, cuya principal atracción es su soberbia catedral gótica, cuya construcción llevó más de seis siglos. También fue el lugar donde se creó, en 1705, la famosa “Agua de Colonia”. La catedral, un poco sucia, es mucho más impresionante por fuera que por dentro, aunque en su interior encontraremos el arca de oro donde supuestamente se guardan reliquias de los Reyes Magos, cuya custodia motivó su construcción.

 

Por lo demás la ciudad carece del atractivo de otras, pues durante la 2ª G.M. los bombardeos la arrasaron por completo… ¡a excepción de la catedral!. ¿Quién dice que la “guerra de precisión cuasi quirúrgica” es un invento reciente?. El esfuerzo de reconstrucción ha sido encomiable y se han levantado de nuevo las numerosas iglesias románicas de la ciudad y también “la ciudad vieja”, Altstad en alemán. El puente de hierro sobre el Rin es otro de los iconos más famosos de la ciudad. A las cuatro de la tarde dimos por concluida la visita y nos acercamos a Düsseldorf.

 

Düsseldorf también ha sido reconstruida con acierto. Y seguramente es más atractiva que Colonia, catedral aparte. Presume de ser la ciudad “más rica” de Alemania y a juzgar por la elegancia de las mansiones, estatuas, fuentes y comercios de su avenida más famosa, la Königsallee, debe ser cierto. La “Altstadt” ha sido cuidadosamente restaurada y está repleta de tabernas y restaurantes donde degustar una salchicha con sauerkraut. Probad la cerveza autóctona en uno de los chiringuitos callejeros. Dad también un paseo por la orilla del Rin, con la torcida aguja de la iglesia gótica de San Lambertus.

 

Y si la estancia coincide con finales de agosto y primeros de septiembre, entonces no os deberéis perder el impresionante “Caravan Salon” de Dusseldorf. Os aseguramos que no hemos visto feria igual. En el Caravan Center, al lado mismo de la feria, disponéis de 2.000 plazas de acampada por 13 € (2004), eso sí, sin luz y sin servicios. Desde allí a los pabellones hay autobuses-lanzadera gratuitos. Es lo más. (Ver el viaje Cabo Norte – 2004).

 

 

HOLANDA Y LA DESEMBOCADURA DEL RIN: 3 - 5 DÍAS.

 

Desde Düsseldorf hasta Emmerich, junto a la frontera con Holanda, el río atraviesa un trecho anodino, discurriendo alejado de núcleos urbanos. Antes de abandonar su querida Alemania, encontraremos tres localidades: Xanten, Kalkar y Klever.

 

De las tres, solamente Xanten merece algo de atención por su puerta medieval, pero con las que ya habremos visto del mismo estilo, la verdad es que no merecerá mucho la pena dedicarle tiempo. Y así llegamos a Holanda, el último país que el Rin atravesará antes de perderse en el Mar del Norte.

 

La ruta empieza a tocar a su final. Al Rin apenas le quedan 200 km. de vida, aunque igual eso es mucho decir, porque el río parece querer retornar a sus orígenes y empieza a ramificarse en varios brazos, perdiendo en ello incluso el nombre.

 

Y es que la parte sur de los Países Bajos es un gran delta fluvial donde confluyen el Rin, el Mosa y el Escalda. Así que la pérdida de protagonismo del “Padre Rin” al llegar a Holanda se debe tanto a que su desembocadura coincide con la de los otros dos ríos, como a la división de sus aguas entre Emmerich y Nimega (Nijmegen).

 

Antes de llegar a la histórica ciudad de Nijmegen, la más antigua de los Países Bajos, el Rin se separa: un tercio de su caudal se convierte en el “Nieder Rijn” o Bajo Rin, que poco después cruzará Arnhem, localidad en cuyo puente se libró otra famosa batalla en la 2ª G.M.

 

 Más adelante, a partir de Wijk aan Duurstede el río se denomina “Lek” y que desembocará en Rotterdam. A su vez, antes de Utrech, parte del caudal se canaliza de nuevo y pasa a llamarse “Oude Rijn” o Viejo Rin, que tras discurrir por la bonita Leiden, terminará desembocando en Katwijk a/d Rijn, de manera casi anónima, triste, en una pequeña ciudad costera. Y damos fe de ello porque la hemos visto con nuestros propios ojos.

 

Los dos tercios restantes del caudal se rebautizan como “Waal” y ya con ese nombre el Rin cruza Nimega, desembocando también en Rotterdam. De hecho esa parte es la principal “heredera” del majestuoso Rin. Nimega conserva algunos edificios históricos que sobrevivieron al bombardeo aliado, pues la confundieron por error con la ciudad alemana de Klever y casi la arrasan. Los lunes se monta un gigantesco mercadillo en el centro urbano.

 

Llegados a este punto del viaje, se impone un radical cambio de chip. Si prácticamente hasta ahora hemos estado inmersos en un mundo germánico, con la única excepción de la Alsacia francesa y aún poco debido a sus fuertes raíces alemanas, al entrar en Holanda todo cambia. El frenético y a veces agobiante ritmo de vida alemán se ve sustituido por el apacible y relajado estilo de vida holandés, siempre y cuando evitemos Amsterdam, claro. Los Mercedes, Audi y BMW se trocan en bicicletas por doquier. La arquitectura cambia, el paisaje cambia, “casi” todo cambia. Y ese cambio no solo gusta, ¡se acaba agradeciendo!.

 

Holanda es uno de nuestros países favoritos. La gente es afable y educada. El ambiente es amable e invita a recorrer el país con calma, saboreando sus muchos atractivos. No es que estén libres de atascos o prisas, pero las diferencias con Alemania se notan a simple vista. También en el idioma. En Holanda “todo el mundo” habla inglés. En los países germánicos no tendremos demasiados problemas para hacernos entender, pero es que en los Países Bajos el problema desaparece por completo, no siendo ya necesario recurrir al “Bitte, sprechen sie englisch?” (¿Por favor, habla Vd. inglés?) y eso también se agradece.

 

Para concluir la ruta del Rin y dado el reducido tamaño de Holanda, nos parece que la mejor opción es buscar un camping bien situado y desde allí desplazarnos a los distintos lugares de interés. En 2002 elegimos como base el camping “De Krakeling”, en Zeist, al este de Utrecht. Un bonito terreno, bien comunicado con la red de autopistas. Utrecht, la ciudad del Tratado por el cual se puso fin en el siglo XVIII a la Guerra de Sucesión española, se encuentra a 200 km. de Düsseldorf.

 

Más información sobre nuestro viaje a la Holanda más típica, en la época de los tulipanes, pinchando aquí.

 

El primer día en Holanda podemos dedicarlo a recorrer las ciudades de Nijmegen, -bañada por el Waal- Arnhem y Utrecht, ciudades a las que cruza el Bajo Rin. Advirtamos que estamos en la zona menos interesante de la ruta, tanto por paisaje como por arquitectura, pues son ciudades que sufrieron enormemente los estragos de la guerra y escasean los edificios históricos.

 

De las tres, Utrecht es con diferencia la más interesante: canales, edificios estrechos con gabletes y monumentales iglesias. Cerca de Arnhem a los niños les encantará el “Apenheul”, un parque enteramente dedicado a los monos en libertad.

 

Dejaremos la desembocadura del Rin para el último día y de esa manera pondremos el broche de oro a este largo y fantástico recorrido por media Europa. Mientras tanto nos ocuparemos de la desembocadura del “Oude Rijn”, en Katwijk a/d Rijn. Ese día lo pasaremos en el oeste del país y entraremos en plena “Holanda típica”, esa de los canales, los polders, los molinos y las vaquitas.

 

La ciudad más interesante camino a Katjwik es la universitaria Leiden. No le falta de nada: arquitectura holandesa renacentista, puentes, canales, iglesias, la casa de la báscula y mercado los miércoles. Después nos acercaremos a la costera localidad de Katwijk a/d Rijn, cuyo único interés radica en ver el discreto fin del “Oude Rijn” en el mar. Pero nada de penas o tristezas… ¡que la zona es rica en atractivos turísticos!.

 

Los amantes de los jardines y las flores no deben perderse el famoso parque floral “Keukenhof”, en Lisse, unos km. al norte de Katwijk; y los amantes del automovilismo estarán a un paso del histórico circuito de Zandvoort y los que vayan con niños –o sin ellos- tienen una cita con Madurodam” en La Haya. La ciudad carece de interés, pero el parque “Madurodam”, expone los principales monumentos holandeses en miniatura, es una auténtica maravilla.

 

Otra ciudad muy interesante por su casco histórico es Delft. Allí podremos visitar la fábrica de porcelana azul de Delft y el panteón de la familia real en la Nieuwe Kerk, la iglesia nueva.

 

Si la duración del viaje nos lo permite no deberíamos dejar Holanda sin visitar Amsterdam y los preciosos pueblos al norte de la capital: Marken, Edam, Volendam o Alkmaar. Más información sobre nuestra última visita a Alkmaar. O pasar un día en otra maravilla, esta vez en el sur del país: el parque de atracciones “De Efteling” dedicado a los cuentos de hadas. Encantará a grandes y pequeños, seguro. Como veis, lugares de interés no faltan. Más información sobre nuestra última visita a Amsterdam, , Edam y Volendam pinchando aquí.

 

 

Y por fin llegó el día de despedir al Rin en su encuentro con el Mar del Norte. Camino de Gouda deberemos antes entrar en la pequeña y deliciosa Oudewater, población medieval famosa por su “Báscula de las Brujas”. Allí, en el pequeño museo dedicado a la brujería, podremos jugar a pesarnos en la enorme báscula que dirá si somos o no brujos. Si pesamos “lo suficiente” nos darán un certificado, en español, de no serlo. Si no es así… ¡no sabemos!. Dado que para volar en su escoba las brujas debían de pesar muy poco, aquel que cumpla el peso esperado para su constitución, por fuerza, no puede ser acusado de brujería y como tal, debe ser exonerado de tormento y ajusticiamiento. El dueño del establecimiento es señor muy amable y habla algo de español. Realmente fue una “experiencia-tontería” de lo más divertida.

 

Unos km. más adelante pararemos en Gouda, ciudad encantadora y no sólo por su famoso queso. El estilizado ayuntamiento renacentista es una preciosidad y todo el casco antiguo es muy pintoresco. Recomendamos visitarla un jueves a ser posible, es día de mercadillo y así podremos adquirir los mil y un quesos holandeses. Desde luego aconsejamos no perderse la vivencia de un mercado en el país de los molinos.

 

Entre Gouda y Rotterdam tampoco dejaremos de ver, como no podía ser menos, la mayor acumulación de molinos de viento que queda en Holanda. Al lado de Alblasserdam se encuentra el “Kinderdijk”, un conjunto de quince molinos a orillas del Lek/Rin. Al menos uno se puede visitar, experiencia que recomendamos y siendo también posible hacer un pequeño crucero en barco por el polder.

 

Siguiendo el curso de Lek/Waal, las aguas que un día fueron del Rin están ya a punto de perderse definitivamente en el mar. Rotterdam y la desembocadura están a un paso. La segunda ciudad neerlandesa tiene su mayor atractivo en la arquitectura vanguardista. Los edificios históricos de la ciudad son escasos pues por su carácter portuario fue arrasada, en 1940, por los bombardeos nazis.

 

No obstante es una interesante visita y no solo porque en Hook van Holland, a las afueras, nuestro Rin (o lo que queda de él) llegue a su fin en comandita con su colega, el Mosa. Lo es porque hay edificios realmente chocantes, uno con pinta de lapicero y el más extravagante, el “Kijk-kubus” (1978-1984), un conjunto de “cubículos-habitáculo” amarillos colocados de manera imposible. Los veremos en la calle overblaak,79. En Rotterdam encontraremos también “La casa blanca”, el primer rascacielos europeo… ¡de 11 pisos!, claro que estamos hablando de 1898; Y así, con la satisfacción de haber culminado este gran viaje daremos un cariñoso y sentido adiós al amigo Rin… ¡Hasta siempre “Vater Rhein”!.

 

Y como seguramente no nos quedaremos eternamente en Rotterdam, aquí os proponemos la mejor ruta, según nuestra experiencia, para regresar a casa. ¡Y buen viaje!.

 

 

 

 

 

 

NUESTROS VIAJES POR EL RIN

Paco, Rosa y Miguel. (Valladolid)

Año

Ruta

En compañía de…

1994

Holanda

Solitos… ¡en tienda de campaña!

1995

Austria y Liechtestein

Solitos… ¡Allí fuimos a estrenar nuestra primera caravanita, el “huevo”!

2000

Alsacia en navidad

Gonzalo, Carmina (In memoriam. No te olvidamos). Víctor e Inés. Esta vez ya con la caravana Rapido.

2001

Holanda

Con Pepe y Nany, de Castellón.

2002

Holanda y Castillos del Rin

Con Pepe y Nany, de Castellón.

2002

Alsacia y la Selva Negra en navidad

¡Mogollón de gente!. Gonzalo, Inés, Pilar, Felipe, Isabel, Lamine, Fernando, Elena y Fernando Jr.

2004

Rothenburg ob der Tauber. Baviera

Sólo nosotros.

2005

Suiza, Austria y el Lago Constanza

Manolo, Pilar, Goizalde y José Manuel.

2006

Otra vez Alsacia y la Selva Negra

en navidad

¡Otra de la tira de gente!. Gonzalo, Inés, Isabel y las nuevas incorporaciones: Pepe y Nany Gloria, Manolo, Pilar e Irene.

2007

Más Alsacia y la Selva Negra

en navidad

¡Otra de la tira de gente!. Gonzalo, Inés, Isabel, Gloria y las nuevas incorporaciones: Andrea y Marta.

 

 

 

 

 

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