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Navidades "blancas"

en la Selva Negra

Un viaje mágico al país del reloj de cuco
 

 

Este es nuestro sexto viaje a tierras alsacianas y alemanas en navidad -y también a Suiza- y se suma a los de 2000, 2002, 2006, 2007, y 2009. ¡Y repetiremos en 2011! Sin embargo éste se ha centrado mucho más en la Selva Negra que en Alsacia, pero de todo hay, de todo hay. Esperamos que os guste.
 

Los preciosos relojes de cuco en Triberg

             Como todos esos viajes se encuentran disponibles en esta web y dado que la información disponible de la zona es muy, muy amplia os animamos a revisar también el resto de los relatos para "diseñar" un auténtico viaje de ensueño y "a medida". Con el tiempo hemos tenido ocasión de recorrer a fondo Alsacia y la vecina y encantadora Selva Negra, como bien comprobaréis.  Todo resulta francamente "apetitoso". Y el que prueba, repite. Seguro.
 

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE

Diciembre 2010 

Duración del viaje:

10 días

Kilometraje total:

4.482

Relato publicado en “El Camping y su Mundo” (nº 262 - diciembre 2011)

 Hacemos también constar que la información práctica que se facilita en el relato se hace a título personal, con la intención de que pueda resultar lo más útil y ajustada posible. No obstante recomendamos que, en evitación de sorpresas y contratiempos, antes de emprender el viaje, confirméis los horarios, precios, y demás datos susceptibles de variación o modificación. ¡Y buen viaje! 

 

FECHA

ETAPA

KMS.

Viernes, 3 dic. 2010

Valladolid-Área de l’Allier A-71 (Francia)

981

Sábado, 4 diciembre

Área de l’Allier – Camping Kirchzarten - Friburgo

529+23

Domingo, 5 diciembre

Aeropuerto Basel - Turckheim - Eguisheim - Munster

272

Lunes, 6 diciembre

Breisach am Rhein - Riquewihr

46+162

Martes, 7 diciembre

Donaueschingen - Lörrach - Friburgo

325

Miércoles, 8 diciembre

Konstanz - Lago Constanza - Meersburg

255

Jueves, 9 diciembre

Triberg - El País del Reloj del Cuco - Gengenbach

260

Viernes, 10 diciembre

Viaje : Kirchzarten - Aeropuerto - La Souterraine

710

Sábado, 11 diciembre

Viaje : La Souterraine - Urrugne   -   Bayonne

496+62

Domingo, 12 diciembre

Urrugne - Valladolid

361

 

Total Kms.

4.482

 

La Selva Negra en diciembre

 

Bosques de frondosos abetos, casitas de cuento y relojes de cuco hacen de la Selva Negra una de las regiones más famosas de Alemania. Preciosa en cualquier época del año, durante el Adviento, en diciembre, el encanto es aún más especial si cabe. El Rin la separa de Alsacia, la región más nororiental de Francia, famosísima por lo mucho y bien que celebran allí las navidades. Este es, pues, un viaje “al corazón” de la Navidad. 

Granjas típicas de la Selva Negra

 En Alsacia se vive “Le Noël” como en ninguna otra parte de Europa y, muy posiblemente, del mundo. Ventanas adornadas de mil maneras, luces, mercadillos, animaciones y aroma a canela impregnan el ambiente con un color y una alegría desbordante. Desde Estrasburgo al pueblo más diminuto, la navidad se respira por todos los poros. En Alemania también, aunque los pueblos no se adornen tanto, pero sus mercados navideños resultan realmente espectaculares. Además la proximidad entre ambos países permite alternarlos con tanta facilidad que será un problema elegir qué ver. De hecho es lo que llevamos haciendo desde el primer viaje.  

Casas de entramado en Turckheim (Alsacia)

 Este ha sido nuestro sexto viaje a la zona en diez años. Es evidente que nos gusta mucho. En los anteriores nos centramos más en Alsacia que en Alemania, así que ya le tocaba el protagonismo a la Selva Negra, con sus montañas, sus pueblos de postal y sus relojes de cuco. Para una mayor información podéis “ver y leer” los relatos de esos viajes pinchando aquí.

 

El viaje a Alsacia-Selva Negra durante la semana del “Puente de la Constitución” es ya un clásico entre el grupo de amigos caravanistas. Nadie se lo quiere perder. En 2010 salimos de Valladolid tres caravanas rumbo a tierras teutonas. Una vez allí cinco amigos más se sumarían al grupo si los aviones no disponían lo contrario, claro. Y a punto estuvo…

 

Y Europa se cubrió de blanco...

 Una ola de frío polar cubrió Europa de nieve a finales de noviembre de 2010. Jamás habíamos visto nada igual en esas fechas, así que nadie se asuste, que eso no es lo normal. Las temperaturas medias en la zona suelen rondar los 0º - 10º grados, nada del otro mundo en la primera quincena de diciembre. Vamos, que el temor al mal tiempo no ha de ser un freno para que nadie no pueda disfrutar de un viaje realmente mágico. ¡No conocemos a nadie que haya ido a Alsacia-Selva Negra en navidad y no piense en volver! 

 

Descansando en un área de la A-5 alemana

 

Aunque afortunadamente el temporal había prácticamente pasado, la víspera de la partida nevó copiosamente en Valladolid, -lo que también fue raro y sumamente inoportuno- y nos hizo temer lo peor, pero no nos arredramos y salimos hacia nuestro ansiado destino confiando en que realmente no tendríamos problemas. Y aunque así fue y no tuvimos ningún problema para circular con la caravana, el paisaje blanco nos acompañó todo el trayecto. Los primeros kilómetros fueron durillos por la nieve que empañaba el parabrisas lanzado por los coches de delante. Y dadas las bajas temperaturas del momento, enseguida se helaba. Por eso es buena idea llevar en el coche un limpiacristales que no se congele fácilmente, los hay que llegan a -13ºC y más. La visibilidad es fundamental. Y como nunca se sabe cuándo esas cosas harán falta de veras, lo más prudente es rellenar el depósito con un buen líquido en cuanto empiecen los primeros fríos.

 

La mejor ruta para llegar a Alsacia y la Selva Negra…

 Ha quedado bien claro que pudieron más las ganas que la nevada caída y así el viernes 3 de diciembre salimos de Valladolid con nuestro amigo Gonzalo y su hija Inés. En el camping de Kirchzarten, cerca de Friburgo, nos encontraríamos primero con Manolo y Pilar, que habían salido dos días antes para visitar el maravilloso castillo de Neuschwanstein -el castillo de “cuento de hadas” de los puzzles- situado en Füssen, en los Álpes bávaros. Y para el domingo quedaba recoger del aeropuerto de Mulhouse-Basilea a mis primos Paco y Gema, procedentes de Barcelona y a Gloria, Maribel y Ana que llegaban desde Valladolid, vía Madrid.

 

Para alcanzar la frontera de Irún optamos por la autopista de peaje AP-1 entre Vitoria y Eibar. En otras circunstancias hubiéramos ido por la N-I, por el puerto de Etxegárate, que permite ahorrar ese peaje, pues las curvas en sentido descendente no importan tanto, no obstante, de vuelta solemos ir por la de peaje, pues gracias a los numerosísimos túneles apenas hay cuestas ni curvas, lo que circulando con la caravana siempre se agradece y los 10,40 € se pagan con gusto. Sin embargo esta vez el estado de las carreteras aconsejaba la ruta más fácil. El dinero no importa en tales circunstancias.

 

La mejor ruta para llegar a Alsacia y Alemania gastando lo justo es: Burdeos, Angoulême, Limoges, Guéret, Montluçon, Paray le Monial, Chalon sur Saône y Besançon, hasta llegar a Mulhouse, ya en tierras alsacianas. Esta ruta alterna autopistas de peaje, autovías gratuitas y algunos tramos de carretera bastante buenos. En Francia los vehículos de más de 2 m. de alto pagan un 50% más de peaje.  Leer más…

 

En el apartado “Moverse por Europa” de la web encontraréis todos los detalles de ésta y otras rutas para cruzar Francia. Leer más…  

Cruzando la Borgoña francesa...

 Nuestra intención era pernoctar en el camping “Suïsse Océan”, en las afueras del pueblo de La Souterraine, a unos 850 km. de Valladolid, lugar ya conocido de anteriores viajes. Sin embargo el hielo existente en los caminos y carreteras secundarias nos desaconsejaron intentar siquiera llegar al camping y optamos por seguir viaje hasta el área de L’Allier, en la autopista A-71, pasado Montluçon, donde pasamos la noche sin problemas junto a los camiones. En total nos hicimos casi 1.000 km de una sentada, pero lo cierto es que la cifra asusta más contarla que hacerla. Catorce horas con paradas invertimos en el desplazamiento del día.

 

El sábado amaneció muy frío (-13ºC), pero soleado y el sol ya no quiso abandonarnos hasta llegar a Kirchzarten después de comer, tras recorrer 529 kilómetros.

 

El camping de Kirchzarten

 Elegimos el “Camping Kirchzarten” como “centro de operaciones”. Su emplazamiento en el pueblo homónimo y a sólo diez kilómetros de Freiburg im Breisgau (Friburgo), la capital de la Selva Negra, lo hacía la elección perfecta para nosotros. Elegir bien los camping es crucial para el buen desarrollo del viaje -aún más en invierno- y el “Kirchzarten” reunía todo lo que pedíamos: buenas instalaciones, buena ubicación (tanto para desplazarnos por la zona, como de facilidad de acceso, lo que resultó vital por la nieve caída, pues la accesibilidad nunca estuvo en peligro y también porque disponen de un apartamento y una habitación doble en alquiler, con precios muy interesantes, en las cuales se alojaron, encantados, nuestros amigos “voladores”. El apartamento, fantástico, nos sirvió además como “Club Social” para las veladas nocturnas. Mejor imposible.  

   

El apartamento

 

En el "Club Social"

 Es evidente que no es lo mismo viajar solos un grupo de campistas que hacerlo con personas que precisan de un alojamiento “convencional” que hay que buscar (y encontrar) lo más cerca del camping, claro. Eso condiciona y condiciona mucho. Además, después de la experiencia de las nevadas, no está de más buscar un camping que tenga fácil acceso al transporte público -no sólo para moverse fácilmente durante la estancia, sino para facilitar “la evacuación” de los “no-campistas” hacia el aeropuerto o estación de tren en el supuesto de que el resto tuviera que evacuar la zona con las caravanas o autocaravanas en caso de peligro de “bloqueo por nieve”. Vale, eso no es frecuente, pero es un riesgo cierto (e imprevisto). En fin, que de todo se aprende.

 

Barajamos también la posibilidad de que se alojaran en alguna casa rural cercana, pero la comodidad de tener el alojamiento en el mismo camping es insuperable y rápidamente se descartó esa otra opción. Y fue toda una suerte, pues con la que había caído los caminos estaban helados y llegar a esas casas hubiera sido todo un problema, pues la mayoría se encuentran en zonas aisladas y montañosas.  

La entrada del camping Kirchzarten

 Por supuesto aconsejamos reservar con la mayor antelación posible, pues sólo hay disponibles un apartamento para 4 personas y una habitación doble. Basta con ingresar una señal por transferencia bancaria para formalizar la reserva. El abono total hay que hacerlo, como mucho, diez días antes de la llegada. Más información en www.camping-kirchzarten.de

 

Desde luego el “Kirchzarten” será una elección excelente en cualquier viaje a la Selva Negra, pero en fechas invernales, cuando muy pocos camping están abiertos, es sin duda “la elección”. Si por el contrario os planteáis acampar en Alsacia, el mejor es el “Vallon de l’Ehn” de Obernai, a 30 km de Estrasburgo. Instalaciones modélicas, bien situado y barato. ¡Qué más se puede pedir!. Otra alternativa interesante es el “Camping de l’ill”, en Horbourg-wihr, junto a Colmar.

 

La tarjeta KONUS, para los visitantes de la Selva Negra

 La tarjeta “KONUS” se ha creado para hacer la vida más fácil a los turistas que se alojen en la Selva Negra. Cualquiera que se hospede allí tiene acceso gratuito a la “KONUS” que permite a los visitantes viajar gratuitamente por toda la Selva Negra durante su estancia en tren y bus (para el tranvía, preguntad). También incluye la ciudad de Basilea (Basel) en Suiza. Os la facilitarán en recepción. De hecho os la ofrecerán.

 

Para el acceso al transporte público hay una parada de autobús junto al camping y la estación de tren está a unos quince minutos andando. Más info en la web del camping. Pinchad aquí para ver el folleto explicativo de la “KONUS”. Viene en alemán, pero con el traductor de “Google” se acabaron los problemas. En recepción hablan inglés. Ciertamente la “KONUS” es una alternativa excelente al coche para ciertos destinos, como pasar el día en Friburgo sin pagar parking, por ejemplo. No obstante en nuestro caso, al ser once personas, preferimos ir en dos coches porque tampoco íbamos a estar un día entero en el mismo lugar, pero a punto, a puntito estuvimos de utilizarla a causa de la nieve, como ya veréis. En suma, una ventaja muy interesante a tener en cuenta.

 

Y llegamos a la “blanca” Selva Negra…

 El sábado por la tarde llegamos a Kirchzarten; acampamos con una buena capa de nieve en el suelo y ya con Pili y Manolo nos acercamos a Friburgo, al enorme mercado navideño de la plaza del ayuntamiento y alrededores, para empezar a hacer los honores a los “bratwurst” (las salchichas asadas) y al “Glühwein”, el vino caliente con canela, naranja y otras especies. Buenísimo. Los franceses lo llaman “Vin Chaud”. Cierra a las 20,30 h.  

Y acampamos "en blanco"...

 En Friburgo y en muchas ciudades y pueblos alemanes, sirven el “Glühwein” en jarritas decoradas para la ocasión. Os cobrarán una fianza por la jarrita y salvo que queráis conservarla como recuerdo, os la devolverán después. No hay que perderse la catedral gótica, con su gran campanario y la “Kaufhaus”, la casa de contrataciones medieval, de color rojo. Por las mañanas, hasta las 13 h. se monta un gran mercado de frutas y alimentación en la plaza de la catedral.  

   

El mercado navideño de Friburgo

 

Al rico "bratwurst"...

 

El ayuntamiento de Friburgo

  

Alsacia y la huelga de controladores aéreos

 Lo que no había podido la nieve, casi lo logra la huelga de controladores que paralizó el tráfico aéreo español durante el puente de la Constitución. El sábado por la noche nos avisaron que se había cancelado el vuelo de Madrid y hasta el martes no pudieron llegar las chicas. Toda una faena. Por suerte el avión de Gema y Paco fue el primero en librarse del desaguisado tras la militarización de los controladores y ellos sí llegaron a la hora prevista.  

   

El EuroAirport de Basel-Mulhouse

 

 Y por fin aparecieron Gema y Paco...

  

Türckheim y Eguisheim.

Tras recogerlos en el aeropuerto de Basel-Mulhouse nos dirigimos a Turckheim, uno de esos pueblecitos alsacianos “de segundo rango” que aún no habíamos visitado. Tiene rincones bonitos ciertamente, pero desde luego los hay mucho mejores. 

   

Turckheim: decoraciones navideñas en la calle

 

Rincones pintorescos por doquier...

 Después nos fuimos a comer “Tarte Flambée” a Eguisheim, que ese sí es un pueblo precioso, con sus calles elípticas y concéntricas bien decoradas; su plaza de la iglesia iglesia; su famoso palomar -foto obligada junto al mismo- y su pequeño mercadillo navideño. “La Tarte Flambée” es una pequeña delicia alsaciana similar a la “pizza carbonara”, (crema fresca y bacon), pero con una masa mucho más fina. Bueno, esa es la “tradicional”, porque luego tienen otras muchas variedades.  

Eguisheim: el mercadillo navideño

  

   

A la rica Tarte Flambée

 

Fachadas decoradas en Eguisheim

  

   

Animación callejera en Eguisheim

 

Dulces típicos alsacianos

  

El grupo en el famosísimo palomar de Eguisheim

 

Tras dedicar el domingo a Alsacia -en muchos pueblos pequeños alsacianos sólo funcionan los mercadillos en fin de semana- terminamos el día en Munster, otro de los pueblos que tampoco conocíamos, famoso por su queso, cremoso y de rotundo aroma y en Colmar. Teóricamente a las cinco de la tarde se ofrecía una sopa caliente de queso, pero una pésima información de su web erró la hora. Cuando llegamos ya la habían servido. Las ventanas del ayuntamiento están decoradas como si un enorme “calendario de adviento” se tratase y como curiosidad nos tropezamos con los típicos personajes “navideños” alsacianos: San Nicolás, Christkindel (una muchacha que viste como una especie de ángel) y un asno.  

   

Munster

 

San Nicolás y el burro

 Una buena idea para pasar un buen sábado o domingo en Alsacia es el mercado navideño medieval de Ribeauvillé, cerca de Colmar. Tiene un ambiente excepcional y el pueblo es precioso. En la web www.marche-de-noel-alsace.com encontraréis las fechas y horarios de los “marché de Noel” alsacianos. Más información en el relato de nuestro viaje de 2007 

Rincón pintoresco en la Petite Venice. Colmar

  

Colmar. La antigua aduana

 

“Fiasco con cadenas” en el país del reloj de cuco

 Como el tiempo parecía acompañar, el lunes nos propusimos llegar a Triberg, en pleno corazón de la Selva Negra, para ver, entre otras cosas, el reloj de cuco más grande del mundo en el “Eble Uhrenpark”, a las afueras del pueblo. El segundo reloj de cuco “más grande” se encuentra en Schonach, a tres kilómetros de Triberg. La cascada más alta de Alemania -que se ilumina al anochecer, lo que ocurre sobre las cinco de la tarde- también está allí. Más información en el relato de nuestro viaje a Alsacia y Selva Negra de 2002.

 

Lo que ignorábamos al salir del camping es que el destino iba a depararnos una inesperada sorpresa (y no precisamente agradable). Desde Kirchzarten la carretera a Triberg es más escarpada que la procedente del norte, que discurre por el valle. Todo parecía ir bien hasta que, a pocos kilómetros del camping, la nieve empezó a aparecer en la carretera y a dificultar el avance cada vez más. La cosa iba poniéndose más y más fea y enseguida comprendimos que sería imposible llegar a Triberg. Se imponía regresar, pero eso era más un deseo que una realidad, pues ante la imposibilidad de parar para evitar quedar atrapados, finalmente perdimos de vista a Manolo y seguimos adelante con el corazón en un puño hasta que encontramos un lugar donde parar sin estorbar y montar los “auto-sock” para retornar al camping. Había llegado por fin el momento de “estrenar los calcetines anti-nieve” y funcionaron perfectamente. A cambio de un buen rodeo finalmente pudimos llegar a la “segura” carretera principal. Tras el susto, en el camping nos reunimos con Manolo y los demás que también habían salido airosos del trance (ellos también tuvieron que echar mano de los “calcetines”, pero pudieron dar la vuelta y desandar el camino). ¡Prueba superada! 

 

   

Cada cual hizo lo que pudo...

 

¡A montar los "calcetines"!

 

 

El “Plan B”

 Abortado muy a nuestro pesar “el plan del día”, no nos quedó otra que dejar la zona montañosa de la Selva Negra para mejor ocasión y poner en marcha un “plan B”, reubicando los planes originales. Tal y como estaba la montaña, estaba claro que había que centrarse en “el llano”. Así que nos fuimos a Breisach am Rhein, pueblo fronterizo sobre el Rin. La catedral domina el río, junto al ayuntamiento, y nos fotografiamos con el toro que emerge del suelo en honor a la Europa Unida. Como el mercadillo es pequeño e insulso y hacía bastante frío por la humedad del río, comimos estupendamente en una pequeña y coqueta cervecería local. 

 

   

El Rin desde Breisach am Rhein. Desde luego no es la vista más bonita...

 

Junto al monumento a la Europa Unida

 

 

 

   

El mercadillo de Breisach no era gran cosa...

 

¡Fantástica la cerveza Alpirsbacher!

 

Aunque tampoco estaba previsto, pasamos la tarde en Riquewihr para que Paco y Gema lo conocieran. Riquewihr, pueblo de postal, es visita obligada en todo viaje a Alsacia. Todo el pueblo es una maravilla, lleno de rincones a cual más pintoresco. Leer más sobre Riquewihr en los relatos de años anteriores.

 

 

   

El Dolder de Riquewihr

 

Así de bonitas son las tiendas del pueblo...

 

Acabamos la jornada en Friburgo, lugar perfecto para terminar el día cenando en el mercado navideño o en un restaurante dada su cercanía al camping. Comimos salchichas y más cosas en el mercado (las “Kartoffelpuffer”, por ejemplo, están muy buenas. Son tortitas de patata, fritas, acompañadas de un puré de manzana). Después nos acercamos a la cervecería “Martin’s Bräu”, una institución en la ciudad para tomarnos una buena cerveza sin pasar frío. Situada junto a la “Martin’s Tor”, la puerta medieval, la cerveza es casera y a buen precio. Reservamos también mesa para la cena de despedida del jueves. Si queréis probar el codillo asado (y vale la pena) hay que pedirlo al reservar, pues dos años antes nos quedamos con las ganas, pues sólo lo sirven por encargo. Podéis ver el menú, en castellano, en su web www.mbfr.de/index.php?page=speisekarte_es 

 

Haciendo los honores a la "Martin's Bier". Ya que estamos en Alemania hay que aprovechar...

 

 

El nacimiento del Danubio

 El plan del martes tampoco se libró de alteraciones por culpa de la dichosa huelga de controladores. La necesidad de recoger a las chicas del aeropuerto nos obligó a trastocar seriamente el itinerario inicialmente previsto, pues íbamos a estar muy, muy lejos del aeropuerto. Lamentablemente Rottweil y Villingen-Schweningen tuvieron que quedarse en el tintero y sólo Donaueschingen, la localidad natal del Danubio, “se salvó de la quema”, puesto que pudimos verla antes de tener que ir al aeropuerto.

 

El Danubio “nace” oficialmente en una monumental fuente barroca en los jardines del palacio, la “Donauquelle”. Sorprende un poco el entorno para el “nacimiento” de un río, pero hay que reconocer que tiene su encanto. Por supuesto no faltó la foto de grupo. Al igual que con el Rin, el Danubio nace de dos riachuelos que proceden de la montaña. El principal es el río Breg, que nace cerca de Furtwangen, ciudad famosa por sus fábricas de relojes. En cualquier caso la “Donauquelle”, en Donaueschingen, es el punto de partida “oficial” del Danubio y allí fuimos. 

 

   

Guerra de bolas de nieve en Donaueschingen

 

La "Donauquelle", la fuente del Danubio

 

 

 

Todos en el "nacimiento oficial" del Danubio

 

Desandamos lo andado -estábamos en puntos opuestos- y mientras nos dirigíamos al aeropuerto a “por las aviadoras”, el resto se fue a Lörrach, ciudad alemana sin interés, pero que nos vino muy bien para comer en su mercadillo dadas las circunstancias. En general las comidas y las cenas solemos hacerlas en los mercadillos, pues se come bien y barato y la variedad es grande. Gastronómicamente los alemanes le ganan la partida a los franceses, con una oferta “más contundente”. Como alternativa a los mercadillos, las cervecerías alemanas son una pasada para comer o cenar y con unos precios realmente buenos. 

 

Reponiendo fuerzas en Lörrach

 

Lörrach tiene frontera con Suiza, por lo que uno si uno anda por allí puede plantearse perfectamente una escapada al país helvético, siendo Basilea la elección más lógica por tamaño y proximidad. Eso sí, hay que cambiar euros por francos suizos. En 2007 dedicamos varios días a conocer la navidad suiza, leer más pinchando aquí.

 

En Alemania los mercados navideños suelen cerrar a las 20,30 ó las 21 h; En Alsacia los horarios son más tempraneros, pues lo normal es cerrar a las 19 h, salvo en Estrasburgo y Mulhouse que lo hacen a las 20 h, (los findes, algo más tarde, por lo que es mejor consultar los horarios de cada lugar). En www.weihnachtsmarkt-deutschland.de encontraréis información y horarios de los mercadillos navideños de casi toda Alemania. 

 

   

Friburgo. La plaza de la catedral

 

Casitas de cerámica en el mercadillo

 

Acabamos el día cenando en el mercado de Friburgo, pero antes, en Saint Louis, hicimos la visita de rigor al supermercado para hacer acopio de las delicatessen alsacianas: bière de Noel (cerveza de navidad, buenísima y más dulzona); los famosos vinos alsacianos; los “bredeles”, pastitas típicas navideñas y muchas cosas más.

 

Konstanz, Meersburg y el lago Constanza

 El miércoles fuimos al lago Constanza -el Bodensee, en alemán- a 120 km. al este del camping. Konstanz es una ciudad preciosa, llena de rincones pintorescos y fachadas decoradas. El mercado navideño es grande, junto al puerto y hay que contar con la mañana entera y quizás algo más para hacer bien la visita a la ciudad y al mercado. En el puerto incluso hay un mercadillo en el interior de un barco. 

 

Konstanz. Curiosa fuente. Y hay más...

 

 

 

   

Konstanz

 

Fachadas pintadas en Konstanz

 

 

 

   

El mercadillo navideño de Konstanz

 

Con las jarritas de Glühwein

 

 

 

   

El "barco-mercadillo"

 

Junto al lago Bodensee/Constanza

 

A las 15,20 h tomamos el ferry que cruza el Constanza de norte a sur, uniendo Konstanz con Meersburg, encantadora localidad medieval ribereña. Subir el coche al transbordador nos costó 10 €, incluido conductor. Los pasajeros adultos pagan 2,5 € y los niños, la mitad. Los perros también pagan. La travesía dura unos 20 minutos. Tuvimos mucha suerte porque la niebla matinal desapareció y la puesta de sol en pleno lago fue todo un espectáculo. 

 

   

Haciendo cola para embarcar en el ferry

 

En el ferry, claro

 

 

 

   

Meersburg desde el lago Constanza

 

¡Vaya puesta de sol en el Constanza!

 

Meersburg es un pueblo de postal, dominado por sus castillos renacentistas. Allí encontramos una tienda de regalos y juguetes antiguos que es una maravilla. Visitad la exposición de trenes y otros en la planta superior. Hicimos compra en el supermercado del pueblo para disfrutar de una fantástica “cena de hermandad” en el “apartamento-club social” del camping. En algún momento incluso nos planteamos la posibilidad de llegar a la austríaca ciudad de Bregenz, pero la falta de tiempo nos hizo desistir. 

 

   

Meersburg. Rincón pintoresco

 

Meersburg

 

 

 

Meersburg. Trenes y miniaturas.

 

 

Triberg y el País del Reloj de Cuco

 El último día en la Selva Negra estaba reservado al “asunto pendiente” del viaje, o sea, Triberg y el País del Reloj de Cuco. Estábamos dispuestos a ir al corazón de la Selva Negra sí o sí, como fuera; en coche o en tren, aprovechando la tarjeta “Konus” si con los coches no era posible. Tras la nevada de la noche que volvió a ponernos el corazón en un puño, el jueves amaneció cubierto, pero sereno y finalmente nos decidimos por los coches, eso sí, por “la vía norte”, es decir vía Lahr y el Kinzigtal, pues por allí la carretera es ancha y discurre a pie de valle, evitando así el riesgo de repetir “la jugada” del lunes. Y por el norte no tuvimos ningún problema, salvo un ligera lluvia que se volvió nieve al llegar a Triberg. La verdad es que la Selva Negra nevada es un espectáculo increíble, con sus típicas granjas de grandes e inclinados tejados y el trayecto fue muy precioso. Una gozada. 

 

     

Así amaneció el jueves...

 


 

 

 

   

Granjas típicas de la Selva Negra

 

Rumbo a Triberg

 

 

El Reloj de Cuco “más grande del mundo”

 Y así, por fin, llegamos al reloj de cuco más grande del mundo. Éste se encuentra a pie de carretera 33, antes del túnel que encontramos un poco antes de llegar a Triberg. A las horas en punto “canta el cuco”. El actual “cuco más grande del mundo” es la parte central del edificio en el que la marca “Eble” tiene su enorme tienda de relojes de cuco. 

 

El Reloj de Cuco más grande del mundo. Triberg.

 

 

 

El cuco "cantando" al mediodía

 

El reloj de cuco se puede visitar pagando 2 € por persona en la máquina automática. El resto de la tienda, enorme, es de libre visita y además de los inevitables relojes de cuco, vende los típicos “souvenirs” de la Selva Negra.

 

 

   

Las chicas junto a la maquinaria del cuco

 

Este amigo te cuenta la historia del cuco...

 

 

 

   

Cucos y más cucos

 

Ana y los cucos

 

Unos kilómetros antes de llegar a “Eble” encontraremos a pie de carretera otra tienda especializada en “cucos”, la tienda de “los 1.000 relojes”. Es más de lo mismo, pero sin el “súper-cuco”. No obstante, para no ser menos, en Triberg hay otra tienda de la marca que expone en la fachada una graciosa familia de osos autómatas que, a ciertas horas del día, se mueve llamando la atención de los visitantes. El punto humorístico lo pone el nombre de la “familia-oso”, que hace un juego de palabras a lo teutón: los osos se apellidan “Tri-bär”, que se podría traducir como “Tri-osos”, pero que fonéticamente suena como el nombre del pueblo… bueno, a ellos les parece gracioso… 

 

Triberg. La familia "Tri-Bär"

 

Triberg, la cascada “más alta de Alemania” y la “huida de Egipto”…

 Bajo una ligera nevada dimos una vuelta por Triberg -la localidad no tiene demasiado interés- pero no nos privamos de entrar en la tienda de los 1.000 relojes, la de “la familia osa”. No os perdáis el piso superior, pues la exposición de osos de peluche es realmente fantástica. 

 

   

Triberg. La calle principal

 

Inés y Ana y los ositos

 

 

 

Más ositos...

 

Nos hubiera gustado mucho acercarnos a Schonach, aldea muy próxima a Triberg, que hasta la inauguración del cuco de “Eble” ostentaba el honor de tener en el pueblo al hasta entonces reloj de cuco más grande del mundo, que es un pequeño chalecito, privado, pero que puede visitarse. 

 

El cuco "destronado" de Schonach (foto de 2002)

 

En el viaje a Alsacia de 2002 lo visitamos por fuera, pues lo encontramos cerrado. Esta vez queríamos quitarnos la espinita, pero lo cierto es que no pudimos. La nieve caída hacía muy complicado el acceso a Schonach, pues los tres kilómetros de distancia que la separa de Triberg ascienden por carretera de montaña y la cosa estaba bastante fea. En fin, otra vez será. 

 

   

Así de bonito e impracticable estaba el acceso a la cascada

 

La entrada a la cascada, junto al pueblo

 

 

 

Así nos hubiera gustado ver la cascada...

 

Puestos a quedarnos con un palmo de narices tampoco pudimos visitar la “Deutsches Höchwasserfalle”, la cascada más alta de Alemania, cuya entrada se encuentra muy cerca de la tienda de los 1.000 relojes, en el casco urbano de Triberg. Lo bonito hubiera sido verla al anochecer -oscurece a las 16,30 horas- cuando se ilumina, pero tampoco pudimos verla ni de día, pues la nieve empezó a caer copiosamente y amenazaba con dejarnos allí tirados. Era hora de comer y, en condiciones más “amables” hubiéramos comido en Triberg y visitado la cascada iluminada -que debe ser preciosa-, pero cual “huida de Egipto” no nos quedó más remedio que salir por piernas del pueblo rumbo al mercadillo navideño de Gengenbach, que por encontrarse en el valle esperábamos que no nevara. Y así fue. 

 

Y salimos "por piernas" de Triberg, por si acaso...

 

 

Gengenbach, ciudad medieval

 Gengenbach, con un pintoresco ayuntamiento -Rathaus- barroco y una bonita plaza llena de casetas del mercadillo navideño nos vino fenomenal para comer, entre otras cosas, las típicas salchichas con “sauerkraut” (el “choucroute” francés, es decir, col fermentada). 

 

   

La preciosa Gengenbach

 

El "Rathaus", el ayuntamiento barroco

 

El pueblo es muy bonito, típicamente germano. No falta la puerta medieval ni las casas de entramado de madera que dan ese toque tan mágico a los pueblecitos alemanes. Después de reponer fuerzas y de entrar en calor gracias al “Glühwein”, pusimos rumbo a Friburgo con idea de dar una vuelta por el barrio de los canales de la ciudad antes de ir a hacer los honores al codillo asado en la cervecería “Martin’s Bräu”. 

 

   

Manolo y sus colegas

 

La bruja de Gengenbach

 

 

“Cena de despedida” en la “Martin’s Bräu”

 Al día siguiente diríamos adiós a la Selva Negra. Los “aviadores” retornarían volando a casa, mientras los caravanistas iniciaríamos el regreso con parada prevista en Bayona. Pero había que despedirse a lo grande y nada mejor para ello que una “cena alemana” en la “Martin’s Bräu” de Friburgo. Los platos son generosos y los precios contenidos, ¿Se puede pedir más?. Fue una cena verdaderamente a la altura de lo esperado. 

 

 

   

Los canales de Friburgo

 

Friburgo. La calle mayor

 

 

 

"Codillo de despedida" en la "Martin's Bräu". Friburgo

 

 Es buena idea pedir jarras de cerveza de litro y medio para compartir, es lo que mejor sale de precio. El codillo asado está de miedo y las otras especialidades también, así que el éxito está asegurado. Como ya hemos comentado antes, no olvidéis reservar mesa con antelación, salvo que vayáis a comer o a cenar a horas muy intempestivas para sus costumbres, claro. Y lo mismo vale si queréis degustar el codillo (“Schweinehaxe”).

 

 

   

Las jarras de litro y medio...

 

... y la salchicha de ¡1 metro!

 

El retorno

 Si hasta entonces el tiempo había sido, en general, bastante clemente con nosotros, la nieve también quiso “despedirse” de nosotros y enganchamos las caravanas bajo una buena nevada que, afortunadamente, cesó al llegar a la autopista. Dejamos a “los aviadores” en el aeropuerto, no obstante Paco y Gema, que volaban por la tarde, aprovecharon la tarjeta “Konus” para pasar el día en Basilea. ¡Los únicos que la disfrutaron! Desde el aeropuerto hay autobuses que llevan a la ciudad suiza, a sólo tres kilómetros de distancia. En el viaje de 2007 podéis leer más sobre el mercadillo navideño de Basilea y las dificultades para entrar en Suiza con el coche sin pagar el peaje anual. 

 

   

Diciendo adiós a Kirchzarten bajo la nieve

 

De regreso a casa...

 

 

El camping “Suïsse Océan”

 El viaje de vuelta no ofreció dificultades y pernoctamos en el camping “Suïsse Océan” en La Souterraine. Este camping es uno de los escasísimos camping abiertos todo el año en la zona de Guéret, antes de llegar a Limoges. Se encuentra a las afueras del pueblo de La Souterraine, junto a la autovía A-145, con un acceso bastante cómodo y con la ventaja de poder llegar hasta las 22 horas.

 

Sin embargo al llegar al camping nos encontramos con una desagradable sorpresa con la que no contábamos. Entramos sin problemas antes de las ocho de la tarde, pero nos encontramos la recepción cerrada -el bar- y lo que es peor aún, ¡los servicios cerrados a cal y canto! Y es que la gracia de pernoctar en ese camping en vez de en el área de autopista estaba precisamente en disponer de los servicios del camping. 

 

En el camping Suïsse-Océan, bien escarchados

 

Al cabo de un rato apareció una muchacha y aclaramos la cuestión. Resulta que el camping había cambiado de dueños y con ellos las costumbres. Sin lograr que nos abrieran los servicios, la empleada se empeñó en un principio en cobrarnos la totalidad de la tarifa, pero después de un pequeño intercambio de impresiones la convencimos de que si no nos ofrecían los servicios mínimos -salvo la luz y la estancia- tampoco procedía pagar como si así fuera. Finalmente nos hizo un descuento, pero ya sabemos adonde no hay que volver…

 

“El Village de Noël” de Bayonne

 Salimos a las nueve de la mañana rumbo a Urrugne. No abundan las gasolineras baratas en ese trayecto con buenos accesos para caravanas, salvo en el supermercado “Super U” de Chabanais, entre Limoges y Angoulême. Así, después de comer, llegamos a la frontera española. Acampamos en el camping Larrouleta de Urrugne y por la tarde nos dispusimos a “poner el broche” al viaje en el “Village de Noël” de Bayonne. 

 

Casco antiguo de Bayonne

 

 Bayonne es una ciudad interesante, con algunas casas de entramado de madera y rincones pintorescos en su casco antiguo. Como algunas ciudades francesas no alsacianas (Bordeaux, Nantes, Paris) tiene también su “marché de Noel” y el suyo no está mal, como tampoco lo está el de Burdeos, pero “para unos veteranos de Alsacia y Alemania”, esos “marchés” resultan bastante descafeinados. Les falta “magia”. ¡Es lo que tiene estar mal acostumbrado! Curiosamente los precios son notablemente más altos que en Alsacia y en Alemania. En Burdeos ocurre igual, ¡Ver para creer! 

 

   

Bayonne. El "Marché de Noël"

 


 

En cualquier caso la visita nos permitió “alargar la fiesta” un poco más y así pusimos, ahora sí, punto y final a un viaje precioso a la preciosa Selva Negra… más “blanca” de lo imaginado. Para más información, estamos a vuestra disposición en contacto@francisco-colet-viajesycaravaning.com

 

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