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Alsacia en navidad.

Fue nuestro primer viaje “navideño" y el que abrió "el tarro de las esencias".

( 6 viajes en 10 años... ¡No está mal!)

 

¡DATOS ACTUALIZADOS!
 

Este fue el primer viaje a tierras alsacianas y alemanas en navidad, pero no fue el último. Hemos regresado a Alsacia en 2002, 2006, 2007, 2009 y 2010 y repetiremos en 2011, así que no se nos acaban las ganas de volver.

Todos estos viajes se encuentran disponibles en esta web y dado que la información disponible de la zona es muy, muy amplia os animamos a revisar también el resto de los relatos. Con el tiempo hemos tenido ocasión de recorrer a fondo Alsacia, pero también la vecina y encantadora Selva Negra, así como otras zonas de Alemania. No importa, todo resulta francamente "apetitoso". Y el que prueba, repite. Seguro.

 

 

Alsacia en navidad es una experiencia mágica.

 

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE

Diciembre 2000 (datos actualizados en 2010)

Duración del viaje:

9 días y medio.

Kilometraje total:

3.821

Relato publicado en “El Camping y su Mundo” (nº 161 - noviembre 2001)

 

Nota: A pesar del tiempo transcurrido desde la realización del viaje, se ha actualizado toda la información susceptible de ser puesta al día, por lo que su contenido mantiene, en la medida de nuestras posibilidades, su plena vigencia. 

 Hacemos también constar que la información práctica que se facilita en el relato se hace a título personal, con la intención de que pueda resultar lo más útil y ajustada posible. No obstante recomendamos que, en evitación de sorpresas y contratiempos, antes de emprender el viaje, confirméis los horarios, precios, y demás datos susceptibles de variación o modificación. ¡Y buen viaje! 

 

RUTÓMETRO

FECHA

ETAPA

KM./DÍA

Viernes, 1 de diciembre

Valladolid-Área de Bordeaux-Cestas

600

Sábado,2 de diciembre

Burdeos-Obernai

932

Domingo, 3 de diciembre

Obernai-Rosheim-Erstein-Wangenbourg

131

Lunes, 4 de diciembre

Estrasburgo

83

Martes, 5 de diciembre

Mont Ste.Odile-Ruta del Vino-Selestat

100

Miércoles, 6 de diciembre

Traslado a Biesheim//Riquewihr, Kaysersberg, Colmar

180

Jueves, 7 de diciembre

Route des Crétes-Eguisheim-Colmar-Freiburg¡Friburgo (Alemania)

206

Viernes, 8 de diciembre

Breisach y Mulhouse

102

Sábado, 9 de diciembre

Biesheim-Área de Bidart (Frontera española)

1.072

Domingo, 10 de diciembre

Área de Bidart-Valladolid

415

 

TOTAL

3.821

 

 

Conocer AIsacia nos atraía tanto como disfrutar del ambiente navideño centroeuropeo, con sus mercadillos, sus aromas, sus casas de entramado; sin embargo los rigores del invierno y la distancia (unos 1.600 km. desde Valladolid) acababan siempre dejando el asunto para mejor ocasión, pero "la tentación" rondaba y, finalmente, se llevó el gato al agua. ¡Bendita idea!.

 

Comentamos el proyecto a nues­tras amistades campistas y aunque al­gunos por diversas razones tuvieron que renunciar al viaje, nuestros amigos Carmen y Gonzalo “se subieron al carro” con el mismo entusiasmo que nos embargaba a nosotros. Estaba decidido… ¡Nos íbamos a Alsacia aprovechando el “puente de la Constitución”!. Ya sólo era cuestión de elegir las rutas y los itinerarios a seguir.

  

PREPARANDO EL VIAJE

  

Alsacia se encuentra al noreste de Francia y es la región más pequeña del país vecino. El Rin forma la frontera natural con La Selva Negra alemana. Su capital es Estrasburgo, sede del Parlamento Europeo.

 

Históricamente Alsacia siempre formó parte del Imperio Ale­mán hasta que, en el siglo XVII, el rey Luis XIV la anexionó al reino de Fran­cia. Aunque posteriormente ha cam­biado de manos varias veces, han sa­bido desarrollar un carácter particular y bien definido. Las localidades con­servan los nombres germánicos y también las tradiciones navideñas, sólo que corregidas y mejoradas.

 

Alsacia es una maravilla en cualquier estación del año. Sus coquetos pueblos de casas de entramado de madera, muy bien cuidados, se cubren de flores en la época estival, dejando paso en Navidad a espectaculares adornos en calles y edificios: muñecos de nieve; Papás Noel trepando facha­das; ositos de peluche; cajas de regalo… y un sinfín de motivos navideños más se encargan de transmitir al visitante un ambiente mágico sin igual.

 

Para Alsacia, la Navidad es un atractivo turístico de primer orden. ¡In­cluso disponen de una caravana publi­citaria que recorre las principales ciu­dades centroeuropeas! Y les debe funcionar porque estaba a reventar de gente. Aún siendo una región de reduci­das dimensiones, sus múltiples atractivos requieren tiempo y hubo que afi­nar mucho en el diseño del itinerario para que no se nos quedara nada im­portante en el tintero.

 

RUMBO A ALSACIA

 

Decidimos salir de viaje el viernes, 1 de di­ciembre de 2000, por la tarde y regresar el do­mingo, día 10, con la idea de llegar a Alsacia el domingo a medio día. El viernes iniciaríamos el viaje de regreso para hacerlo un poco más tranquilo, pues unos1.600 km. separan Obernai - el primer punto de acampada - de Valladolid.

 

Como disponer de una buena in­formación es esencial, escribimos va­rias cartas a las oficinas de turismo al­sacianas. ¡En solo cinco días dos de ellas volvieron contestadas!. Impresio­nante ¿verdad?. Recibimos también una completa guía de camping de la región - algo fundamental, porque en diciembre hay muy po­cos abiertos- y numerosos folletos con información de las muchas activi­dades navideñas que se organizan por toda Alsacia. ¡Qué bien montado lo tienen!.

 

Nota actual: Preparar con tiempo el viaje es siempre garantía de éxito, pues da tiempo a tener en cuenta los muchos y variados aspectos que harán de nuestro periplo una experiencia inolvidable. Si quieres leer más sobre cómo preparar a fondo un  buen viaje por libre, pincha aquí.

 

De esa manera nos enteramos que en los fines de semana había varios mercadillos gastronómicos en los alrededores de Obernai y por eso decidimos que nos conve­nía llegar a destino el sábado por la noche para poder disfrutarlos, aunque eso fuera a costa de «apretar» el plan de viaje.

 

Y es que, en muchos pueblos, los mercadillos navideños y otras apeteci­bles actividades sólo tienen lugar los fines de semana. En las ciudades, en cambio, suelen estar durante todo el período de Adviento, que en 2000 fue de 25 de noviembre a Nochebuena. El criterio general es que el Adviento empieza el último fin de semana de noviembre hasta el día de Navidad. Eso coloca al "puente de la Constitución" como fecha clave para un viaje como éste. Eso sí, dada la lejanía, nos veremos obligados a reservar la semana entera de vacaciones para poder salir un viernes por la tarde y regresar el domingo de la semana siguiente.

 

Nota actual: en estos tiempos de auge de internet, la búsqueda de información resulta cada vez más fácil y mejor. Para saber dónde y cuándo se celebran los distintos mercadillos navideños -y otras actividades- en la geografía alsaciana, consultad la siguiente web:

www.marche-de-noel-alsace.com

Y para los mercadillos alemanes podéis consultar:

www.weihnachtsmarkt-deutschland.de

Una está en francés y la otra en alemán tal y como se podría suponer, así que tendréis que recurrir a los traductores on-line de Google o cualquier otro. No os desaniméis por ello porque lo importante es disponer de una buena información, que es algo fundamental para el éxito del viaje. ¡Qué el tiempo libre es un bien muy escaso y hay que aprovecharlo a tope!

 

A menudo el temor al frío y al mal tiempo suele ser uno de los “frenos” más usuales para evitar viajar en invierno. Sin embargo, tras seis viajes a Alsacia, en general podemos decir que la climatología de la zona, en diciembre, es bastante soportable y hasta el invierno de 2010 jamás nos había nevado, pero no tuvimos problemas especiales, así que la climatología invernal no debiera desanimar a nadie que disponga de una caravana mínimamente preparada para el frío, que son la inmensa mayoría.

 

Heladas sí las ha habido y la temperatura suele rondar entre 0º y 10º de media. Las lluvias suelen aparecer a menudo, pero la mayoría de las veces han sido chaparrones de poca entidad. El sol, eso sí, no suele dejarse ver demasiado, pero cuando sale, se agradece mucho. Resumiendo, hasta ahora el mal tiempo nunca nos ha fastidiado el viaje, así que os animamos a conocer una zona que, a buen seguro, os maravillará y querréis volver muchas veces más. El viaje de 2002 fue, en términos de frío, el peor, por la tremenda humedad ambiente. El mejor, por temperatura, ha sido el de 2009. El resto, pues ni mucho ni poco.

 

 

LA RUTA HACIA ALSACIA Y LA SELVA NEGRA…

  

Y por fin llegó el momento de la partida. Salimos de Valladolid el vier­nes 1 de diciembre a las cinco de la tarde. El «cuerpo expedicionario» es­taba compuesto por nuestros amigos Carmen y Gonzalo y sus hijos Víctor e Inés. Ellos con una caravana «Bürstner 430» y nosotros con una «Rápido 39 T Club».

 

Después de un trayecto sin historia, a las 00,30 h. paramos a dor­mir en el Área de Servicio de Burde­os-Cestas a 600 kms, de distancia. ¡Hay que ver lo concurridas que están las áreas de autopista francesas en di­ciembre! No fue nada fácil encontrar un hueco.

 

Nota actual: En aquellos “buenos viejos tiempos” todavía no estaba terminada la autovía A-1, entre Armiñón y San Sebastián, ni mucho menos el tramo de peaje de la AP-1 entre Vitoria y Eibar, así que fuimos por la A-15, la autovía de Leizarán.

 

Actualmente hemos depurado mucho la ruta, así que os animamos a conocer nuestra "mejor ruta para llegar a Alsacia (ruta del noreste)" en nuestro apartado "las mejores rutas para cruzar Francia", ahorrando también en peajes, pues en Francia las autopistas de peaje cobrar un recargo próximo al 50% a los vehículos de más de dos metros de altura. Y ahí entramos la mayoría de campistas.

 

Y como en Francia los combustibles también varían mucho de precio de unos lugares a otros, aquí encontraréis unas cuantas sugerencias para ahorraros unos euros al repostar en el país vecino.

 

Llegar a Burdeos, a 600 km. de distancia de Valladolid, tiene varias ventajas: la primera es que se gana un tiempo precioso, pues en una misma tarde podemos llegar más allá de la frontera y cenar en el área de Bidart o en la de Urrugne. Así la hora de llegada a Burdeos suele estar entre la medianoche y las doce y media.

 

La segunda ventaja, que va asociada a la anterior, es que, al poder salir muy temprano, nos sacudimos de un plumazo los importantes atascos que se forman tanto en la frontera y los 3 peajes de la autopista francesa, como en la “rocade” (circunvalación) de Burdeos durante las mañanas y tardes de verano. En invierno la cosa no es tan grave, pero nunca está de más…

 

El área de Bordeaux-Cestas, pesar de ser bastante gran­de, habitualmente suele estar hasta arriba de gente que ha tenido la mis­ma idea que tú y a esas horas de la noche no siempre es fácil encontrar un hueco para estacionar. Afortunadamente ambos lados del área están conectados por un túnel que cruza la autopista y que se encuentra al lado del hotel “Campanile”, tanto en un sentido como en otro. Generalmente el área dirección Burdeos suele estar más llena que la otra, así que si no encontráis donde aparcar, cruzad al otro lado –dirección España- y allí seguramente no habrá problema para pernoctar. Pero volvamos al relato original...

 

Para el sábado nos esperaban más de 900 kms hasta Obernai. A las siete de la mañana nos pusimos en ruta: Angouléme, Confolens, Bellac, Guéret, Montluçon, Paray le Monial, Montceau les Mines y Chalon, fueron quedando atrás. Apenas encontramos tráfico y a las cuatro de la tarde ya estábamos en Chalon, en la región de Borgoña.

 

En principio la idea era tomar allí la autopista de peaje, pero observando el mapa y a la vista de la rectitud de la carretera hasta Besançon, optamos por seguir por esa vía, la carretera nacional N-73, a ver qué tal. Fue un acierto porque realmente es tan recta como esperábamos y pudi­mos mantener un ritmo muy similar al de autopista. Donde nos pillamos los dedos fue al pretender cruzar Besan­çon por la supuesta circunvalación, una ratonera plagada de semáforos. A la vuelta, escarmentados, no caímos en la trampa y salimos de la autopista pasada esa ciudad, que es lo que hu­biéramos necesitado a la ida, de ha­berlo sabido.

 

Nota actual: Diez años de visitas a Alsacia enseñan mucho y, como era de esperar, la ruta que hoy en día seguimos es bastante diferente a la de este ya lejano viaje de 2000. Las autovías francesas han aumentado (no tanto ni tan deprisa como sería de desear, pero lo suficiente como para que ahora la ruta sea mucho más cómoda y segura). Y como ya hemos comentado, si aún no lo has mirado y quieres conocer la mejor ruta para llegar a Alsacia pagando lo justo, pincha aquí.

 

 

EL CAMPING DE OBERNAI, "Le Vallon de l'Ehn", de lo mejorcito que hay…

 

Llamamos al camping de Obernai -Le Vallon de l’Ehn- para preguntar a qué hora cerraba la recepción y nos informaron que a las 19,00 h., pero que podíamos pasar la noche en el parking de la entrada, pues tiene barrera. A las 20,45 llegamos a nuestro destino después de 932 kms. de apacible tra­yecto. 

A punto de entrar en el camping "Le Vallon de l'Ehn" tras pasar la noche en el parking

 Nota actual: Cada vez que regresamos a Obernai, Annie y Caroline, las recepcionistas se alegran mucho de vernos y a estas alturas de la vida ya me llaman “el periodista”, pues dicen que no nos imaginamos la cantidad de personas que han visitado el camping animados por nuestros relatos sobre Alsacia publicados en “El Camping y su Mundo”. Eso está bien. A ver si sigue cundiendo el ejemplo ahora con la web…

La sorpresa fue en 2002 cuando al registrarnos en el camping ... ¡Nos recibieron con el ejemplar de “El Camping y su Mundo” en el que aparecía el relato de este viaje a Alsacia y que, como podéis ver hablábamos elogiosamente de su camping que es muy, pero que muy bueno. ¡Os podéis imaginar la ilusión que nos hizo!.

La web es www.obernai.fr/fr/Le-Camping-municipal-103.html

En 2011 la tarifa es de 17,40 € (parcela, 2 adultos y electricidad). Descuento del 10% con la tarjeta de camping internacional.

Y OBERNAI NOS DEJÓ BOQUIABIERTOS...

 

La entrada en Obernai fue de las que dejan huella. Para llegar al camping desde la autopista no es necesario entrar en el pueblo, pues antes hay un desvío, pero no lo vimos y nos metimos con las caravanas por sus calles. Y fue un puntazo, pues al cruzar el pueblo alucinamos con su iluminación y am­bientación. Nos quedamos boquiabiertos. Fue talmente como entrar en un decorado de cuento… ¡algo inolvidable!. 

Obernai. Fachada decorada

 

Obernai

 

El camping municipal de Obernai es modélico. Inaugurado en 1999 dis­pone de calefacción en unos servicios modernos y bien hechos. Tiene «esta­ción» de llenado/vaciado para autoca­ravanas, aunque a base de fichas de pago. Los enchufes son de seguridad, de tres bornes. Además es barato. Pa­gamos por todo, luz incluida, unas 2.550 ptas. aprox. Calidad a buen precio, la combinación ideal. Solamente hay un “pero”, y es que en esas épocas, a causa de las lluvias, el suelo de hierba suele estar bastante embarrado, pero también es cierto que se suelen encontrar soluciones al problema. En cualquier caso, es un camping muy bueno.

 

Lo único verdaderamente critica­ble en Obernai es la falta de señaliza­ción del camping en el pueblo. Lo me­jor es seguir en dirección Mont Ste. Odile y, antes de tomar esa carretera, girar a la derecha y luego a la izquier­da y estaréis en el camping, sin necesi­dad de entrar en el casco urbano. Nota actual: Ese problema ya está resuelto y, en la actualidad, el camping está bien señalizado.

 

 

Y DISFRUTAMOS UN MONTÓN CON LA GASTRONOMÍA ALSACIANA…

 

Una vez instalados visitamos Obernai. Será por ser el primero, pero es uno de los pueblos que más nos ha gustado. La primera atracción del día era el “Mercadillo de Gastronomía Navideña Alsaciana” al cual hicimos los debi­dos honores. Allí descubrimos los pla­ceres del « Vin Chaud” -Vino Calien­te, (“Glühwein, en alemán)- bebida típica de la zona a base del afamado vino de Alsacia, canela, especias, zumo de limón, etc, todo muy, muy caliente.  

Haciendo los honores a la gastronomía alsaciana

 Otros descubrimientos fueron: la “Tarte Flambée” -una especie de pizza a la carbonara, pero con una ba­se mucho más fina (Flammeküche, en alemán)-, el “Kougelhopf”  -un bizcocho típico alsaciano--, el «Spaeztle con choucroute al estilo de la abuela», las salchichas del “cosechero”, el “bretzle” --un pan salado en forma de ocho- y muchas otras especiali­dades a cual más sabrosa. Además los precios eran bastante razonables lo que siempre es de agradecer en un país como Francia.

 

Nota actual: El encanto de Obernai como pueblo navideño no ha decaído en absoluto, pero desgraciadamente ese mercadillo gastronómico que aquí narramos ya no existe como tal. Actualmente se instala una versión mucho más “light” a base de productos “du terroir”, es decir, patés y otros productos de la zona, pero con muchas menos paradas “para comer in situ” que hace unos años. Haberlas, haylas, pero el mercadillo ya no es tan sugerente como antaño. A cambio ahora está abierto durante todo el Adviento. El mejor día para visitar Obernai es el jueves, pues por la mañana se instala el mercado semanal (termina a las 13 horas) y el ambiente es fenomenal.

 

Después de comer y de alucinar nos encaminamos al cer­cano pueblo de Rosheim, en el que se encuentra la casa de piedra más anti­gua de Alsacia, del siglo XIII. Allí, en el mercado navideño, se ofrecía una de­gustación de «Cerveza de Navidad». Sí, habéis leído bien. La «Biére de Noël” es un tipo de cerveza tostada y de sabor más dulzón típica de estas fe­chas.  

Rosheim. "Le marché de Noël".

  

Rosheim. La casa más antigua de Alsacia

 

Decoración navideña en plena calle.

 

Prosiguiendo nuestra particular «ruta gastronómica» nos fuimos a Erstein -a unos 30 kms.-, donde nos esperaba el “Mercado de los Dulces de Hansel y Gretel”. Erstein carece de interés arquitec­tónico, pero por el mercadillo valía la pena el desplazamiento. En el polide­portivo habían instalado puestos con dulces y golosinas de todo tipo, deli­ciosos para la vista y el paladar. 

 

Erstein. En el mercado de dulces de Hansel y Gretel

 

Finalmente terminamos el día en Wangenbourg -en la denominada Suiza Alsaciana- para ver el espectá­culo de «Las Ventanas de Adviento». Los lugareños decoran e iluminan más de cien ventanas del pueblo y aldeas que componen el municipio. En Wan­genbourg había unas poquitas y, aun­que esperábamos algo más, estuvo bien. Lo mejor fue, de camino, trope­zar a pie de carretera con un chalet particular que tenía montado en el jardín un belén a base de muñecos y juguetes perfectamente iluminados. 

 

Wangenbourg. Una de las ventanas decoradas

 

 

Increíble, pero cierto. Esto estaba en un jardín privado...

 

Realmente la primera jornada en Alsacia había cumplido con creces las expectativas más exigentes Estába­mos entusiasmados. Además, como propina, nos hizo bueno. Al día siguiente nos esperaba Es­trasburgo, la capital alsaciana y sede del parlamento europeo, situada a sólo 30 kms de Obernai.

 

Como ya hemos señalado, en la web www.marche-de-noel-alsace.com encontraréis amplia información sobre los mercadillos navideños alsacianos y sobre las actividades que se organizan a lo largo de la región.

  

ESTRASBURGO, SU AMBIENTE NAVIDEÑO Y SU P+R.

 

Antes de reca­lar en la capital, cruzamos el Rin y pasamos a la localidad de Kehl, en territorio alemán, para ver la fábrica «Bürstner», la mar­ca de la caravana de nuestros amigos. Kehl está literalmente “pegada” a Estrasburgo. La enorme explanada cubierta de ca­ravanas y auto-caravanas impresiona de verdad. De paso aprovechamos para repostar gasóleo en Alemania, diez pesetas más barato que en la Galia. 

 

Kehl (Alemania). Entre el Rin y la Bürstner.

 

Regresamos a Estrasburgo para ver el Parlamento Europeo. Este ocu­pa un edificio oval de cristal inau­gurado en el '99, del cual se puede vi­sitar el patio. Después de la visita al «corazón de la Unión Europea» y de las fotos de rigor, llegó la hora de dirigirse al centro de la ciudad. 

 

Junto al monumento a la unidad de Europa

 En un principio pensamos utilizar uno de los «P+R» o "Relais+Tram" una propuesta inteligente y original de la alcaldía estrasburguesa. Una fórmula de aparcamiento disuasorio y transporte en tranvía, ida y vuelta, para todos los ocupantes del vehículo por (3,10 € en 2011). Hasta las 20,00 h. se puede coger el tranvía con ese billete. Los parking no cierran pasada dicha hora. Hay varios P+R en la periferia de Estrasburgo.

 

Si visitáis la zona europea, situada al norte de la ciudad, el P+R más próximo es el de “Rives de l’Aar”. Y si venís del sur, de Obernai por ejemplo, el más adecuado es el de “Elsau”, que se encuentra junto a la autovía, junto a la salida nº 4 de la A-35.

 

Una fórmula muy interesante que no utilizamos en este viaje porque el tiempo nos jugó una mala pasada y optamos por aparcar los coches en el centro, pero no fue una buena idea. En visitas posteriores sí lo hemos utilizado y es una maravilla.

 

Pinchad en el enlace a la web del ayuntamiento de Estrasburgo sobre los "Relais + Tram".

Podéis encontrar más información turística y navideña de Estrasburgo -la capital de la navidad- pinchando aquí.

 

Según la “Guía Mi­chelín”, a las 12,30 h. se ponía en fun­cionamiento el reloj astronómico de la Catedral y era evidente que no lle­garíamos a tiempo para verlo si tenía­mos que buscar un P+R y desplazar­nos después hasta allí. Así que optamos por ir al centro en coche y aparcar en un parking público. ¡Cosa que tampoco resultó nada fácil, pues en varios de ellos la altura estaba limitada a 1,80 m. y el “Discovery” de Gonzalo no entraba…! 

Con la catedral al fondo...

 

Entramos, por fin, en la catedral a las 12.25 h. creyendo que, por los pelos, habíamos llegado a tiempo, pero nos encontramos el lugar abarrotado de gente y el espectáculo en marcha. Ha­bía empezado quince minutos antes de lo que decía la Guía y apenas si pudimos ver algo por el gentío. Así que llegad prontito para coger un buen sitio si queréis verlo bien y si no, pues tampoco os perderéis nada del otro mundo.

 

Nota: En 2002 volvimos a la catedral para verlo y confirmamos que, en efecto, no merecen la pena los inconvenientes de colas y de tiempo - y también de pago, pues ya habían instalado entonces la taquilla - para ver a unos muñequitos moverse sólo unos minutos. Es mucho mejor verlo “quieto”, pero con comodidad y a gusto.

 

La catedral es muy bonita, especialmente vista por fuera Lástima que la torre estuviera parcialmente cubierta de andamios. La ciudad, en general, tiene mucho encanto, realzado aún si cabe por el ambiente navideño. El barrio de la «Petite France» con sus canales y sus casas de entramado de madera, es el más coqueto de la ciudad. 

 

Estrasburgo. La Petite France

 

Los «Puentes Cubiertos», estampa típica de Estrasburgo, son también muy bonitos. El monumental mercadillo navideño de la plaza de la Catedral es espléndido, como lo es también el de la Place Broglie. Llama la atención la variedad de lo expuesto en las casetas. Hemos visto muchos mercadillos en Alsacia y ninguno ha sido igual a otro.

 

 

Con la catedral y los "Ponts Couverts" a la espalda

 

Estrasburgo tiene, al menos, cinco grandes mercadillos navideños, por lo que precisa el día completo sin lugar a dudas, especialmente si se quiere ver por fuera el parlamento. Así que no os olvidéis de madrugar el día de Estrasburgo… porque a las ocho en punto cierran los mercadillos…; 

 

La "Maison Kammerzell" en la plaza de la catedral

 

   A media tarde -a las 16.30 h. allí empieza a anochecer- empezó a caer una fina lluvia que tardó bastante en parar y que no nos hacía augurar nada bueno para el día siguiente. Pero no fue así. El día amaneció despejado y pudimos disfrutar de la mejor jorna­da, climatológicamente hablando, de todo el viaje.  

 

Panes de especias alsacianos...

 

 

“DELICIAS ALSACIANAS” Y LA RUTA DEL VINO…

 

Ese martes nos dirigimos al «Mont Ste Odile», convento dedica­do a la patrona de Alsacia, situado en lo alto de un cerro en el macizo bos­coso de Ios Vosgos, muy cerquita de Obernai. Si arquitectónica­mente no es nada del otro jueves, la vista de la plana de Alsacia, con la Selva Negra de fondo, sí vale la pena; además el lugar guarda otros atractivos. 

 

El Mont St.Odile

 

Desde el aparcamiento sur sale un sendero señalizado que conduce al enigmático “Mur Païen” - El Muro Pagano­ - una megalítica e imponente muralla de grandes piedras, de diez kilóme­tros de longitud cuyos muros alcanzan una altura media de tres metros y una anchura de uno y medio y del cual se ignora con qué fin fue construido Bastantes lienzos de muralla todavía se sostienen en pie. 

 

Lienzo de "El Muro Pagano"

 

Desde allí iniciamos un corto re­corrido por algunos pueblos típicos de la famosa «Ruta del Vino», en la que encontraréis a cada paso la casa de un cosechero que os ofrecerá sus vinos. Como no os podréis ir de Alsa­cia sin probar y adquirir los varios ti­pos de caldos que producen, es bue­no saber que los precios de los cosecheros no son mucho más altos de los que podríais encontrar en un hipermercado y siempre tendrá más “sabor”. De todas maneras es intere­sante comparar precios antes de comprar porque, entre ellos, sí que existen diferencias importantes. Mu­chos ofrecen degustaciones.

 

Mittelbergheim fue una total de­cepción. A pesar de formar parte de la «Asociación de Pueblos Mas Bonitos de Francia», tal título nos parece inme­recido y os podéis ahorrar perfecta­mente la visita porque no hay compa­ración con otros pueblos de la zona. Mucho más interesantes son Itterswi­Iler, Dambach la Ville, o el castillo de Haut Köenigsburg, cerca de Sélestat. 

 

Bodegas en Itterswiller

 

 La fortaleza, reformada por el Kaiser Gui­llermo II a principios del siglo pasado, -ya tenemos que empezar a llamarlo así, en un estilo pseudo-medieval, desde lo alto de la montaña ofrece un aspecto digno de un emperador. Nos gustó mucho. No admiten tarjetas y los chicos no pagan. 

 

Haut-Köenigsbourg

 

En cuanto cayó la noche pusimos rumbo a Sélestat, ciu­dad que se enorgullece de ser “la cuna del Árbol de Navidad”, pues desde 1521 consta allí la primera reseña escrita de tal costumbre, hoy tan extendida. La ciudad como tal no es muy interesante, excepción hecha de la iglesia románica de Ste Foy y la Catedral de St George.

 

El interés más bien radicaba en la exposición de ocho abetos que mostraban, en el in­terior de la catedral, la evolución de la decoración de los Árboles de Navi­dad a través de los siglos. Al mismo tiempo ocho abetos gigantes, reparti­dos por las plazas de la ciudad vieja, mostraban la misma evolución, pero a lo grande. La primera decoración, la del siglo XVI, consistía únicamente en manzanitas colgadas; seguramente por eso se siguen usando en la actualidad, aunque ahora sean de plástico fabri­cado en China. Esta exposición suele estar cada año. 

 

La historia del árbol de navidad: manzanitas como toda decoración...

 

En “La Maison du Pain” hacían de­mostraciones de repostería navideña. En vez de nuestros polvorones y tu­rrones, en Alsacia confeccionan va­rios dulces típicos como el pan de especias (pain d’épices), los «Mannalas» -monigo­tes de brioche- o los «Bredeles», unas pastitas parecidas a las de té, con sabor a canela. Incluso encontra­réis «chocolate de Navidad» con el típico regustillo a canela, por supuesto. Y es que la canela es la reina de los sabo­res navideños alsacianos. 

 

Viendo como hacen los ricos "Bredeles"...

 

 

Y NOS TRASLADAMOS A ORILLAS DEL RIN…

 

El miércoles, el Día de la Consti­tución en España, nos trasladamos a Biesheim, al camping "Île du Rhin", a orillas del río del mismo nombre, pegando a la frontera alemana. Es un «cuatro estrellas» y el único abierto en estas fechas en la «plana» cercana a Colmar. Sólo por ese motivo nos quedamos en él a pesar de que el cuerpo nos pedía salir de allí corrien­do... y es que, según las normas del camping, éste cerraba ¡a las seis de la tarde!. Lo cual, forzosamente, obligaba a dejar el coche en un apar­camiento público descampado y bas­tante oscuro. ¡Y eso a pesar de dispo­ner de barrera automática!. Realmente incomprensible. Por supuesto nos quejamos de tan absurda norma, pero la «ley del embudo» fue la res­puesta… o sea, que «eso es lo que hay y si no te gusta, pues tú sabrás…». Lo más gracioso fue el comentario de que… ¡“lo hacían por seguridad”!. Tronchante. Menuda seguridad  la que te obligaba a dejar el co­che en la calle… ¡porque a ver quién es el guapo que regresa al camping antes de las seis de la tarde!.

 

(Nota: actualmente (al menos desde 2007) el camping de Colmar, el "Camping de l'Ill", está abierto durante el adviento y es mucha mejor opción si se quiere estar por esa zona. También abre todo el año el camping de Heimsbrunn, cercano a Mulhouse).

 

En el Rin, en el paso fronterizo, tuvimos la fortuna de contemplar «en vivo y en directo» el funcionamiento de las esclusas que ayudan a los bar­cos a salvar el desnivel existente. Al lado mismo se encuentra la Central Eléctrica de Vogelgrün, que exhibe unos interesantes murales pictóricos llama­dos «El jardín de las Ninfas».

 

 

Esclusas de Vogelgrün sobre el Rin

 

 

DOS JOYAS ALSACIANAS: COLMAR Y RIQUEWIHR.

 

Bajo una lluvia fina nos encaminamos a Riquewihr, uno de los pueblos más bonitos de Alsacia. Espectacular es su calle mayor, de mansiones semienma­deradas exquisitamente adornadas. Se respiraba un ambiente mágico. Su monumento más famoso es el Dolder, una preciosa torre del siglo XIII junto a la puerta de las murallas. Este, no solo pertenece a la «Asociación de Pueblos más Bonitos de Francia», sino que lo tiene más que merecido. 

 

Riquewihr. Con el "Dolder" al fondo

 

 

 

Riquewihr. Fachadas "de ensueño"

 

Nota: Riquewihr y Colmar son dos de los destinos ineludibles de todo viaje a Alsacia. ¡De hecho nunca hemos dejado de hacerlo en todos estos años!

 

No podemos decir lo mismo de Hunawihr, que es tan prescindible co­mo Mittelbergheim. Ahorraros la visita. Kaysersberg «va por libre», pues no pertenece a dicha Asociación, pero sería imperdonable no verlo, pues es una preciosidad. Es otro pueblo medieval encantador, domi­nado por las ruinas del castillo. Existe una zona de aparcamiento específico para caravanas y autocaravanas. En los fines de semana hay varios mercadillos navideños. 

 

La preciosa Kaysersberg

 

 

 

Kaysersberg. Decoraciones navideñas

 

Acabamos el día en la capital del departamento del Alto Rhin, Colmar, que está considerada como una de las “,joyas” de Alsacia por la excelen­te conservación de su casco antiguo, milagrosamente a salvo de las mu­chas guerras acaecidas por aquellos lares. Los edificios renacentistas y medievales, el barrio de los curtido­res, el de la Petite Venise -con sus casas enmaderadas de colores a ori­Ilas de los canales- el Museo Unter­linden y sus típicas calles forman, un conjunto arquitectónico admirable. Y en Adviento está, si cabe, más bonita aún. Y, por si fuera poco, cinco mercadillos navideños jalonan el recorrido por la parte antigua. 

 

Colmar

 

Nota actual: Colmar tiene cinco buenos mercadillos y si queremos hacer una visita sosegada a la ciudad, teniendo en cuenta que a las siete cerrará todo, lo mejor es plantearse el día visitando Riquewihr por la mañana y Colmar después. Todo lo que sea sobrecargar el día con otras cosas irá, indefectiblemente, en detrimento de Colmar. Al loro, pues. 

 

LOS VOSGOS Y UNA GRATA SORPRESA AL FINAL DEL DÍA…

  

Al día siguiente teníamos prevista una incursión al macizo montañoso de Los Vosgos - cadena que separa Alsacia de la región de Lorena- para recorrer un pequeño tramo de la Ilamada “Route des Crêtes”, que discurre por las cum­bres de los «ballons» o colinas de ci­mas redondeadas características de los Vosgos. Los “ballons” también dan mucho juego en las postales turísticas. No diremos más al respecto. Es mejor comprobarlo “in situ”.

 

La “Route des Crêtes” fue abierta por el ejército francés en la Primera Gue­rra Mundial, cuando esa zona era, desde 1870, la frontera con el Imperio Alemán.

 

Vista la lluvia del día anterior no confiábamos en disfrutar de un buen día en los Vosgos, pero mira por don­de amaneció claro y despejado y eso nos permitió contemplar los lagos “Blanc” y “Noir” y las vistas bien a gusto. También hay, que decir que el paisaje -sin nie­ve- nos decepcionó un poco. Espe­rábamos algo más espectacular,­ la verdad. Seguro que en otras épocas del año más propicias los Vosgos lucirán mucho más, pero en diciembre, con los árboles sin hojas, la cosa no era muy estimulante. 

 

Los Vosgos en invierno

 

Bajamos por el “Col de la Schlucht”, camino de Eguisheim, a las afueras de Colmar. Tuvimos suerte con el tiempo porque fue llegar al pueblo y cubrirse de nubes las montañas. Empezó a Ilo­viznar de nuevo. Si nos descuidamos un poco, no vemos nada de los Vosgos. Así que, a pesar de todo, tuvimos suerte.

 

Eguisheim, cuna del Papa León IX, es un pueblecito de preciosos rinco­nes. El paseo por sus pintorescas y concéntricas calles es una delicia que te remonta a épocas lejanas. En el centro del pueblo encontraréis la típi­ca fuente de toda plaza alsaciana con la estatua del Papa, y la iglesia de teja­dos multicolores formando parte del antiguo recinto del castillo. En suma, una de las visitas ineludibles. Durante los fines de semana se instala el mercadillo y el pueblo gana enteros, pero es precioso en cualquier momento. 

 

Eguisheim

 

A eso de la una del mediodía y todavía bajo una persistente Iluvia, vol­vimos a Colmar que, paradójicamen­te, pasa por ser la ciudad con el índice de lluvias más bajo de toda Francia. Aunque el día anterior ya habíamos recorrido gran parte del casco viejo, nos apete­cía verlo a la luz del día para fotogra­fiarla. Como ciudad importante y centro turístico de renombre, estaba muy concurrida para tratarse de un día de diario de diciembre y costó un poco aparcar.

 

A las seis de la tarde pusimos rumbo a Friburgo o Freiburg im Breisgau, capital de la Selva Negra, distante 50 kms. de Colmar y a sólo 30 del camping, para ver la catedral gótica, aunque fuera de no­che, y también para «palpar» un poco el ambiente navideño alemán. 

 

Freiburg im Breisgau (Alemania) - La "Kaufhaus"

 

Ante la dificultad de aparcar en la calle, nos vimos obligados a hacerlo en un parking público y a sacar algunos marcos alemanes del cajero automático pa­ra poder pagarlo. (¡Viva el euro! ¡Qué maravilla para viajar por Europa!, pero en el 2000 aún quedaba un poco para disfrutarlo).

 

 Lo que no sabíamos era que, en la plaza de ayuntamiento, había un jolgorio tremendo en el enorme y fantástico mercadillo navi­deño friburgués, con montones de ca­setas de artesanía y comida. ¡Qué agradable sorpresa!. ¡Qué pasada!. Diez años después y ya con un “master en mercadillos alemanes” aún recordamos con emoción el impacto que nos causó el primer mercadillo alemán de nuestra vida… 

 

Disfrutando de la gastronomía alemana "por sorpresa"

 

Por supuesto le hicimos los honores al «Glühwein», el equivalente alemán al “Vin Chaud” francés, y lo pasamos en grande probando las «delicatessen» de la gastronomía teutona. Pronto se agotaron los mar­cos y nos tocó visitar de nuevo al ca­jero; claro que esta vez con una ale­gría en el cuerpo insólita en este tipo de operaciones...; además el cielo qui­so sumarse a la juerga y, por fin, dejó de llover Qué detalle. Es reseñable el espíritu «ecológi­co» germano, envases, platos y vasos son de loza o cristal. Pagas una señal al servirte (“pfand”) y la devuelven cuando de­jas los platos. Friegan más, pero a cambio evitan un montón de des­echos de plástico. Sus vecinos franceses no son tan cuidadosos con el medio ambiente…

  

“QUEMANDO LOS ÚLTIMOS CARTUCHOS” EN ALSACIA…

  

El viernes era nuestro último día en Al­sacia. Antes de ir a la ciudad de Mul­house, nos acercamos a Breisach, el pueblo medieval alemán del otro lado del Rhin, presidido por la bonita cate­dral que veíamos desde el camping. El pueblo se ve en poco tiempo. El reta­blo de madera tallada es digno de ad­miración. 

 

El Rin y Breisach am Rhein (Alemania)

 

En Mulhouse, la ciudad de los do­ce museos, visitamos el excepcional Museo Nacional del Automóvil de Francia. Expone más de 400 coches desde las prime­ras « Genovevas» hasta los cochazos de lujo. Desde el «Fiat 500» a los Fór­mula 1 y otros muchos coches de competición. En suma, una cita inex­cusable para todo buen aficionado a las cuatro ruedas. 

 

Mulhouse. Con los F1 en el museo...

 

Otro gran museo «mulhoussien­ne», que no vimos, es el del Ferroca­rril, pero también los hay de otros te­mas, sobre todo relacionados con la tecnología: el de la electricidad, el del papel pintado, el de tejidos, el de bomberos...;

 

Mulhouse, arquitectónica­mente hablando carece de interés, exceptuando la original decoración en «trampantojo» de su ayuntamiento. Como llovía considerablemente por la mañana, la es­tancia en el museo del automóvil - al cual no se le dedican menos de tres ho­ras-- nos ahorró bastante las incomodidades del paraguas.

 

Después le tocó el turno al “Museo del Estam­pado sobre Tela”, situado en el centro de la ciudad. Únicamente entraron las señoras, el resto nos quedamos en la elegante cafetería del museo y parece que acertamos porque salieron bas­tante decepcionadas de la visita.

 

Nos dimos una vuelta por la place de la Réunion, la del ayuntamiento, lugar del mercadillo navideño, ilu­minada con gran originalidad. Cada edificio lo estaba de un color, así que el efec­to global era muy «arco iris». La anéc­dota del día vino de la mano de un órgano de feria que empezó a tocar «Noche de Paz», para luego arrancar­se con un pasodoble torero que nos dejó estupefactos. Algunos franceses seguían el ritmo, pero a nosotros nos dio por reír a carcajadas y a mirarnos de reojo ante el asombro del resto de espectadores que no acababan de comprender los motivos de tanta risa, pero es que resultaba bastante alucinante pensar que estábamos en Alsacia, en un mercadillo navideño, escuchando un pasodoble tocado por un órgano construido en París que, para colmo, sonaba a cascajo. Desde luego fue el «momento kitsch» del viaje.

 

Quisimos terminar el día y la es­tancia en Alsacia visitando Neuf Brisach, cu­yo principal interés es la de ser una ciudad fortificada en forma de estrella -detalle que sólo se aprecia bien a vista de pájaro, claro- construida en el si­glo XVII por Vauban, el sempiterno ar­quitecto militar de Luis XIV. El pueblo es muy feo, exceptuando las fortifica­ciones.

 

Ese fin de semana estaba anunciado un mercadillo navideño del siglo XVIII, en el cual los expositores irían ataviados de época y esa era la justificación de la visita, pero a la salida de Mulhouse nos en­contramos una importante retención en la autopista por unas obras y llega­mos, bastante apurados, a Neuf Bri­sach, media hora antes del teórico cierre del mercadillo. Nos llevamos un buen flash. Mu­chos puestos estaban cerrados y lo que se dice disfrazados, disfrazados, vimos a cuatro. No obstante nos gus­taron los puestos que quedaban abiertos y aprovechamos el evento para degustar el último «Vino Calien­te» del viaje. Que conste que con un vasito teníamos para todos, porque es «potente» y conviene tratarlo con respeto.

 

Y LLEGÓ EL MOMENTO DE VOLVER…

 

Encantados con las experiencias vividas en este mágico viaje y también apenados por tener que volver tan pronto, pasamos todo el sábado en la carretera. El tiempo volvió a aliarse con nuestros intereses y tuvimos un viaje prácticamente seco, si obviamos un tremendo nublado al cruzar Gué­ret. A las doce de la noche llegamos a Bidart, última área de autopista fran­cesa antes de la frontera. Estaba a tope de camiones v sud­amos tinta china para poder estacio­nar las dos caravanas. Realmente no había sitio material y tuvimos que me­ternos en un pequeño hueco entre dos camiones. No fue buena idea pa­rar en la última área francesa, claro que tampoco pensamos que el pano­rama fuera a ser tan complicado. Lle­gamos a casa el domingo al mediodía, después de un trayecto marcado por el viento de frente y los chaparrones, pero más contentos que unas casta­ñuelas.

 

Aunque todos los viajes realizados hasta la fecha nos han gustado mu­cho, éste nos ha dejado sencillamente boquiabiertos. No os lo perdáis. Y no os olvidéis que, en diciembre, las “palabras mágicas” son… ¡Navi­dad en Alsacia!.

 

Otros relatos sobre nuestros viajes a Alsacia y la Selva Negra, con información actualizada:

El viaje de 2002 - Alsacia y Heidelberg

El viaje de 2006 - Alsacia y la Línea Maginot

 El viaje de 2007 - Alsacia, Alemania y Suiza

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