F.COLET EN CARAVANA
NUESTROS VIAJES
ALEMANIA
ALSACIA EN NAVIDAD
AUSTRIA
BÉLGICA
DINAMARCA
ESTONIA
FINLANDIA
FRANCIA
GRAN BRETAÑA
HOLANDA
Tulipanes en abril
Louwman Museum
HUNGRÍA
IRLANDA
ITALIA
LUXEMBURGO
MALTA EN AVIÓN
MÓNACO
NORUEGA
PORTUGAL
"PUENTES" Y "FINDES"
REPÚBLICA CHECA
SAN MARINO
SUECIA
SUIZA
ORGANIZA TU VIAJE
MOVERSE POR EUROPA
COSAS DEL CARAVANING
MUSEOS SOBRE RUEDAS
DE LA "A" A LA "Z"
PARQUES ATRACCIONES
TURISMO VALLADOLID
Contacto
Aviso legal
Mapa del sitio




 

 
 

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE

Año:

Abril 2001 (datos actualizados en 2013)

Duración del viaje:

8 días y medio.

Kilometraje total:

4.731

Relato publicado en “El Camping y su Mundo” (nº 160 - octubre 2001)

 

Nota: A pesar del tiempo transcurrido desde la realización del viaje, se ha actualizado toda la información susceptible de ser puesta al día, por lo que su contenido mantiene, en la medida de nuestras posibilidades, su plena vigencia.

 

 Hacemos también constar que la información práctica que se facilita en el relato se hace a título personal, con la intención de que pueda resultar lo más útil y ajustada posible. No obstante recomendamos que, en evitación de sorpresas y contratiempos, antes de emprender el viaje, confirméis los horarios, precios, y demás datos susceptibles de variación o modificación. ¡Y buen viaje!

 

  

RUTÓMETRO

FECHA

ETAPA

KM./DÍA

Viernes, 6 de abril 2001

Valladolid-Area Autopista Bordeaux-Cestas

599

Sábado, 7 de abril 2001

Area Autopista Bordeaux-Cestas

Area Autopista Belga

1.069

Domingo, 8 de abril 2001

Area Autopista Belga - Camping (Zeist)

Keukenhof (Lisse) - Haarlem

299

Lunes, 9 de abril 2001

Apeldoorn - Deventer - Zutphen

228

Martes, 10 de abril 2001

Hattem - Zwolle - Giethoorn - Lelystad

340

Miércoles, 11 de abril 2001

Leiden - Katwijk aan Zee - Hook van Holland - Delft - Rotterdam

256

Jueves, 12 de abril 2001

Gouda - Oudewater - Kinderdijk - Dordrecht

Utrech

204

Viernes, 13 de abril 2001

Zeist - Parque Atracciones “De Efteling”

“De Efteling” - Área Autopista francesa A-1

Antes de París

79 + 426

Sábado, 14 de abril 2001

Área Autopista francesa A-1 - Valladolid

1.231

 

TOTAL

4.731

 

 

 

    Una tarde de febrero de 2001 nos re­servaba un futuro que ni sos­pechábamos. Entre loncha y loncha de bacon, preparando una merienda, se me ocu­rrió hacer el siguiente comen­tario a mi esposa Rosa: «¿Sabes qué me pide el cuerpo? Ir a ver tulipanes..., aunque me temo que eso tendrá que ser ya para otro año…».

 

     «¿Y eso?» me preguntó.«Pues porque florecen ahora y, evidentemente, ahora no es momento de ir» apuntillé con re­signación, Pero para mi sorpresa repli­có -dejando de paso patente mi ig­norancia en cuestiones florales-  «los tulipanes florecen en abril, no en fe­brero, y la Semana Santa cae en abril este año, así que… sí podemos ir".

 

    Dicho y hecho, que estas cosas, como lo de ir al matrimonio, no conviene pensarlas demasiado. Ya desde nuestra anterior visita a Holanda, hace seis años, nos habíamos quedado con ga­nas de volver, especialmente en la época de los tulipanes. Era la ocasión que estaba esperando, pues.

 

     Para poner la guinda al pastel sólo faltaba que nuestros amigos Pepe y Nany, de Castellón, con quienes pen­sábamos pasar los días de pascua, se subieran también al carro. Una simple llamada telefónica fue suficiente y sólo una hora después de aquel inocente co­mentario ¡ya se habían sumado al pro­yecto!.

 

    La prevista visita al nacimiento del río Mundo, en la provincia de Albacete, iba a tener que espe­rar una mejor ocasión. En su lugar… ¡La «OperaciónTulipán» acababa de ponerse en marcha!

 

 

LA PLANIFICACIÓN DEL VIAJE Y LA BÚSQUEDA DE INFORMACIÓN.

 

    Una vez decidido que Holanda iba a ser nuestro destino y teniendo en cuenta que ya habíamos recorrido años antes Ámsterdam y las localidades más turísticas, para este viaje quisimos volver a ver algunas de esas localidades tan bonitas, pero, por supuesto, descubriendo nuevos lugares, quizás no tan famosos, pero también muy interesantes, pues Holanda es uno de nuestros países favoritos y por algo será.

 

     Lo que está fuera de discusión es que, para despejar dudas, nada mejor que una buena preparación e infor­mación, si deseamos aprovechar bien el tiempo en un viaje de se­mejante envergadura.

 

    Con la documentación que re­cogimos en “Fitur”, (Madrid), en las guías turísticas, en internet y de las casi veinte cartas que escri­bimos a las Oficinas de Turismo locales holandesas, fuimos reunien­do paulatinamente las piezas del «puzzle».

 

   Para la elección de los camping, utilizamos una guía que nos proporcionaron en “Fitur”. En la actualidad, Internet es “la herramienta” por excelencia y la guía ACSI es una magnífica guía de camping de Europa: www.eurocampings.es

 

 

Nota actual: Preparar un largo viaje resulta tan apasionante como disfrutarlo en vivo y en directo. Después de ha­ber estado varios años re­corriendo Europa, no nos cabe ninguna duda de que el éxito se gesta en una librería especializada y solicitando documentación a la Oficina de Tu­rismo del país de destino. La infor­mación es esencial para planear la ruta y las actividades que realiza­remos si pretendemos aprovechar a tope el siempre escaso tiempo de vacaciones. Además, ésa es la mejor base para improvisar con acierto durante el viaje, si es menester... ¡y casi siempre suele serlo!

 

    Es evidente que tanto las guías turísticas como la demanda de información sigue siendo algo totalmente vigente en plena “era de internet”, pero no es menos cierto que la red de redes ha simplificado sobremanera la tarea de recopilar información. De todas maneras tiene su gracia recordar “como nos buscábamos la vida” cuando hacía falta. Y una o varias guías turísticas siguen siendo tan valiosas como antaño.

 

 

TODO A PUNTO.

 

    Puesto que todos ya conocíamos Holanda y como ya he mencionado, acordamos dedicar los escasos días disponibles en conocer ciudades y pueblos un poco apartados de los circuitos turísticos tradicionales. La salida se planteó para el vier­nes 6 de abril y el retorno para el Sá­bado Santo.

 

    A fin de hacer el viaje en comandita con nuestros amigos, acor­damos encontrarnos entre las 20.00 y 20.30 h. en el área de servicio de Pagozelai, en la autovía A-15 entre Pamplona y San Sebastián y así lo hicimos. Ellos viajan con una caravana «Knaus Süd­wind 440» y nosotros con una «Rápi­do Club 39T».

 

    Como ya es habitual cuando salimos hacia el norte, pernoctamos en el área de autopista de Bordeaux-Cestas, muy cerca de la circunvalación de Burdeos. Es una gran área, con estación de servicio, restaurante y un hotel “Campanile”. Si a pesar de sus enormes dimensiones no hubiese sitios libres para estacionar – lo que ya nos ha pasado alguna vez – frente al hotel “Campanile” hay un túnel que enlaza con el área del otro lado, dirección España. Allí suele ser más fácil encontrar hueco para pasar la noche.

 

    A las siete de la mañana nos pusi­mos de nuevo en marcha desde el Área de autopista de Bordeaux-Cestas, con inten­ción de pernoctar cerca de la frontera holandesa, aún a mil kilómetros de distancia.

 

 

En ruta hacia Holanda

   

La ruta hacia París fue la ha­bitual en los últimos viajes y es la que nos parece que mejor combina rapi­dez y economía después de haber probado distintas alternativas en años anteriores. Recordemos que las auto­pistas francesas tienen la mala cos­tumbre de gravar a los vehículos o conjunto de ellos, con aprox. un 50% de recargo en las tarifas de auto­móvil, si se superan los dos metros de altura. Afortunadamente, nuestra caravana, de techo elevable, no rebasa esa medida, pero no es lo habitual para la mayoría de caravanistas, así que un “uso racional” de las autopistas de peaje supone un ahorro considerable en la factura final del viaje.

  

Nota actual: En aquellos “buenos viejos tiempos” todavía no estaba terminada la autovía A-1, entre Armiñón y San Sebastián, por el puerto de Etxegárate, ni mucho menos el novíismo tramo de peaje de la AP-1 entre Vitoria y Eibar. Así que tanto en España como en Francia, la ruta que actualmente hacemos ha variado ligeramente desde la época de este relato.

 

No obstante, para saber más de la mejor ruta para llegar a París desde la frontera de Irún, pinchad en la foto...  

 

La mejor ruta hacia la frontera belga...

    

    Pero volvamos al relato… comimos en la enorme Área de “Orleáns-Gidy”, en la autopista A-10. Tras pasar el peaje de Artenay, un amable francés nos avisó que uno de los neumáticos de la caravana de Pepe y Nany mostraba un sospechoso abultamiento en uno de los flancos.

 

    Buscamos un lugar donde parar en Artenay y allí cambiamos la rueda. En efecto, el neumático tenía un enorme “chichón” en el costado. Una vez superados los problemas que nos dio el dichoso “trineo” donde se aloja la rueda de repuesto, pudimos reanudar la marcha.

 

 

Cambiando la rueda de Pepe, con "mirón" incluido...

 

    Y llegamos a París. Estuvimos du­dando si tomar la circunvalación exte­rior, la A-104 llamada también «La Francilienne», que enlaza las diversas autopistas que confluyen en París y que suele tener menor riesgo de pa­decer los famosos «bouchons» parisi­nos, o cruzar la ciudad por las auto­pistas interiores, ruta veinte kilómetros más corta que la anterior, pero mucho más problemática por el enorme tráfico que soporta.

 

    Arriesgamos y dejamos atrás «La Francilienne». Craso error. A dos kilómetros del desvío nos topamos con un atas­co de dimensiones siderales. Afortu­nadamente todavía estábamos a tiem­po de rectificar el desaguisado y logramos dar la vuelta sin mucha difi­cultad. Solamente perdimos un cuarto de hora en la maniobra y por la A104 no tuvimos otro problema que el pésimo drenaje del pavimento que di­ficultaba la visibilidad, pues en ese mo­mento llovía a base de bien.

 

     El viaje hasta la frontera belga, vía Lille, discurrió apaciblemente por la autopista A­1 de peaje. Cruzamos los 180 km del territorio belga y a las 00,30 h. hici­mos noche en el área de servicio de Minderhout, la última antes de Holan­da.

 

Nota actual: Holanda es un país encantador y con muchas cosas interesantes para ver y hacer. Los amantes de las bicicletas estarán en su salsa, por ejemplo.

 

Sin embargo y dado que el país no es demasiado grande, dependiendo del tiempo libre disponible, es perfectamente posible incluir en el itinerario del viaje alguna parada en tierras belgas: Brujas y Gante serían destinos “seguros”, pero Bruselas es también muy atractiva. Si queréis conocer más sobre lo mucho que ofrece Bélgica, así como nuestra experiencia en suelo belga, pinchad aquí.

 

Y no podemos olvidar a Francia. El Périgord es una zona preciosa para hacer una parada, tanto a la ida como a la vuelta, a tan sólo 850 km. de Valladolid. Pincha aquí, para conocer nuestros viajes al Périgord. Y dado que también se cruza París, pues qué duda cabe que la ciudad de la luz es otro destino muy tentador. Y no digamos ya si vamos con niños… entonces Disneyland y el Parc Astérix son dos golosinas que nos estarán esperando…; En fin, que hay mucho para elegir. ¡Y hacerlo no será cosa fácil!.

 

 

AL FIN EN HOLANDA… BUSCANDO CAMPING…

 

    A las siete de la mañana entrába­mos en el país del queso de bola – que, por cierto, no veréis en los mercados locales- camino de Reeu­wijk, a las afueras de Gouda, para acampar en el camping «De Reeuwijk­se Hout».

 

   Como el país es de reduci­das dimensiones y los lugares que pensábamos visitar no distaban más de cien kilómetros de la zona centro, decidimos quedarnos todos los días en el mismo camping y desplazarnos a las ciudades en función de los días de mercado. Los mercadillos holandeses son bastante animados.

 

    Supimos de los días de celebración por una de las guías turísticas utilizadas. No obstante pedimos confirmación de fechas y ho­rarios a las Oficinas de Turismo locales. (Actualmente esa función la cumple Internet con creces…).

 

   En un primer momento elegimos como base de operaciones el cam­ping «De Krakeling», estratégicamente situado en Zeist, próximo a Utrech, muy bien comunicado y pertenecien­te a la cadena holandesa «Tulip Cam­pings», que siempre es garantía de buenas instalaciones.

 

    Posteriormente, y a consecuencia de un cambio en el plan de visitas previstas, optamos por probar suerte con el camping de Re­euwijk, que aunque no es de «Tulip», está también bastante bien situado. www.hollandtulipparcs.nl/

  

    A las ocho de la mañana llegamos al camping de Re­euwijk y nos encontramos con la desagradable sorpresa de que, por ser domingo, la recepción no abría hasta las nueve, pero eso no fue ningún problema porque aunque el entorno era idílico, rodeado de canales, casitas y prados, el camping resultaba cutre y desangelado. Además las parcelas es­taban encharcadas por las abundantes lluvias caídas. No hizo falta pensarlo mucho... ¡A Zeist, que la primera inten­ción suele ser la que vale!

 

    Así pues, a las nueve de la mañana llegamos al camping «De Kra­keling» y, como era de esperar, tenía otra pinta. El camping nos en­cantó. Las instalaciones sanitarias eran estupendas, especialmente las duchas que disponen de un maravilloso vesti­dor, pero está visto que no acabamos de encontrar el camping «redondo». Todos tienen alguna pega. En este ca­so el agua caliente de las duchas y de los fregaderos eran de moneda y no había papel en el W.C. No obstante el precio de la estancia fue fantástico: 36 florines por todo (2.700 ptas), incluida la luz. Dispone de supermercado, res­taurante, pista de tenis, de ping-pong y karts a pedales. Estuvimos muy a gusto y es totalmente recomendable. www.dekrakeling.nl 

 

Camping De Krakeling

 

NOTA: Teniendo en cuenta los avances experimentados gracias a la fotografía digital y a los numerosos viajes a Holanda posteriores a 2001, incluiremos fotos tomadas en diversos momentos para ilustrar mejor el relato. No obstante, la diferencia entre las "originales" de este viaje y las otras, es evidente.

 

 

EL KEUKENHOF, EL MAYOR PARQUE FLORAL DE EUROPA.

 

    Una vez instalados y con el sol por compañía, salimos a ver mundo. Como el tulipán era el «leit-motiv» del viaje y teniendo en cuenta que, al ser domingo, las ciudades suelen estar «muertas», pensamos que era el día idóneo para disfrutar del mayor par­que floral europeo, el famoso «Keu­kenhof», situado en la localidad de Lisse. www.keukenhof.nl 

 

    Allí nos esperaban 32 hectáreas de parterres florales y pabellones en los que se exponían todas las varieda­des habidas y por haber de tulipanes y otras flores de bulbo. El parque abre solamente un par de meses en prima­vera y digamos que sería imperdona­ble ir a Holanda en estas fechas y no darse una vuelta por allí.

 

 

   

Paseando por el Keukenhof

 

Sin tulipanes no hubiera habido viaje...

 

    No es que sea barato (1.500 ptas. adultos y la mitad los niños hasta 12 años), pero se pueden pasar bien a gusto cinco o seis horas rodeados de las flores más espectaculares y exóticas que se pue­da imaginar. En particular el pabellón dedicado a las orquídeas fue una pa­sada. En los meses de verano también abren con motivo de las flores estiva­les: dalias, gladiolos, etc.

 

 

   

Un típico organillo holandés

 

En el Keukenhof

    

El parque abrió sus puertas el 22 de marzo y cerró el 24 de mayo. Nosotros lo visitamos el 8 de abril. No sabemos si sería debido a las llu­vias y al frío, pero había más parterres sin flores que con ellas abiertas. A la vista de los folletos publicitarlos espe­rábamos encontrar mucho más colo­rido y no tanto «verde». Por eso el aspecto de los jardines fue un pelín decepcionante. No obstante nos gus­tó. Hizo mucho frío, pero no llegó a Ilover. 

  

   Curiosamente el tan nombrado «país de los tulipanes» hace poco ho­nor al nombre. Hemos visto más tuli­panes al pasar por los pueblos france­ses -que son los reyes de la jardinería europea- que en la mismí­sima Holanda. Por supuesto que los veréis en las ciudades y pueblos ho­landeses, pero realmente hay muchos más narcisos que tulipanes en los jar­dines, sin ir más lejos.

 

    Terminamos el día dando una vuelta por la típica ciudad de Haar­lem, con bonitos edificios en la plaza del mercado y aledaños. A pesar de ser domingo había bastante anima­ción. Los holandeses hacen bastante vida en la calle, lo cual se agradece.

 

 

Grote Markt - Haarlem

 

  

RUTA POR “LA HOLANDA DESCONOCIDA”.

 

   Al día siguiente nos dirigimos al este del país, a la boscosa provincia de Gel­derland, una zona también atractiva, pero mucho menos conocida.

 

   El lunes era día de mercado en Apeldoorn, ciudad moderna cuyo único inte­rés es el «Apenheul», un parque en el cual viven en libertad varios cientos de monos y que ya visitamos en nues­tro anterior viaje.

 

 

Apeldoorn

 

   Como nos apetecía verlo de nuevo, dejamos a nuestros amigos en el mercado y para allá nos fuimos, pero nos llevamos un buen flash. ¡Estaba cerrado como medida ante la fiebre aftosa!.Toma ya. Lo fasti­dioso del caso fue la falta de informa­ción fiable en su web. Pocos días antes la había consultado y nada decían del cierre a pesar de llevar ya una larga temporada clausurado. Si no se ocu­pan de actualizar la información de poco sirve Internet…

 

   Después del chasco no nos que­dó más remedio que hacer de tripas corazón y volver al mercadillo de Apeldoorn. Nada mejor que la gas­tronomía para superar los malos tra­gos. Probamos los mejillones fritos y el pescado ídem, compramos varios tipos de queso y.. ¡fresones de Lepe!. En general los precios nos parecieron muy razonables. La vida no está cara en Holanda.

 

   Nos reunimos con nues­tros amigos y nos marchamos a la ciu­dad medieval de Deventer, a pocos kilómetros de distancia.

 

   A lo largo del río Ijssel hay un ra­millete de ciudades que pertenecie­ron en tiempos a la floreciente Liga Hanseática. De aquellos tiempos con­servan un importante legado medie­val y arquitectónicamente constituyen un punto y aparte respecto a otras ciudades holandesas más conocidas.

 

 

La "ruta hanseática" holandesa

 

   Deventer es una bonita ciudad, con sorprendentes y recoletos rinco­nes medievales. Destaca el Bergkerk, el barrio antiguo, estupendamente conservado. La arquitectura es típica­mente hanseática y recuerda mucho a los edificios de la ciudad alemana de Lübeck. La enorme plaza del Brink y el edificio de la báscula merecen una ojeada.

 

 

   

Deventer - La báscula

 

Plaza del Brink

 

   Luego nos acercamos a Zutphen, otra ciudad muy parecida a Deventer. Después de dar una vuelta por su casco antiguo y contemplar su horro­roso ayuntamiento «moderno», nos dirigimos al diminuto pueblecito de Bronkhorst, de sólo 160 habitantes, del cual la guía decía que está total­mente bajo la protección del Patrimo­nio Nacional.

 

 

   

Zutphen

 

Zutphen

 

    No pudimos llegar, pues es necesario tomar un transbordador para cruzar el Ijssel y a las seis de la tarde éste dejaba de funcionar Llega­mos veinte minutos después y nos quedamos con un pal­mo de narices. Regresa­mos al camping y acaba­mos la jornada jugando al ping-pong y dando unas vueltas con los karts de pedales.

  

 

MÁS “HOLANDA DESCONOCIDA”…

 

    El martes volvimos a la misma zona para dar una nueva batida al res­to de ciudades hanseáti­cas. La lluvia nos acom­pañó hasta Hattem, un minúsculo, encantador y pintoresco pueblecito a las afueras de Zwolle, sin embargo tuvo el detalle de aban­donarnos al bajar del coche.

 

 

   

Hattem

 

Hattem

 

    Además de la iglesia, el ayuntamiento y la puerta medieval de puntiagudas torretas, la principal atracción es el museo del ilustrador Anton Pieck, muy conocido por sus láminas de ambiente holandés que hicieron furor hace años en el campo de las manualidades para ha­cer cuadros en tres dimensiones con decimonónicas escenas cotidianas holandesas. 

 

Las típicas imágenes de Anton Pieck

 

    El museo, que expone la obra del autor, es muy bonito e incluye la entrada a otro etnográfico. Allí nos enteramos que Pieck también había diseñado el parque de atracciones «De Efteling», dedicado a los cuentos de hadas y que pensábamos visitar el Viernes Santo.

 

    Al lado de la puerta medieval hay una bombonería impresionante. A tra­vés del escaparate nos quedamos embelesados contemplando el obra­dor mientras hacían huevos de pas­cua. No os describimos el delicioso aroma que salía de la tienda, aunque es mejor que lo comprobéis personalmente…

 

    Nos trasladamos a Zwolle, a sólo tres kilómetros de distancia. Sus cana­les tienen forma de estrella, pero tal detalle no se aprecia a simple vista. Tiene un agradable centro urbano y comercial, siendo su «monumento» más sobresaliente la espectacular «Sassenpoort», la única puerta me­dieval que queda en la ciudad y que parece sacada de un cuento de hadas.

 

 

   

Zwolle - Sassenpoort

 

Zwolle

 

   Las obras en una calle de Zwolle nos jugaron la mala pasada de impe­dirnos el acceso directo a la carretera de Giethoorn, nuestro siguiente desti­no. Buscando otra salida que no estu­viese cortada nos acabaron mandan­do al quinto pino, obligándonos a rodear por completo la ciudad. ¡Eran otros tiempos! Ahora, con el GPS, eso no hubiera pasado...

 

    En su­ma, perdimos una hora a lo tonto y el hambre -era hora de comer em­pezaba a hacernos mella. Cuando al fin encontramos la tan deseada carre­tera, paramos a comer en una zona de picnic al lado de un canal por el que navegaban imponentes barcazas que te saludaban al pasar. Estos holan­deses son de lo más amable.

 

    Por fin llegamos a Giethoorn, una minúscula aldea que recibe el apodo de la «Venecia Holandesa», un lugar muy diferente a lo que habitualmente podemos ver en el país de los moli­nos.

 

   El pueblo es un conjunto de ca­sas de techo de paja, aisladas, rodea­das de agua y unidas a tierra firme por puentecitos de madera. Es de lo más bucólico que podáis imaginar. Unas barquitas de motor eléctrico ofrecen paseos por los canales.

 

 

Giethoorn

 

    En la entrada del pueblo hay un amplísimo aparcamiento y tres campings en los alrededores. Confesaremos que en Edam, el encantador pueblecito próximo a Ámsterdam y famoso por su mercado de quesos, también hay canalillos muy parecidos a Giethoorn, ¡y no tan lejos!. De todas maneras, la visita no defrauda en absoluto.

 

   Eran ya las seis de la tarde cuando pusimos rumbo a Lelystad, la capital de la provincia de Flevoland, una pro­vincia entera ganada al mar por los la­boriosos holandeses. Vale la pena dar­se una vuelta para observar la obra de ingeniería que ello implica. Aunque sea de reciente creación -tiene unos treinta años de existencia- Lelystad no tiene realmente nada de especial. Para ser sinceros es fea de narices. Lo que ocurre es que el autor de la guía deci­dió echarles una manita con eso de la «arquitectura ultra-moderna en una ciudad de diseño y bla, bla, bla» y lo­gró embaucar a unos incautos como nosotros. Ciertamente el edificio de cristal de la estación de tren es intere­sante, pero el resto de la ciudad es totalmente impersonal, como tantas otras en el mundo. Si queréis ver im­pactantes edificios modernos, Rotter­dam sí es vuestra ciudad.

 

 

Lelystad - La estación de ferrocarril

 

Y ACABAMOS EN “EL BARRIO ROJO” DE AMSTERDAM…

  

    Acabamos el día en Amsterdam por expreso deseo de nuestro hijo Miguel -de trece años- a quien la idea de conocer el famoso «Barrio Rojo» le atraía especialmente. Debo reconocer que, aunque en principio no teníamos previsto volver a la capital, Amsterdam me gustó mucho más que la otra vez. Me en­cantan sus estrechos edificios con gabletes de mil y una formas. Ade­más el ambiente noctur­no y cosmopolita le da­ba un toque especial.

 

 

       

La Torre de la Moneda

 

El mercado de flores

 

El Kaizergracht

 

 

 

       

Mercado de Albert Cuyperstraat

 

Plaza del Dam

 

Amsterdam es bicicleta...

  

«El Barrio Rojo», la zona dedicada a la pros­titución, con sus sex­shops, shops, museos de mari­huana y otras «hierbas», presentaba un llenazo impresionante. En los márgenes del canal Ach­tergracht, nos habíamos congregado una muchedumbre de «guiris» para contemplar ese ambien­te singular y sorprendente, pero triste en el fondo. Aunque pueda llamar a atención, resulta bastante deprimente contemplar la «car­ne humana» expuesta en un escaparate con un re­servado detrás.

 

 

   

 

 

 

 

Nota actual: Aunque Ámsterdam no fuera uno de los destinos elegidos en este viaje, está claro que no puede faltar en el itinerario si se visita el país por vez primera. Como tampoco pueden olvidarse los encantadores pueblecitos de Edam (mercado de queso, los miércoles), Volendam y Marken, situados en las cercanías de la capital. Su visita es inolvidable, de veras.

 

 

       

 

 


 


 

 

       

Volendam

 

El Zuiderzee desde Volendam

 

Volendam

 

Y por el sur del país tenemos también a Middelburg y al “Plan Delta”, el gran dique que protege a Holanda de las inundaciones procedentes del Mar del Norte. Aunque todos estos lugares los visitamos por primera vez allá por 1994, en 2007, a la vuelta de Berlín, los recorrimos de nuevo. Pinchad aquí, para saber más de nuestra visita a Ámsterdam y alrededores.

 

 

   

 

 

 

 

   

"De Miniatuur" - Middelburg

 

Los diques, al fondo

 

En especial os puede interesar nuestra experiencia en el camping Gaasper, a las afueras de Ámsterdam y excelentemente comunicado con el centro gracias al metro que hay muy cerca del camping. www.gaaspercamping.nl

  

 

BUSCANDO LA DESEMBOCADURA DEL RIN…

 

   El miércoles amaneció lluvioso, aunque el sol fue adueñándose del día, pero sin conseguir enmascarar del todo el intenso frío - que como veis nos ha acompañado todo el viaje- ­aderezado con un viento más que considerable. El tiempo es muy inesta­ble por aquellas latitudes. La otra vez que estuvimos, en agosto, Ilovió a dia­rio a raudales, así que ahora nos di­mos por satisfechos porque, aunque Ilovió mucho estando en el coche, apenas tuvi­mos que usar los paraguas.

 

   Nuestro primer destino fue la ciu­dad universitaria de Leiden, cuna de Rembrandt, una de las ciudades ho­landesas más típicas. Era día de mer­cado. Lo encontraréis a lo largo del canal del Nieuwe Rijn y la verdad es que no es gran cosa. No obstante aporta una nota de color a la ciudad y siempre puedes probar especialida­des gastronómicas que habitualmente no ves por aquí.

 

   La ciudad ofrece va­rios puntos de interés, empezando por el ayuntamiento. La iglesia es enorme, para variar. En pleno centro está el castillo, que se quedó en mera fortaleza circular que recuerda a una plaza de toros. La reja de entrada está adornada con unos bonitos blasones de vivos colores. La visita es gratuita.

 

 

   

Leiden

 

Leiden

 

    La zona del canal del Oude Rijn -el antiguo Rin- es de foto y el canal Rapenburg es un repertorio de ele­gantes edificios señoriales. También hay varios museos.Vimos la ciudad en un par de horas y luego nos acerca­mos a la localidad de veraneo de Kat­wijk aan Zee, que no tiene otro inte­rés que ser el lugar de desembocadura del Viejo Rin, reduci­do ya a la categoría de canal de terce­ra división. La desembocadura “buena” es la de Rótterdam.

 

   Es curioso lo que sucede con el Rin. Procedente de Alemania, al poco de entrar en tierras holandesas se bi­furca en varios «brazos» bautizados con distintos nombres, formando un amplio delta. Así se convierte en el Waal, en el Lek y en el “Oude Rijn” o Viejo Rin. An­tes de desembocar en el Mar del Norte el Waal, el brazo más caudalo­so, se une con el imponente Mosa y forma en Rotterdam la entrada al ma­yor puerto del mundo y ahí es donde “realmente” desemboca el gran río, aunque le hayan “robado” su nombre.

 

 

   

Katwijk aan Zee - Desembocadura del "Viejo Rin"

 

Desembocadura del Mosa y Rin

 

   De Katwijk ba­jamos hacia Hook van Holland, la «Punta de Holanda», lugar donde se ve la desembocadura del Waal/Mosa, llamado «Nieuwe Maas» o Nuevo Mosa. Soplaba un viento tan helado que nos hicimos la foto de rigor en un pis-pas y nos subimos pitando al coche antes de quedarnos congelados allí mis­mo.

 

   Camino de Hook van Holland cruzamos La Haya, que no tiene mu­cho interés arquitectónico, pero que alberga una joya como «Maduro­dam», un precioso parque con los principales monumentos holandeses en miniatura. Lo vimos la vez anterior y nos encantó. Desde luego gusta lo mismo a niños que a mayores.

 

 

"Madurodam" - La Haya/Den Haag

 

 

DELFT Y ROTTERDAM.

  

   Comimos en un parque de Hook, donde el frío viento era más soportable y después nos acercamos a Delft, otra de las preciosas ciudades de la zona. La pla­za del Markt, con el ayuntamiento y la iglesia que guarda el panteón real ho­landés, la Grote Kerk, es muy bonita.

 

 

   

Canales en Delft

 

La Grote Markt y el Ayuntamiento

 

   

La Grote Kerk

 

El panteón de Guillermo de Orange

  

Todo el centro es reseñable. Los jueves es día de mercado. En una de las cafeterías de la plaza, -mientras los holandeses ce­naban- nosotros merendábamos los típicos «Poffertjes», una especie de buñuelos aplastados que se sirven acompañados de azúcar, helado, cho­colate, licor, nata, etc. Los de Delft no fueron los mejores que hayamos pro­bado, pero podían pasar. Sin embargo los cafés -con pinta de agua sucia- resultaron verdaderamente depri­mentes.

 

 

   

Los Poffertjes

 

La porcelana azul de Delft

 

   La porcelana azul es característica de Delft. En la fábrica -«De Porceley­ne Fles» -bien señalizada por toda la ciudad- podréis, por una módica en­trada, visitar la exposición, observar el proceso de fabricación y ver en direc­to a varios artistas decorando las pie­zas. Es una gozada.

 

   Como colofón nos acercamos a Rotterdam, a doce kilómetros, para contemplar el «Kijk Kubik», un curioso y originalísimo edificio construido a fi­nales de la década de los 70, a base de cubos dis­puestos en forma de «rombo» de co­lor amarillo. Situaros en el centro del patio interior e intentad averiguar có­mo están amuebladas, es un entrete­nimiento muy divertido.

 

 

   

Los "Kijk Kubus" desde el puerto viejo

 

Dentro de la Kijk Kubus

 

   

El puerto viejo

 

Arquitectura moderna en Rotterdam

  

Rotterdam es básicamente una ciudad nueva, pues quedó arrasada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Quizás porque no esperábamos mucho de ella, nos im­pactó aún más y constituyó una agra­dable sorpresa, porque tiene unos edificios vanguardistas realmente pre­ciosos.

 

   Muy cerca de las casas cúbicas se encuentra la «Witte Huis» o «Ca­sa Blanca» -construida a finales del s. XIX- que fue durante muchas déca­das el rascacielos de Europa. Ahora parece un gnomo rodeado de gigan­tes, pero eso no le resta un ápice de elegancia. En confianza, nos gustó Rotterdam.

 

 

OUDEWATER Y “LA BÁSCULA DE LAS BRUJAS”.

 

   Ese jueves lo empezamos en Oude­water, un encantador pueblecito cer­cano a Gouda, la cuna del famoso queso del mismo nombre.

 

 

Descripción

 

   La principal atracción de Oude­water, aparte de su conjunto medie­val, es «La Casa de la Báscula de las Brujas». Durante la época de la Inqui­sición y la Caza de Brujas, esta casa adquirió un protagonismo especial.

 

 

       

El museo de la báscula

 

Todos en la báscula

 

No soy brujo...

 

   El emperador Carlos V concedió al pue­blo el fuero de probar si una acusada -casi siempre eran mujeres- era sospechosa de ser bruja o no. El asun­to era bastante curioso, hasta gracio­so diríamos, si no fuera porque real­mente no tenía ninguna gracia. Como se partía del hecho de que las brujas para volar en sus escobas tenían que pesar mucho menos que el resto de los mortales, la prueba consistía en pesarlas. Si pesaban menos que lo que su constitución física hacía pensar, pues a la hoguera con ellas. En cam­bio, a las que entraban dentro del pe­so correcto se les suministraba el co­rrespondiente certificado quedando así definitivamente exculpadas. Por lo visto, el Tribunal de Oudewater, des­marcándose de las habituales corrup­telas de la época, actuó siempre con corrección y nunca condenó a nadie por pesar menos de lo previsto. Un consuelo.

 

   La visita a la casa-museo es una curiosa experiencia. Por el módico precio de 3 florines (225 ptas. - 4,5 euros en 2013) -los niños pagan la mitad- pasaréis un rato instructivo y divertido. En la planta su­perior hay una pequeña exposición con murales que cuentan la historia de la brujería en holandés e inglés. En la planta baja está la famosa báscula y una chimenea con una bruja prepa­rando brebajes. El museo lo atiende un amable hombretón que controla bastante el castellano porque pasa los inviernos en Benidorm. Te facilita un interesante dossier, perfectamente traducido al castellano, sobre las prác­ticas inquisitoriales contra la brujería. También está disponible en catalán. Finalmente, antes de abandonar la casa, «has de pasar la prueba». El ho­landés procedió “al pesaje” -echa­mos unas buenas risas mientras estábamos “suspendidos”- y a emitir el correspondiente certificado… en cas­tellano. Lo tienen bien muy preparado. Después de tan insólito trance podemos asegurar que ninguno de los «ex­pedicionarios» quedamos bajo sospe­cha. Y Con el salvoconducto bajo el bra­zo nos acercamos a Gouda.

 

    El centro histórico es muy bonito, destacando su ayuntamiento gótico el más anti­guo de Holanda una auténtica fili­grana en piedra situada en mitad de la plaza del mercado. Éste se celebra los jueves de 9 a 13 horas. Allí podréis degustar quesos de mil y un sabores. El «gouda con cominos», por ejem­plo, está de miedo. Otro punto de interés es su igle­sia, esta vez la más grande del país, con 123 metros de longitud- aun­que, también para variar, lamentable­mente cerrada.

 

 

       

Gouda - El ayuntamiento

 

La báscula por fuera

 

La báscula por dentro

 

   Desde luego Gouda es un destino ineludible en todo viaje a Holanda que se precie. Y mejor aún si se visita en día de mercado (jueves), con su tremendo bullicio. Aalkmar es otra localidad muy atractiva -que esta vez no visitamos, pero sí rumbo al Cabo Norte- famosa por su mercado de los viernes y por “pasear” a los quesos en esas “camillas” tan típicas, camino de la báscula (De waag) que no falta en ningún pueblo holandés.

 

   De allí nos dirigimos al “Kinder­dijk”, la mayor concentración de moli­nos que queda en Holanda y en Eu­ropa, en la localidad de Alblasserdam, cerca de Rotterdam. Este conjunto de decena y pico de molinos de viento, de los cuales uno es visitable, es patri­monio de la Unesco. En verano funciona una barcaza que da un paseo por el dique que dis­curre entre los molinos. El viento que soplaba cuando llegamos era tremen­do algo lógico en un paraje Ileno de molinos de ídem-y lo que me­nos apetecía era pasear.

 

 

La mayor concentración de molinos en el Kinderdijk

 

    Después de comer nos esperaba Dordrecht, la «cuna de los Países Ba­jos», pues en el edificio llamado «Het Hof», en un tranquilo patio interior tan característico de aquella zona, se firmó el pacto de unión entre Guiller­mo de Orange y los otros jefes con­trarios a la dominación española en Flandes. Fue la primera sede del go­bierno independiente.

 

 

   

Dordrecht

 

Dordrecht

 

   La ciudad tiene un amplio reper­torio de edificios históricos, principal­mente caracterizados por sus facha­das torcidas e inclinadas a causa del progresivo hundimiento del suelo La vista desde la zona del muelle es atractiva y el conjunto urbano es bo­nito, pero particularmente yo espera­ba algo más de Dordrecht.. Lo que sí nos impresionó fue el altísimo molino de viento de la ciudad.

 

 

EL “KOOPAVOND” O “LA TARDE DE COMPRAS”.

 

   En Holanda es costumbre la Ila­mada «tarde de compras» o “koopavond”. Un día a la  semana los comercios cierran a las 20 ó 21 horas en lugar de las habituales seis de la tarde. Eso tiene la ventaja de mantener “viva” la ciudad durante más tiempo y, para nosotros, eso significa que “podemos alargar” la jornada de visitas un poquito más. Vamos, que el día da más de sí, pudiendo visitar más lugares.

 

   En Utrecht ese día es el jueves, en otras ciudades, el viernes. Aprovechando que estaría animada hasta más tarde, decidimos pasar las últimas horas del día en la ciudad universitaria. Vaya por delante que no es gran cosa comparada con otras ciudades ya comentadas.

 

   La torre de la catedral, preciosa, es la más alta de Holanda con 112 metros de altura y quizás lo más característico de la ciudad, sea su «Oude Gracht» -El Viejo Canal- que tiene como elemento diferencia­dor el disponer de «muelles» laterales por los que antiguamente descarga­ban las mercancías, aunque actualmente las terrazas de las cafeterías han ocupad­o ese romántico lugar. Claro que eso sólo pasa en verano, porque nosotros los vi­mos bien, pero bien vacíos.

 

 

   

Utrecht

 

Utrecht

 

   El resto de la ciudad no destaca por nada en particular Si vais a ir, os recomendamos aparcar en los par­king cubiertos situados en los límites del casco antiguo, porque meterse por las callejuelas del centro histórico es dar vueltas y más vueltas para acabar sin en­contrar hueco.

 

   La anécdota del día la tuvimos al toparnos con un escaparate de una “academia de español” en cuya pizarra estaban estudiando… ¡una lista de tacos!. ¡Menuda juerga nos llevamos con los alumnos a través del escaparate!

  

 

EL PARQUE DE ATRACCIONES “DE EFTELING”.

 

   Y con el Viernes Santo llegó el último día de es­tancia en tierras holandesas, el cual reser­vamos para el parque de atraccio­nes «De Efteling», dedicado a los cuentos de hadas.

 

 

   

El Efteling y la "Goldene Gaard"

 

En la entrada del "bosque de los cuentos"

 

   En un principio pensamos visitarlo al inicio del viaje, pero una información de última hora en Internet nos hizo saber que no lo abrían hasta jueves Santo. Así que cambiamos al «Efteling» por el «Keu­kenhof». Y es que la información es poder…;

 

   «De Efteling» está situado en Kaatsheuvel, en el sur de Holanda, muy cerca de Breda. Como ya íbamos de vuelta, nos llevamos la caravana, con idea de aparcarla en el mismo parque. De camino al parque de atracciones nos despedimos de nuestros amigos castellonenses, quienes empezaban ya el regreso a casa.

 

   Al cerrar el parque a las seis de la tarde, optamos por proseguir el viaje al salir y pernoctar, pasado París, a quinientos kilómetros de distancia, para no tener problemas de tráfico. Aparcar con la caravana no es pro­blema. Disponen de una zona habilita­da para caravanas y autocaravanas al lado mismo de la puerta de acceso.

 

    Al entrar hay que seguir las señales de aparcamiento para «turismos» y, una vez dentro, los guías ya te orientan hacia la zona correspondiente. El par­king cuesta 10 florines (750 ptas.). Se paga con una ficha que entregan en taquilla junto a las entradas. Admiten tarjetas de crédito. Y hablando de ellas, hemos nota­do mucha diferencia en relación al anterior viaje, hace ya siete años. Ahora hay muchos más cajeros automáticos por toda Holanda, cosa que no sucedía antes. Todos aceptan Visa y en muchos comercios también. Un panorama mucho más favorable para el visitante amante del dinero de plástico.

 

    Volvamos al «Efteling», que ha sido recientemente reformado. Además de las típicas atracciones de todo parque que se precie, sus señas de identidad son «El bosque de los cuentos de hadas» y «El poblado de Laaf». El primero es una zona ajardinada a través de la cual pasearéis por los más conoci­dos y universales cuentos de ha­das. Gnomos, elfos, setas-vivienda, la Caperucita y Hansel y Gretel os acompañarán durante el recorrido. www.efteling.com

 

   El otro elemento distintivo del par­que es «El poblado de Laaf», una imaginaria aldea de maravillosas y extravagantes casitas de techo de paja, en cuyo interior encontraréis a los habitantes de Laaf, unos sim­páticos y orondos «muñegotes», representando escenas de la vida cotidiana del pueblo: la panadería, la escuela, el lagar, el molino...; una preciosidad.

 

 

El poblado de Laaf

 

    Los aficionados a «las emocio­nes fuertes» tampoco quedarán decepcionados con las dos mon­tañas rusas del parque; una de ellas de madera. Tampoco faltan ni las «Aguas bravas» ni las habituales atracciones «de agitación»: montañas rusas, etc.; os recomendamos por su es­pectacularidad y belleza la atrac­ción llamada «De Goldene Gaard», en la que, montados en una vagoneta de tres plazas, os pa­searán por mundos fantásticos de gnomos, hadas, elfos, trolls... ¡Es una auténtica delicia!.

 

 

   

El rey de los gnomos

 

La casita de Hansel y Gretel

 

   En verano, en los días en que el parque cierra más tarde, quizás pu­eda ser posible verlo entero en un solo día, pero cerrando a las seis, no hay tiempo material para una visita completa, siendo acon­sejables dos jornadas para disfru­tar tranquilamente de todo lo que ofrece, Afortunadamente tiene unas tarifas muy económicas, 43 FI. (3.200 ptas/día adultos). En 2013 el precio es algo más alto... 35 €.

 

    Después de las compras de ri­gor en las maravillosamente am­bientadas tiendas del parque -de precios muy asequibles- nos pu­simos en carretera, despidiéndo­nos de Holanda hasta nueva oca­sión.

 

 

DE VUELTA A CASA…

 

   Al poco de salir, encontramos un atasco monumental en direc­ción Rotterdam. Menos mal que nos coincidió justo con una salida de autopista y, de esa manera, pudimos abandonar aquella ratonera sin padecer más contratiempos. Así, por carreteras secundarias llegamos a Bélgica y aunque la intención era per­noctar pasado París, el cansancio nos hizo parar en el área de autopista de Vémars, próxima a Senlis, unos cuarenta kilómetros antes de la capital. El frío seguía apretando. Por la mañana el parabrisas apare­ció con una gruesa capa de hielo.

 

   El sábado nos tenía preparado un bonito día de coche. Más de mil doscientos kilómetros nos se­paraban de Valladolid, pero aun­que fuera llegando de madrugada, queríamos dormir en nuestra ca­ma. Realmente fue una tontería que nunca más hemos vuelto a hacer, pues 1.240 km. de una sentada son una pasada. Pero bueno…

 

    Arrancamos a las siete de la mañana y después de un largo, lar­go viaje, a las doce y medía de la madrugada aparcábamos en casa -muy cansados, pero también muy satisfechos- dando así por finalizada la «Opera­ción Tulipán». Si el viaje os ha gus­tado, ya lo sabéis: ¡a Holanda a ver tulipanes… en abril!

 

www.francisco-colet-viajesycaravaning.com
contacto@francisco-colet-viajesycaravaning.com