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Alsacia… ¡Navidades al por mayor! 

Nuestro tercer viaje “navideño” a tierras alsacianas.

 

( 6 viajes en 10 años... ¡No está mal!)

 

¡DATOS ACTUALIZADOS!
 

Este fue el tercer viaje a tierras alsacianas y alemanas en navidad, pero no el último. Hemos regresado a Alsacia en 2002, 2006, 2007, 2009 y 2010 y repetiremos en 2011, así que no se nos acaban las ganas de volver.

Todos estos viajes se encuentran disponibles en esta web y dado que la información disponible de la zona es muy, muy amplia os animamos a revisar también el resto de los relatos. Con el tiempo hemos tenido ocasión de recorrer a fondo Alsacia, pero también la vecina y encantadora Selva Negra, así como otras zonas de Alemania. No importa, todo resulta francamente "apetitoso". Y el que prueba, repite. Seguro.

 

Alsacia en navidad es una experiencia mágica.


 

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE

Diciembre 2006 (datos actualizados en 2011)

Duración del viaje:

9 días y medio.

Kilometraje total:

4.297

Relato publicado en “El Camping y su Mundo” (nº 232 - diciembre 2008)

 

Nota: A pesar del tiempo transcurrido desde la realización del viaje, se ha actualizado toda la información susceptible de ser puesta al día, por lo que su contenido mantiene, en la medida de nuestras posibilidades, su plena vigencia. 

 

Hacemos también constar que la información práctica que se facilita en el relato se hace a título personal, con la intención de que pueda resultar lo más útil y ajustada posible. No obstante recomendamos que, en evitación de sorpresas y contratiempos, antes de emprender el viaje, confirméis los horarios, precios, y demás datos susceptibles de variación o modificación. ¡Y buen viaje! 

 

RUTÓMETRO

FECHA

ETAPA

KM./DÍA

Viernes, 1 dic. 2006

Valladolid-Área de Bordeaux Cestas A-63 (Fr.)

598

Sábado, 2 diciembre

Área de Cestas – Area de Bois de Frachère (A 36)

689

Domingo, 3 diciembre

Area de Bois de Frachère (A 36) - Obernai

Kaysersberg – Aeropuerto - Mulhouse

220+256

Lunes, 4 diciembre

Vogelgrün – Staufen – Titisee - Freiburg

264

Martes, 5 diciembre

Estrasburgo

69

Miércoles, 6 diciembre

Norte de Alsacia (Wissembourg y Línea Maginot)

Sélestat

277+59

Jueves, 7 diciembre

Rosheim – Obernai – Saverne – Baden Baden

246

Viernes, 8 diciembre

Riquewihr y Comar

113

Sábado, 9 diciembre

Obernai - Área de Bordeaux Cestas A-63 (Fr.)

910

Domingo, 10 diciembre

Área de Bordeaux Cestas A-63 (Fr.) - Valladolid

594

 

TOTAL

 

4.297

 

  

ALSACIA EN NAVIDAD

 

Dicen que no hay dos sin tres. Y es verdad. Tras los anteriores viajes a Alsacia durante el puente de la Constitución de 2000 y 2002, en 2006 llegó el tercero.

 

Alsacia ejerce una irresistible atracción a todo a aquel que se acerca a sus pueblos y ciudades durante el Adviento. El aroma a canela y a vino caliente actúa como el más poderoso de los imanes sin necesidad de echar monedas a una fuente para asegurarse el retorno. Y cuando llega la hora de volver a casa…¡te marchas pensando cuándo podrás regresar de nuevo!.

 

En Centroeuropa, la Navidad se celebra durante el período de Adviento, desde finales de noviembre al día de Navidad. Por eso, para nosotros, el puente de la Constitución es el momento ideal para darse el gusto de unas vacaciones “invernales”. Eso sí, dada la lejanía, nos veremos obligados a reservar la semana entera de vacaciones para poder salir un viernes por la tarde y regresar el domingo de la semana siguiente.

 

En Alsacia se vive la navidad como en ninguna otra parte en Europa y muy posiblemente, en todo el mundo. Ventanas adornadas de mil maneras, con cajas de regalos y peluches; luces, mercadillos, animaciones y aromas impregnan el ambiente con un color y una alegría desbordante. Desde Estrasburgo al pueblo más diminuto, la navidad se respira a pleno pulmón. 

 

Rinconcito encantador en Riquewihr

 

Situémonos un poco. La región, actualmente francesa, ocupa el extremo nordeste del país galo, con el majestuoso Rin ejerciendo de frontera con la Selva Negra alemana.

 

Conquistada para Francia por Luis XIV -el Rey Sol- en el siglo XVII; desde aquel entonces ha vuelto a la égida alemana durante dos períodos: desde 1870 al final de la Primera Guerra Mundial y, más recientemente, durante la ocupación nazi.

 

MERCADILLOS NAVIDEÑOS

 

Aunque en Alsacia nos sentiremos plenamente en Francia, sus raíces germánicas pueden apreciarse fácilmente tanto en los topónimos como en muchas de sus costumbres. Sin embargo, «el estilo de vida» y los horarios son netamente franceses y bastante diferentes a los de sus vecinos teutones.

 

Por ejemplo, a las siete de la tarde los mercadillos franceses cierran sus puertas, salvo en fin de semana - que suelen cerrar algo más tarde- y todo el mundo desaparece de la calle. A esa hora, en cambio, los alemanes abarrotan sus mercadillos navideños – que cierran de ocho y media a nueve- para hacer sus compras, degustar sus especialidades gastronómicas o entrar en calor con una taza de “Glühwein”, a base de vino tinto o blanco, naranja, anís estrellado y mucha canela y otras especias- que reconforta los ánimos del más pintado cuando el frío aprieta. («Vin Chaud» en Francia, o sea, el vino caliente 

 

Mercadillo navideño en Estrasburgo

 

Y es que, en muchos pueblos, los mercadillos navideños y otras apeteci­bles actividades sólo tienen lugar los fines de semana. En las ciudades y localidades importantes, en cambio, suelen estar durante todo el período de Adviento.

  

Nota actual: en estos tiempos de auge de internet, la búsqueda de información resulta cada vez más fácil y mejor. Para saber dónde y cuándo se celebran los distintos mercadillos navideños -y otras actividades- en la geografía alsaciana, consultad la siguiente web:

www.marche-de-noel-alsace.com

Y para los mercadillos alemanes podéis consultar:

www.weihnachtsmarkt-deutschland.de

Una está en francés y la otra en alemán tal y como se podría suponer, así que tendréis que recurrir a los traductores on-line de Google o cualquier otro. No os desaniméis por ello porque lo importante es disponer de una buena información, que es algo fundamental para el éxito del viaje. ¡Qué el tiempo libre es un bien muy escaso y hay que aprovecharlo a tope!

 

Y QUE EL MIEDO AL FRÍO NO "ENFRÍE" LAS GANAS DE ALSACIA...

 

A menudo el temor al frío y al mal tiempo suele ser uno de los “frenos” más usuales para evitar viajar en invierno. Sin embargo, tras seis viajes a Alsacia, en general podemos decir que la climatología de la zona, en diciembre, es bastante soportable y hasta el invierno de 2010 jamás nos había nevado, pero no tuvimos problemas especiales, así que la climatología invernal no debiera desanimar a nadie que disponga de una caravana mínimamente preparada para el frío, que son la inmensa mayoría.

 

Heladas sí las ha habido y la temperatura suele rondar entre 0º y 10º de media. Las lluvias suelen aparecer a menudo, pero la mayoría de las veces han sido chaparrones de poca entidad. El sol, eso sí, no suele dejarse ver demasiado, pero cuando sale, se agradece mucho. Resumiendo, hasta ahora el mal tiempo nunca nos ha fastidiado el viaje, así que os animamos a conocer una zona que, a buen seguro, os maravillará y querréis volver muchas veces más. El viaje de 2002 fue, en términos de frío, el peor, por la tremenda humedad ambiente. El mejor, por temperatura, ha sido el de 2009. El resto, pues ni mucho ni poco.

 

 

EL “CUERPO EXPEDICIONARIO” Y LA PREPARACIÓN DEL VIAJE.

 

El “cuerpo expedicionario” que saldría de viaje seducido por los encantos alsacianos, estaría compuesto por tres caravanas procedentes de Valladolid y una más desde Castellón.

 

Pero el grupo no acababa aquí, pues otras dos amigas se unirían a nosotros el domingo. Obligaciones laborales les impidieron viajar con todos nosotros y decidieron ahorrarse la kilometrada por el expeditivo sistema de… ¡llegar a Alsacia volando!.

 

El domingo, 3 de diciembre, a las 16 h. las recogeríamos del “Europort”, el aeropuerto ubicado en territorio francés, pero realmente situado a las afueras de la ciudad suiza de Basilea, a sólo 100 km. de Obernai, nuestro destino. Ese pequeño aeropuerto internacional da servicio a tres ciudades de tres países distintos: Mulhouse en Francia; Basilea en Suiza; y Freiburg (Friburgo) en Alemania. De todo el grupo, sólo Inés, Rosa, Gonzalo y quien suscribe estábamos en disposición de presumir de haber hecho los tres viajes.

 

Dado el buen conocimiento que ya íbamos teniendo de Alsacia, la Selva Negra y alrededores gracias a los dos anteriores viajes, la preparación del tercero no supuso una gran complicación. No obstante no nos cansaremos de insistir en lo importantísimo que es preparar concienzudamente cualquier viaje, especialmente si vamos por libre, que es como realmente nos gusta a los campistas. Si quieres leer más cómo preparar bien a fondo un buen viaje por libre, pincha aquí.

 

 

LA MEJOR RUTA PARA LLEGAR A ALSACIA...

 

El viernes 1 de diciembre, por la tarde, salimos de Valladolid. El trayecto discurrió sin problemas y cenamos en el área de Bidart, tras entrar en Francia, y a las doce y media de la madrugada -hora de llegada más o menos habitual- entrábamos en el área de autopista de Bordeaux-Cestas, a las puertas de la circunvalación de Burdeos, con idea de pernoctar. 

 

Cenando en Bidart

 

Esa es una gran área, con estación de servicio, restaurante y un hotel “Campanile”. Si a pesar de sus enormes dimensiones estuviese llena – nos ha pasado ya alguna vez – frente al Campanile hay un túnel que enlaza con el área del otro lado y allí suele ser más fácil encontrar hueco. Al loro, pues.

 

De Burdeos a Obernai, a 30 km. de Estrasburgo, hay dos itinerarios posibles, uno por autopista de peaje, muy caro y otro, que es el que seguimos habitualmente, es el que mejor combina economía en peajes y “agilidad”.

 

Leer más sobre la mejor ruta para llegar a Alsacia, ahorrando en peajes, (ruta noreste) desde la frontera de Irún, (incluido en el apartado “Las mejores rutas para cruzar Francia” de esta web). Y si además queréis saber cómo ahorrar unos euros en los repostajes franceses, haced lo mismo en este otro.

 

 

 

Y ENCONTRAMOS A NUESTRO ÁNGEL DE LA GUARDA...

 

Aunque las 7 de la mañana es la hora habitual de salida del área de Bordeaux-Cestas, esta vez habíamos acordado salir una hora antes con el fin de poder llegar a Obernai, aún a 940 km. de distancia, a tiempo de tomarnos el primer “vin chaud” del viaje; aprovechando que los viernes y sábados el mercadillo gastronómico cierra a las nueve de la noche. Por su parte, nuestros amigos castellonenses, habrían llegado a Obernai el viernes y ya estarían esperándonos.

 

A las seis en punto arrancamos rumbo a Alsacia, pero tras seis kilómetros de marcha el plan empezó a torcerse… un manguito roto disparó la temperatura del motor de nuestro coche. ¡Susto al canto!.

 

Gracias al conocimiento que tenemos de los alrededores de Burdeos, sabíamos que tres o cuatro km. más adelante había una estación de servicio donde podríamos parar y pedir ayuda. No era cosa de quedarse en el arcén, así que despacito, despacito logramos llegar a la gasolinera sin mayores problemas.

 

Desde allí adoptaríamos las medidas oportunas para superar el trance, aunque si no lográbamos reparar el coche esa misma mañana todo el viaje se pondría patas arriba, pues estaba claro que hasta el lunes, como poco, no habría nada que hacer. El problema era que en Francia pocos talleres abren los sábados y los que lo hacen suelen trabajar sólo de nueve a doce. Íbamos a necesitar un milagro… ¡pero el milagro llegó!.

 

Tras algunos apuros para que nos enviasen la grúa - (al ser autopista, hay que avisar a los servicios propios de la autopista, no a los de la asistencia en viaje, aunque también hay que avisarlos para que se hagan cargo de la factura)- a eso de las ocho y cuarto, por fin, apareció el “gruísta”.

 

Tras confirmarse la rotura del manguito, la grúa nos llevó a un concesionario Citroën – El “Garage Ducasse” – por si allí podían hacerse cargo de la reparación, ya que los concesionarios Ford no abrían en sábado. En estos casos es cuando uno agradece hablar la lengua de Molière, porque verdaderamente facilita mucho las cosas...

 

 

A punto de ponernos en manos del "Ángel de la Guarda"...

 

Gonzalo se quedó guardando las caravanas con las niñas y Manolo y Pili se vinieron con nosotros por si teníamos que dejar el coche en el taller hasta el lunes. En ese caso, hubiéramos acampado en el camping de Gradignan, a las afueras de Burdeos y el vino caliente nos lo hubiéramos tomado en el mercadillo de la ciudad, pero no hizo falta.

 

El Sr. Ducasse fue un auténtico ángel para nosotros. Hiperactivo y dicharachero, era talmente el hermano “gemelo” de Jorge Javier Vázquez, el presentador de “Aquí hay tomate” (y ahora, del “Sálvame”). Exactamente como dos gotas de agua, lo que dio pie para no pocos chascarrillos.

 

Menos mal que se tomó el asunto muy en serio, porque se ocupó de buscar un manguito apto para el motor del coche a toda costa y, gracias a su interés y diligencia, a la una menos diez de la tarde arrancábamos el coche, esta vez sí, rumbo a Alsacia. ¡Los “ángeles” realmente existen… en todas partes!.

 

Después de todo, el contratiempo quedó en un susto – gordo, eso sí- saldado con unos cuantos euros de menos en la cartera y siete horas de retraso sobre el horario previsto. Una verdadera ganga teniendo en cuenta que lo tuvimos muy, muy negro, al menos nosotros, para poder llegar a Alsacia tal y como estaba previsto.

 

El resto del viaje, afortunadamente, no tuvo más sobresaltos, que ya habíamos cubierto el cupo con creces. Dormimos cerca de Besançon, en un área de autopista, y a las diez de la mañana del domingo entrábamos en el Camping “Le Vallon de l’Ehn”, a las afueras de Obernai. Allí nos reunimos con Nany y Pepe.

 

 

EL FANTÁSTICO CAMPING DE OBERNAI: "LE VALLON DE L'EHN".

 

Es uno de los mejores camping que conocemos. Su relación calidad-precio es fantástica. Por 15 euros (en 2006, porque en 2011 el precio es de 17,40 € (parcela, 2 adultos y electricidad. Descuento del 10% con la tarjeta de camping internacional)) disfrutaremos de unos aseos modélicos, con calefacción y todos los servicios imaginables. También dispone de una “sala de reuniones” con chimenea. La web es www.obernai.fr/fr/Le-Camping-municipal-103.html

 

El parking del camping "Le Vallon de l'Ehn"  (Obernai)

(Foto viaje Alsacia 2000)

 Quizás la mayor pega sea que las parcelas, de hierba, se conviertan en un barrizal de tomo y lomo a poco que haya llovido. Muy aconsejable es llevar un suelo transpirable que nos evite poner la caravana perdida de barro. No obstante hay también una zona de acampada con gravilla, especialmente adaptada para autocaravanas, para las cuales el camping está muy preparado. Las caravanas también pueden instalarse allí si se solicita en recepción. 

 

El camping de Obernai

 

Annie, la recepcionista, es muy amable y habla algo de español. Cada vez que vamos al camping nos recibe con mucho afecto, pues según nos ha contado, gracias a nuestros relatos publicados en “El Camping y su Mundo” de los viajes de 2000 y 2002, muchos compatriotas han acampado allí, algo que nos complace muy gratamente. ¡Qué siga cundiendo el ejemplo y más ahora con esta web!.

 

Llegar al camping es muy fácil, pues está bien señalizado desde la autopista, eso sí con carteles pequeños. Cerca de la entrada hay también una parada de autobús que te deja en el centro del pueblo, que es una preciosidad, a un par de kilómetros del camping.

 

La recepción abre de las ocho y media de la mañana hasta las doce y luego de dos a siete de la tarde en invierno. En verano, cierran a las ocho. Hay una barrera accionada por tarjeta magnética, pero si llegáis cuando la recepción esté cerrada, casi seguro que podréis pernoctar en el parking de la entrada, pues suele haber plazas libres. Las caravanas caben perfectamente. Es una zona residencial, muy tranquila y que no ofrece ningún tipo de riesgo.

 

Por último y ya que viajamos en épocas frías, debemos recomendar el llevar plásticos que nos permitan cubrir las lunas del coche para no tener que rascar el hielo por la mañana. Esta vez hemos disfrutado de temperaturas muy suaves y no ha sido necesario, pero en otros viajes… ¡ya lo creo!. Lo que nunca hemos tenido ha sido nieve. La humedad suele ser elevada, así que conviene ir bien abrigado.

 


KAYSERSBERG, “EUROPORT” Y MULHOUSE.

 

Y una vez dicho esto, volvamos al relato de nuestro viaje. Una vez instalados, pusimos rumbo a uno de los pueblos más bonitos de Alsacia, Kaysersberg.

 

 

Kaysersberg

 

Los pueblos alsacianos destacan por sus casas de entramado de madera que les dan ese encantador ambiente de cuento de hadas. En verano de las fachadas cuelgan macizos de flores, pero durante el adviento – desde finales de noviembre a navidad – las ventanas se adornan con muñecos de peluche, cajas de regalo, belenes y todo lo uno pueda imaginarse, lo que crea una atmósfera realmente mágica. Magia enturbiada, a veces, por la inmensa cantidad de visitantes. Esta situación, lógicamente, se da más en los fines de semana y en las localidades más turísticas.

 

 

   

Kaysersberg

 

Castañas asadas

 

Y Kaisersberg es una de ellas. Estaba de bote en bote, pues durante los fines de semana es cuando abren los mercadillos navideños. Debido a que después de comer debíamos recoger a las dos “aviadoras”, adaptamos el itinerario a esa circunstancia. Por la mañana, Kaysersberg y por la tarde, Mulhouse.

 

ORGANIZANDO EL FIN DE SEMANA.

Sin embargo, para librarnos de las muchedumbres, recomendamos evitar las siguientes localidades en fin de semana, viernes incluidos: Estrasburgo, Colmar y Riquewihr, pues sus mercadillos funcionan durante todo el Adviento y, a cambio, entre semana hay mucha menos gente. Bien entendido que nunca estarán vacías, pero al menos evitaréis todo lo posible las aglomeraciones.

 

En las localidades grandes los mercadillos funcionan todos los días, pero en las pequeñas solamente lo hacen en fin de semana y no en todos, por lo que recomendamos consultar la web www.noel-alsacetourisme.com donde encontraréis toda la información navideña, localidad a localidad. Eso sí, en francés. Como las noticias se van añadiendo paulatinamente, hasta finales de octubre no la encontraréis casi al completo. Su utilidad es excepcional porque permite ajustar los itinerarios en función de los eventos.

 

Por ejemplo, en ciertas ciudades mercadillos abren sólo por la tarde, lo que supone una limitación. Los fines de semana algunos suelen alargar el cierre y otros tienen “marchés nocturnes” algún día de la semana, cerrando a las 22 h. lo que permite “estirar” un poco más las visitas. De todas maneras no es cosa de confiarse en exceso, pues en más de una ocasión habían empezado a cerrar bastante antes de la supuesta hora de cierre…

 

Tengamos presente que a las cinco de la tarde ya es de noche, pero como las ciudades están iluminadas y con mucho ambiente, eso no es problema. Bastará con dejar para la mañana aquellas visitas que requieran paisajes o se encuentren en el campo, como las fortificaciones de la Línea Maginot, que más adelante comentaremos.

 

KAYSERSBERG, LA BELLA.

Volvamos a Kaysersberg. La localidad está llena de rincones encantadores y siempre tiene mucha animación. Las tiendas son una explosión de colorido y los mercadillos navideños también. No faltarán sitios para degustar las especialidades alsacianas: el vino caliente, fuertemente especiado con canela; los «bretzel», un “ocho” de pan salado; la «tarte flambée», una especie de pizza a la carbonara, con bacon, queso y crema líquida; el “choucroute garni”, col fermentada con tocino y salchichas o los “manalas”, muñecos de pasta de brioche, entre otras muchas cosas. 

 

Rincón típico alsaciano en Kaysersberg

 

 

 

 

Animación en Kaysersberg

 

Digamos que, en todo el viaje, apenas hicimos comidas o cenas que no fueran en los mercadillos. Detrás de la iglesia, en el jardín, veréis tumbas de los soldados franceses caídos durante los combates de la 2ª G.M.; la principal curiosidad son las lápidas: cruces para los cristianos, estrellas de David para los judíos y motivos árabes para los musulmanes.

 

 

Tumbas de la 2ª G.M en Kaysersberg

 

A las tres y media de la tarde, Rosa, Mame y yo nos fuimos al aeropuerto y quedamos en reunirnos después con el resto en la Place de la Réunion de Mulhouse. Y no es coña, la plaza mayor se llama así. El avión llegó puntual y a las cinco y cuarto, tal y como estaba previsto, “nos reunimos” con el grupo en la “Plaza de la Reunión”.

 

MULHOUSE Y SUS FACHADAS ILUMINADAS

Mulhouse tiene muchos encantos. La Place de la Réunion, -llamada así por haberse separado la ciudad de Suiza y unido a Francia- con su enorme mercadillo navideño, destaca por dos cosas: la iluminación a colores de las fachadas de los edificios y por su antiguo ayuntamiento, pintado con espectaculares “trampantojos”. 

 

El precioso ayuntamiento de Mulhouse

 

 

Mercadillo y fachadas iluminadas en la Place de la Réunion

 

 

 

El mercadillo de Mulhouse

 

La ciudad alberga una gran oferta museística, siendo los más impresionantes el Museo Nacional del Automóvil y el del Ferrocarril. En 2000 visitamos el de los coches y nos entusiasmó. Es enorme – hasta hay un trenecito eléctrico para visitarlo cómodamente – y expone auténticas maravillas, desde las “genovevas” de principios del novecientos a espectaculares modelos de competición, fórmula 1 incluida. Reservad una mañana completa para la visita. Los entusiastas de los trenes tampoco quedarán, a buen seguro, defraudados. Ese no lo conocemos, pero si queréis ver los dos no os quedará más remedio que dedicarles toda la jornada, lo que no os dejará tiempo para la ciudad. 

 

Corría el año 2000 en el Museo del Automóvil...

 

Digamos también, por si a alguien pudiera interesarle, que las “aviadoras” se alojaron en el hotel “Zum Schnogaloch”, en el centro de Obernai. El hotel se ubica en una preciosa casa de entramado de madera y, aunque sencillo, una habitación doble sale por 49 € (en 2006), desayuno aparte, lo que es un precio más que interesante. Reservamos por internet y no nos exigieron ninguna fianza previa. La palabra dada bastó para asegurar la reserva.

  

LAS ESCLUSAS DEL RIN

 

El lunes hicimos una escapada a Alemania, a una pequeña parte de la Selva Negra. Fue el peor día del viaje climatológicamente hablando, pues la lluvia fina nos acompañó durante bastante tiempo. 

 

Pues eso...

 

La primera parada la hicimos en Vogelgrun – en la ruta entre Colmar y Freiburg – para ver funcionar las esclusas del Rin. Es todo un espectáculo ver como las barcazas logran salvar el fuerte desnivel del río. No es difícil coincidir con una que tenga que usar la esclusa y si no, con algo de paciencia, seguro que otra acaba apareciendo. Allí mismo se encuentra también la central eléctrica, decorada con bonitos murales de ninfas. 

 

   

Observando las esclusas sobre el Rin

 


 

 

LA SELVA NEGRA, "FAUSTO" Y

FRIBURGO 

Antes de llegar a Friburgo de Bresgovia (Freiburg im Breisgau), paramos en el bonito pueblo de Staufen im Breisgau, localidad conocida por la “ciudad de Fausto”, pues en la “Posada de los Leones”, Goethe situó el lugar donde el famoso doctor vendió su alma al diablo. La encontraréis cerca del ayuntamiento, con un dibujo en la fachada donde se ilustra ese hecho literario. Cuando llegamos a la ciudad eran casi las doce y hasta las dos el comercio está cerrado, lo cual es sinónimo de “ciudad desierta”, lo que siempre resta encanto a cualquier visita. 

 

 

Staufen im Breisgau. La Selva Negra.

 

 

 

El Hostal de "Fausto"...

 

Después nos dirigimos al Titisee, el mayor lago de la Selva Negra, por una bonita y sinuosa carretera. Visto lo visto, podéis pasar tranquilamente de la visita, al menos en invierno. Llovía y el lago tampoco se ve si no bajas del coche y andas un trecho a pie, pues las casas lo tapan.

 

Preferimos aprovechar mejor el tiempo en Friburgo y simplemente dimos media vuelta. El trayecto discurre por el llamado “Valle del Infierno”, entre tupidos bosques de abetos. Es bonito, pero la bruma y el agua deslucieron el paseo. En dirección al Titisee, en lo alto de un peñasco puntiagudo veréis una estatua de un ciervo dorado. Hay también una zona de aparcamiento para poder hacer las pertinentes fotografías.

 

Era la segunda visita a Friburgo y siempre la hemos visto de noche. La próxima vez que volvamos a la zona deberemos disfrutarla de día (“promesa” que cumplimos al año siguiente). Leer más sobre esa visita...

 

 

La "Martin's Tor". Friburgo

 

El ambiente navideño alemán no es tan espectacular como el alsaciano, pues las ciudades no suelen estar igual de engalanadas, pero sus mercadillos son excepcionales y con una oferta gastronómica más amplia que la francesa. Además cierran más tarde, como ya hemos mencionado. Digamos que aunque los puestos de regalos cierren a la hora prevista, los de comida lo hacen algo más tarde, lo que siempre es un dato a tener en cuenta a la hora de organizar los tiempos. 

 

Papá Noel y su "tropa" al asalto...

 

En Alemania, por una cuestión ecológica de reducción de residuos, los platos y tazas son de cristal o loza. Al servirte pagas una fianza - “pfand”, en alemán - que te devuelven al final de la consumición. 

 

El mercadillo navideño

 

Además cada ciudad suele tener su propio tazón de cristal o loza especialmente decorado para la ocasión en el que sirven el «Glühwein», vino caliente especiado con canela, naranja y que pega de lo lindo. La taza se puede comprar y suele costar desde un euro a euro y medio, basta con no devolverla tras haber pagado la fianza. Y si repites de vino, entregas la usada y te dan otra llena … que, a buen seguro, al final acabarás quedándote. Lógicamente en Alemania la oferta en salchichas es espléndida, algo que en Francia escasea. Las porciones suelen ser abundantes y los precios nada exagerados.

 

En el mercadillo encontramos a una paisana de Valladolid que estaba estudiando allí y nos recomendó la cervecería “Martin’s Bräu”, situada detrás de la torre medieval de la ciudad. Cervezas impresionantes a muy buen precio y con un restaurante que nos dejó con ganas de volver, pues habíamos ya “cenado” en el mercadillo. Nos recomendó pedir codillo o el ganso, especialidad de la casa. Ese es un “asunto pendiente” que procuraremos “saldar” en la próxima visita. (Nota: en 2007, un año después, “saldamos la deuda”. ¡Menuda cena nos dimos y por unos 20 euros por cabeza!. Eso sí, es necesario reservar mesa porque se pone hasta las orejas de gente.) 

 

Todos en la "Martin's Bräu"

 

Friburgo, sede de una de las pocas universidades católicas alemanas, es una espléndida ciudad, en la que destaca su impresionante catedral gótica –ahora con un bonito andamio en la torre- y la espectacular “Kaufhaus”, edificio gótico, de roja fachada, con dos puntiagudas torretas en las esquinas. Para volver a Obernai, sugerimos hacer el retorno vía Colmar. La ruta es algo más larga que por Marckolsheim y Sélestat, pero mucho mejor y más rápida. Lo decimos por experiencia. 

 

El portal de la catedral

 

 

ESTRASBURGO: MERCADILLOS NAVIDEÑOS, INSTITUCIONES EUROPEAS Y MUCHO MÁS.

 

El martes lo pasamos en Estrasburgo/Strasbourg, ciudad espléndida que presume, con razón, de ser «la capital de la Navidad». Tres enormes mercadillos navideños y otros tantos más pequeños, una iluminación espectacular, un árbol de navidad gigantesco en la plaza Kléber y calles adornadas así lo atestiguan.

 

Eso sin olvidar sus otros encantos: la catedral de piedra rosada, los edificios medievales, el barrio de la “Petite France” con sus casas de entramado de madera, las cuatro torres de los «Puentes Cubiertos», el barrage Vauvan o la zona de las Instituciones Europeas.

 

Empezamos la visita por esta última, en la periferia de la ciudad. Primero paramos enfrente del edificio del Consejo de Europa, donde se diseñó la bandera europea, y después pasamos por delante del moderno edificio de la Corte de los Derechos Humanos, donde parar un momento es realmente complicado. Finalmente, ya que todo está agrupado, aparcamos cerca del Parlamento Europeo. El edificio es imponente -flanqueado por las banderas de los países de la Unión Europea- y aparcar es fácil en los alrededores, cosa que no puede decirse del centro de la ciudad.

 

CONVIENE APROVECHAR EL "RELAIS+TRAM" PARA APARCAR Y VISITAR CÓMODAMENTE LA CIUDAD

Para eso aprovechamos una propuesta inteligente y original de la alcaldía estrasburguesa: los «Relais-Tram» (P+R), una fórmula de aparcamiento disuasorio y transporte en tranvía, ida y vuelta al centro, para todos los ocupantes del coche por sólo 2,60 € por día (3,10 € en 2011). Funciona hasta las 20,00 h. –hora límite para acogerse al sistema- y es fantástico, lo mejor que hayamos visto nunca en la materia. Los galácticos tranvías pasan muy frecuentemente y la mejor parada para visitar el centro de la ciudad es la de la Place Broglie, la plaza donde se compuso el himno francés, la famosa “Marsellesa”. El parking no cierra, por lo que siempre podremos recuperar nuestro vehículo. El P+R más cercano al Parlamento es el de “Rives de l’Aar”, a unos cientos de metros del edificio. Y viniendo de Obernai, el de "Elsau", en la salida 4 de la A-35, un poco antes de llegar a Estrasburgo. 

 

Mame, el tranvía y la Place Broglie...

 

Reservad un día entero para Estrasburgo, os hará falta y además conviene madrugar para aprovechar bien la jornada. Los mercadillos y comercios cierran a las ocho en punto. A partir de esa hora la ciudad queda rápidamente solitaria y desierta.

 

VISITANDO EL PARLAMENTO EUROPEO

Del Parlamento puede visitarse el patio central, ovalado e impresionante, pero para el interior es necesario solicitar la visita con antelación. No obstante, en una de las oficinas nos obsequiaron con un cómic, en español por supuesto, sobre una historia de misterio y aventuras ambientada en el Parlamento.

 

 

 

 

 

 

   

El parlamento desde el exterior

 

El patio interior

 

 

 


 

Y, por supuesto, la foto de grupo en la estatua de la entrada, como buenos europeos, es obligada...

 

Que no se diga...

 

ESTRASBURGO: LA CAPITAL DE LA NAVIDAD

En la web de la ciudad, www.noel.strasbourg.eu,  encontraréis toda la información sobre mercadillos, acontecimientos, etc. Este año el “mercado del Bredele”, típicas pastitas navideñas parecidas a las de te, estaba en la Place d’Austerlitz. Están buenísimas, pero su precio, a 36 €/kg., impone un “consumo moderado”, pero no dejéis por ello de probarlas.

En cambio, de lo que sí podéis pasar olímpicamente es de ver el “reloj astronómico” de la catedral cuando funciona a las 12,30 del mediodía. La cola para entrar es tremenda y el espectáculo no vale un pimiento. Os lo aseguramos, que en 2002 pagamos la novatada. Es mucho mejor verlo tranquilamente, aunque sea sin funcionar, gratis, y a cualquier hora mientras la catedral esté abierta. 

 

El reloj astronómico

 

Para reponer fuerzas después de tanta caminata, una “bière de noël” será un bálsamo ideal para el cansancio. La cerveza de navidad alsaciana, típica de estas fechas, tiene un sabor más dulzón que la normal y un color mucho más tostado. Buenísima.

Desde el Parlamento, la primera parada fue en el mercadillo de la Place Broglie, el más espectacular junto al de la plaza de la catedral.

 

 

   

La "puerta" del mercadillo

 

Regalos navideños...

 

 

 

Ambiente colorido...

 

 

 

El "Vin chaud" no podía faltar...

 

 

LA CATEDRAL Y EL CENTRO DE LA CIUDAD

El mercadillo de la catedral es uno de los más grandes y todo el centro de la ciudad respira navidad por los cuatro costados. Pasear sus calles es una auténtica delicia y quedarse boquiabierto con las decoraciones de las ventanas y casas es lo más natural...

 

 

   

La catedral gótica

 

La "Maison Kammerzell" en la plaza

 

 

 

   

La Rue des Hallebardes

 

Calle decorada

 

 

FESTIVAL DE DECORACIONES...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y TERMINAMOS PASEANDO POR "LA PETITE FRANCE"...

 

 

El barrio típico de "La Petite France"

 

 

 

Iluminaciones de la Grande Rue. Estrasburgo

 

 

EL NORTE DE ALSACIA, LA FÁBRICA BÜRSTNER Y LA LÍNEA MAGINOT.

 

El miércoles iba a ser un día especial. A las ocho de la mañana nuestro amigo Manolo tenía concertada una cita en la fábrica Bürstner, en Wissembourg, para reparar, en garantía, un problema en la puerta de su caravana. Desperfecto que no logró que el representante español de Bürstner se hiciera cargo por más que lo intentó. Afortunadamente nuestra estancia en Alsacia y la buena disposición del jefe de postventa de la marca ante el problema, obraron el milagro de lo que ya parecía un caso perdido.

 

Dado que 90 km. nos separaban de Wissembourg - al norte de Alsacia, casi en Alemania – pedimos autorización a la Sra. Annie para que nos permitiese salir del camping a las seis y cuarto de la mañana, pues la barrera abre a las siete. Rosa y yo iríamos con ellos, mientras que con el resto de la gente nos encontraríamos a las diez y media de la mañana, en Betschdorf, pueblecito de tradición alfarera, situado a 23 km. de Wissembourg y que, una vez visto, no merece demasiado la pena.

 

 

 

En la factoría Bürstner nos recibieron con un café y nos atendieron a las mil maravillas. A las once de la mañana nos avisaron que la puerta estaba ya sustituida y reparadas también otras minucias, por lo que podíamos pasar a por ella cuando quisiéramos. No obstante queríamos estar allí antes de las dos de la tarde, hora de cierre, para agradecerle al jefe de taller, Sr. Stoetzel, su amabilidad, pues asumieron totalmente las reparaciones, dejando la caravana a plena satisfacción.

 

VESTIGIOS DE LA "LÍNEA MAGINOT"

Mientras reparaban la caravana, dedicamos la mañana a los alrededores de Wissembourg, cuyo mayor interés radica en la abundancia de fortificaciones de la Línea Maginot, red de casamatas y búnkeres construida después de la Gran Guerra del 14 y destinada a proteger el territorio francés de posibles ataques alemanes.

 

 

   

"Gruyere" en la Casamata d'Esch

 

Torreta de disparo

 

En 1940, en los albores de la Segunda Guerra Mundial tuvo su bautizo de fuego. Una sucesión de fuertes y búnkeres estratégicamente situados formaban una formidable “muralla de fuego de artillería”. Algunos, como el impresionante fuerte de Schoenenbourg, resistieron los ataques nazis hasta el armisticio, tras lo cual y muy a su pesar, los defensores tuvieron que entregar las armas.

 

   

Exterior de Schoenenbourg

 

Artillería en el interior

 

Muchos de esos búnkeres se pueden visitar, aunque en invierno la mayoría están cerrados. Lo mejor es informarse en las oficinas de turismo de las respectivas localidades o en la fantástica web www.lignemaginot.com donde encontraréis abundante documentación histórica y fotográfica.

 

Empezamos el recorrido por la “Casemate d’Esch”, a las afueras de Hatten. Puede verse perfectamente por fuera y apreciar los impactos de los proyectiles sobre el hormigón. Un carro norteamericano corona el búnker.

 

 

A los chicos nos gustan esas cosas...

 

Ya un poco apurados de tiempo por tener que recoger la caravana, nos acercamos al fuerte de Schoenenbourg. Si podéis, visitadlo, pero en verano, cuando está abierto al público. Es sencillamente impresionante. Dispone de varios kilómetros de galerías subterráneas, por las que discurría un tren que abastecía de munición a las torretas de tiro.

 Estando allí, tuvimos la fortuna de ver aparecer un operario, que se ofreció a enseñarnos la entrada y una de la cámaras de tiro, grabación de disparos incluida. El hombre, imaginamos que vio la posibilidad de ganarse unos euros extras, nos ofreció la posibilidad de hacer la visita, de dos horas y media de duración, al “módico” precio de 120 € para siete personas. Si tenemos en cuenta que la entrada normal cuesta 6 €…

 Lo cierto es que la obligación de tener que recoger la caravana sin falta, la larga duración de la visita y la más que disuasoria “oferta”, a pesar del golpe de suerte que representaba, nos hizo desistir, algo que dejó a Gonzalo, Isabel y Gloria con la miel en los labios… Si el hombre no hubiese pretendido pasarse “unas navidades cañón” a costa nuestra y no se hubiera subido a la parra, seguramente una parte del grupo sí hubiese aceptado la visita, mientras otros recogíamos la caravana. En fin, otra vez será.

 Nota actual: “La otra vez” fue durante el verano 2009, a la vuelta de la Oktoberfest, la fiesta de la cerveza de Munich. Pincha aquí, para saber más de la visita al Fort de Schoenenbourg.

 Ya con la caravana “recuperada”, comimos en Hunspach, pueblo de bonitas casas blancas de entramado de madera. No tiene nada de nada, así que bastará con darle una vuelta, hacer las pertinentes fotos a las fachadas y punto. 

 

 

FIN DE JORNADA EN SÉLESTAT, LA CIUDAD “CUNA DEL ÁRBOL DE NAVIDAD”…

 

Regresamos al camping a dejar la Bürstner de nuestros amigos y a las cinco de la tarde nos fuimos con viento fresco a Sélestat, la ciudad que presume de ser la cuna del árbol de navidad, pues de allí procede, en 1521, la primera mención escrita de la existencia de un árbol decorado con manzanas. 

 

 

El día 6 de diciembre es el día de San Nicolás. El día en que el santo - de blancas barbas, tiara y báculo – reparte regalos y juguetes a los niños centroeuropeos. Vamos, “el rey mago” de la zona.

 

Al llegar a la ciudad lo que primero que hicimos fue darnos de bruces con una especie de cabalgata en honor del santo. Como no habían cortado las calles, los gendarmes obligaron a todos los coches a retroceder y dar la vuelta, lo que nos retrasó un poco, pues queríamos llegar a la catedral gótica de St. Georges, antes de cerrasen, a las seis de la tarde. En su interior, como cada año, cuelgan del techo varios abetos que ilustran la evolución de la decoración del “árbol de navidad” desde el siglo XVI a nuestros días. Manzanas, frutos secos, hostias, flores de papel nos van explicando, paso a paso, las diferentes costumbres de cada época. Es algo muy curioso de ver y además gratuito. 

 

 

Casi al lado de la iglesia se encuentra la también gótica “Maison du pain”. En su interior podréis ver trabajando a los artesanos que fabrican los dulces navideños y adquirirlos. Sus “Bredeles” –típicas pastas similares a las de té- son riquísimos y tienen el precio más barato de toda Alsacia, ¡30 € el kilo!. Pueden comprarse o degustarse en el pequeño salón de te del local, que fue lo que hicimos. Eso sí, a las siete cierran a cal y canto. 

 

Haciendo los honores a los "bredeles"...

 

En teoría ese día el mercado navideño iba a concluir a las 22 h., pues era día de “marché nocturne”, pero en realidad a las ocho pasadas cada vez había menos puestos abiertos. Tampoco la oferta gastronómica era muy excitante, así que acabamos cenando un en Obernai. 

 

El "marché nocturne" no dio para mucho...

 

Pepe y Nany se habían marchado un poco antes de Sélestat y cuando llegamos al camping, ya dormían. Para colmo, la sala de reuniones también estaba cerrada con llave. Lo que las niñas ni la mayoría del grupo sabía era que “la visita” de Papá Noel al camping de Obernai, precisamente el mismo día de San Nicolás - que para algo es “la competencia” - iba a tener que esperar algo más…

 

“ORIGAMI” EN ROSHEIM Y MERCADO EN OBERNAI.

 El jueves amaneció soleado y todo el mundo - excepto los castellonenses, que ya están “muy viajados”- se apuntó a acercarse al pueblo de Rosheim - a 7 km. de Obernai - para ver una exposición de “origami” - arte japonés de figuras de papel plegado - en la oficina de turismo. Pues bien, nos quedamos con las ganas, porque precisamente… ¡ese día la oficina estaba cerrada por obras! Menos mal que desde el escaparate pudimos ver bastantes piezas de tan bonito arte, pero fue una pena no poder verlas mejor porque eran realmente impresionantes. 

 

 

 

 

 

Antes de partir hacia Rosheim habíamos hecho ,por supuesto, las “compras” pertinentes en el supermercado “Match” de Obernai: bières de noël, los afamados vinos blancos alsacianos y algunas cosillas más. Es un pecado irse de Alsacia sin haber “llenado bien el zurrón” con sus especialidades gastronómicas. 

 

   

Obernai

 

Fachada en la place de l'Etoile

 

El jueves es día de mercado semanal en Obernai, pueblo realmente encantador, pero un error de cálculo nos impidió disfrutar del mercado, pues yo pensé que lo cerraban a las dos, pero no, lo hacen a la una. Cuando nos reunimos con Pepe y Nany, ellos lo habían recorrido a placer mientras que nosotros apenas pillamos ya unas pocas paradas abiertas… ¡no se puede tener todo!. Así que entre el fallido origami y el fallido mercadillo pensamos que el cupo de “pifias” ya había terminado por ese día, pero no, aún quedaba algo más… 

 

"Quesitos" en el mercado de Obernai...

 

La decepción “gorda” del día corrió a cargo del “mercadillo gastronómico navideño” de Obernai. Ya no era lo que nos tenía acostumbrados. Apenas había puestos de degustación de comida, como en años anteriores cuando sólo se celebraba los fines de semana. La mayoría de puestos eran de productos gastronómicos, para hacer honor al título, pero no para degustar allí, excepción hecha de algún puesto que servía “vin chaud” o los sempiternos bredeles. Ya no había “tartes flambées”; ya no había “choucroutte garni”; ya no quedaba ni rastro del “Spaëtzle de la Abuela”… ni de eso, ni de casi nada más. En suma, nada que comer en “mercadillo gastronómico navideño” de Obernai.

 

"BUSCÁNDONOS LA VIDA" EN SAVERNE...

Ante semejante fiasco y con más hambre que Carpanta - era la “hora de comer”, pusimos rumbo al mercadillo de “Hansel y Gretel”, en Saverne, localidad a 45 km. al norte de Obernai, con la esperanza de poder resarcirnos un poquito. El mercadillo sólo abre de 14 a 17 h. y debe su nombre a la casita de chocolate y golosinas del cuento de los famosos niños, que preside uno de los extremos de la Grande Rue, junto a la plaza del Palais de Rohan. 

 

 

El mercadillo se extiende a lo largo de la calle y el único interés arquitectónico de la villa es la “Maison Katz”, de espléndida fachada semi-enmaderada. El palacio de Rohan, de ladrillo rojo, también tiene su encanto, pero no justifica el desplazamiento, pues Saverne queda bastante lejos de las rutas principales. Finalmente saciamos el apetito con una hermosa salchicha bajo el cobijo del paraguas, pues tampoco abundaban los puestos de comida. 

 

La Maison Katz - Saverne

 

Y ACABAMOS EL DÍA EN BADEN BADEN...

Acabada la corta visita a Saverne, -la cosa no daba para más- decidimos “acercarnos” a Baden Baden, la famosa ciudad balnearia alemana frecuentada en el siglo XIX por reyes y emperadores de toda Europa, desde que el romano Caracalla edificase allí las termas. 100 km. de autopista nos separaban de la localidad y ante semejante excursión y siendo ya media tarde, Pepe y Nany optaron por volver a Obernai. 

 

 

Era ya un poco tarde y cuando llegamos a las seis y cuarto, solamente nos quedaban 15 minutos de comercios abiertos. En otras ciudades alemanas, el comercio cierra a las siete, pero allí lo hace media hora antes lo que nos fastidió un poco. Aún así, todavía pillamos algo de “vidilla” por sus calles.

 Realmente la ciudad emana un imponente aire de distinción. Se palpa en el ambiente, en sus fachadas, en los escaparates. La fachada pseudo-griega del casino estaba iluminada en tonos suaves, el entorno perfectamente cuidado, en fin, algo diferente.

 

 

 

Incluso el mercadillo navideño -junto al Casino- era distinto, más refinado que los habituales mercadillos de las otras localidades alemanas, con velas y mantelitos rojos en las mesitas de los puestos de comida. Ahí sí que cenamos de película. Mucha variedad y a buen precio. Ya os he contado que, en ese aspecto, Alemania es otra cosa. ¡Al menos terminamos el día “a lo grande”, tras tantos “sinsabores”…! 

 

Villancicos en el mercadillo

 

 

 

Casitas en uno de los puestos

 

 

 

El mercadillo de Baden Baden

 

 

 

¿Qué sería de Alemania sin sus salchichas?

 

 

 

 

 

LA ALSACIA MÁS TÍPICA

 Y llegó el viernes, el último día de estancia en tierras alsacianas. A modo de “guinda” habíamos dejado a propósito para el final del viaje a dos “pesos pesados” de la zona: Riquewihr y Colmar. Además queríamos visitar también la pequeña y encantadora Eguisheim, antes de llegar a Colmar.

 

RIQUEWIHR, PROBABLEMENTE EL PUEBLO MÁS BONITO DE ALSACIA...

Riquewihr, que aún conserva parte de sus murallas, es un pueblo de cuento, enclavado en plena “Ruta del Vino Alsaciano”. Sus variedades de vinos – Riesling y Sylvaner- tienen ganada una merecida fama mundial y las viñas invaden por completo el paisaje. Los pueblos que forman la ruta son muy bonitos y conviene dedicarles tiempo si se puede. Abundan las casas de los viticultores que venden sus caldos. Es algo sugerente, aunque una opción económicamente más apañada es pasar por el supermercado donde encontraréis buenos vinos a mejores precios. En fin, eso queda a gusto de cada cual. 

 

   

Riquewihr, tierra de vinos

 

Sobran las palabras...

 

Riquewihr es, sobre todo, su calle mayor, en cuyo extremo se encuentra el Dolder, una maravillosa torre de entramado de madera con un reloj. Todo el pueblo es de postal y puede decirse que vive la Navidad como pocos. Cada fachada, cada ventana, cada callejuela, cada rincón, es un festival y un espectáculo en sí mismo. Y no dejéis de ver la tienda de regalos navideños de “Käthe Wohlfahrt”, frente al mismo Dolder. Es digna de verse por dentro. Y no decimos más, sólo que no hay que perdérsela… 

 

 

Para un refrigerio ocasional, justo enfrente del “Käthe Wohlfahrt”, hay una cervecería, regentada por un español afincado allí desde niño, que hace una cerveza de navidad casera sencillamente excelsa. No es barata, pero vale lo que cuesta. Y los crêpes son igual de ricos. 

   

La visita a Riquewihr se prolongó más de lo previsto, en parte porque cada rincón, cada tienda, invita a la parada y porque por culpa de la lluvia decidimos comer en un restaurante, bajo techado, donde, por cierto, nos clavaron a base de bien. A cambio nos regalamos una larga y buena sobremesa…

 

 Nota actual: Siempre que hemos ido a Alsacia en navidad -cinco veces en diez años- siempre hemos “rendido visita” a Riquewihr. Con eso está todo dicho sobre lo mucho que nos gusta la localidad alsaciana. No obstante lo que nunca imaginamos es que la visita de 2006 crease también “escuela” en otros asuntos, pues tras tan relajada visita vio la luz una expresión muy, muy afortunada…  ¡El “Estilo Riquewihr”!. 

 En efecto, desde aquel día, hablar de un viaje “Estilo Riquewihr”! es sinónimo de planteárnoslo en plan tranquilo y relajado. Y así todos sabemos a qué atenernos… 

 

Rincones encantadores

 

 

 

Brindando por el "Estilo Riquewihr"...

 

 

 

Más rincones encantadores

 

COLMAR Y COMO BROCHE DEL VIAJE... ¡“LA VISITA” DE PAPÁ NOEL!

Y como consecuencia del “Estilo Riquewihr”, la visita a la bonita Eguisheim -la cual algunos ya conocíamos del viaje del 2000- quedó para mejor ocasión. Así pues, a las tres de la tarde ya estábamos en Colmar. Lo malo es que la mitad del mundo había tenido la misma idea. No se podía dar un paso. Y tuvimos la suerte de aparcar bien los cuatro coches de pura chiripa, porque ese es otro tema. Hay varios parking por el centro de la localidad, pero en esas épocas suelen estar siempre llenos, por lo que no es fácil aparcar, especialmente si llegamos a las horas centrales del día de un viernes o del fin de semana.

 

Tanto Riquewihr como Colmar se disfrutan mucho más entre semana, cuando hay mucha menos gente, pero no menos animación navideña, pues los cinco mercadillos de la ciudad están abiertos durante todo el Adviento. Y lo mismo ocurre con Riquewihr. 

 

Colmar

 

El centro histórico de Colmar es una maravilla que milagrosamente ha escapado intacta a las mil y una guerras habidas por aquellos lares y por eso conserva tantos y tan buenos edificios medievales y renacentistas. 

   

También hay varios mercadillos navideños a cual más bonito. No penséis que son más de lo mismo, cada uno tiene su propio estilo y nunca hay dos iguales. Gran parte del centro es peatonal. El barrio de “La pequeña Venecia”, llamada así por sus canales, es una hilera de casas de colores de entramado de madera, que forman un conjunto muy vistoso. Tierra natal del escultor Bartholdi, autor de la Estatua de la Libertad, encontraréis su museo frente a la famosa “Maison Pfister” y una reproducción de la estatua en la carretera hacia Estrasburgo. 

   

Siendo viernes y a pesar del gentío, los mercadillos cierran a las 20 h. -en lugar de las 19 h.- y eso nos permitió “alargar” al máximo nuestra vivencia alsaciana, como deseando que no acabase… pero aún faltaba la “gran sorpresa”… “la guinda” a nuestra navideña estancia alsaciana. 

Y AUNQUE NADIE LO ESPERABA…  ¡LLEGÓ PAPÁ NOEL AL CAMPING DE OBERNAI!

 Un viaje a Alsacia en navidad no podía terminar sin recibir la visita de Papá Noel. Sin que la mayoría de nuestros amigos supieran lo que se avecinaba, nos reunimos todos en la “sala de reuniones” (esta vez pedimos la llave en recepción) para festejar la última noche, cuando de pronto un señor barbudo y vestido de rojo -con un saco de regalos en la espalda- hizo acto de presencia para asombro y regocijo de los presentes. ¡Qué “carita” se les quedó a todos los que “no estaban en el ajo”!. ¡“Papá Noel-Manolo” había llegado a la ciudad para pasmo de la concurrencia!. Gran juerga y regalitos para todos. ¡Ese sí fue el broche de oro que el viaje se merecía!. Gracias, pues, “Papá Noel-Manolo” por acordarte de nosotros. 

 

   

Y llegó "Papá Noel" Manolo

 


 

 

PERO TODO SE ACABA... 

 A las seis de la mañana Pepe y Nany partieron hacia Castellón y el resto salimos a las ocho y media con idea de pernoctar, como a la ida, en el área de Burdeos. Esta vez el viaje no tuvo más historia que algo de lluvia por la mañana y un par de rodeos inesperados motivados por algunas obras. 

Cenamos en La Rochefoucauld, cerca de Angoulême, en el aparcamiento de un concesionario de coches antiguos y casi a las doce de la noche llegamos a Burdeos. El resto del viaje hasta casa tuvo aún menos historia, salvo por el súper-bocata de tortilla de patatas que nos tomamos en Irurtzun. Y así, felices y contentos, pusimos punto y final a un viaje mágico que esperamos poder repetir el año que viene.

 

 

   

En el área de Bordeaux-Cestas

 

E Inés nos dice... ¡Hasta la próxima!

 

 

 

 

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